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30 de julio de 2022

Nicolás Viel, Capellán Católico de La Moneda, y las «orientaciones» de la Conferencia Episcopal ante el Plebiscito: «Ni los obispos, ni los curas, ni las religiosas tenemos que decirle a la gente lo que deben hacer»

Nicolás Viel, capellán católico de La Moneda Fotografía por Diego Aste Bowen

Luego de que los 34 prelados de la Conferencia Episcopal difundieran su parecer sobre el borrador de nueva Constitución, el capellán de Palacio dice que "los obispos hicieron lo correcto". "Entraron en el texto con profundidad, sabiendo que hay distintas cargas éticas en los temas morales", argumenta, a objeto de que "cada persona haga su reflexión y forme sus convicciones". Sobre la negativa de la curia ante el Derecho al Aborto consagrado en el borrador, Viel agrega en conversación con The Clinic: "Quiero respetar profundamente la decisión personal de aquellas mujeres que deciden abortar”.

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El sacerdote Nicolás Viel vive su día a día en tres frentes. Uno está en La Moneda, donde es capellán de la Iglesia Católica, otro en el Colegio de los Padres Franceses, de la congregación Sagrados Corazones, de Viña del Mar, además de una última labor: un voluntariado social en las poblaciones de Reñaca Alto.

En La Moneda convive con la capellán evangélica, Izani Brunch, y el capellán judío, Eduardo Waingortin. También se le ha visto en actividades con el Presidente Gabriel Boric, como cuando este visitó la población de La Legua en la comuna de San Joaquín. “He colaborado en poder ofrecerme como puente entre autoridades y lugares, barrios”, comenta a The Clinic.

En la actualidad, por cierto que el Proceso Constituyente no le es ajeno. De hecho, tiene la virtud de poder leerla, tanto desde su perspectiva como sacerdote y su rol como capellán como desde su formación profesional de Abogado de la Universidad de Chile. Así, los temas jurídicos le son más familiares.

En esta entrevista, realizada a través de una videollamada desde su oficina en el subterráneo de La Moneda, donde las paredes no tienen mucha decoración, a excepción de un atrapa sueños que pende en la mitad de esta, el prelado aborda tanto su trabajo como capellán, como los detalles del texto constitucional.

En esta conversación, el capellán católico aborda las “orientaciones” de la Conferencia Episcopal sobre el texto, -“a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia”, según argumentaron-, principalmente en una materia que inquieta a la Iglesia: el Derecho al Aborto. Sobre el punto, Viel afirma que no es partidario de la interrupción del embarazo, pero agrega que: “(Se debe) respetar profundamente la decisión personal de aquellas mujeres que deciden abortar”.

-Capellán, ¿cómo observa el ambiente que hay en torno al 4 de Septiembre, donde se ha polarizado el debate?

-Obviamente no es un momento fácil ni en lo económico ni en lo social. Estamos en medio de una crisis que tiene fragilizada la vida de muchas personas. Y a nivel político estamos en un tiempo de campaña muy polarizado, con mucho desencuentro. 

La verdad es que nos falta mirar la realidad con mucha más calma, con mucha más mesura, reconociendo los matices que hay, porque esta lógica de la descalificación y de la polarización no es sana para la vida democrática. Incluso lo veo dentro de los mismos ámbitos de la Iglesia, donde creo que las posturas diferentes no logran encontrarse y dialogar adecuadamente. 

Si uno ve Twitter, por ejemplo, el debate constitucional queda reducido a puros ataques sin sentido en el fondo. Necesitamos vivir un tiempo de conversación, de compartir puntos de vista con aquellos que piensan diferente. Necesitamos tiempo, reflexión, pero sobre todo, y esto lo digo como creyente, mirar el futuro con esperanza y confianza en las personas y en las instituciones. No puede ser que nuestra mirada al presente sea tan llena de temores.

«Preguntarse por el clamor de los pobres, es preguntarse también por el clamor de la tierra. Los cristianos tenemos que mirar el texto desde esa perspectiva».

-¿Cómo cree que debería aproximarse el mundo cristiano a la propuesta constitucional? ¿En qué clave deberían leerla?

