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30 de junio de 2022

Josefina Araos, historiadora: «Nadie debiera celebrar con un carnaval el 4 de septiembre si es que gana el Rechazo»

Dice que pase lo que pase, el mundo político deberá generar un acuerdo para el día después del plebiscito del 4 de septiembre. Aquí, Josefina Araos plantea escenarios frente a la encrucijada histórica y avanza en una que no está en los libros de nadie: “Quizá al gobierno de Boric le convendría que ganara el Rechazo”, afirma.

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Josefina Araos es historiadora y una de las intelectuales jóvenes más respetadas del momento.  Trabaja en el Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), es columnista y hace poco publicó su libro “El Pueblo Olvidado”.

Por estos días, trabaja en conjunto con algunos investigadores de otros centros de pensamiento –ligados al mundo de la derecha- para entregar insumos que permitan apuntalar el camino de una nueva Constitución si es que gana la opción por el Rechazo. Ella dice que es apenas un ejercicio intelectual que pueda servir de insumo a partir de lo que suceda el día después del plebiscito del 4 de septiembre próximo.

Aquí, Josefina Araos avanza en los escenarios que, a su juicio, se podrían abrir si es que gana el Apruebo o si se impone la opción de rechazar el nuevo texto constitucional. En cualquier caso, dice, el mundo político tendrá que reabrir la cocina de los acuerdos y diseñar caminos de salida. “Todo indica que, pase lo que pase,  va a ser necesario recuperar el espíritu del acuerdo del 15 de noviembre del 2019”, sostiene.

-¿Por qué la política tendría que entrar a dirimir un camino que abrió la propia ciudadanía?

-Por la naturaleza de este plebiscito, por lo polarizado que va a ser, por el modo en que se hizo el proceso constituyente –más allá del juicio que le merezca a cada uno-, y por las reacciones que generó en la ciudadanía. No se trata de que sólo existan élites molestas, sino que también se instaló un recelo de la propia ciudadanía. Todo eso ha ido haciendo cada vez más difícil un triunfo holgado del Apruebo. Incluso, ya se ha empezado a plantearse a posibilidad de que gane el Rechazo. Entonces, frente a lo incierta que va a ser la elección del 4 de septiembre, lo más probable es que sea necesario echar a andar un acuerdo político.

-¿En cualquiera de los dos escenarios?

-Sea cual sea el resultado. Hoy todo indica que el Apruebo puede ganar muy estrechamente. Y si gana la opción del Rechazo, hay que hacerse cargo de lo que esa opción significa frente al 80% de ciudadanos que votaron por una nueva Constitución. Aquí nadie debería celebrar con un carnaval si el próximo 4 de septiembre gana el Rechazo.

Hoy todo indica que el Apruebo puede ganar muy estrechamente. Y si gana la opción del Rechazo, hay que hacerse cargo de lo que esa opción significa frente al 80% de ciudadanos que votaron por una nueva Constitución. Aquí nadie debería celebrar con un carnaval si el próximo 4 de septiembre gana el Rechazo».

-¿Por qué? ¿Qué significaría?

-Significa que el proceso sigue completamente abierto porque aquí hay un mandato ciudadano que ya se expresó. Eso es lo concreto. El único dato objetivo que tenemos, es que en el plebiscito de entrada hubo un 80% de la población que dijo: “Queremos una nueva Constitución”. La política no puede saltarse ese dato fundamental.

-Si ese es el dato fundamental, ¿cómo fue ese porcentaje tan arrollador podría terminar en un empate o perdiendo frente al Rechazo?

-Bueno, aquí tendrán que empezar los procesos de autocrítica. Los actores políticos que estuvieron liderando este proceso, tendrán que asumir sus responsabilidades. ¿Hasta qué punto ha habido una farra? ¿Qué tipo de fuerzas predominaron que no lograron –si es que ganara el Rechazo- mantener ese 80% de aprobación ciudadana? Son preguntas muy importante que se tienen que hacer.

-Pero aquí serán más importantes las respuestas que las preguntas, ¿no?

-Claro, y habrá revisar qué sucedió con la lectura que la Convención hizo del país que no lograron ofrecer un texto constitucional que logrará convocar la misma cantidad de personas que votaron a favor. Esta es una lección para la política en general. Por eso digo que, sea lo que sea, la demanda por un cambio constitucional va a seguir vigente. Y eso va a exigir retomar el espíritu del acuerdo del 15 de noviembre para hacer factible las reformas necesarias.

