Secciones

The Clinic
Buscar
Entender es todo
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad
Reportajes

Claudia di Girolamo: “Yo no leo en ninguna parte de la resolución de la Corte Suprema la palabra ‘inocente’, él (Cristián Campos) es un abusador con todas sus letras”

"Una siempre como mamá piensa: ¿cómo no lo vi?, ¿cómo no me di cuenta? Y la respuesta es que yo confiaba (...), pero fue precisamente esa confianza la que me hizo caer en una trampa", dice la actriz en su primera entrevista tras la querella por abuso sexual que su hija Raffaella interpuso contra Cristián Campos. Aquí reflexiona sobre el costo familiar y personal del proceso, marcado por la reciente muerte de su padre y la sobreexposición: está sin proyectos en el audiovisual, da clases en dos universidades y asegura que un eventual daño a su imagen pública no le inquieta. Más la mueve apuntar a la justicia: valora el trabajo del juez Edgardo Gutiérrez, que acreditó tres hechos de connotación sexual, pero acusa que las demás instituciones dieron la espalda y generaron "un aire de impunidad".

Por 20 de Septiembre de 2025
Claudia di Girolamo
Claudia di Girolamo
Compartir

Suscríbete al newsletter

Hace cuatro meses, Claudia di Girolamo despidió a su padre, Claudio di Girolamo (1929–2025) –prolífico pintor, dramaturgo, escenógrafo y director; un nombre fundamental de la cultura chilena de las últimas décadas–, fallecido el 22 de mayo pasado, a los 95 años. “Él se fue sabiendo la verdad. Fue el último en enterarse”, dice ahora la actriz. Ella misma fue quien le contó al mayor del clan familiar que su hija Raffaella denunciaría por abuso sexual a Cristián Campos, también actor y con quien la intérprete estuvo casada por casi una década, entre 1984 y 1995.

“Me reuní con mis cuatro hermanos en diciembre de 2023 en mi departamento para contarles lo que había pasado, y casi cuatro meses después, en marzo del año siguiente, ellos y mis hijos me acompañaron a contarle a mi padre.

Fue el domingo 24 de marzo, en la tarde, una junta muy familiar, como de costumbre. Tuvimos la precaución de contarle antes de que se hiciera pública la denuncia”, cuenta Claudia di Girolamo. Solo dos días después, la Fundación para la Confianza anunció en su cuenta de X sobre la querella ingresada ante el 34° Juzgado del Crimen de Santiago

“Hubo un largo proceso de reflexión previo y la decisión de contarle no fue fácil. Podría haber sido que, por su edad, decidiéramos que era mejor no hacerlo, pero él siempre fue un hombre muy lúcido. Mi padre era un hombre que estaba al tanto de todo y escribía constantemente sobre lo que ocurre, culturalmente muy despierto. Por lo tanto, era imposible que no se enterara. Lo más honesto y lo más amoroso era contárselo mirándolo a los ojos, y así fue”.

Raffaella no estuvo presente ese día, revela la actriz. “Su abuelo para ella era todo, sus ojos, y le complicaba hacerlo parte. Cuando uno cuenta algo así, y eso hay que tenerlo en cuenta, uno entrega parte del daño y también parte de la pena”.


–¿Cómo reaccionó su padre?

– Le dio mucha pena, mucha, mucha, mucha pena. Se quedó un rato en shock con todos nosotros, con mis hermanos, con mis hijos Antonio y Pedro, y después yo lo acompañé a acostarse. Ya en la pieza se sentó en su cama y dijo: eso es traición. Traicionó a la familia, traicionó tu amor, tu confianza. Traicionó la inocencia de una niña.

–¿Era Cristián Campos cercano a su padre? Él ha dicho que sí e incluso después de la separación de ustedes. ¿Recuerda que fuera así?

–No, en absoluto. Dudo que lo haya visto. No, eso no es cierto, como muchas otras cosas que se han dicho.

