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18 de Agosto de 2022

Frei: un retrato fallido, jamás jeans y cigarros compartidos

En pleno Mes de la Fotografía, The Clinic presenta esta serie especial donde los retratistas y fotógrafos personales de los presidentes que asumieron desde 1990 repasan imágenes y desclasifican anécdotas. Hoy: Eduardo Frei Ruiz-Tagle.

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En 1993, el exsenador y presidente de la DC, Ignacio Walker, contactó en su calidad de generalísimo de la campaña presidencial de Eduardo Frei Ruiz-Tagle al reconocido fotógrafo de modas Julio Donoso, amigo suyo, y quien por entonces vivía en París. Colaborador frecuente de revista Caras y retratista de celebridades como el artista urbano Jean-Michel Basquiat y la modelo alemana Claudia Schiffer, Donoso fotografió las giras y apariciones públicas de Frei y al año siguiente hizo también su retrato oficial. Esta última propuesta la aceptó a regañadientes, revela ahora.

“No quería hacerla. Me parecía muy interesante la idea de retratar a un presidente y todo lo que eso significaba, pero yo no venía de ese mundo y siento que la cagué, que no supe hacerla”, cuenta Julio Donoso al teléfono.

Crédito: Julio Donoso.

“Todo fue medio improvisado: yo quería hacer un estudio del personaje para luego hacer las fotos, pero todo quedó ahí. Recuerdo que fue en una casa equis en La Dehesa y que pusimos un telón blanco de fondo. Llegó Frei y todo su equipo. Él fue muy amable en todo momento. Yo no quería corbatas, chaquetas ni mucha formalidad, pero de todos modos le tomé varias fotos así, más formal y compuesto, y también otras más relajado. Le pedí que se arremangara la camisa, que posara con su mano en el mentón, cosas así”, recuerda.

Llegó Frei y todo su equipo. Él fue muy amable en todo momento. Yo no quería corbatas, chaquetas ni mucha formalidad, pero de todos modos le tomé varias fotos así, más formal y compuesto, y también otras más relajado”,

“Cuando le mostré la tira de fotos a su equipo quedaron muy entusiasmados y me dijeron: this-is- it. Propuse que hiciéramos un layout, algo distinto, pero no hubo caso. Nadie quiso”.

“De esa serie hubo una foto en la que Frei logra transmitir todo lo que se quería comunicar en ese momento, pero a mi parecer le faltaban cosas. El presidente salía muy bien; su mirada, la confianza que proyectaba, una leve sonrisa -continúa Donoso-. A mi gusto, le faltaba sensualidad, pero era una foto bien lograda y que interpelaba. Me quedé con las ganas de hacer una foto mejor, no pude entre el apuro y la poca visión de quienes pensaban que un retrato presidencial es lo más simple que hay. Una buena foto no depende de la cámara. Tú debes capturar lo que ese personaje está pensando en el momento exacto en que está frente a ti”.

Un presidente chileno por el mundo

Concursó para ser el fotógrafo privado de Eduardo Frei. Hijo de periodista, Marco Álvarez venía de trabajar como laboratorista en La Nación en los años 80 y después se metió al Comando del No para el plebiscito del 88 e inmediatamente después en la campaña de Aylwin. Cuando estaba en La Tercera, trabajando para la sección de política en los años 90, supo que estaban buscando a alguien que retratara al futuro candidato e hijo del expresidente Frei Montalva. Con su triunfo, Álvarez se convirtió literalmente en su sombra.

“Yo fui militante de la DC, pero renuncié hace dos años. Entré con don Eduardo a La Moneda y me fui con él. Trabajamos re bien durante esos años y acumulé harta experiencia. Lo acompañé en giras por 38 países, cubría la APEC todos los años, y me tocó compartir en actividades con él hasta muy tarde por la noche”, cuenta Álvarez desde Curauma, en la Región de Valparaíso, donde vive y está dedicado a la pesca y exportación de jibia y erizo.

Recorrieron Alemania, España y algunas de las principales potencias asiáticas, de Japón y China hasta Singapur, Malasia e Indonesia.

“Chile estaba bien encerrado en esa época y éste era el primer gobierno que salía. Me tocó viajar con los grandes empresarios de este país en charter en plena apertura económica del país. Fue una de las principales tareas de don Eduardo y gracias a eso la economía, salvo por la crisis asiática, estuvo marcada por las exportaciones de Chile en el extranjero”, cuenta Álvarez.

