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28 de mayo de 2022

Mariela Serey, convencional: “El cuidado es dejar de mirarnos el ombligo y asumir que no somos autosuficientes”

La imagen es una ilustración de Mariela Serey Patricio Vera

Tras dedicar años de su vida a cuidar de su hija Amelia, hoy la convencional acaba de lograr que la propuesta de nueva Constitución para Chile incluya el reconocimiento de las tareas de cuidados. En esta entrevista, dice, emocionada, que cuando entró a la Convención pretendía “‘derrumbar’ las cuatro paredes del hogar” y que, al menos en términos de cuidados, lo logró.

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Mariela Serey vivía “de forma común y corriente, sin mucha consciencia social”, como dice, hasta 2014. Su día a día estaba centrado en su trabajo como profesora general básica y su recién iniciado matrimonio.

Pero todo cambió con el nacimiento de su hija, Amelia. Al llegar al mundo, entre otras cosas, Amelia fue diagnosticada con parálisis cerebral severa, trastorno de deglución y epilepsia refractaria. “Fue como una bomba nuclear que cayó sobre mí. Me di cuenta de que mi propia vida se fue derrumbando. Ahí empecé a entender el mundo de otra manera y me di cuenta, por primera vez, de lo difícil que es cuidar. Para bien o para mal, fue un descubrimiento en muchos aspectos”, recuerda Mariela Serey.

Entre lo positivo, destaca haberse acercado al feminismo, haber descubierto que muchas mujeres, como ella, se dedicaban al cuidado. Entre lo negativo, menciona el cómo esa situación con su hija afectó todo su núcleo cercano: se separó, perdió su trabajo remunerado, volvió a vivir con sus padres…

“Fue todo muy doloroso. Pero ese dolor pronto se transformó en una lucha. Una lucha individual primero, y luego una lucha colectiva, en 2017, cuando yo hice un llamado a mujeres que cuidaban personas dependientes a reunirnos”, cuenta Mariela Serey.

En ese momento, Mariela Serey ya se presentaba a las demás mujeres como “cuidadora”: “Y me decían: ‘pero ¿por qué, si tú eres la mamá?’ y les explicaba que, porque yo ya no soy mujer, a mí me están violentando todos mis derechos humanos. Ese era mi rollo. Y fue muy heavy ir viendo cómo las mujeres no se identificaban con el título de cuidadora porque estaba muy normalizado el hecho de que ‘les tocó’ de que ‘era su responsabilidad’”.

“Fue todo muy doloroso. Pero ese dolor pronto se transformó en una lucha. Una lucha individual primero, y luego una lucha colectiva, en 2017, cuando yo hice un llamado a mujeres que cuidaban personas dependientes a reunirnos”, cuenta Mariela Serey.

Mariela Serey insiste en que amaba a su hija, a su esposo, a su familia. Pero que nada de eso era justo. No era justo ser obligada a cuidar por el mero hecho de ser mujer. No era justo dejar de lado todo. Y poco a poco las demás personas con las que se reunió fueron entendiendo su mensaje…

De lo privado a lo público

Luego de esa reunión pasó mucho. Fundó -y presidió- la asociación Yo Cuido, que busca visibilizar y dar mejor calidad de vida a los cuidadores informales de personas con algún grado de dependencia; realizó la Encuesta sobre Cuidadores Informales (2018) junto a la Fundación Mamá Terapeuta (que reveló que entre más de 1.000 personas encuestadas, 98% eran mujeres las que realizaban labores de cuidado); perdió en 2019 a su Amelia; se lanzó a la carrera como convencional para el proceso constituyente; fue electa; promovió normativas que reconocieran el trabajo doméstico y de cuidados. Y esos artículos fueron aprobados.   

Ahora, gracias a su labor y al de su equipo, si el 4 de septiembre Chile aprueba la propuesta de nueva Constitución, esta consignará que “el Estado reconoce que los trabajos domésticos y de cuidados son trabajos socialmente necesarios e indispensables para la sostenibilidad de la vida y el desarrollo de la sociedad, que son una actividad económica que contribuye a las cuentas nacionales y que deben ser considerados en la formulación y ejecución de las políticas públicas».

Asimismo, consagrará el derecho al cuidado: “Todas las personas tienen derecho a cuidar, a ser cuidadas y a cuidarse desde el nacimiento hasta la muerte. El Estado se obliga a proveer los medios para garantizar que este cuidado sea digno y realizado en condiciones de igualdad y corresponsabilidad. El Estado garantizará este derecho a través de un Sistema Integral de Cuidados y otras normativas y políticas públicas que incorporen el enfoque de derechos humanos, de género y la promoción de la autonomía personal. El Sistema tendrá́ un carácter estatal, paritario, solidario, universal, con pertinencia cultural y perspectiva de género e interseccionalidad. Su financiamiento será́ progresivo, suficiente y permanente. El sistema prestará especial atención a lactantes, niños, niñas y adolescentes, personas mayores, personas en situación de discapacidad, personas en situación de dependencia y personas con enfermedades graves o terminales. Asimismo, velará por el resguardo de los derechos de quienes ejercen trabajos de cuidados.”, agrega la normativa aprobada en el Pleno de la Convención a fines de abril.

