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Opinión

26 de Julio de 2025

Heteropesimismo: las mujeres desesperanzadas ante el romance del siglo XXI

Hoy muchas solteras declaran estar agotadas de buscar amor en un escenario marcado por el ghosting, las expectativas desalineadas y los desencuentros de comunicación. El fenómeno ha sido bautizado como heteropesimismo. ¿Es una crisis sentimental sin retorno o solo una etapa incómoda del mundo del amor en tiempos de aplicaciones de citas y pinchaje por Whatsapp?

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“Está malo el mercado”, dicen los memes y los pantallazos de mensajes de WhatsApp que se comparten en redes sociales para ejemplificar una nueva crisis del siglo XXI: después del boom de citas de aplicaciones, el gráfico del romance heterosexual va a la baja y queda en números rojos. Sin importar la edad, pareciera abrirse un nuevo abismo entre hombres y mujeres, con problemas de comunicación y de expectativas, todo revuelto con las oleadas de cambios sociales del nuevo milenio.

En enero pasado, Buzzfeed hacía un compendio de los chats viralizados que mejor ejemplificaban que salir en busca de amor en la actualidad es una total pesadilla; llenos de ghosting, intercambios incómodos y chistes que no se entienden. El salto del coqueteo virtual a la primera cita, un aterrizaje sin paracaídas.

Las solteras que me rodean cada cierto tiempo vociferan la misma advertencia: “me cansé, necesito una pausa, los hombres están imposibles”. La semana pasada, la revista de The New York Times traía un largo artículo llamado “El problema de desear a hombres”, de Jean Garnett; un testimonio en primera persona de una escritora divorciada que, de vuelta al mundo de las citas, se encuentra frustrada con encuentros con hombres que suelen usar el “no puedo” o el “no me da” para escabullirse, sin poder usar un simple “no quiero”. Lo habla con sus amigas y se pregunta: “Quizás los hombres se están tomando una pausa, ‘pasando piola’, inseguros acerca de cómo desear, de cómo hablar, de cómo atraer. Quizás nos están castigando a nosotras por la confusión”.

La autora cita un término acuñado en el año 2019 por la académica experta en temas de género y sexualidad heterosexuales, Asa Seresin: el heteropesimismo. Según Seresin esto es un fenómeno antiguo que “consiste en desafiliaciones performativas de la heterosexualidad, que suelen expresarse en forma de arrepentimiento, vergüenza o desesperanza respecto a la experiencia heterosexual. El heteropesimismo, por lo general, pone un fuerte énfasis en los hombres como la raíz del problema”.

Podríamos resumir el término heteropesimismo en mujeres reclamando con las amigas sobre hombres que no dan el ancho -y también casos de hombres haciendo lo mismo con las mujeres, traducidos en incels o machos alfa cansados de “la jefa” en la casa, dice la autora-. En más fácil aún, quiere decir que las mujeres dicen todo el tiempo: “¡No salgo con un hombre más”!, cansadas de citas del terror o relaciones que terminan en pesadilla, y consideran la heterosexualidad su cruz.

Yo no piso las aguas de las citas hace casi una década, pero bien lo sabe mi terapeuta de la época que me quejé innumerables veces de lo mismo: ¿es que es imposible desear, ser deseada y comunicarse en el proceso? Las protagonistas de Sex and the city o de Girls tienen ejemplos por montones, y por eso conectaron tan bien con audiencias multigeneracionales, expandidas por TikTok y streaming.

Hay un elemento nuevo en el heteropesimismo. No solo es que la digitalización de la experiencia romántica ha sumado muchas más posibilidades de encuentro, y por lo mismo, de desencuentro. La crisis actual de las aplicaciones de citas, dice la tendencia, tiene mucho que ver con que quienes sí encuentran el amor las abandonan, y quienes no, entran en un espiral de desesperación al ver un eterno mundo de chances donde ninguna parece ser la correcta.

Pero también está el problema de interferencia entre las “nuevas” mujeres, resueltas, con agenda propia, con voz y con deseos, y hombres desconcertados ante el rol que deben ocupar en la dinámica de géneros actual.

Esta semana fue publicada la Encuesta ICSO-UDP de julio, centrada en “Masculinidad e identidad”. Ahí, ante la afirmación “Para un hombre es difícil saber cómo comportarse con las mujeres por temor a ser malinterpretado”, un 68% de los hombres encuestados se mostró De Acuerdo o Muy De Acuerdo, contra un 52% de las mujeres. Y ante la frase “Ser hombre hoy es más difícil que en el pasado”, el contraste es aún mayor: 54% de los encuestados estuvo De Acuerdo o Muy De Acuerdo con que lo es, versus un 38% de las encuestadas.  

Si siempre el mundo de las citas ha sido uno de resiliencia, frustraciones y placeres fugaces, ¿estamos además hoy condenados por esta brecha entre lo que las mujeres desean y esperan de los hombres modernos, versus el pánico de estos ante el nuevo petitorio?

“Me dejó en visto”, me decía una estupenda y encantadora joven de 28 años, mientras nos reíamos de desaventuras amorosas de ayer (las mías) y hoy (las suyas). “Qué violento”, contesté yo. Sí qué cuesta decir “no, no estoy interesado”. Pero ¿quién enseña la educación afectiva? Los hombres tuvieron que pasar de las demandas del patriarcado tradicional a la deconstrucción de la nueva era, sin escalas. Quizás por eso “no les da”. Y las mujeres tuvieron que aprender a exigir lo que quieren, pero quizás no siempre estamos preparadas para que nos digan que no, ahora que somos nosotras las que sacamos a bailar.

En el clásico Sensatez y sentimientos, de Jane Austen, Elinor está confundida con el actuar errático del hombre que ha empezado a amar. No entiende su súbita distancia y, atormentada, dice en modo heteropesimismo: “Si tan solo pudiera conocer su corazón, todo se tornaría fácil”. No hay que perder la fe: desde la publicación de ese libro, solo han pasado 200 años.

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