-Si hubo algo que se criticó fue la cocina de la política. ¿Que esto termine en volver a abrir la cocina, no podría generar más irritación?

-Pero hasta qué punto era prescindible esa cocina. Hasta qué punto se creyó, equívocamente, que el proceso constituyente era otra cosa. Eso también es parte de la frustración de la gente. En ciertos grupos al interior de la Convención, hubo una auto comprensión de sí mismos, de creer que encarnaban vocerías más legitimas, de ser de verdad la voz de la calle…

-¿Y no lo eran?

-No. Eran una instancia más del Estado y de la política, con toda sus riquezas y sus miserias. No me parece que el proceso constituyente fuera más legítimo, más puro que los demás. Fue un proceso democrático ofrecido en medio de una crisis de gran magnitud. Y así como eso fue lo que funcionó en ese momento, ahora habrá que diseñar otro escenario si es que a la gente no le convence la propuesta final.

No me parece que el proceso constituyente fuera más legítimo, más puro que los demás. Fue un proceso democrático ofrecido en medio de una crisis de gran magnitud. Y así como eso fue lo que funcionó en ese momento, ahora habrá que diseñar otro escenario si es que a la gente no le convence la propuesta final».

¿AL BORDE DEL ABISMO?

-Hay otro dato en curso: un gobierno que ha unido su destino a lo que pase con la Constitución. ¿Cómo ves ese factor?

-Ha sido una mala estrategia atar de forma tan explícita su destino al del proceso constituyente. De partida, porque es el gobierno de todos los chilenos. Y segundo porque es un proceso incierto. No sabes cómo va a terminar. Entonces, es como poner a tu propio gobierno al borde del abismo. El gobierno debiera ser el primero en estar pensando qué va a pasar al día siguiente del plebiscito.

-O sea, el día decisivo será el 5 de septiembre.

-Absolutamente, y la pregunta es en qué medida condicionas a tu gobierno a un resultado que no puedes manejar y en que vas a tener que pararte el día 5 de septiembre sí o sí.  

-El ministro Giorgio Jackson dijo que si ganaba el Rechazo, el 5 de septiembre tendrán que ver lo que hacen…

-Es que no es posible ese nivel de improvisación. Es un momento muy critico. Además, viene un tiempo de campaña que, probablemente, será muy polarizado. Entonces, en estas semanas que vienen por delante, ¿hasta qué punto se van a horadar las bases o las condiciones para un acuerdo político del tipo que vas a necesitar el 5 de septiembre?

Esta es una lección para la política en general. Por eso digo que, sea lo que sea, la demanda por un cambio constitucional va a seguir vigente. Y eso va a exigir retomar el espíritu del acuerdo del 15 de noviembre para hacer factible las reformas necesarias».

-¿Qué te hace pensar que urge un acuerdo?

-Por lo que ya estamos viendo, el resultado será muy ajustado. Hay mucha incertidumbre en el ambiente. Eso es lo que sienten las personas. Y quien logre mostrar un camino más claro desde el 5 de septiembre en adelante, puede ganar el plebiscito. Por eso, para ningún sector político, puede ser un tabú plantear qué hacer ese 5 de septiembre.

ETHOS GENERACIONAL

-En este contexto, ¿cómo observas al Presidente Gabriel Boric en el ejercicio del poder? Hay quienes dicen que se lleva todo el peso…

-Es que creo que las virtudes que tiene Boric no las tiene nadie más en su equipo. Él tiene una gran habilidad para entender el momento. Uno podrá ser más o menos duro en eso, pero Boric tiene olfato político y es capaz de liberarse de su trayectoria vital e identitaria y convocar más allá. Mi sensación es que eso no lo tiene el resto de su equipo.

-¿Le falta plasticidad a sus ministros?

-Para mí es imposible no evaluar el inicio del gobierno de Boric con el viaje de la ministra Izkia Siches a Temucuicui.  La manera en que lo hizo, te ilustra los puntos ciegos que tienen en ese mundo.

-Y a tu juicio, ¿cuál es el punto ciego de la ministra Siches?

-La temeridad. Pero no creo que sea un problema específico de Izkia Siches. Ella refleja un problema más general de todo ese mundo. Tenían la expectativa de que, simplemente, por ser ellos los que llegaban al poder, todo cambiaría. Pero resulta que la CAM ya les había advertido que no les creía. Ellos representan al Estado de Chile y a la CAM no le interesa dialogar con el Estado. Entonces, tienen una mezcla de ingenuidad e irresponsabilidad que yo veo extendida al interior de todo ese mundo.