Tras un año y medio de iniciado el caso –y luego de que la Corte de Apelaciones confirmara en agosto pasado el sobreseimiento por prescripción, resolución que la Corte Suprema ratificó a comienzos de septiembre–, es la primera vez que la intérprete y directora teatral de 68 años, protagonista de teleseries memorables como La Fiera y Romané, decide sacar la voz.

Esta entrevista ocurre en las oficinas de su abogado, Juan Pablo Hermosilla, quien está presente, pero no interviene en ningún momento. Ya no es un lugar extraño para ella: ha estado varias veces en esa torre espejada, en la comuna de Vitacura, desde que ella y su familia decidieron apoyar la denuncia de su hija.

“No era cosa de llegar y levantar una querella, y tampoco era llegar y hablar –explica–. Los pasos fueron súper medidos, muy lentamente, y tuvimos la oportunidad de escuchar, de analizar y luego de conversar en familia, entendiendo lo que venía y cuál iba a ser nuestro rol en ese panorama”.

–¿Por qué decide hablar ahora?

–Decido hablar porque se ha cumplido un proceso largo, que esperamos durante años y que también es personal. Después de que Raffaella hizo el video hablando por primera vez y de haber hecho también una entrevista –publicada días atrás en la revista Ya– nos toca también a nosotros dar la cara y hablar sobre lo que hemos vivido como familia. Creo que es importante sostenerla desde ese lugar, apoyarla y que sepan que la amamos y que estamos con ella.

“El abuso sexual es un tema familiar –subraya la intérprete–. No le acontece solamente a la víctima que sufre ese daño sino a todo su entorno. Por lo tanto, ese daño también nos pertenece a nosotros de una u otra manera, y yo sentí la necesidad de decir que estamos más unidos que nunca: que la lucha se puede hacer mucho más llevadera en familia”.

Bitácora de un abuso

Comenzó a llenar un cuaderno hace ya casi cinco años, a la par de los hechos. Desde entonces, Claudia di Girolamo mantiene un diario personal de este camino, a ratos pedregoso y en otros –dirá– sanador. Son, en su mayoría, notas breves que parten con la develación que su hija hizo a fines de 2020 y que avanzan con los hitos del proceso legal, desde aquel 26 de marzo de 2024 en que la Fundación Para la Confianza anunció la querella.

“He llevado esta bitácora o especie de diario de vida, más que nada para no olvidar”, dice la actriz. “Lo escribo a ratos y hace mucho tiempo para llevar un registro y memoria de lo vivido personalmente y como familia. Registro y memoria también, de los comentarios vulgares e insensibles de personas ajenas; no solo de columnistas y políticos, sino también de muchos “colegas destacados” de la escena nacional, que no dudaron en poner un manto de duda sobre la denuncia de mi hija, ironizando y burlándose de un testimonio valiente y brutal de abuso que ninguna niña debiera sufrir jamás”.

“Estoy segura de que esos comentarios provocaron y ayudaron a generar una atmósfera de desconfianza, de odio y violencia hacia mi familia. Crearon un clima de circo mediático en donde todos se sintieron llamados a participar destilando veneno y odio de la manera más vulgar, ordinaria y peligrosa”, agrega.

Luego vinieron meses de declaraciones y peritajes, hasta que el 29 de mayo de 2025 el juez Edgardo Gutiérrez dio por acreditados tres hechos de connotación sexual en contra de Raffaella di Girolamo, ocurridos entre 1989 y 1995: el primero fue en 1989, cuando ella tenía 11 años, y es descrito en el fallo como “un acto de connotación sexual en un domicilio particular”; un segundo episodio entre 1991 y 1992, a sus 13–14 años, “nuevos actos bajo la excusa de realizarle masajes asociados a un curso que el imputado decía cursar”; y un tercer y último en 1995, cuando “el imputado Juan Cristian Campos Sallato procedió a realizar un acto de connotación sexual en contra de la víctima, consistente en dormir desnudo, con su cuerpo en contacto con el cuerpo de la víctima, sin que esta última se percatara de esta situación”.

Pese a esa acreditación, el tribunal decretó el sobreseimiento por prescripción; más tarde, la Corte de Apelaciones de Santiago (21 de agosto de 2025) y la Corte Suprema (4 de septiembre de 2025) confirmaron esa resolución.

