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6 de Julio de 2024

Dos décadas de Kudai: abuso psicológico, estafas y la explotación que marcó el destino de la banda

A 20 años del debut del grupo adolescente, los protagonistas de ese fenómeno reconstruyen su historia. Si bien vivieron un éxito inédito para un conjunto chileno de esas características, la perspectiva del tiempo también deja ver las sombras de aquel período. Abuso psicológico, estafas y explotación son algunas de las acusaciones que hay contra Pablo Vega, creador y manager del proyecto en sus primeros años. Él responde: “El ADN de ese grupo lo tengo yo. Si yo quisiera, con la marca, podría hacer una nueva generación de Kudai".

Por Raimundo Flores S.

En Sayulita, una exclusiva playa turística mexicana, uno de los restaurantes que da a al mar guarda una relación especial con Chile. En sus estanterías, llama principalmente la atención un Premio MTV, que lleva en su placa el nombre de Kudai. La razón de porqué está ahí es que Pablo Vega, el creador y exmanager de la banda nacional, es dueño de aquel recinto desde hace cuatro años. Aunque siempre tuvo negocios en la industria gastronómica, dice que ahí es donde por fin ha podido cumplir “el sueño del pibe”, retirado de la industria musical, en uno de los lugares más bonitos y tranquilos del país azteca.

Aunque Vega nunca fue la cara visible de Kudai y desde la separación del grupo en 2009 ha estado especialmente alejado del ojo público, todos quienes trabajaron con la banda coinciden en que fue una pieza esencial del proyecto y el gran responsable del éxito continental que llegaron a tener. Sin embargo, al hablar sobre Vega y la dinámica de trabajo que impuso, también aparecen términos como control mental, abuso psicológico y explotación infantil, develando un lado oscuro y poco conocido hasta ahora en la historia de los intérpretes de “Sin despertar”.

“Es una persona demasiado inteligente que logró llevar a un grupo de niños a la fama y al éxito”, dice sobre él, Pablo Holman, integrante de Kudai. Luego agrega: “Ese crédito yo creo que nadie se lo puede quitar. Que en su momento se volviera medio loquito y se transformara en esta persona que hizo que al final todo terminara como terminó, ya es su karma”.

***

En 1999, Pablo Vega ya había incursionado en la industria musical chilena impulsando una serie de proyectos. Inspirado por la cercanía que tuvo durante su infancia en México con la banda infantil Timbiriche, decidió formar Ciao, un grupo de niños que interpretarían versiones modernas de éxitos de la nueva ola italiana. 

Para elegir a sus miembros, se apoyó primero en los familiares de La Pé, la agrupación que luego se convertiría en Natalino, de la cual Vega era manager. Así llegaron a Ciao Nicole, hermana de Cristián Natalino, y Tomás, sobrino de los hermanos Hugo y Eduardo Manzi. A través del productor del proyecto llegó a Pablo, hijo del reputado bajista Ernesto Holman y por un casting dio con Bárbara Sepúlveda, que se sumó a última hora luego de que los padres de la niña que había sido seleccionada inicialmente decidieran que no siguiera en el proyecto.

Si bien Ciao logró posicionarse dentro del nicho al que apuntaba, convirtiéndose en un número habitual en programas televisivos infantiles, hacia el 2003 la identidad del proyecto estaba quedando desfasada con las edades de sus integrantes, que en ese momento tenían entre 13 y 15 años. Por lo mismo, Vega decidió darle un vuelco más adolescente al proyecto y ahí es donde nace Kudai, que fue trazando sus primeros bocetos en colaboración con el sello EMI y con el productor y compositor Gustavo Pinochet. 

Durante su trabajo con Ciao, Vega había hecho algunas alianzas con Marinela, por lo que buscó el apoyo de la marca para el lanzamiento de esta nueva etapa. En ese entonces, su producto “Rollo” estaba también cambiando el foco a un público más adolescente, por lo que aprovecharon los focus group que hicieron para mostrarle a otros niños las primeras demos de Kudai y poder ir direccionando según sus gustos la música y estética del proyecto.

La alianza entre el grupo y la marca dio un paso más cuando Marinela decidió que el comercial con el que relanzarían el producto sería protagonizado por Kudai, financiando además su primer videoclip, que se filmó en conjunto al spot publicitario. Así, “Sin despertar”, el sencillo debut de la banda, tuvo un masivo acercamiento a su público objetivo. Luego, cuando la canción se consolidó en radios, los supermercados empezaron a vender un pack de “Rollos” que incluía un CD con los primeros sencillos de Kudai y fotos de sus integrantes.

