Secciones

The Clinic Newsletters

Más en The Clinic

The Clinic Newsletters
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad

Cosecha Propia

19 de Agosto de 2022

La corbata roja de Ricardo Lagos

En agosto se celebra el Mes de la Fotografía. En ese contexto, The Clinic presenta esta serie especial donde los retratistas y fotógrafos personales de los presidentes que asumieron desde 1990 repasan imágenes y desclasifican anécdotas. Hoy: Ricardo Lagos. Hablan los fotógrafos Julio Donoso y Alejandro Hoppe.

Por

Seis años después de su accidentado retrato del expresidente Frei, Julio Donoso accedió a tomar también el de Ricardo Lagos. De traje azul oscuro, reluciente camisa blanca y una corbata rojo escarlata; la bandera a su izquierda, a la derecha el escudo y, sobre este último, la cordillera. Así inmortalizó al primer presidente socialista en Chile después de Allende.

“Esta segunda experiencia fue completamente distinta, partiendo por lo que simbolizaba históricamente. Lagos infundía mucho temor en cierta parte de la clase política. Era el rostro emblemático del No y contra Pinochet. Con su foto presidencial había que conseguir que se viera como una persona dulce, creíble, amable, empática”, comenta el fotógrafo.

Lagos infundía mucho temor en cierta parte de la clase política. Era el rostro emblemático del No y contra Pinochet. Con su foto presidencial había que conseguir que se viera como una persona dulce, creíble, amable, empática”, comenta el fotógrafo Julio Donoso.

Por esos días, a comienzos del 2000, Julio Donoso estaba fotografiando para un catálogo de una conocida multitienda y le pidió a su productora que le llevara todas las corbatas rojas que encontrara. 

“Ningún político en el mundo usaba corbata roja hasta ese momento y llegué a tener unas veinte en distintos tonos. Cuando llegó el día en que hicimos la foto, le dije a Lagos: ‘ya, vamos a escoger la corbata’. Las miró y dijo: ‘son todas rojas. ¿Estás seguro? Voy a parecer el señor Corales’. Yo creo que estaba de buen humor porque no mañoseó. Hicimos la foto, pasó piola y se imprimió. Yo mismo escogí la que quedó y Lagos me la peleó. Decía que parecía un abuelo bonachón. Tuve que ir a convencerlo a Caleu, a su casa de vacaciones. Y lo conseguí”, cuenta Donoso.

Crédito: Julio Donoso.

El retrato oficial de Lagos fue comparado en ese entonces con el del expresidente de Francia, François Mitterrand. “La idea de la fuerza tranquila de Mitterrand me hacía mucha resonancia, y Lagos había heredado mucho de eso también”, opina Donoso. “Yo vivía en Francia en esa época además, entonces sí tenía ese retrato en el subconsciente al momento de hacer este otro, pero la foto de Lagos no es realmente una copia de la de Mitterrand”.

Ningún político en el mundo usaba corbata roja hasta ese momento y llegué a tener unas veinte en distintos tonos. Cuando llegó el día en que hicimos la foto, le dije a Lagos: ‘ya, vamos a escoger la corbata’. Las miró y dijo: ‘son todas rojas. ¿Estás seguro? Voy a parecer el señor Corales'”, recuerda Donoso.

Donoso salió con polémica de La Moneda por una fotografía que tomó el 11 de marzo del 2000, cuando Ricardo Lagos asumió como presidente. En la imagen se ve a un carabinero en una de las oficinas del palacio, colgando el nuevo retrato oficial del presidente socialista. El problema fue que el de Frei estaba en el suelo.

“Querían mandar al paco a dirigir el tránsito a Punta Arenas y el condoro me lo había mandado yo”, recuerda el fotógrafo.

“Los retratos oficiales no están en ninguna parte, no son de acceso público –agrega–. Es curioso, sobre todo en los de la transición y la democracia, que son a color y digitales algunos incluso. Están absolutamente olvidados y ya ha ido pasando el tiempo como para que nos ofrezcan nuevas lecturas sobre esos mismos personajes”.

“Lagos sabía hacer su pega y yo hacía la mía”

Alejandro Hoppe (1961), uno de los fotoperiodistas más importantes del Chile de los 80, se formó como fotógrafo mucho antes de sostener una cámara. Estudió Mecánica, se fue a Coyhaique a trabajar en una mina y a su regreso a Santiago fue obrero de una fábrica textil. Por las noches entró a estudiar en la desaparecida escuela FotoForum, principalmente influenciado por su hermano Álvaro, también fotógrafo.

Miembro de la Asociación de Fotógrafos Independientes (AFI), publicó en las revistas Apsi, Cauce, Fortín Mapocho y Análisis, todas contrarias al régimen militar, y sus fotografías retrataban el álgido Chile de esos años. Más tarde formó parte del primer equipo gráfico del diario La Época, donde comenzó a cubrir de todo. Después se fue a revista Qué Pasa y reafirmó que su fuerte era la política. A fines de los 90, en los descuentos del gobierno de Frei y con Pinochet a punto de volver a Chile, Ricardo Lagos tomó la delantera en la elección presidencial y se convirtió en el primer mandatario socialista después de la Unidad Popular.

Crédito: Alejandro Hoppe.