–Volvamos al inicio, cuando todo esto comienza para usted. ¿Cómo recuerda ahora ese momento?

–Raffaella me lo cuenta en 2020, el año que murió mi madre. Fue en Navidad, el 25 de diciembre, después de una comida familiar en la casa de mi padre que hacemos todos los años. Bueno, ya no, porque no está. Fue una reunión familiar enorme, muy hermosa, y en un momento ella me dice que quiere hablar conmigo. Le digo que nos vayamos al departamento, nos juntamos ahí, y me dice: necesito que leas esto. Era una carta que ella había escrito”.

“Comencé a leerla, de reojo la miraba a ella, y me fui dando cuenta de a poco, no solo por las palabras y las ideas expuestas, sino también por su lenguaje corporal, qué era lo que estaba pasando. Le pregunté: ¿Quién era, fue él? Y me dijo que sí. La abracé, la contuve mucho, mucho, mucho y le pedí perdón. Nos fumamos un cigarro y desde ese día no nos hemos soltado nunca más”.

–¿Cómo era la relación entre ustedes dos en ese momento?

–La relación con Raffaella siempre ha sido muy unida. Es mi hija mayor y la amo y admiro profundamente. Tuvo hijos a muy temprana edad, dos niños que nosotros amamos y acogimos inmediatamente con mi madre y mi padre. A mí me conmueve su fuerza, desde cuando se sacaba un 7 en la universidad y regresaba a casa embarazada de gemelos. Ella tiene una fuerza de espíritu y física enorme, y durante todo este trayecto creo que, en gran parte, ella ha sido quien nos ha guiado con su fuerza y con su verdad”.

Pasó un año y Claudia y Raffaella le contaron a Antonio y Pedro Campos, ambos actores e hijos nacidos del matrimonio entre di Girolamo y Cristián Campos. “Fue en el departamento de Raffaella, de manera siempre muy cuidada, muy medida, muy sensible, y con la valentía que da enfrentar algo así frente a tus hermanos, sin saber cómo van a reaccionar”, recuerda.

“Raffaella necesitaba que la familia supiera lo que había pasado y lo mucho que había sufrido durante todo el periodo, desde que los hechos ocurrieron y hasta el día de hoy. Después de contárselo a Antonio y Pedro, y al año siguiente a sus hijos, mis nietos. Entonces, fue algo que ha transcurrido de manera muy paulatina, muy pensada, muy sensible y donde hemos tenido la oportunidad no solo de unirnos como familia sino también de saber y responder y respetar los procesos particulares y únicos de cada uno”.

–De los hechos acreditados, el que probablemente más se ha comentado es el último, cuando usted sorprende a Campos desnudo en la cama de su hija. ¿Qué peso tiene para usted ese momento hoy, a la luz de los hechos?

–Ese es un episodio que ha estado en mi vida constantemente y que siempre aparece y desaparece. No es algo que haya recordado de pronto, es algo que siempre ha estado en mí por muchas razones; por lo brutal y fuerte que es, por mi incapacidad de reaccionar y porque, finalmente, dio cuenta de algo que yo no sabía que estaba ocurriendo: el abuso. Hay que tomar en cuenta que un abusador no da señales evidentes; actúa en las sombras, en la confianza, en el cobijo, en el amor. Si lo hubiese identificado como una señal, esta historia sería otra.

–Pedro y Antonio le creyeron a Raffaella desde el inicio. ¿Cómo vio usted el posterior quiebre entre ellos y su padre?

–Que Pedro y Antonio le hayan creído a la Raffa me parece algo totalmente lógico. No solo por lo que significa, sino porque ellos mismos hicieron una construcción en su memoria desde distintos aspectos, hasta llegar a la conclusión de que eso sí había ocurrido. El quiebre podría haber sido como podría no haber sido, dependiendo también de la reacción de un padre con sus hijos. Un padre podría haber sido más amable, más contenedor, quizás explicar y escuchar más.

–¿No fue así?