-Lo primero y más sano es reconocer que en el mundo creyente hoy día, tanto católico como evangélico, coexisten miradas que son diferentes respecto del texto constitucional. 

Luego, me parece razonable y necesario que el mundo creyente se organice, reflexione y profundice los grandes temas, como por ejemplo lo está haciendo hoy día un grupo que se llama Cristianos por el Apruebo de Salida, que es una coordinadora que tiene gente católica de todo Chile, que se juntan a reflexionar, profundizar y a manifestar su opinión. Me parece muy bueno que lo hagan creyentes de ambas posturas. 

Respecto de cómo acercarnos como creyentes al texto constitucional, ahí los obispos marcan el camino en el sentido de que necesitamos implicarnos, participar, leer el texto, reflexionarlo y ponderar los aspectos positivos y negativos, para que finalmente cada creyente pueda definir en conciencia la opción que quiere. 

-¿Dónde está la perspectiva cristiana en todo eso?

-Para mí está en dos aspectos. Primero, preguntarnos si este texto ayuda para que el país tenga más paz, solidaridad y justicia. Eso lo dicen los obispos en su declaración y me parece interesante. Y lo segundo, creo que la perspectiva política tiene que aportar la perspectiva de los pobres y del marginado. Los teólogos latinoamericanos dicen leer la historia desde el reverso de la historia, desde los descartados de la historia. Eso significa preguntarse si este texto constitucional es una buena noticia para los pobres y es una buena noticia o no para la casa común. 

El Papa Francisco lo ha dicho: todo planteo ecológico requiere siempre un planteo social. O sea, mirar el rostro; preguntarse por el clamor de los pobres, es preguntarse también por el clamor de la tierra. Los cristianos tenemos que mirar el texto desde esa perspectiva.

«El texto propuesto es un mejor piso para comenzar a conversar y debatir sobre la sociedad que queremos. Me gusta que el texto promueva una fuerte participación ciudadana».

-¿Y cuál es su opinión personal del texto?

-Bueno, yo estoy haciendo ese ejercicio de discernimiento. En general, tengo una valoración positiva del texto. Creo que el texto propuesto es una buena fotografía del país actual, de las distintas sensibilidades que en este están, mejor que la Constitución de la dictadura con sus reformas incluidas. 

Me parece que el texto propuesto es un mejor piso para comenzar a conversar y debatir sobre la sociedad que queremos. Me gusta que el texto promueva una fuerte participación ciudadana, porque nos despierta de muchos años de lo que yo denomino como la democracia de espectadores.

-¿Ese concepto es suyo?

-Es de Byung-Chul Han, filósofo coreano, para pasar de la democracia de espectadores a una democracia participativa e inclusiva. Y yo creo que el texto tiene un alto poder de reconocimiento de grupos que históricamente han estado marginados: pueblos originarios, disidencias sexuales, los niños, los ancianos, personas que se dedican al cuidado, por nombrar algunos. Otro aspecto valorable es que el texto ofrece un cambio cultural respecto de la mirada de los derechos humanos y la dignidad humana. Y eso se expresa en un robusto catálogo de derechos sociales que protegen la vida de los más frágiles. 

Acá estábamos en deuda como país y a mi me hizo mucho sentido escuchar a Roberto Gargarella, constitucionalista argentino, que dijo que el tren de los derechos sociales en las constituciones de América Latina ya había comenzado a andar hace mucho tiempo y que Chile todavía no se sube. Él considera que este proceso es una oportunidad para que Chile se ponga al día en este tren de los derechos sociales que ya está caminando en el constitucionalismo hace mucho tiempo. 

Por supuesto que también el texto puede tener fragilidades. Justamente la articulación de los derechos sociales con la organización del poder y los sistemas de justicia. En algunos aspectos es difuso, pero creo que son reformas posibles que se pueden hacer posteriormente al texto. En general mi valoración es positiva.

-¿Usted Aprueba o Rechaza?

-Si bien no soy funcionario público, tengo un rol de gobierno como capellán. En el fondo estoy también bajo el respeto que tengo que tener de prescindencia y de probidad. Entonces, tengo muy clara mi opción y quiero ser respetuoso también por aquellos que están en este momento pensando cuál es la suya.

-¿Y, el mundo cristiano aprueba o rechaza?

