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El Camino: la historia de un diner en Providencia con corazón tejano que nació gracias a un amor a primera vista

En la esquina de Padre Letelier con Los Conquistadores se encuentra El Camino Diner, el segundo proyecto gastronómico de los socios Michelle Letelier y Federico Campino que replica los comedores texanos y ofrece desayunos todo el día. Abrieron el año pasado y ya están ampliando su local por éxito de ventas.

Por 11 de Mayo de 2025
Felipe Figueroa/The Clinic
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La primera cita de los abuelos de la chef Michelle Letelier Grossman, hace casi ochenta años, fue en un restaurante que se llamaba El Camino, en el oeste de Texas, justo en el paso a México. Ambos eran ciudadanos americanos y desde entonces quedaron flechados para siempre. De ese encuentro nació la madre de Michelle, quien conoció a un chileno del que se enamoró. Desde niña solía escuchar la historia de amor de sus abuelos en El Camino.

En homenaje a esa historia familiar, y aprovechando aquel nombre que ya sabían funcionaba tanto para el inglés como para el español, en 2024 bautizó así el restaurante al estilo de un clásico comedor estadounidense que abrió junto a su socio Federico Campino en Providencia.

Eso sí, antes de embarcarse en esta nueva apuesta gastronómica –llamada El Camino Diner-, donde el desayuno al estilo tejano sureño parte a las 8 de la mañana y las hamburguesas son imperdibles a la hora de almuerzo, los amigos desde hace más de dos décadas estuvieron detrás de El Camino BBQ, un mesón que funcionó en Avenida Italia y que ofrecía preparaciones con carnes ahumadas por más de doce horas, y un brisket que se convirtió en la estrella del menú.

El recinto, con capacidad para alrededor de 200 personas, tuvo mucho éxito y llegaron a tener casi 40 empleados. Sin embargo, luego de los esfuerzos que implicó sobreponerse al estallido social y la pandemia, decidieron cerrar el local y optaron por reinventarse manteniendo el nombre.

Fue ahí que surgió la idea de abrir un diner, término que hace referencia a los clásicos restaurantes pequeños de carretera, que a menudo aparecen en las películas de Estados Unidos y que son conocidos por su comida casera, especialmente desayunos.

El Camino ofrece en su carta panqueques, chilaquiles, desayuno con tocino, huevos fritos, hash browns (croqueta de papa rallada), entre otros clásicos de la comida norteamericana.

“Nunca pensamos que la gente iba a enganchar tan rápido con esto. Y todos los días es impresionante ver cómo a las 8 de la mañana llega gente a pedirse un desayuno gringo. Todavía me sorprende. En serio, porque en un principio mucha gente nos decía que el chileno no toma desayuno, se come un pan con palta máximo si es que toma desayuno”, relata Michelle en conversación con The Clinic.

La emprendedora asegura que en el año que llevan operando ya cuentan con “clientes fieles que vienen y ya sabes lo que quieren”. A ellos se les sirve el café de inmediato.

Algo que ambos resaltan tiene que ver con que parte importante del público que reciben son los vecinos: al estar insertos en un barrio residencial, a diario ven pasar a personas de la Embajada de Estados Unidos, un grupo de parroquianos americanos que ya tiene su mesa definida cada vez que acuden entre medio de sus reuniones.

Además, cuentan con la ventaja de estar cerca de recintos de paso o servicios como la Clínica Indisa, el Parque Metropolitano, el Campus Lo Contador de la Universidad Católica, y también tienen muchas oficinas cercanas.

Federico comenta que el haber incursionado con otro El Camino previamente les otorgó una suerte de ventaja a la hora de aventurarse con un diner. “Nosotros veníamos de otro restaurante que tuvo siete años, entonces igual contábamos con un comodín, porque ya teníamos difusión de entrada”, agrega.

La genética gringa del proyecto siempre estuvo latente, considerando que Michelle nació en Texas, y es hija de padre chileno y madre estadounidense. Llegó a vivir a Chile en 1994, cuando tenía 9 años, pero se ha mantenido siempre yendo y viniendo.

El Camino, un lugar de encuentro al estilo gringo

Desde hace tiempo que Federico, quien es arquitecto de profesión, estaba atento a cuando se desocupara el número 0203 de la calle Padre Letelier donde, en la esquina con Los Conquistadores, se encuentra un conjunto habitacional de cuatro residencias que datan del año 1953.

Anteriormente en ese espacio había oficinas, pero tras la irrupción del coronavirus fue quedando prácticamente desocupado. Fue entonces que vieron la oportunidad de abrir en ese sitio la nueva versión de El Camino. La remodelación del lugar arrancó en febrero de 2023, aunque ahora tienen nuevamente maestros en el restaurante.

La posibilidad de expandirse, dice su fundador, viene desde la fortuna o de la casualidad: la casa en que funciona El Camino es pareada y azarosamente los vecinos decidieron dejar la casa contigua. La idea del nuevo espacio está en poder colocar mesas más pequeñas destinadas a parejas o grupos más reducidos de personas.

Michelle, por su parte, indica que el clima más frío del otoño y del invierno hacen “necesario tener más espacio interior”. Esto, considerando que a veces tienen a personas esperando hasta 40 minutos para sentarse en las butacas marrones que colindan con una larga barra.

“Era necesario también la ampliación por eso, para poder responder a la demanda. Es como un diner gringo, con los sonidos y todo es muy rápido. Este restaurante, comparado con el otro que teníamos es de rotación muy alta. La gente viene, toma desayuno, almuerzan, se toman los cafés y chao, y es todo muy rápido. Y esa es la sensación que te da también estar acá adentro”, acota Michelle.

Michelle y Federico destacan que el 2024 fue un año positivo para su empresa, y que por lo mismo, no fue necesario recurrir a un crédito cuando decidieron ampliarse, una rareza en el negocio gastronómico donde la gran mayoría de los emprendimientos sufre pérdidas considerables en sus períodos de instalación.

“Nosotros hicimos un plan de negocio al principio, y creo que hemos más que cumplido. Hemos ido mejor de lo esperado, y por eso nos dio la confianza para decir ‘ampliémonos'”, plantea Campino, y su colega también resalta que “desde el día que abrimos estuvo lleno, no nos costó mucho”.

Ahora bien, la fecha exacta de cuando podría estar lista la ampliación es un tema complejo debido a la demora de los permisos municipales, como la patente de alcohol para el ensanche. “Hay que tener patente de alcohol para cada una de las casas, porque tienen cada una un rol independiente (en el conservador de Bienes Raíces). Entonces estamos en la mitad del proceso”, explica Campino.

Michelle raudamente se suma a sus palabras y menciona que la idea a futuro también es incorporar más platos caseros a la carta, y que estos no solo se enfoquen en el desayuno o en los sándwiches. Con todo, su apuesta gastronómica, esa que se generó antes de su nacimiento en un restaurante de ruta en Texas, parece ir por el camino correcto.

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