Entré con don Eduardo a La Moneda y me fui con él. Trabajamos re bien durante esos años y acumulé harta experiencia. Lo acompañé en giras por 38 países, cubría la APEC todos los años, y me tocó compartir en actividades con él hasta muy tarde por la noche”, dice el fotógrafo Marco Álvarez.

“Don Eduardo es un tipo muy parco, serio, pero también amable y tentado de la risa. Un gallo súper ordenado, puntual y trabajador. Me llamaba la atención que nunca usara jeans ni ropa más casual. Era bien especial y nuestra relación siempre fue de mucho respeto. Después él empezó a tener ciertos gestos de complicidad conmigo: me pedía cigarros, le gustaban los Viceroy corrientes y hacíamos pausas para fumar y tirar la talla”.

Crédito: Marco Álvarez
Crédito: Marco Álvarez

Ser fotógrafo del Presidente es como ser Presidente. Estás todo el día en eso, al pie del cañón y lo conoces bien de cerca. De repente nos tocaba estar hasta las tantas en La Moneda o en viajes largos. En esa época viajábamos con laboratorista, armábamos un cuarto oscuro en el baño y había que despachar las fotos a Chile en una máquina lentísima a la hora que fuera. No había ni internet en esa época”, recuerda Álvarez.

Ser fotógrafo del Presidente es como ser Presidente. Estás todo el día en eso, al pie del cañón y lo conoces bien de cerca. De repente nos tocaba estar hasta las tantas en La Moneda o en viajes largos”.

“Envejecen mucho”

Las comparaciones entre Frei padre e hijo se sintieron durante todo el gobierno, el último que duró seis años en el país. “Cuando fuimos de visita oficial a Inglaterra fue muy importante, lo mismo a Estados Unidos, porque cuando Eduardo Frei Montalva iba a viajar para allá, el presidente del Senado, que era Allende, no lo dejó salir. Don Eduardo hizo esa visita que su papá no pudo: estuvo en la Casa Blanca y hay varias fotos con Clinton”, cuenta su fotógrafo.

Marco Álvarez mantuvo la tradición de regalar fotografías firmadas junto al Presidente a la par de los remezones políticos que afectaron la imagen del mandatario y que, como fotógrafo, tampoco podía obviar, desde el envío a prisión de Manuel Contreras hasta la permanente sombra de Pinochet en La Moneda y su arresto en Londres en 1998.

“Uno es fotógrafo, no sordo ni ciego. Yo me mantenía siempre con mi cámara y vi varios momentos tensos, sobre todo cuando Pinochet le tuvo que pasar el mando al general Izurieta. Lo mismo toda la tensión que había con Pinochet preso en Inglaterra. Fue un tema crucial de su gobierno, que no supo manejar bien. Por eso tiene la imagen que tiene hoy; a mí antes me caía bien, después ya no tanto”, recuerda Álvarez entre risas.

En su paso por La Moneda, Álvarez trabajó junto a Jesús Inostroza, el fotógrafo personal de Aylwin y jefe del Departamento de Fotografía de La Moneda. Supo de su intento además por crear un archivo oficial de los presidentes.

Crédito: Jesús Inostroza.

“Lamento que no haya prosperado porque es un gran proyecto. Ese registro es Historia con mayúscula e incluso yo mismo ya no lo conservo”, asegura.

Fotografié mucho de la vida privada de don Eduardo; a la señora Maruja; a la señora Martita; a sus hijas y actividades en su casa, pero no creo que nadie haya tenido una relación tan estrecha como la que tuvieron Aylwin con Jesús Inostroza. Su trabajo es similar a lo que hizo Cecil Stoughton con Kennedy o Pete Souza con Obama, un retrato verdaderamente íntimo del presidente”.

Fotografié mucho de la vida privada de don Eduardo; a la señora Maruja; a la señora Martita, a sus hijas y actividades en su casa, pero no creo que nadie haya tenido una relación tan estrecha como la que tuvieron Aylwin con Jesús Inostroza”, señala Álvarez.

“Yo no le aconsejaría a nadie ser Presidente -concluye el fotógrafo-. Envejecen mucho. Tengo fotos de don Eduardo desde el día uno y hasta cuando se fue, y te diría que la proporción es algo así como cuatro años de vida en uno. A él todo eso también le pasó la cuenta”.

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