-Yo lo veo bastante parejo, la verdad. Creo que el mundo cristiano hoy día es un buen reflejo de lo que está sucediendo en la sociedad.

-¿Cuál es el rol que le corresponde jugar a la Iglesia, no sólo en la campaña, sino que en todo el Proceso Constituyente?

-La Iglesia primero tiene la obligación de involucrarse en este proceso. O sea, el Papa Francisco ha dicho que cuando la Iglesia se encierra, se enferma. Tenemos que estar dentro de este proceso que nos involucra como sociedad. 

Podemos entender el rol de la Iglesia en un sentido amplio, desde la perspectiva de cuál es el rol de las religiones en las sociedades democráticas. Aquí (Jürgen) Habermas, filósofo alemán, decía muy bien que las religiones en las democracias contemporáneas tienen que aportar la sensibilidad para lo fallido. Es decir, la Iglesia es la que tiene que alertar cuáles son las grietas, las heridas sociales de esos rincones de la sociedad a la que el Estado muchas veces no logra llegar. 

La Iglesia no tiene que tener miedo a generar espacios de conversación, de reflexión, un espacio donde los cristianos y cristianas puedan compartir su mirada; creo que sería un gran error asustarse y no entrar al debate. Y por último, la Iglesia tiene que aportar a lo que hablábamos recién, esa perspectiva del margen: la opción por los pobres lleva a mirar las cosas siempre preguntándonos cómo le afectan a los últimos de nuestra sociedad.

Capellán: “En temas morales no hay discusiones cerradas”

-En la declaración de la Conferencia Episcopal, los obispos hacen un balance de las cosas positivas y negativas del texto. Entre lo negativo mencionan que el Derecho al Aborto «es un grave problema moral». ¿Qué opina usted sobre ese factor del texto constitucional?

-Yo estoy hoy día parado en un lugar de Iglesia donde puedo escuchar muchas perspectivas y sobre la declaración de los obispos, muchos cristianos esperaban que ellos tomaran una postura respecto del texto.

-Ellos no llaman ni a aprobar ni a rechazar…

-Exacto, entonces mucha gente quedó poco conforme con la declaración. Para mí parecer, los obispos hicieron lo correcto. Es decir, entraron en el texto con profundidad e hicieron distinciones en temas morales, sabiendo que hay distintas cargas éticas en los temas morales. Y después constataron lo que aprecian y lo que les preocupa. 

Dentro de esas preocupaciones está el tema que tú señalas del Derecho al Aborto. A mí me parece razonable que los obispos ofrezcan criterios para que cada persona haga su reflexión y forme sus convicciones, porque siento que ni los obispos, ni los curas, ni las religiosas tenemos que decirle a la gente lo que deben hacer. Esperar lo contrario me parece un infantilismo y un clericalismo preocupante.

Es importante saber que en temas morales no hay discusiones cerradas, que hay distintas miradas y experiencias vitales; en función de eso, cada persona puede tomar su decisión. Ese artículo, que para muchas personas es insoslayable a la hora de aprobar un texto, para otras personas no lo es tanto. Y eso creo que es muy valorable.

-¿Moralmente este artículo debería ser determinante?

-Sin duda que está teniendo peso, pero también hay que ponerlo en un contexto. Este artículo es el reconocimiento de un principio en el marco de los derechos sexuales y reproductivos que va a permitir que el día de mañana se lleve adelante el debate sobre el aborto, que habrá que hacer en su momento a través de un proyecto de ley. 

Por supuesto que para algunos católicos, y esto yo lo respeto, por este artículo desechan el proyecto completo. Otros católicos están teniendo una mirada mucho más amplia del texto, aunque no tengan conformidad con la redacción de ese artículo, pero la ponderación de otros elementos dentro del texto les permite aprobar con cierta tranquilidad. Son distintas formas de acercarse. 

Puede haber un artículo que no te guste y desechas el conjunto, o puedes tener una mirada más amplia y ponderar lo positivo y lo negativo, y tomar una decisión en una perspectiva mucho más amplia que me parece un mejor camino.

«No soy partidario del aborto como miembro de la Iglesia, pero quiero respetar profundamente la decisión personal de aquellas mujeres que deciden abortar». 