Conciencia política

Mariela Serey confiesa que haber logrado que se aprobara esas propuestas de artículos la sorprendieron. “No pensaba que tanta gente estaba haciendo click en los derechos al cuidado. Antes pensaba: ‘estoy puro dando jugo’, pero no es verdad. Obviamente cada persona, dependiendo de su ideología, comenta de forma distinta lo que son los cuidados, pero de una u otra manera todos hablaron de eso, y todos reconocieron su importancia. Ese es un gran logro. El tema que nosotras propusimos al entrar en la Convención fue ‘derrumbar’ las cuatro paredes del hogar… Y, al menos en este aspecto, lo logramos”.

La hoy convencional constituyente también valora contar con un Presidente que hable de cuidados. Independientemente de que no todos los candidatos a La Moneda eran de su agrado, Mariela Serey destaca que “cuando partió la carrera presidencial, todos los aspirantes hablaron de cuidado. Eso para mí fue como Pascua y Año Nuevo juntos. Fue darme cuenta de que ese discurso estaba llegando de forma transversal a los políticos”.

Ahora, gracias a su labor y al de su equipo, si el 4 de septiembre Chile aprueba la propuesta de nueva Constitución, esta consignará que “el Estado reconoce que los trabajos domésticos y de cuidados son trabajos socialmente necesarios e indispensables para la sostenibilidad de la vida y el desarrollo de la sociedad, que son una actividad económica que contribuye a las cuentas nacionales y que deben ser considerados en la formulación y ejecución de las políticas públicas».

Finalmente, cuando en sus discursos el mandatario Gabriel Boric profundiza en “el cuidado de las personas y comunidades” o habla de su plan de crear un Sistema Nacional de Cuidados para avanzar en la corresponsabilidad estatal y liberar la carga que recae mayormente en las mujeres, Mariela Serey dice que siempre piensa: “Puta, la hicimos. Y la hicimos bien”.

«El Chile en que quiero vivir»

Tras esos “logros”, como los define, Mariela Serey ha aprovechado para reflexionar sobre el cuidado. Ya no solo desde el punto de vista más negativo que vio en su momento.

“Hoy yo sé que el cuidado es reconocer que todos y todas dependemos los unos de los otros. El cuidado es dejar de mirarnos el ombligo y asumir que no somos autosuficientes. Y esto va mucho más allá de cualquier diagnóstico”, plantea. “El cuidado es la esencia de hacer del ser humano. Y yo creo que eso se ha perdido mucho, porque lamentablemente vivimos en una sociedad muy individualista, donde pareciera que a nadie le importa lo que le pasa al de al frente o al de al lado y eso va de la mano con el cuidado”, agrega.

“Para mí el cuidado es eso: es como volver a reencontrarse, a reencontrarnos y aprender a vivir en comunidad también, con respeto, con cariño, con amor”, comenta.

Pensando en su hija, Mariela Serey dice que el tiempo que estuvo con Amelia le abrió “un mundo nuevo”, que la impulsaron a seguir adelante incluso en su ausencia.

La hoy convencional constituyente también valora contar con un Presidente que hable de cuidados. Independientemente de que no todos los candidatos a La Moneda eran de su agrado, Mariela Serey destaca que “cuando partió la carrera presidencial, todos los aspirantes hablaron de cuidado. Eso para mí fue como Pascua y Año Nuevo juntos. Fue darme cuenta de que ese discurso estaba llegando de forma transversal a los políticos”.

“Cuando recuerdo lo que viví, pienso que todo eso ocurrió porque en ese momento no teníamos la calidad de vida necesaria, porque no había un Estado cuidador, no había una sociedad, no había redes de apoyo que nos apoyaran. Por eso he luchado tanto por esta materia en la Constitución. Porque a mí me hubiese encantado ser solamente mamá, pero gracias a todo lo anterior me vi obligada a transformarme en cuidadora y solo cuidadora”, reflexiona. “Ya hoy, creo que hay esperanza, recién ahora hay esperanza”, añade.  

-Ya que hablamos de esperanza, ¿cuál es su expectativa para el futuro del cuidado en Chile?

Que se creen realmente políticas públicas en relación a la corresponsabilidad que permita que las mujeres puedan desarrollarse como quieran. Que existan centros, que exista una mayor flexibilidad laboral, que si me toca trabajar el cuidado, que esto no rompa mi proyecto de vida. Que existan las condiciones que me apoyen, para que tanto la persona que requiere cuidados específicos como la mujer -en la mayoría de los casos- pueda seguir haciendo sus cosas y que haya esta autonomía, que haya esta independencia también. Porque lo que había hasta ahora era una lucha en muchos casos enfermiza. Y esto también va muy relacionado con la salud mental. De darnos cuenta de que seguimos siendo buenas para otras cosas.

¿Y qué es necesario que ocurra para esto?

-Que se respeten las normativas que propusimos en la Convención, y que volvamos a ser una sociedad dedicada al cuidado. Cuidarnos a nosotros mismos, al de al lado, a todos en su conjunto. Ese es el Chile en el que quiero vivir.

*Este trabajo es parte de un especial de Personas Mayores que Cuidan a Personas Mayores, proyecto de Amanda Marton, Javier Middleton, Sebastián Palma y Bárbara Carvajal que resultó ganador del Fondo de Becas para investigar y contar la desigualdad en la distribución de trabajos del cuidado y sus implicaciones socioeconómicas en América Latina y el Caribe, de la Fundación Gabo y Oxfam.

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