La cámara de Hoppe estuvo alrededor suyo siempre. Fue su fotógrafo oficial entre los años 2000 y 2006 en La Moneda, y luego trabajó junto a él en la Fundación Democracia y Desarrollo -creada por Lagos ese mismo año– y en la compilación de imágenes para los dos libros biográficos de Lagos, Mi vida.

“Todo partió por una inquietud y necesidad mía de cubrir al candidato Lagos. Me interesó retratar la magnitud social de su campaña”, cuenta Hoppe en un café en el centro de Santiago.

Crédito: Alejandro Hoppe.

“Ya lo conocía. Me había tocado retratarlo antes mientras trabajaba en prensa. Yo en ese tiempo estaba postulando a La Tercera. Quedé en Reportajes y lo empezamos a seguir con el periodista Juan Andrés Quezada. La vez que me lo presentó formalmente, le conté que era fotógrafo y que estaba interesado en registrar su campaña. Él me dijo: ‘bueno, y ojalá que también la presidencia’. Tal vez era una talla, pero él ya conocía mi trabajo. A la semana me llamaron del comando y tuve que avisar en La Tercera que me iba”.

Alejandro Hoppe habla calmada y reflexivamente. No se apura en responder ni una sola pregunta. Le insisto ahora, en ese mismo y concurrido café, en preguntarle cómo fue su relación personal con el expresidente Lagos. Improvisa una respuesta:

“Una cosa es lo que uno piensa y otra es vivirla. Yo nunca había hecho una campaña política. Con Aylwin fue desde lejos, pero estar ahí, ser el fotógrafo oficial, era un gran desafío para mí. Había que estar en las pautas, viajar mucho por el país, mucho avión, mucho helicóptero. Tenías que estar ahí al 100%. Todo era muy rápido, muy vertiginoso y cada vez era mayor el trabajo. Lagos sabía hacer su pega y yo hacía la mía. Mi labor era retratar, al menos al comienzo, la magnitud social de su campaña. Toda esa gente que quería saludarlo y acercarse a él. Yo tenía que estar ubicado en el lugar indicado para conseguir un buen retrato”.

Había que estar en las pautas, viajar mucho por el país, mucho avión, mucho helicóptero. Tenías que estar ahí al 100%. Todo era muy rápido, muy vertiginoso y cada vez era mayor el trabajo. Lagos sabía hacer su pega y yo hacía la mía. Mi labor era retratar, al menos al comienzo, la magnitud social de su campaña”.

Hoppe siguió a Lagos a La Moneda y permaneció allí hasta el final de su mandato. “Yo sabía que era un trabajo que tenía principio y fin. Y ese fue mi objetivo”, dice.

“Ser fotógrafo del Presidente es un trabajo muy demandante y yo opté por priorizar mi vida y otros proyectos. Es interesante, sin duda que lo es, pero tiene sus costos personales. Había colegas que se imaginaban en ese entonces siguiendo a otros presidentes. Yo no. Mi objetivo era claro: seguir al primer presidente socialista. Hoy hay distintas opiniones en torno a él por el Apruebo y el Rechazo. Envió una carta que no fue clara y luego una segunda carta donde dejó más claro que va por el Apruebo, pero hay divergencias. Son estilos de vida, yo creo, y en ese sentido hay que respetar. Uno puede estar de acuerdo o desacuerdo”, comenta Hoppe.

Crédito: Alejandro Hoppe.

“Había que saber cuándo entrar y cuándo salir”

La transición política y los primeros años de la democracia en Chile corrieron a la par de la revolución digital en la fotografía. Como cualquier otro fotógrafo análogo nato, Hoppe sintió fuerte el cambio: “Era el fin de lo análogo y nos pilló a todos bien en pelotas. Yo andaba con una libreta y anotaba todo este nuevo lenguaje del código digital. Pedimos una cámara para la campaña, alguien puso la plata y compramos una Olympus chica. Era una cámara mejor que la que tenía, que era una Sony con catridge, pero seguía siendo muy básica. Estábamos todos aprendiendo en el camino”, recuerda.

“De alguna manera, la digitalización de todo hace que se pierda una dimensión física de archivo. Eso le pasó a Jesús (Inostroza) con el de Aylwin, que es un gran archivo que sigue en negativos. Muy poco se ha digitalizado, pero ya en adelante sí se hizo. El problema es que todo ese material nunca ha sido reunido”, señala.

Crédito: Alejandro Hoppe.

Para Hoppe es muy pronto para hablar de fotografías históricas en su registro profundo a lo largo de seis años junto al expresidente Lagos. Sí comparte varias imágenes significativas: de una visita oficial a Rusia, otra del aún candidato firmando un volante sobre el pecho de un campesino y otra de su primer día en La Moneda, junto a su madre, su esposa y su nieta.

“Habíamos viajado a Concepción muy temprano ese día. Estaba toda la familia, habíamos llegado tarde a Santiago de vuelta y él iba a dar su discurso -recuerda Hoppe-. Así estaba en la previa, rodeado de tres generaciones de mujeres de su familia. Fue un momento más personal y había situaciones que te permitían hacer fotos como esta. Navidad, por ejemplo, cuando falleció su mamá, cumpleaños, matrimonios. Compartes su intimidad y eso abría la confianza. Había que tener empatía y saber cuándo entrar y también cuándo salir. No es fácil ni siempre se consigue llegar a esos espacios”.

Notas relacionadas

Deja tu comentario