-¿Usted coincide con lo que sentencian los obispos: el Derecho al Aborto es «de especial gravedad moral»?

-O sea, sin duda que este es un gran tema. Es un tema moral de primer orden y soy consciente de que es piedra de tope para muchos cristianos. Por supuesto no soy partidario del aborto como miembro de la Iglesia, pero quiero respetar profundamente la decisión personal de aquellas mujeres que deciden abortar. 

Por mucho que uno tenga una postura moral respecto de un tema, no hay nada más importante que la libertad y la conciencia de las personas. Y en ese sentido se consagra la decisión y la libertad de la persona respecto de su vida. Es un terreno que nosotros tenemos que respetar profundamente.

-La declaración de la Conferencia Episcopal también valora las normas sobre medio ambiente, el reconocimiento de los pueblos originarios y el catálogo de derechos sociales. ¿Qué debería pesar más para los cristianos a la hora de decidir su voto?

-Volvemos a lo de antes, a decir que hay distintas ponderaciones. Lo que valoran los obispos es muy importante, o sea, derechos sociales, reconocimiento de pueblos originarios y temas de medioambiente. Ahí está todo el magisterio del Papa Francisco. 

Es muy importante que los obispos hayan hecho esa valoración y hayan tenido la libertad de manifestar lo que les preocupa. Esto responde a un discernimiento personal, pero esos temas que valoraron los obispos son tan centrales para la fe y para la opción por los pobres, como aquellos temas que hoy día causan mayor preocupación. 

Ahí cada persona tiene que hacer esa ponderación. Yo creo que hay una ingenuidad en creer que un texto constitucional me va a satisfacer plenamente en su integridad. Eso nunca va a ocurrir, aunque repitamos este proceso diez veces, siempre van a haber aspectos del texto que no nos van a dejar conformes. Por eso es muy importante una mirada amplia y ponderar si lo positivo es mayor que lo negativo.

«Desde una perspectiva jurídica, me parece que en materia de libertad religiosa responde a los estándares que hoy día una sociedad le debería pedir a una Constitución».

-Los obispos acusan que el borrador de nueva Constitución contiene aspectos “incompatibles con la fe cristiana” y que “se pone en riesgo la libertad religiosa”. ¿Cómo conviviría el cristianismo con el texto propuesto?

-Yo analicé el texto desde una perspectiva jurídica, como abogado, y me parece que en materia de libertad religiosa responde a los estándares que hoy día una sociedad le debería pedir a una Constitución en materia religiosa: Estado laico, libertad religiosa, derecho de asociarse y de constituir comunidades y templos. Me parece que en eso el texto ofrece los elementos básicos. 

La pregunta interesante es dónde está la fe cristiana y la espiritualidad cristiana a lo largo del texto. Implícitamente hay muchos elementos de la fe cristiana a lo largo del texto, especialmente en lo que tiene que ver en el cuidado y el reconocimiento de la dignidad humana, la protección de los frágiles, el cuidado del medio ambiente, la igualdad del hombre con la mujer, el reconocimiento de las disidencias sexuales. 

Todos sus artículos, aunque el texto no lo diga expresamente, a mi parecer tienen un fuerte fundamento cristiano.

“(Boric) se ha encontrado con un rostro de Iglesia que para él es nuevo”

-¿Cómo es el trabajo suyo como capellán en el Palacio de La Moneda?

-Ha sido un tiempo muy intenso y al mismo tiempo hermoso. Lo primero que resaltaría es la relación con la capellán evangélica y el capellán judío que, además, en conjunto con la ONAR (Oficina Nacional de Asuntos Religiosos), estamos haciendo un equipo y una comunidad de trabajo que ha sido muy interesante. 

Asumir como capellán no tan solitariamente sino como un equipo, ha permitido soñar y hacer cosas juntos como, por ejemplo, celebraciones ecuménicas a las que han venido pobladores de distintos barrios de Santiago a La Moneda a compartir su mirada del país, proyectando espacios de oración o de espiritualidad interreligiosas que conectan siempre con heridas sociales. 