Creo que las virtudes que tiene Boric no las tiene nadie más en su equipo. Él tiene una gran habilidad para entender el momento. Uno podrá ser más o menos duro en eso, pero Boric tiene olfato político y es capaz de liberarse de su trayectoria vital e identitaria y convocar más allá. Mi sensación es que eso no lo tiene el resto de su equipo».

-Varios ministros y ministras sí han logrado conducir y poner temas…

-Por supuesto que hay excepciones. Son los que tiene experiencia en el Estado como Manuel Monsalve, Mario Marcel, Carlos Montes. Ellos han habitado la República, pero no tengo claro hasta qué punto hay un aprendizaje en ese sentido. Me refiero al resto de ese mundo que hoy está en el gobierno. El episodio Irina Karamanos es una situación parecida…

-¿En qué sentido?

-En alguna medida, aparece de nuevo esa ingenuidad que te lleva a tomar decisiones sin conciencia del peso que tienen. En el fondo, es cómo te concibes a ti mismo. Ellos lo hacen desde una cierta superioridad de base frente al resto. Ahí al frente están los poderosos de siempre, los de la casta. Y como esa generación siente que viene desde abajo, desde los movimientos sociales, hay  una candidez a la hora llegar a ocupar los cargos.

-¿Cómo aplica aquí la palabra candidez?

-En que ellos creen que por venir de abajo, no van a ser leídos por la ciudadanía como personas con privilegios. ¿Cómo quedó el gesto de Irina Karamanos? Más allá de cuales hayan sido sus intenciones, que de seguro eran muy buenas, en lo concreto su gesto queda como el de alguien que se está aprovechando del espacio de poder que tiene y en que, además, lo personaliza.

-¿Pero por qué lo sumas con lo que pasó con Ikia Siches?

-No sé si tienen el mismo impacto, pero muestra algo… No son casos excepcionales que se puedan circunscribir sólo a esas personas, sino que revela un ethos, una auto comprensión de toda esa generación política que es pensar que tienen una legitimidad de base mayor que el resto.

-¿Pensabas que serían más diestros?

-La verdad, yo pensé que iban a ser más hábiles. Más cuidadosos en el uso del poder. Más de ir paso a paso, más de a poco…

No son casos excepcionales que se puedan circunscribir sólo a esas personas, sino que revela un ethos, una auto comprensión de toda esa generación política que es pensar que tienen una legitimidad de base mayor que el resto».

LOS 30 AÑOS

-¿Está en curso una reconfiguración de la izquierda? Han empezado  surgir sectores que ven con preocupación cómo el gobierno se mueve hacia el relato de los 30 años…

-Esa es la gran pregunta que siempre va a tener un político con la trayectoria de Gabriel Boric, que nace a la luz de movilizaciones sociales y con toda esa épica. Llegar al poder es pura renuncia. Son transacciones, negociaciones. Siempre vas a estar enfrentando la interrogante de si estás renunciando a tus convicciones originales. En ese sentido, creo que Boric es un buen político. Cuando hace el giro hacia los 30 años –y eso quedó claro en su cuenta pública- es porque capta algo. No es por mera estrategia política.

-¿Qué captó?

-Que en la sociedad chilena no hay una critica tan dura por los 30 años como la que Boric y su mundo representaron. Sé que es una discusión abierta. Tengo amigos que están más a la izquierda y están muy en desacuerdo conmigo. Creen que esa es una critica que viene desde las bases. Yo pienso que proviene de la movilización social, pero no de las grandes mayorías. Mi impresión es que hay una mayoría ciudadana que tiene una visión más matizada.

-Pero igualmente crítica, ¿no?

-Sí, con críticas muy duras respecto a las promesas incumplidas del sistema, pero al mismo tiempo con una valoración de lo que significó la transición a la democracia y de las ganancias efectivas que esos años representaron en sus vidas personales.

-También es cierto que Boric y su mundo ganaron una elección anclados en ese relato…

-Creo que hoy, la gran pregunta, es hasta qué punto el relato de esta nueva izquierda se sostenía exclusivamente en el antagonismo total respecto de esos 30 años. Pero en la medida en que  Boric empiece a dialogar, a valorar y apropiarse de esos 30 años, se le derrumba el proyecto con el que venía. Por eso las tensiones y las presiones que vienen del mundo del PC o del propio Frente Amplio.

