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17 de Marzo de 2025“Ahora me explico tantas cosas”: las dificultades para diagnosticar el TEA en mujeres
El 10 de marzo de 2023 se publicó en el Diario Oficial la Ley TEA, la que promueve la inclusión social y educativa de las personas del espectro autista. Se tiene mayor conocimiento y al parecer es más fácil llegar a un diagnóstico pero ¿por qué sigue siendo difícil en el caso de mujeres?
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María Isabel (34) comenzó hace años una terapia por ansiedad tras sufrir un ataque de pánico cuando estaba haciendo un trámite. “Fue como sufrir un ataque cardiaco de la nada. Me estaba muriendo, no podía respirar bien. Recuerdo que tomé un Uber y me fui a Urgencias. Ahí me dieron ansiolíticos, me hicieron un electrocardiograma y estaba todo bien. Me derivaron a un psicólogo y a una psiquiatra”.
“He estado tratando mi ansiedad por varios años, pero ahora, con una nueva psiquiatra cambiaron algunas cosas. Descubrió algunas cosas que yo no había notado. Por ejemplo, tengo problemas con texturas que me dan náuseas, algunas comidas me dan asco por su consistencia y, sobre todo, me cuesta entender algunas emociones de las personas. No sé diferenciar cuando alguien está serio o enojado y sufro mucho por eso”, enumera.
Con respecto a un posible diagnóstico de TEA, María Isabel dice que está asustada. “Me da miedo y por eso he evitado ir al neurólogo para ver mi diagnóstico. Igual hay muchas cosas que me hacen sentido, pero igual me preocupa lo que otra gente pueda decir de mí. Me voy a sentir juzgada, porque igual hay como hartos diagnósticos y la gente dice que es por moda. Entonces no sé”.
Según la Encuesta Nacional de Discapacidad y Dependencia (Endide) de 2022, en la población mayor de 18 años hay 44.594 personas con TEA, de las cuales 22.100 son personas con TEA y discapacidad. Si bien no se especifica cuáles de ellos son mujeres, los expertos concuerdan que llegar a un diagnóstico en ellas suele ser más difícil.
La ansiedad del TEA y lo difícil en el caso de las mujeres
Muchas veces el TEA es confundido con ansiedad en mujeres, quienes pueden pasar años de su vida con un diagnóstico errado. En ese sentido, la psiquiatra de la Clínica Las Condes, Verónica Zumarán, concuerda. “En la mujer es muy distinto el TEA. Antiguamente, los estudios estaban principalmente enfocados en hombres. Los niños suelen expresar distintas las conductas. Es quizás más evidente que en mujeres”.
“Las mujeres tenemos otras ventajas de aprender desde pequeñas lo que es imitar el comportamiento de las personas neurotípicas para poder encajar, tratan de adaptarse mucho más y aprenden a ocultar mucho más las dificultades. Es más difícil percibir alguna dificultad en una mujer TEA que en un hombre quizás. Sí, las mujeres tienen muchas más dificultades como para obtener un diagnóstico TEA que los hombres“, puntualiza.
Sobre si el TEA se confunde con ansiedad, la psiquiatra de la Universidad de Chile, Marcela Cuevas, añade que “efectivamente, hay mucha sintomatología en relación a esto del perfil sensorial y de las interacciones sociales, que llevan finalmente al síntoma de la ansiedad, a sentirse nervioso, ansioso, inseguro, incluso, crisis de pánico muchas veces“.
“Otro eje tiene que ver con la sospecha de pertenecer al espectro autista, que está relacionado con el aspecto cognitivo, con cómo en ciertos ámbitos el curso de pensamiento puede ser muy acelerado, de muchas ideas, muy sobrecargado por todo lo que he mencionado anteriormente. Sobrepensadores, cuestionarse mucho las cosas, pensarlas demasiado para poder encajar, para poder sentirse querido, para poder sentirse aceptado“, detalla la especialista.
Sobre lo último advierte que “también hay un eje ahí en el pensamiento que hay que mirar, que hay que ir a evaluar, porque muchas veces se ha confundido. Incluso, hay autores que hablan de que se ha confundido con la psicosis, por esto del curso de pensamiento. Yo diría que algo que puede hacer sospechar, es tener un historial de distintas consultas con profesionales que no han dado buenos resultados, que le pueden haber hecho un diagnóstico de ansiedad, de depresión o de oposicionismo desafiante y que no ha tenido finalmente una buena evolución, porque no se ha hecho el abordaje que se requiere”.
Con respecto al TEA en mujeres, mantiene que “las mujeres hemos sido mucho más educadas en la sociabilidad, entonces tenemos instaladas más claves sociales y, en el caso de las mujeres autistas, más claves de camuflaje, de mostrar ciertas características de adecuación, de comunicación, de cercanía, que muchas veces también son vividas con estrés y con la sensación de estar ocultando y estarse poniendo una máscara. El masking, el enmascaramiento. De mostrar una cara en la dimensión social y vivir la sensación de sacársela en espacios privados y espacios seguros”.
“Entonces, esto ha hecho que cueste mayormente el diagnóstico de autismo en mujeres, porque no generan tanta disrupción y tanta dificultad en los ambientes escolares o en los ambientes laborales. Por lo tanto, eso oculta un poquitito el diagnóstico, lo retarda y, digamos, aparece más bien en los espacios familiares, en los espacios privados o en el desborde emocional más íntimo”, indica.