–Según el relato de ellos, nada de eso ocurrió, sino todo lo contrario. Fue extremadamente violento, extremadamente vulgar y ordinario para referirse a Raffaella y a mí. Entonces, hay una sobre reacción explosiva que da cuenta de un subtexto muy contundente, muy fuerte y muy oscuro.

–Campos ha dicho también que Raffaella lo habría hostigado e incluso extorsionado desde el año 2010 en adelante. ¿Sabía usted de eso?

–Comparto la descripción que hizo el juez Edgardo Gutiérrez en el fallo: creo que no es tan extraño que cualquier persona que ha sido abusada sexualmente en esa medida, de esa forma y durante ese tiempo prolongado, tenga una cierta dependencia. Pensemos que Raffaella era una menor de edad que fue manipulada y dominada por una persona adulta, dentro del núcleo familiar; que se decía o se llamaba a sí mismo como “papá”. La dependencia que se crea es enorme; y cuando la víctima es desechada, se produce un quiebre y desconcierto en donde la persona afectada se pregunta: ¿qué pasó? ¿Qué está pasando? Por lo tanto, a mí me parece irresponsable y cruel llamar “hostigamiento” al hecho de desechar, de invisibilizar a alguien; con la confusión que aquello produce en la víctima.

“El abuso lo sufrió mi hija durante años siendo menor de edad. En todo el tiempo en que él dice que existió este hostigamiento o persecución, incluso después de casarse, yo nunca supe nada, y se lo pregunté al juez cuando tuve la oportunidad de dar mi testimonio dos veces; le pregunté: ¿alguien me puede responder por qué esta persona (Campos) no me llamó por teléfono ni se comunicó conmigo? Si ha sufrido hostigamiento durante 14 años, como dice él, ¿no pensó en llamar a la mamá, que soy yo? ¿No llamas a un cercano para decir pongamos fin a esto? Él fue incapaz de hacer eso.

–Campos declaró también que usted intentó sabotear algunas oportunidades de trabajo suyas, advirtiéndole a ciertas personas que no trabajaran con él. ¿Fue así?

–No, no ocurrió absolutamente nada parecido a eso. De hecho, yo creo que todos en la familia hemos sufrido de una u otra manera la falta de trabajo por haber tenido la valentía de poner esta denuncia.

–¿Le pasó también? ¿Perdió opciones de trabajo?

–Por supuesto que perdí opciones de trabajo. Yo golpeé las puertas de la Universidad Uniacc y golpeé las puertas de la Universidad Mayor y obtuve trabajo, porque no tenía trabajo. No es algo de lo que me esté quejando, supongo que es parte de las consecuencias y de lo injusto que es cuando una persona, una mujer, denuncia valientemente un hecho como este y su familia la apoya. Todos hemos tenido problemas en lo laboral este último tiempo, de ambos lados.

–¿Se ha revertido esto último en su caso?

–No, no tengo trabajo en audiovisual hace rato, solo tengo esos dos trabajos dando clases de actuación. Ahora mismo estoy haciendo la dramaturgia de un egreso.

Fuera de pantalla y la primera línea

En los últimos años, el trabajo de Claudia di Girolamo se replegó al ámbito académico: en 2023 estrenó en la Uniacc la obra Nadie, de Flavia Radrigán, dirigida por ella misma, y Naufragio, de su autoría. Este año volvió también al escenario en una versión de El rey Lear dirigida por Marcos Guzmán, en el Teatro de la U. Mayor, y en Vieja loca, escrita y dirigida por Blanca Lewin, que formó parte de una muestra final de un diplomado en la U. Finis Terrae.

En paralelo, la intérprete exploró las historias para los oídos: hizo Hamlet sonoro (2022), dirigida por Néstor Cantillana, y La casa de Bernarda Alba (2025), nuevamente como directora y dramaturga. Sus últimas apariciones en pantalla, en tanto, fueron en las series Cromosoma 21 (2023) y Dime con quién andas (2023). No han vuelto a llamarla.

–¿Cree que su imagen pública se ha visto afectada a raíz del caso?