“Lo interesante fue que pusieran en un producto de consumo masivo el primer single de una banda. Ellos eran la imagen de la marca y se masificaron en 3, 2, 1. Fue una cuestión genial que vino del cerebro de Pablo Vega”, comenta Verónica Correa, jefa de prensa de Kudai en su primera etapa.

Himnos adolescentes para adultos

Cuando sonó “Sin despertar”, de inmediato le llamó la atención, aunque Pinochet insistió con mostrarle otras ideas porque esa le sonaba más a jingle que a otra cosa. Así, lo hizo escuchar una veintena de creaciones más pero cuando terminó, Vega le insistió que trabajara en la que a él le había gustado. Cuando estuvo terminada, el manager la eligió como el sencillo debut de Kudai, demostrando al poco tiempo su buena intuición para encontrar hits. 

Antes de ser un éxito continental, “Sin despertar” era una de las tantas ideas musicales que Gustavo Pinochet grababa en su estudio casero en formato maqueta, balbuceando palabras inventadas para probar melodías. Un día, Pablo Vega se instaló con él y le pidió que le mostrara lo que tenía. 

Además, el sencillo tenía la particularidad de sonar muy infantil pero con una letra que esbozaba temas más adultos, reflejado en líneas como “de noche sacaré mi espada” o “llevarte hasta la cima encima”. “Hay frases que la gente no identifica, que son súper sexuales y directas. Si tú analizas la letra de la canción es súper explícito el tema sexual”, opina Isabel Freire, que desde EMI se desempeñó como label manager de Kudai en sus inicios. Holman la secunda: “Siempre he entendido que esa canción habla de una primera relación sexual”.

Pinochet, por su lado, dice que no recuerda que esa haya sido su intención y destaca que en muchos casos, las canciones de “Vuelo”, el primer disco de Kudai, ni siquiera estaban pensadas para un público adolescente y simplemente reflejaban lo que le pasaba a él. 

Eso fue lo que sucedió con “Escapar”, el segundo sencillo del grupo, una letra que escribió cuando él pasaba por un mal momento personal y que logró resonar en un rango etario más amplio. Así lo comprobó unos meses después en Buenos Aires, en un viaje donde se juntó a componer con Leo García, cantante y colaborador habitual de Gustavo Cerati en ese entonces. La primera vez que se reunieron, lo vio llegar con un jockey de Kudai. Cuando le preguntó el porqué de su vestimenta, le dijo: “Es que hay una canción que es mi himno, ‘Escapar’”.

Tal como se reconoce la importancia de Vega en el proyecto, la labor creativa de Pinochet también es considerada unánimemente como un pilar fundamental de Kudai. Eso sí, no pasó tanto tiempo para que las personalidades de ambos comenzarán a chocar, provocando el alejamiento del compositor del grupo en 2006.

Uno de los problemas que gatilló la decisión, fue que Vega le pidió a Pinochet que le cediera a él parte de sus derechos de autor en las canciones de “Sobrevive”, el segundo álbum de Kudai. “Él nunca los quiso dar. Yo se los exigí para el grupo, no para mí”, recuerda Vega, quien agrega: “El grave error de Gustavo fue pensar que todo el éxito de Kudai se debía a sus temas”.

Pinochet, por su parte, dice que le guarda gratitud a Vega por haber apostado por él, aunque discrepa con él en la importancia de su rol. “Yo no fui solo el productor y el compositor, fui el creador musical y en ese sentido tenía un peso que creo que el manager nunca consideró”, señala. Y agrega: “Al final del día, yo le di mi identidad al grupo. Durante muchos años, incluso cuando produje a Lucybell, cargué con que siempre me decían que sonaba muy Kudai. Pero yo pensaba: ‘Yo no sueno a Kudai, Kudai suena a mí’”.

Pablo Vega, exmanager de Kudai.

Jóvenes trabajadores

Pablo Vega cuenta que para la renovación de Ciao, quiso buscar un nombre que tuviera más relación con Chile. Así llegó a Kudai, que venía de Kudau, que en el mapudungún quería decir joven trabajador. En ese entonces, aquel significado se vivía al pie de la letra en la dinámica interna del grupo e incluso se solía destacar en cada ocasión que tenían ante los medios de comunicación.