Creo que hoy, la gran pregunta, es hasta qué punto el relato de esta nueva izquierda se sostenía exclusivamente en el antagonismo total respecto de esos 30 años. Pero en la medida en que  Boric empiece a dialogar, a valorar y apropiarse de esos 30 años, se le derrumba el proyecto con el que venía. Por eso las tensiones y las presiones que vienen del mundo del PC o del propio Frente Amplio».

-¿Y es tan claro que hay un giro hacia allá?

-No sé si lo tiene resuelto. Tampoco sé hasta qué punto es solo un discurso de un giro estratégico por el momento electoral y con eso puede sacarse una selfie con Ricardo Lagos…

-Parece que fue elocuente esa foto para todos los sectores…

-Sí, pero se mantiene la duda de si eso es mera estrategia electoral del Presidente o es el resultado de un proceso de aprendizaje real. Si es así, Carlos Ruiz tiene razón. Le plantea la pregunta radical de qué queda de su proyecto original.

-Sectores de centro izquierda consideran que hay un poco de paranoia en eso y que gobernar es con guitarra.

-O sea, yo creo que la salvación de Boric está ahí. Pero como construyeron todo su relato sobre la impugnación a esos 30 años, incluso más que respecto de la propia derecha, se hace muy difícil hacer ese giro desde adentro. Por eso están llenos de conflictos y de tensiones internas. Y según lo que pase en el plebiscito, eso sólo puede radicalizarse.

-¿Por qué va a tener que optar?

-Claro. Porque si, por ejemplo, gana el Rechazo el gobierno va a quedar en una posición muy debilitada. Sin dudas, ese escenario va a exigir redefiniciones importantes. Quizá, el mundo socialista podría asumir un mayor protagonismo.

-En la eventualidad que ganará el Rechazo, ¿por qué tendría que optar por los socialistas?

-Es que tengo la sensación de que si gana el Rechazo se va a instalar un ambiente social y político que le va a exigir ese giro de moderación. En el fondo, sería un rechazo al espíritu que ha predominado y que encarnó la Convención Constitucional. Y eso va a exigirle al Presidente un giro más definitivo hacia ese mundo que representa el PS y que le va a ofrecer moderación, gobernabilidad, elenco y trayectoria.

Si, por ejemplo, gana el Rechazo el gobierno va a quedar en una posición muy debilitada. Sin dudas, ese escenario va a exigir redefiniciones importantes. Quizá, el mundo socialista podría asumir un mayor protagonismo».

EL HISTORIAL DE LA DERECHA

-La derecha no ha logrado pararse después de su derrota. Pareciera que su único relato es ir por el Rechazo. ¿Qué puede capitalizar si gana esa opción?

– La derecha ha estado media paralizada como todo el resto de la política chilena frente a esta evolución de los hechos. Nadie creía que era posible revertir el Apruebo o que el Rechazo podía aumentar.

-¿Está pasmada?

-Creo que está consciente del lugar en que quedó parada después del estallido y con la perfomance del gobierno de Piñera. Mi impresión es que está  entre desmoralizada y temerosa de la valoración pública que hay de su papel. Por eso se resiste a asumir más protagonismo.

-¿Por qué?

-Para evitar lo que siempre se ha dicho: que el Rechazo es más de la derecha y no una cuestión ciudadana. Pero, te insisto, la alternativa que pueda convocar a los indecisos, será quién logre mostrar que después del 5 de septiembre puede ofrecer ciertas certezas. Por lo tanto, en el caso del Rechazo, eso exige delinear un camino claro.

-¿Tiene credibilidad la derecha para comprometer un camino de cambios que nuca quiso?

-La derecha tiene un historial del cual debe hacerse cargo. Dicho eso, no creo que la historia de los problemas de los últimos 30 años se deba sólo al veto de la derecha. También hubo un mundo cómodo con ese veto en la centro izquierda. En ese sentido, hay responsabilidades compartidas. Pero es cierto que la perfomance de la derecha fue, fundamentalmente, la del veto. Y tiene que hacerse cargo.

-¿Y qué significa hacerse cargo?

-Mostrarse comprometida y propositiva con el cambio constitucional. No puede pensar que si gana el Rechazo se vuelve inmediatamente a la Constitución vigente. El 80% de la gente dijo claramente que quería una nueva Constitución. Y si la Convención no ofreció un texto convocante, habrá que buscar alternativas.

-¿Y ése es el trabajo que están haciendo ustedes en los centros de estudios del sector? ¿Definir a qué temáticas la derecha tiene que abrirse?

