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1 de Septiembre de 2022

Claudia Heiss, cientista política: “Un triunfo del Rechazo va a dañar a Boric y a su gobierno”

Ad portas del plebiscito, esta destacada politóloga y militante de Revolución Democrática afirma que, pase lo que pase, la agenda social y las demandas del estallido seguirán vigentes. Aquí reflexiona sobre lo que dejó el proceso constituyente y los caminos que, a su juicio, se abren para el gobierno de Gabriel Boric.

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A estas alturas no hay dos opiniones. Pase lo que pase el próximo domingo, el proceso constituyente seguirá abierto. Ya se ha comenzado a pavimentar el clima de los acuerdos.

Todo indica que a partir del día después del plebiscito, el mundo político tomará la posta para concordar un nuevo texto constitucional. Pero esto que hoy se debate con cierta naturalidad, era impensado cuando arrancó la Convención Constitucional.

En ese entonces, muchos analistas alertaban sobre los peligros de que la elite quisiera cooptar el proceso. Se les pedía dar un paso al costado. Ceder el poder.

La politóloga Claudia Heiss era una de esas voces de advertencia. Decía que la clase dirigente debía ceder el poder. La paradoja es que un año después la pelota volverá a la cancha de los incumbentes.

Jefa de la carrera de Ciencias Políticas de la Universidad de Chile y académica de la Facultad de Gobierno de esa misma casa de estudios, Claudia Heiss está frustrada, y nerviosa también. Ha seguido la ruta del tema constitucional incluso antes de que se abriera esa puerta. Publicó el libro “¿Por qué necesitamos una nueva Constitución?” y representó al partido Revolución Democrática en la mesa técnica que trabajó en la reforma constitucional. “Me afectó. Me apenó el tono de la discusión”, dice de partida.

-¿Qué crees que pasó en este proceso, que tuvo que salir la elite a hacerse cargo?

-Lo primero a destacar es que el proceso constituyente ha sido lo más democrático que hemos tenido desde el retorno a la democracia. Se juntaron grupos que nunca habían estado sentados en la mesa de la toma de decisiones. Mujeres, pueblos indígenas, regiones, personas que no venían de la elite económica, sino que de educación municipal y particular subvencionada. Era un muy buen reflejo de lo que es Chile.

-Pero hay un cuestionamiento sobre qué tan representativo fue el debate y si logró recoger el espíritu mayoritario…

-¿No fue representativo porque la derecha estuvo sub-representada? Yo lo pondría en cuestión. Hubo mucha diversidad en la Convención. Es cierto que había visiones un poco outsiders del discurso público. Esa marginalidad estuvo presente, pero no fue central en el texto que emanó de la Convención.

-Para muchos, ahí se abrieron los cuestionamientos y se generó una cierta distancia con el proceso…

-Eso muestra la intolerancia de esta sociedad que no puede soportar que la gente diga lo que piensa. Es  una sociedad mojigata, aterrada de la diferencia. Entonces, es verdad lo que tú dices: esto ha tenido un eco en la ciudadanía porque despierta el miedo al conflicto.

Eso muestra la intolerancia de esta sociedad que no puede soportar que la gente diga lo que piensa. Es  una sociedad mojigata, aterrada de la diferencia. Entonces, es verdad lo que tú dices: esto ha tenido un eco en la ciudadanía porque despierta el miedo al conflicto”.

-Es que si miramos para atrás…

-Sí. Fue súper dañino que en la Convención se tratara de traidores a las personas que pensaban distinto, pero teníamos la regla de los 2/3 que garantizaba que las minorías no pudieran imponerse. Ese diálogo se produjo. No hubo ningún grupo que pasara aplanadora

-La derecha acusa exclusión. Y sectores de la centro izquierda reconocen que no  hubo gestos por incluirlos.

-Es cierto. En la forma de dialogar y de escuchar a los otros, hubo menos diálogo de lo que hubiera sido deseable. Ese es un problema real que tuvo la Convención, pero eso no afecta la representación que sigue teniendo la derecha en Chile, ni tampoco el poder que sigue teniendo la derecha en Chile. Decir que quedaron completamente marginados me parece una exageración.

-¿En qué ves esa exageración?

-En que hay cosas que eran importantes para la derecha y que sí quedaron en el texto final. Quedó la autonomía del Banco Central; el derecho a propiedad está súper resguardado; las normas sobre el mercado están fuera de toda duda. O sea, quedó un texto moderado. No quedó un texto chavista.  No hay nada que temer desde el punto de vista de la institucionalidad política con esta nueva Constitución. Además, todas las normas que están en la nueva Constitución tienen que convertirse en ley. Y la derecha tiene mayoría en el Senado y está empatada en la Cámara de Diputados. No ha desaparecido del sistema político. Lo que sucede es que pasamos 30 años en que la derecha se acostumbró a actuar como mayoría siendo minoría.

Hay cosas que eran importantes para la derecha y que sí quedaron en el texto final. Quedó la autonomía del Banco Central; el derecho a propiedad está súper resguardado; las normas sobre el mercado están fuera de toda duda. O sea, quedó un texto moderado. No quedó un texto chavista.  No hay nada que temer desde el punto de vista de la institucionalidad política con esta nueva Constitución”.

