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Opinión

2 de Julio de 2022

Con alas de nuevos colores

Columna Uge Campos

"Muchos comenzamos un proceso de sanación profundo. Con dolor y miedo iluminamos nuestras propias sombras, acogimos nuestro propio dolor y nos curamos nuestras propias heridas".

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Hace un par de años, ningún mortal hubiese aventurado el enorme salto que nos tenía reservado el Universo. Los astrólogos inquietos hablaban de un proceso de transformación venidero, algo que grandes planetas como Saturno, Júpiter, Urano y Plutón tenían preparado. Pero, qué realmente, nadie sabía mucho… 

Así fue cómo llegó la pandemia, protagonista y conductora de nuestro día a día desde el 2020. Desde entonces, lamentablemente, muchas vidas se han perdido en medio de un inmenso dolor. Sin embargo, también ocurrió otro tipo de “muerte”, el cual, a mi parecer, tuvo muchas más “víctimas” a nivel mundial. 

Me refiero a todas las muertes y renacimientos internos que vivió y sigue viviendo cada ser humano. Porque esto aún no termina. 

Muchos comenzamos un proceso de sanación profundo. Con dolor y miedo iluminamos nuestras propias sombras, acogimos nuestro propio dolor y nos curamos nuestras propias heridas.

Nos hemos encontrado cara a cara con nuestros miedos más profundos. La incertidumbre caló nuestros huesos. El pánico a la muerte nos ha acompañado cada día al levantarnos y al acostarnos. La soledad, el abandono, el sufrimiento, el desconsuelo y el encierro nos llevaron a nuestro pozo interno. 

Pero fue ahí, sumidos en nuestra más densa oscuridad, donde fuimos capaces de encontrar un rayo de luz. Tuvimos que empezar a romper estructuras de todo tipo, desde cómo reorganizar nuestra empresa, el colegio de los niños, la vida en el hogar, hasta evaluar patrones mentales y mecanismo de reacción que nos habían acompañado desde niños. 

Así, muchos comenzamos un proceso de sanación profundo. Con dolor y miedo iluminamos nuestras propias sombras, acogimos nuestro propio dolor y nos curamos nuestras propias heridas. 

Como el nacimiento de una mariposa que después de meses en su crisálida logra abrir las alas. Pero esta vez, con las alas de nuevos colores. Integramos la impermanencia como parte inherente a la vida humana, en donde la muerte es nuestra aliada para poder aprender a disfrutar más la vida. 

Estos años no son un castigo, son un regalo para quien así quiera mirarlos, ya que luz y oscuridad van siempre de la mano.

Es el ave fénix símbolo de Plutón que nos hace morir y renacer. Que nos lleva a purificarnos, luego de soltar el control, para comenzar de nuevo emergiendo como una flor de loto desde el barro. 

Es Saturno que nos pide volver a armarnos desde otro lugar, en donde los cimientos sean más firmes. Es Urano que nos conecta con nuestra autenticidad haciendo que esta nueva forma de ser tenga más que ver con nuestra alma que con nuestro ego, más con nuestro ser social que con nuestro individualismo. Porque como pide Júpiter, esto debe tener un sentido, una enseñanza. 

Y esto nos lleva al protagonista de este año, Neptuno, quien sin palabras y de manera aún más sutil quiere elevarnos cuánticamente para que logremos entender que estamos todos entrelazados y conectados con una fuerza mayor que pulsa más allá del Universo infinito. 

Estos años no son un castigo, son un regalo para quien así quiera mirarlos, ya que luz y oscuridad van siempre de la mano y es nuestro trabajo ser conscientes de ello. Como dijo Charles Chaplin, “hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas”. 

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