¿Cómo se llega a la sospecha?
Cuevas explica que las señales que pueden llevar a una persona a tener la sospecha de pertenecer al espectro autista pueden ser variadas. “Es muy común que cuando a una persona se le hace el diagnóstico del espectro autista, dice ‘ahora me explico tantas cosas, mirando hacia atrás de mi experiencia de infancia, de mi experiencia en mis espacios laborales, etcétera’. Entonces, lo que hay que ir a mirar es lo que tiene que ver, por ejemplo, con un eje, que son las interacciones sociales, cómo ha sido la trayectoria de las interacciones sociales“.
Además pone énfasis en que “se ha construido el mito de que las personas autistas son personas que se aíslan y dentro de esta lógica del espectro, no todas las personas autistas se aísla. A veces se aíslan, sí, porque requieren ciertas interacciones seguras, ciertas interacciones selectivas, seleccionan a sus amistades que sean personas parecidas a ellos y a ellas, que tengan intereses comunes“.
“Como que son muy selectivos en la interacción social, pero no todos, por eso siempre puntualizo el concepto de espectro. Porque hay a quienes les gusta mucho la interacción social y lo que les ocurre es que les cuesta entender las señales de la interacción social y a veces tienden a leer mal, a ser torpes, a ser inadecuados. Y eso al entorno social le genera un poco de distancia y de rechazo, por considerarse muchas veces personas que traspasan un poco los límites”, dice.
A su juicio, quienes deberían considerar ir a un especialista para ver un posible diagnóstico de TEA son aquellas que “tienen un historial de ansiedad, de dificultades en las interacciones sociales o que se hacen autolesiones“.
“Hay otro eje que tiene que ver con lo que es denominado intereses profundos (…) De chiquitito pueden ser los dinosaurios, después de adolescente pueden ser ciertos grupos musicales o la historia de la música, animes, juegos o videojuegos en los que son verdaderamente expertos, apasionados. Conocen hasta el más mínimo detalle y ese interés profundo muchas veces puede generar conductas obsesivas, ciertas conductas como de exigencia o restrictivas de otros espacios, que es súper importante abordarlo, manejarlo, para que no se llegue a esos niveles. Hay que acompañarlos para que estos gustos e intereses profundos sean bien llevados y no los desborden. Eso respecto de las señales”, profundiza la profesional.
La idea de un sobrediagnóstico
La coordinadora del equipo infanto-juvenil del Centro de Psicología Aplicada (CAPs) de la Universidad de Chile y docente del Magíster de Psicología Clínica, Marcela Cuevas, explica “hay una modificación respecto del autismo. Se incluye lo que antes se llamaba asperger y se empieza a hablar del espectro autista”.
“Otra cuestión importante es la cantidad de profesionales capacitados en el tema. Terapeutas ocupacionales, fonaudiólogos, todas y todos los profesionales de salud mental, entonces hay mayor capacitación, porque hay más conocimientos e información disponible“, agrega.
Junto con eso, Cuevas señala que “hoy en día en las universidades, con la ley de inclusión y desde el año 2023 con la ley TEA, vienen también a poner en el tapete los desafíos que nos plantea la condición del espectro autista, porque hay acciones que hay que realizar. La ley TEA incluye la capacitación de los profesionales y eso hace que el tema esté mucho más activo, presente y que haya mayor conocimiento disponible, así como profesionales capacitados”.
Por otro lado, Zumarán, recalca que “al día de hoy no hay ninguna evidencia que indique que exista un sobrediagnóstico de TEA, sino que se ha mejorado mucho más la detección gracias no solamente a que hay más acceso a la información, sino que hay profesionales que se están capacitando y están interiorizando en el tema (…) “Gracias a la difusión se ha creado conciencia de las diversidades neurológicas que existen”.
El TEA en la educación
El director de Pedagogía de Educación Diferencial de la Universidad Central, Emilio Rodríguez, menciona que se ha logrado desarrollar el camino hacia la inclusión, pero aún falta.
“Si bien hay ciertas orientaciones que nacen producto de la Ley TEA, pero también hay que tener presente que la ley sale desde el Ministerio de Salud con ciertas orientaciones al mundo escolar. Creo que me voy a la formación inicial docente. Creo que falta abordaje de estas temáticas”, afirma el profesional.
En ese sentido, detalla que “falta abordaje de estas temáticas en la formación inicial docente y no necesariamente en los futuros profesores de educación especial. Yo creo que tanto el TEA como otras condiciones que aparecen en las salas de clases, creo que el abordaje debe ser más transversal y que cualquier futuro profesor, cualquier estudiante que está en un proceso de formación inicial docente, más allá de la disciplina que esté estudiando, debiera tener conocimiento en relación al abordaje de lo que ocurre o las implicancias que tiene tener en su aula estudiantes con TEA o con discapacidad intelectual o inmigrantes o con otras condiciones, con otras características que los hacen ser diferentes unos a otros”.
Con respecto a los desafíos que se tienen en educación, apunta que “todavía nos falta por avanzar sobre todo en estrategias, a través de talleres, capacitaciones. Hay que buscar la instancia más aterrizada, en virtud de todo el volumen que tienen los profesores”.
“Hemos avanzado, sí, pero creo que todavía falta concientizar a los profesores que están en ejercicio de que no todos los niños son iguales y, que en estos casos en concreto, requieren de ciertas acciones que son diferentes a todo grupo y ahí nos cuesta un poquito”, finaliza.