Hoy, 20 años después, la perspectiva del tiempo ha hecho que la mirada hacía esa forma de trabajo sea distinta. “Se les explotó bastante a los pobres. Fue bastante duro. Había todo un tema de hacerlo lo más perfecto posible porque eso era lo que faltaba en el mercado. Para Pablo, era algo que se debía hacer. Pasarse horas y horas ensayando, tanto la parte musical, como los bailes, la coordinación entre ellos, el saber comunicarse con el público y cumplir con el personaje que cada uno tenía dentro de la banda. Entonces eran muchísimas horas, todos los días. Y había mucha directriz de qué debes hacer, qué tienes que decir. Era súper controlado”, recuerda Isabel Freire.

La exejecutiva discográfica explica además que uno de los mandamientos del método de Vega era mantener a los padres lo más alejados posible. “Yo trataba de evitar que se juntaran, porque cada vez que se juntaban terminaban enterándose de más de lo que se tenían que enterar y empezaban a opinar sobre algo que venía funcionando. Y eran personas que no tenían ni idea. Aunque cada vez que se tomó una decisión importante fue con la votación de todos”, justifica Vega.

“Vuelo” se lanzó en julio de 2004 y a las pocas semanas el éxito del disco repercutió en una intensificación de las exigencias a las que se veían sometidos Pablo, Tomás, Bárbara y Nicole. Pronto comenzaron los viajes, con arduas jornadas de promoción, conciertos y clases particulares en las que tenían que aprender sobre la historia y cultura de cada país que visitaban. Además, todo eso tenía que ser compatibilizado con sus deberes escolares.

Al mismo tiempo, el control que ejercía Vega sobre todo el proyecto y las personas que lo conformaban se intensificó. “Pablo era como el dios. Se hacía lo que él decía, se iba dónde él decía. Él asumió un rol de jefatura, más que de manager”, señala Verónica Correa.

Pablo Holman recuerda que cada vez que alguien dejaba de trabajar con ellos, Vega les decía que era porque había hecho algo malo y ellos asumían esa verdad; Pinochet dice que se preocupaba de que él nos estableciera lazos ni con la banda, ni con las personas del sello; y Freire asegura que muchas veces amenazó a los miembros del grupo con echarlos del proyecto, algo que Holman confirma. 

En los primero años de Kudai, una vez faltó a un ensayo y Vega decidió expulsarlo, aunque paralelamente le mandaba mensajes a través de Tomás que le decía que si se ponía las pilas quizás lo iban a aceptar de nuevo. “Eso es control. De 200 ensayos, no llegar a uno, tampoco es nada del otro mundo pero se sentía como un fallo, como algo grave, como que algo estaba mal y eso resonaba bastante en el grupo”, dice Holman.

El cantante asegura que Vega ejercía un control mental sobre ellos, moviendo estratégicamente las piezas para siempre mantener alejados a los agentes externos al núcleo del grupo. Eso sí, matiza cuando se habla de explotación.

“Habría que definir los rangos de explotación porque, de alguna manera, si nosotros no hubiéramos hecho el trabajo así de fuerte como lo hicimos, no tendríamos el éxito que tenemos hoy día. Es paradójico. Yo llegaba a un lugar y era radio, tele, camioneta, hotel, avión, entrevista, concierto. Yo no paraba ni un solo segundo. Pero yo no estaba en el hotel diciendo: ‘Me están explotando, no puedo más’. Porque así me enseñaron. Así es como yo aprendí a ser artista”, dice hoy Pablo Holman. 

“Yo era la autoridad y gracias a esa autoridad llegamos donde llegamos”, responde Pablo Vega y agrega: “Yo no soy el extremo de la mamá de Lucerito, ni soy Sergio Andrade de Gloria Trevi, ni soy el papá de Michael Jackson, pero sí había un orden, había una disciplina y había una manera de funcionar”.

De todos modos, Vega dice que no se arrepiente de nada, aunque admite que quizás no pudo manejar bien la dinámica del grupo y que hoy no le gustaría que sus hijas experimentaran algo similar. “Pero jamás fue con la intención de hacerles daño. Puede que haya sido una sobreexigencia de acuerdo a lo que nos venía exigiendo el entorno. Cuando estás empezando y estás buscando oportunidades no te atreves a decir que no”, señala.

El primer escándalo

La aparente armonía en la que vivía Kudai se rompió por primera vez a ojos del público en junio de 2006. La banda estaba en Ecuador cuando Nicole Natalino decidió no terminar la gira latinoamericana en la que estaban inmersos. Las primeras razones que reportó la prensa apuntaban al estrés que le estaba causando la actividad en vivo, aunque meses después su familia explicó que había diferencias entre ellos y la forma de trabajar de Vega.