He intentado vivir una capellanía abierta, es decir, que La Moneda esté abierta para distintos grupos de iglesia y comunidades de base que nos puedan mostrar su trabajo o compartir su sensibilidad. Hace poquito vino un grupo de mujeres que trajo una arpillera con nombre de mujeres víctimas de femicidio. El día de ayer estuvo gente de La Legua que erán jóvenes y adultos en situación de discapacidad; a presencia de ellos revolucionó de ternura los patios de la Casa de Gobierno.

-También en unos videos se ve que acompañó al Presidente Boric en su recorrido por La Legua…

-En general hay una actitud de mucha acogida a grupos frágiles, de niños, de pobladores en el gobierno. Hay un espíritu y una espiritualidad en La Moneda de abrir la casa y ahí nosotros, en el rol de capellán entramos un poco en esa dinámica.

«Aunque él (Boric) ha manifestado que no es creyente, la sensibilidad social, la sensibilidad con los márgenes que tiene, es muy hermosa. Y ahí creo que hay puntos de encuentro que son muy hondos».

-¿Cómo ha visto el trabajo de Gabriel Boric estos dos meses y cuál ha sido su relación con él que, como se sabe, no es creyente? 

-Como capellán he tenido la posibilidad de encontrarme algunas veces con el Presidente. Él siempre con mucha amabilidad, cercanía y sencillez de trato. Y la verdad es que he colaborado en ofrecerme como puente entre autoridades y lugares, barrios a los que las autoridades pueden visitar para salir al encuentro de la gente y para escuchar la realidad en terreno. 

Hay una convicción muy profunda de hacer política desde el pueblo, desde la calle, y eso yo lo veo no como un gesto o un cálculo electoral, sino como una convicción muy profunda, especialmente en la figura del Presidente. 

Aunque él ha manifestado que no es creyente, la sensibilidad social, la sensibilidad con los márgenes que tiene, es muy hermosa. Y ahí creo que hay puntos de encuentro que son muy hondos. Entonces, el sentido como capellán se está jugando dentro de lo que pasa en La Moneda, pero por sobre todo, y especialmente en este último tiempo, se está jugando afuera cuando junto con la autoridad podemos salir a los barrios a escuchar y a compartir con la gente.

-Con el Presidente o miembros del gabinete, ¿conversan sobre religión o temas de fe religiosa?

-Las relaciones que uno tiene como capellán dentro de La Moneda son bien transversales, con trabajadores, funcionarios de gobierno y autoridades, que es una de las cosas hermosas de este rol. Y se da en algunas ocasiones con algunas personas, conversaciones más de tipo espiritual o conversaciones más de tipo político. 

El rol de capellán hace que uno esté en contacto con los grandes temas del país y los pequeños temas de la vida de las personas. Al final lo político está en esos dos lugares, se juega lo político ahí. De hecho, hay una poeta polaca que decía ‘somos hijos de una época’ y que toda época es política y que todas las cosas, en el fondo, hasta el silencio es político. Entonces, la política se va viviendo acá en La Moneda, en lo grande y en lo pequeño. 

Con el Presidente hay una relación de mucho respeto y cercanía. Te mentiría si es que te digo que no hemos tenido conversaciones espirituales, de la fe, lo hemos compartido. En estas salidas a terreno que hemos tenido, él ha reconocido que se ha encontrado con un rostro de Iglesia que para él es nuevo y que le encuentra mucho sentido.

-¿Qué cosas le llaman la atención de la gestión de este gobierno?

-No creo que sea la persona indicada para evaluar el gobierno, eso siempre le corresponde a los ciudadanos. Los que estamos adentro no tenemos una mirada justa de eso, pero sí he reconocido, por ejemplo, que me he encontrado en La Moneda con una generación de gente joven muy comprometida, que vive su rol con mucha responsabilidad y con un deseo muy profundo de hacer bien las cosas. 

Percibo en este andar del gobierno una mística muy hermosa que personas en La Moneda, que llevan muchos años, me han dicho que han encontrado aquí un ambiente, una mística distinta. Lo que más me emociona es lo que te decía de ver a las autoridades cerca de la gente con un deseo de encuentro. Eso le da un sello al gobierno muy único, que creo es algo que hay que cuidar, que no responde solamente al contexto del Plebiscito, sino que algo que hay que cuidar como una opción política. En mi caso la veo como una opción espiritual de asumir esta responsabilidad desde la gente, de cara a la gente.


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