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Opinión

15 de junio de 2022

Mujeres y partidos políticos

Asegurar la participación plena de las mujeres en la toma de decisiones y la igualdad de oportunidades de liderazgo en la vida política son condiciones esenciales para construir democracias fuertes, participativas y pacíficas.

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Los beneficios que tienen los hombres por sobre las mujeres son cada vez más criticados, sin embargo, en los últimos años se han visto cambios paulatinos que buscan equilibrar esta situación. En relación al área política, gran parte de los países han centrado sus discusiones en el aumento de la participación femenina en cargos públicos.

Las mujeres representan más de la mitad de la población mundial, por lo que deberían acercarse a la misma proporción en los puestos de representatividad; excluirlas de las tomas de decisión afecta la calidad y legitimidad del sistema democrático, mientras que incluirlas favorece una agenda pública que considere la necesidad de cambiar las desigualdades de género.

En 2017 entró en vigencia la Ley 20.840, que sustituyó el sistema electoral binominal por uno de carácter proporcional inclusivo y fortaleció la representatividad del Congreso Nacional, en la cual se estipula que “ni los candidatos hombres ni las candidatas mujeres podrán superar el sesenta por ciento del total respectivo”, lo que se entiende como el establecimiento de una ley de cuota del 40%, la cual recién entró en vigencia en las elecciones parlamentarias del año 2021. Las cuotas de género son un mecanismo de acción afirmativa que busca generar equilibrios en las oportunidades entre hombres y mujeres, pero por sí solas no solucionan estas desigualdades. 

La organización interna de los partidos políticos es fundamental para que las leyes de cuotas funcionen de manera óptima, su estructura y comportamiento es un factor decisivo en la participación política femenina, por lo que “los mecanismos de reclutamiento de candidatos, afiliación ideológica, grado en que se favorece la promoción de las mujeres dentro de la jerarquía política, y la voluntad del partido de situar a las mujeres en puestos prominentes dentro de las listas electorales (…) afectan las posibilidades de las mujeres a acceder a cargos de representación o designación política”. (Unión Europea, 1997). Es por eso que los partidos políticos deben garantizar que su constitución, estructuras, procesos y financiamiento sean inclusivos para todas las mujeres.

La organización Comunidad Mujer realizó un análisis para medir el impacto de la Ley 20.840. De acuerdo al estudio, con esta norma la representación femenina en la Cámara de Diputados pasó de un 22,6% en las elecciones del 2017 a 35,5% con los resultados de noviembre del 2021. Mientras que en el Senado la presencia de legisladoras aumentó de 23,5% a 24%.  Por otro lado, realizando una comparativa por género, el análisis evidencia que entre los 695 candidatos hombres que compitieron para llegar a la Cámara Baja, un 14,4% logró ser electo, mientras que, de las 561 aspirantes, solo el 9,8% obtuvo la victoria. En el Senado, de 90 candidatos hombres el 23,3% fue escogido, mientras que, entre las 83 candidatas, nada más el 7,3% será parte del espacio legislativo.

Por otro lado, en las pasadas elecciones de Convencionales Constituyentes donde se aplicó la paridad de salida (la representación de un sexo sobre otro no podía sobrepasar el 55%) podemos ver que, respecto al financiamiento total, las mujeres recibieron solo el 39%, mientras que los hombres el 61% (Espacio Público, 2021). Esto deja en evidencia que, si bien la Ley de Cuotas fue un cambio importante para aumentar la elección de cargos femeninos, no es suficiente, ya que se requieren cambios culturales que permitan la inclusión en todas las áreas del proceso político. 

Las mujeres representan más de la mitad de la población mundial, por lo que deberían acercarse a la misma proporción en los puestos de representatividad; excluirlas de las tomas de decisión afecta la calidad y legitimidad del sistema democrático, mientras que incluirlas favorece una agenda pública que considere la necesidad de cambiar las desigualdades de género.

Los partidos políticos son en gran parte la puerta de entrada a la política formal, ya que reclutan y seleccionan candidatos políticos, el problema se genera debido a que en muchas ocasiones éstas son organizaciones políticas patriarcales y resistentes al cambio, por lo que tienden a beneficiar a líderes masculinos, los que se asocian también con una mayor probabilidad de éxito al momento de las elecciones.

Asegurar la participación plena de las mujeres en la toma de decisiones y la igualdad de oportunidades de liderazgo en la vida política son condiciones esenciales para construir democracias fuertes, participativas y pacíficas. Si bien las cuotas de género son un mecanismo útil, se necesita profundizar en la representación de las mujeres en cargos de elección popular. Para generar cambios a nivel electoral es fundamental que la organización interna de los partidos se centre en impulsar a las candidatas, entregarles las herramientas suficientes para que éstas puedan facilitar sus candidaturas, incluirlas correctamente en las listas electorales y en tener leyes de cuotas internas que les entreguen facilidades para obtener cargos relevantes dentro de su propio partido.

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