¿CAMBIO DE EJE?

-Casi todas las encuestas muestran que va a ganar el Rechazo. ¿Por qué crees que un proceso que partió con un 78% de apoyo está en riesgo?

-En parte, porque hay temor al cambio. Yo creo que la gente se asustó de lo que estábamos consiguiendo como sociedad. Además, hemos pasado tres años de incertidumbre. Con una inflación inédita para Chile. Hoy tenemos una situación económica desmejorada respecto de lo que teníamos antes del estallido social. También hay una situación de orden público más complicada. Todo eso genera como una añoranza de estabilidad, de orden, de gente que dice: “Pucha, al final no estábamos tan mal. Ahora las cosas están peor”. Esa coyuntura contamina la discusión.

-¿Las urgencias cotidianas, como el costo de la vida y la inseguridad, podrían terminar abortando el proceso constituyente?

-Es que hay un cambio de prioridades, otro eje en las preocupaciones de la ciudadanía. Los temas de largo plazo palidecen frente a las necesidades de corto plazo, que son la seguridad económica y de orden público. Y súmale el cansancio. Llevamos tres años de una actividad política súper intensa, con nueve elecciones…

-La socióloga Kathya Araujo decía que la irritación de la gente no ha desaparecido. ¿Hay cosas que no estamos mirando y que podrían incubarse, como pasó en el 2019?

-No me parece que el escenario de hoy dé como para pensar que se va a desbordar la situación y que vamos a tener una guerra civil después del plebiscito. Pero sí creo que se puede incubar una crisis institucional mayor porque todavía se mantienen las condiciones estructurales que generaron el estallido. Probablemente, si gana el Rechazo  vamos a tener un cambio cosmético, bueno, si es que de verdad hay algún cambio.

No me parece que el escenario de hoy dé como para pensar que se va a desbordar la situación y que vamos a tener una guerra civil después del plebiscito. Pero sí creo que se puede incubar una crisis institucional mayor porque todavía se mantienen las condiciones estructurales que generaron el estallido”.

-¿Lo dudas?

-Por supuesto que lo dudo. Cuando el Presidente Piñera fue candidato propuso 60 reformas constitucionales, después del proceso constituyente de Michelle Bachelet, y no pasó nada. Entonces, apostar a la gradualidad del cambio político con las reglas de la Constitución del 80 es algo que ha demostrado que no funciona.

LO QUE VIENE

-¿Te preocupa lo que suceda a partir del 5 de septiembre?

-Sí. Me preocupa la dificultad del proceso político que viene. El acuerdo del 15 de noviembre del 2019 fue una buena señal del sistema político. Pero si no se logran los cambios que gatillaron el estallido social, se puede deslegitimar cualquier nueva salida institucional. Eso podría pasar tanto con el Apruebo como con el Rechazo. En mi opinión, el Apruebo da más certezas del camino institucional que se debe seguir. Genera una expectativa de cambio, un rumbo. Con el Rechazo se podría agudizar el conflicto. 

-Pero ya está en curso un acuerdo político. Pase lo que pase, van a tener que negociar.

-Sí, y me preocupa la derecha. En el pasado, ya dieron señales de no cumplir su palabra. En las negociaciones del año 89, la derecha prometió eliminar los senadores designados. Tuvimos que esperar hasta el 2005. Entonces, hay poderosas razones para desconfiar del discurso socialdemócrata de la derecha. Ahora han prometido hacer reformas sociales, incluso han dicho que quieren un Estado Social. Es muy difícil pensar que eso se va a hacer realidad.

Me preocupa la derecha. En el pasado, ya dieron señales de no cumplir su palabra. En las negociaciones del año 89, la derecha prometió eliminar los senadores designados. Tuvimos que esperar hasta el 2005. Entonces, hay poderosas razones para desconfiar del discurso socialdemócrata de la derecha”.

-Todos los partidos de Chile Vamos ya dieron por muerta la Constitución del 80.

-Hay una fuerza más extrema de la derecha que ha crecido. Ya los vimos crecer en la elección de José Antonio Kast y, de alguna manera, esa visión más conservadora se ha fortalecido como reacción a los discursos de la diversidad sexual, del feminismo…

-¿Dirías que dimos la vuelta y llegamos al mismo lugar de antes? 

-Yo creo que si gana el Rechazo, vamos a seguir con el mismo poder de veto que teníamos antes. Pero fortalecido por un apoyo electoral engañoso que va a poder ser interpretado como un respaldo a mantener los fundamentos de la Constitución del 80. 

-¿Te refieres al apoyo de figuras del centro político al rechazo? 

-Sí. Yo creo que el centro político ha sido muy irresponsable en dejar que primen egos personales, poner su propio rol en la historia reciente y mantener el problema estructural que tiene Chile,  que son los enclaves de la dictadura. 

-¿Y ese centro que tú consideras irresponsable serían los amarillos? ¿Sectores de la DC como Ximena Rincón, Matías Walker? 