–No tengo idea. No es algo que a mí me inquiete o incomode. Supongo que para muchas personas sí y para otras personas no, pero no es algo de lo que yo me vaya a hacer cargo. Mi propósito y objetivo principal, lo digo súper fuerte y claro: yo a mi hija Rafaella le creí, le creo y le creeré siempre, y siempre va a tener mi apoyo, así hayan las consecuencias que hayan. No me importa todo lo demás.

“No estoy preocupada de mí ahora mismo. Me importan mi familia, mis hijos, mis nietos, son lo más importante. Así ha sido y así es y así será siempre, y voy a estar al lado de ellos mirando de frente a cualquiera. Y, si me he visto afectada, es totalmente legítimo y normal. Cuando una persona se entera que su hija fue abusada sexualmente por su exmarido, eso obviamente afecta”.


En sus diarios, la actriz registra también todo ese ruido externo: los respaldos de amigos y cercanos, el escrutinio de la prensa, los insultos en la calle y la violencia naturalizada en las redes, “groserías que –dice ahora– no hablan de ella ni de su hija, sino de un estado alterado de cosas que el sistema no termina de resolver”.


“Es paradójico pensar que, con los avances en crear instancias de diálogo para generar espacios más empáticos, seguros, de escucha y de respeto a los derechos humanos de las mujeres, todavía se escuchen voces que parecieran decir que esos temas hay que mantenerlos en silencio, y guardados para siempre bajo la alfombra de la casa familiar”, dice ahora la actriz.

“Algo extremadamente irresponsable y peligroso socialmente, puesto que actúa como una advertencia de alarma, para que las miles de personas víctimas de abuso, lo piensen dos veces antes de denunciar su dolor y exponerse al escrutinio público, a la vergüenza y al miedo. Y así vamos retrocediendo y volvemos al imperio del silencio, de la culpa, de la vergüenza; donde algunas de las instituciones que deben escuchar estos testimonios valientes y a sus familias, simplemente actúan con indiferencia”.

–¿Qué le parece la cobertura y el interés mediático que ha tenido el caso?

–Yo creo que el rol de la prensa ha sido bastante complejo por hacer un juicio paralelo con respecto a todo. Ha habido personas que lo han tomado con mucha seriedad y mucho cuidado, y otras que simplemente se han sobado las manos y han expuesto a diestra y siniestra ciertos testimonios o imágenes con todo el prejuicio y la falta de criterio y empatía que eso conlleva.

“La víctima siempre es prejuiciada, todavía sucede. Raffaella muchas veces fue tratada con crueldad. Todos fuimos tratados con mucha crueldad. Para qué decir en las redes sociales, que también dan lo suyo y aportan a un ambiente de odio, un ambiente vulgar y ordinario que, por cierto, no se merece la Raffa; una mujer que dice la verdad y tuvo la valentía de denunciar. Nuestra familia tampoco se merece un trato tan indigno”.

–Hace unos días habló también por primera vez María José Prieto. ¿Vio esa entrevista?

–Yo siento un profundo respeto por ella y por su hija, por lo tanto nunca he querido saber ni me he enterado de lo que ha dicho porque me parece que con todo lo que vivió es suficiente. La respeto muchísimo, de verdad, y no me atrevo a dar ningún comentario al respecto porque no lo sé y porque no pongo atención a todo lo que me llega por otras voces. Prefiero no escuchar malas interpretaciones, no me interesa.

La señal que deja la justicia

Ha leído y estudiado varias veces el fallo, las resoluciones, subrayó párrafos e hizo anotaciones. Si bien valora el trabajo minucioso del juez Gutiérrez –por el estándar de prueba y la perspectiva de género de ese primer y único fallo–, Claudia di Girolamo lamenta y critica que en las instancias superiores primó la prescripción y se instaló “un aire de impunidad” amplificado, dice, por lecturas apresuradas y la mediatización del caso.

“Hay un solo fallo que determina que los abusos sí ocurrieron”, advierte la actriz. “El juez estableció siempre una instancia profunda y democrática entregando una oportunidad equitativa a la presentación de pruebas, de testigos, testimonios a ambas partes. El juez Edgardo Gutiérrez fue absolutamente equitativo en ese sentido y no hay que menospreciar ese trabajo, es tremendamente importante lo que él hizo. No olvidemos que su investigación seria se prolongó por más de un año”.