-Nosotros estamos tratando de ofrecer un insumo a nivel de contenidos. Desde distintos centros de estudios, hemos estado haciendo un trabajo de hormigas: empezar a ver qué temas se discutieron en la Convención y fueron quedando fuera.

-¿Es un insumo para los partidos?

-No. Esto no tiene nada que ver con los partidos políticos. Nos interesaba mostrar lo que fue quedando fuera. Ese es fundamentalmente el ejercicio: que las cosas no tenían por qué ser de la manera en que fueron y que no es necesario volver a la Constitución vigente si es que gana el Rechazo.

-¿Por ejemplo?

-Las iniciativas populares de norma quedaron en el cajón. Parte de nuestro trabajo fue recuperar algunas de esas iniciativas con el fin de darles el protagonismo que podrían haber tenido en la propuesta del articulado de la Convención. Pero es apenas un insumo para mostrar que podrían haber distintos énfasis. No sé, en vez de partir hablando del Estado, para nosotros es prioritario partir hablando de las personas y sus comunidades. Eso sólo por ponerte un ejemplo en términos simbólicos.

(La derecha debe) mostrarse comprometida y propositiva con el cambio constitucional. No puede pensar que si gana el Rechazo se vuelve inmediatamente a la Constitución vigente. El 80% de la gente dijo claramente que quería una nueva Constitución. Y si la Convención no ofreció un texto convocante, habrá que buscar alternativas».

-¿Y eso puede ser un insumo en caso de que gane el Rechazo…?

-Lo primero, es que esto no lo pidió nadie. Es una iniciativa que surge desde nosotros como un ejercicio intelectual y que ponemos a disposición de las personas. Esto se va a subir a una pagina web y quedará abierto para que pueda servir como un material más a la hora de pensar alternativas si es que gana el Rechazo. Porque es claro que hay que continuar con un proceso de cambio constitucional. Pero no pretendemos que reemplace ninguna deliberación.

-¿Pero apunta en esa dirección?

-Es apenas  un ejercicio. Lo importante va a ser el procedimiento. O sea, si gana el Rechazo qué alternativas, qué mecanismos se les va a ofrecer a la ciudadanía. Esa una pregunta gigante y que va más allá de los contenidos.   

-¿Y si gana el Apruebo?

-Todo indica que si gana el Apruebo por muy poco margen, estará el tema de lo poco convocante que sea el texto. No digo de legitimidad, sino de  lo poco duradero que puede ser el compromiso ciudadano y que sigamos con la misma crisis de legitimidad que tuvimos todo este tiempo. El otro problema es lo que han reconocido personas que van a aprobar: y es que hay problemas efectivos en el diseño institucional. Por lo tanto, sea cual sea el escenario, es una ganancia para la campaña ofrecer caminos para el 5 de septiembre y para continuar el proceso de cambio constitucional.

-Pero si gana el Apruebo, ¿el gobierno queda firme? ¿Por qué tendría que avanzar a otros acuerdos?

-Yo no lo tengo tan claro. Porque si gana el Apruebo, habrá un mundo que aunque gane por un 1% va a salir muy triunfante a las calles. Y el problema es que eso tensiona a la ciudadanía. El punto es en qué medida se te vuelven más inmanejables conflictos como el que existe en el sur con el triunfalismo de los grupos más radicalizados o más refundacionales de la Convención y del propio gobierno. Porque si gana el Apruebo, el gobierno no va a tener margen para moderar a los grupos más radicalizados que lo presionan.

-Entonces, ¿en esa tesis le convendría que gane el Rechazo?

-Es curioso, pero a veces pienso que a pesar de la derrota dura que significaría para el gobierno y del tipo de redefiniciones que se le exigiría, quizá al gobierno de Boric le convendría que ganara el Rechazo.

Es curioso, pero a veces pienso que a pesar de la derrota dura que significaría para el gobierno y del tipo de redefiniciones que se le exigiría, quizá al gobierno de Boric le convendría que ganara el Rechazo».

-¿En serio?

-O sea, en términos de gobernabilidad, del manejo de conflictos que tiene el país, podría ser  una mejor alternativa. Sé que puede sonar extraño, pero para el propio gobierno puede ser mejor que gane el Rechazo y lo libere de esos grupos que lo tensionan. Es una inquietud abierta, pero como sea, tanto el Apruebo como del Rechazo tienen que empezar a diseñar y mostrar alternativas para lo que sigue a partir del 5 de septiembre.

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