-Y personas como Felipe Harboe que cuando era candidato tenía en su agenda la plurinacionalidad y hoy la aborrece. ¿Qué les pasó entre medio, que de repente todas estas cosas les parecen terribles? Quizá es porque perdieron la manija, el control del proceso.

Yo creo que el centro político ha sido muy irresponsable en dejar que primen egos personales, poner su propio rol en la historia reciente y mantener el problema estructural que tiene Chile,  que son los enclaves de la dictadura”.

-Si gana el Rechazo, ¿la derecha termina ganando el partido?

-Hay algunos que piensa que no, pero yo creo que sí. Los amarillos creen que esto no es un triunfo de la derecha, pero claramente le están haciendo el juego a la derecha. Entonces, si gana el Rechazo gana la derecha. Se mantiene el poder de veto que ese sector ha ejercido sobre el sistema político y se mantiene también la estructura económica y social que hemos tenido hasta ahora.

-Y tal como están las proyecciones, ¿ves opción de que gane el Apruebo?

-Existe la opción de que gane el Apruebo, pero son pocas. Todas las encuestas dan por ganador al Rechazo. El problema es que eso va a fortalecer la posición contraria a las reformas estructurales y vamos a terminar con una reforma cosmética que va a perpetuar la crisis política que tenemos.

-Entonces, ¿la agenda por el cambio no habrá sido tan fuerte como se creyó?

-No. La agenda social, las demandas por reducir la desigualdad, no caen con el triunfo del Rechazo. Siguen ahí.

LOS PASOS DE BORIC

-Pareciera que el Presidente Gabriel Boric ha unido su destino a lo que pase con el proceso constituyente…

-Sí, pero no es porque él haya querido hacerlo, sino que porque estructuralmente estaba unido. Su gobierno emanó de la misma fuerza que el proceso constituyente. 

-¿Y cómo lo puede afectar un eventual triunfo del Rechazo?

-Sin duda, que un triunfo del Rechazo va a dañar a Boric y a su gobierno. También va a dañar la capacidad de ejecutar el programa.

-¿A pesar de lo que dice Mario Marcel? Que el programa se puede cumplir independientemente de la Constitución.

-Yo creo que va a dañar la capacidad de producir reformas estructurales. ¿Sabes por qué? Porque va a seguir existiendo la posibilidad de que se declaren inconstitucionales cosas que el gobierno quiera hacer. Lo que es claro es que el gobierno no se acaba si es que gana esa opción. Va a seguir su programa político dentro de lo que le permitan las instituciones. No es que no pueda hacer nada, pero va a poder hacer menos de lo que podría hacer con una nueva Constitución. 

Lo que es claro es que el gobierno no se acaba si es que gana esa opción (el Rechazo). Va a seguir su programa político dentro de lo que le permitan las instituciones. No es que no pueda hacer nada, pero va a poder hacer menos de lo que podría hacer con una nueva Constitución”.

-Después del plebiscito, Boric tendrá que decidir con quiénes va a gobernar. Se presume que entra de lleno el PS, el PPD. ¿Sería una derrota para el Frente Amplio?

-Desde el principio, Boric ha sabido que necesita a la centro izquierda tradicional para gobernar. Nunca ha desestimado el apoyo de ese mundo. Eso va a seguir igual.

 -Pero si entran con más poder, ¿no sería un golpe para el proyecto de una nueva generación?

-No creo que el proyecto de Boric sea un proyecto generacional. Es un proyecto político que busca hacerse cargo de la desigualdad de una manera mucho más radical de lo que había hecho la ex Concertación…

-El propio Giorgio Jackson marcó una frontera entre ellos y los otros…

-Puede que se refiera a que hay una voluntad de mayor transparencia, pero el proyecto político no es tan distinto. Las señales que ha dado el propio Boric son las de un proyecto político socialdemócrata para busca avanzar en inclusión e igualdad. Y eso es una agenda compartida por gente que va mucho más allá del Frente Amplio.

Poner en el comité político a un PPD o a un socialista puede generar esa lectura. Sobre todo porque el Frente Amplio ha tratado de presentarse como algo distinto a lo que fue la Concertación. Pero para ser gobierno no basta con tener un grupo tan chico. Necesitas ampliarte. Entonces, no sería una derrota, sino que una transformación de la política de izquierda”.

-La política también es simbólica. Si entran a La Moneda al PS y al PPD y cambia el núcleo de poder, eso será visto como una derrota de una apuesta…

-Si, eso sí. Poner en el comité político a un PPD o a un socialista puede generar esa lectura. Sobre todo porque el Frente Amplio ha tratado de presentarse como algo distinto a lo que fue la Concertación. Pero para ser gobierno no basta con tener un grupo tan chico. Necesitas ampliarte. Entonces, no sería una derrota, sino que una transformación de la política de izquierda. Porque es claro que la izquierda chilena no tiene destino sin una alianza que vaya de los socialistas a los comunistas y al Frente Amplio. Gabriel Boric es Presidente de la República porque es mucho más que el Frente Amplio. Ese es un dato real. El Frente Amplio solo no da para gobernar. No da. 

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