“Su estudio y dictamen da una perspectiva de género relevante que no tomó en cuenta ni la Corte de Apelaciones ni la Corte Suprema. Ambas instancias cerraron la puerta a leer el fallo del Juez Gutiérrez, a escuchar el testimonio y revisar todas las pruebas presentadas, y a poner atención al valor del trabajo minucioso y al dictamen de un fallo definitivo. Me gustaría recordar aquí que nuestro país firmó el acuerdo de Belém do Pará, en donde se compromete, a través de sus instituciones, a velar por los derechos humanos de las mujeres y a erradicar la violencia contra la mujer en todas sus expresiones”

¿Qué señal cree que entrega la justicia —y el sistema judicial en su conjunto— con una resolución como esta?

–En estas últimas dos instancias vimos la peor cara de la justicia, que es la indiferencia, y que da pie a la impunidad y a que personas que cometieron delitos tan graves como este puedan malinterpretar y tergiversar esta resolución y lo entiendan como un fallo o una declaración de inocencia. Yo no leo en ninguna parte de la resolución de la Corte Suprema la palabra ‘inocente’ o ‘inocencia. Él es un abusador con todas sus letras.

“Ahí el sistema cojea y cojea mal, porque hace que quede el camino libre para que pedófilos, maltratadores, violadores y golpeadores queden impunes y puedan obrar con total libertad. Muchas personas que fueron o ahora mismo son víctimas de abuso ven este caso y dicen, y ahora a dónde puedo ir o quién me va a dar una mano, quién me va a creer, quién me va a escuchar. El silencio es el terreno fértil para que volvamos al imperio de la culpa, la vergüenza y el miedo”.

“Me parece que eso devela algo culturalmente muy peligroso, y es que hay personas, víctimas de abuso sexual, muchas mujeres, pero también hombres, niños, niñas, diversidades de género, que van a quedar al margen o que van a preferir guardar silencio antes de hablar sobre lo que les ocurre, porque creen que no van a llegar a ninguna parte, que no hay camino hacia la justicia, creen que las instituciones que deben velar por su seguridad y cuidado no estarán presentes”.

–¿Qué otra puerta tocarán ahora?

–Se pueden tocar muchas aún, pero todavía no es tiempo de anunciarlo. Yo creo que ahora hay que escuchar a la Raffa, hay que escuchar su parecer y respetar su proceso de sanación, respetar su corazón y su mente. Tuvo la valentía, como decía, de hacer ese video, de dar una entrevista clarísima y que da cuenta de su proceso, de su autoestima y de lo entera que está como persona y mujer profesional. Por eso ahora y siempre yo prefiero escucharla y respetar lo que ella quiera hacer.

–En lo personal, ¿cuál ha sido la reflexión más compleja?

–Una siempre como mamá piensa ¿cómo no lo vi? ¿Cómo no me di cuenta? Y la respuesta es que yo confiaba en una persona que a veces se hacía cargo de mis hijos, o que decía hacerse cargo de mis hijos, que decía quererlos a todos por igual. Y la confianza fue precisamente la que me hizo una trampa. Si uno confía al 100% en una persona, ciegamente, donde hay amor, simplemente no se te pasa nunca por la cabeza que algo así pueda ocurrir a tus espaldas. La sola idea produce espanto y horror.

–A pesar de lo doloroso que ha sido, ¿se puede hablar de sanación a este punto?

–Estas son las instancias de sanación; primero hablar, romper el silencio y vencer el miedo es una instancia de sanación; denunciar es una instancia de sanación. Un proceso de sanación duele, es jodido, es difícil. Hay dificultades, pero si uno está unido como familia, es parte de un proceso de sanación. La corte de Apelaciones también es un proceso de sanación, lo mismo la Corte Suprema. Cuando te das cuenta que llegó el minuto en que quieres hablar, que necesitas hablar, también es parte de un proceso de sanación para todos nosotros.

Comentarios

Notas relacionadas