Para el exmanager, la salida se debió a la presión que ponían los padres de Natalino sobre ella y a su mala relación con Bárbara Sepúlveda. Para Isabel Freire, fue la acumulación de “abusos de poder, de dinero y psicológicos” de Pablo Vega. El tema económico tomó importancia en la prensa unos meses después, cuando la madre de Natalino dijo que Vega le debía siete años del trabajo realizado tanto en Kudai como en Ciao.

“Él se robó millones de dólares. Él sabe perfectamente que lucró con nosotros y nosotros vivíamos bajo el manto de la ilusión de que esto era un estilo de vida, más que un trabajo. Pero al mismo tiempo, sucedían cosas alrededor que ahora se ven más claramente con los ojos de hoy día. Si haces 30 comerciales para Coca-Cola, no creo que te paguen dos pesos por eso. Entonces, ¿dónde está toda esa plata? Yo nunca la vi”, denuncia Pablo Holman.

Otra fuente, que prefiere mantenerse en el anonimato, revela que en aquellos tiempos era habitual que proveedores de servicios para la banda se quejaran por las deudas que mantenía Vega con ellos.

Por ese entonces, la prensa local difundió que de las ganancias que obtenía Kudai, la mitad iba para Vega y la otra mitad se dividía en cuatro partes iguales para cada integrante, una división que Vega confirma y justifica: “El éxito que se veía obviamente que generaba mucha expectativa en lo monetario cuando gran parte del dinero que ganamos se iba en reinvertirlo y en extender al grupo a un siguiente nivel. Fue una apuesta. Mucha gente piensa: ‘El manager se quedó con toda la plata’ y eso es pura mentira, son especulaciones. O sea, podemos haber tenido diferencias administrativas, pero nunca pensé: ‘Exploto a estos niños y me hago millonario’”.

José Miguel Alfaro, que coprodujo y coescribió algunos de los temas de los dos primeros discos de Kudai, difiere en este punto. “Hubo un minuto donde los chicos eran una inversión y eran su canasta de los huevos de oro. Él habrá tenido su manera de ver el negocio, de llevarlo, y yo creo que por ahí sí hubo faltas, aunque claro, se contrapone también a su origen de gestor. Fue héroe y villano. Levantó algo muy importante y fue también partícipe de sabotearlo”, opina.

La disputa por el ADN del grupo

Después de la salida de Nicole Natalino y la llegada de Gabriela Villalba, vinieron varios de los hitos más importantes de la historia de Kudai, como la obtención de varios Premios MTV y su participación en el Festival de Viña del Mar. A pesar de eso, la dinámica impuesta por Vega no hizo más que acrecentarse, teniendo como máximo reflejo el hecho de que los cuatro integrantes se fueron a vivir a su casa cuando se instalaron en México.

En 2009, cuando el grupo se separó, Pablo Holman siguió viviendo con Vega y, según cuenta, no fue hasta un par de años después que se decepcionó realmente de él. Aunque prefiere no entrar en detalles, dice que acudió a Vega para pedirle algo, pero su respuesta no fue la que esperaba. “Ahí me di cuenta de que nada más quería chupar de todas partes”, dice.

La sensación se repitió años después, en 2018 cuando Pablo Vega inició un proceso judicial en el que logró inscribir a su nombre la marca Kudai en Chile. “El uso del nombre no nos preocupa tanto porque al final nuestras caras son el grupo. Pero era importante igual decir: ‘Oye, me robaste toda la vida, abusaste de mí psicológicamente, monetariamente, hiciste uso de todos mis recursos y todo, para que ahora más encima me vengas a meter el pie con algo como el nombre que yo forjé. Es como raro”, apunta Holman.

El cantante de Kudai admite que como grupo, los cuatro integrantes nunca hicieron un cierre formal de esta etapa. De alguna manera, el fantasma de Vega sigue dando vuelta, tal como lo pudo ver Holman cuando empezaron a tantear terreno para reunirse, algo que finalmente se concretó en 2016 y se extiende hasta el presente.

“Recuerdo estar sentado en la mesa con los chiquillos y era mucha exigencia. Cada uno estaba muy como queriendo resguardarse, asegurarse, protegerse. Lo cual, desde mi punto de vista, es súper lógico, aunque también me hubiera gustado un poquito más de soltura. Pero es normal, porque cómo confías si vienes de todo esto. La de Kudai es una historia impactante en muchos aspectos”, dice el integrante de la banda. 

Consultado por la misma situación, Pablo Vega dice: “El ADN de ese grupo lo tengo yo. Si yo quisiera, con la marca, podría hacer una nueva generación de Kudai. Hago un casting y cojo una Nicole, una Bárbara, un Pablo y un Tomás, y hago un nuevo Kudai para nuevas generaciones, pero no me interesa”, señala.

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