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Opinión

2 de Agosto de 2025

Amores Materialistas, la nueva película de Pedro Pascal: Vivimos en un mundo cínico

Foto autor Cristián Briones Por Cristián Briones

El crítico Cristián Briones analiza la nueva película protagonizada por Pedro Pascal, Chris Evans y Dakota Johnson. "Amores Materialistas vive en un mundo cínico. Uno que incluso trata de hacerte sentir ingenuo y cándido por intentar ser feliz con alguien en tu vida", escribe.

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Amores Materialistas (Materialists) no es una comedia romántica. Al menos no según la denominación cinematográfica que, a estas alturas, pareciera escrita en piedra. Personajes entrañables, la química entre ellos, el meet-cute, etc. Esos ingredientes no están en esta película, y si lo están, fueron ecualizados para ser otra cosa. Claro, sigue siendo la historia de una celestina profesional (Dakota Johnson) que no había encontrado al hombre perfecto (Pedro Pascal), del triángulo amoroso que le produce la reaparición de un ex (Chris Evans), y toda la vorágine laboral entrelazando el total. Pero no es una rom-com, por mucho que el marketing la hubiese promocionado como tal. Y acá es donde, como audiencias, reaccionamos airados, porque aquello que nos están vendiendo, no es lo que en realidad tenemos al frente.

Y quizás por eso, es una campaña de marketing magnífica. Porque su resultado instala a la perfección el tema que Celine Song quiere abordar en su segunda película: cómo hemos convertido al romance y a los enamorados en productos, sujetos a todas las etapas del proceso de venta. Porque eso es exactamente lo que hace su protagonista en su rol de casamentera. Vende el idilio. Ese elixir que puede contemplarse y comerciarse. Cómo podemos ser sujetos de “alto valor” en una relación, y cómo en el mundo de las citas, con y sin teléfono, todos nos convertimos en elementos transables.

Pero el amor no es eso. De hecho, no sabemos exactamente qué es el amor. Poetas, filósofos, científicos, todos a lo largo de la corta historia del amor romántico (siempre es bueno recordar que el concepto tiene poco más de 300 años), han tratado infructuosamente de definirlo. Y no hay una conclusión única al respecto. El amor es que te caiga un rayo. Y que tú seas el rayo que le cae a otra persona. Sin embargo, llegamos a un momento en que queremos dar señales específicas de cómo deseamos que sea el rayo que queremos que nos caiga. Marcamos casillas para ello. Pero, ¿cómo podemos encasillar precisamente aquello de lo cual queremos enamorarnos, si no podemos definir qué es? Y lo más importante, ¿Por qué?

Ese es el corazón de Amores Materialistas

Que hemos construido muros alrededor de nuestros corazones. De nuestros sentimientos. De la forma de relacionarnos con el resto. Todo es una etiqueta. Si es un vínculo, una relación abierta, monógama, y, nos ilusionamos con, un diverso etc. Todo puede ser medido y puesto en un sistema algorítmico. O al menos, eso es lo que un sistema completo quiere hacernos creer. Porque al empezar a catalogar todos estos aspectos, también nos convertimos a nosotros mismos en objetos cuantificables. Y en ese proceso, en que nos volvemos algo valorable, calificable, al que se le puede deslizar para uno u otro lado en una pantalla, que se le pueden poner estrellas, puntuación, etc, es justamente dónde nos quieren: porque en ese lugar es donde estamos dispuestos a comprar. Desde rutinas de ejercicios a dietas, de maquillajes a cursos de superación personal. Membresías premium. Cirugías para tener un valor agregado, uno que podemos adquirir. Porque este es un juego de expectativas. Sentimos que nos merecemos a alguien “valioso”, porque nosotros mismos consideramos ser “valiosos”, pero en realidad ese valor es un estándar social creado para vender, porque nunca conseguiremos esa evaluación de nosotros mismos. Es una expectativa imposible de alcanzar. Song ataca directamente el hecho de que un sistema de mercado filtró hasta las formas de enamorarse.

“No sé si me gustas, o sólo me gustan los lugares donde me llevas”

Amar y ser amado es alquimia. Algo tan inentendible como bello. Tan maravilloso como doloroso. Y Song decide retratar en Amores Materialistas ese espectro de la forma más cruel posible. Con un cinismo visual digno de ese primigenio Woody Allen. Sus encuadres están ahí como voyeurs de un mundo en el que creemos querer estar. Se pasea por el moderno amor cortés con la misma perspicacia visual de su debut, Past Lives, uno que legaría ensayos sobre sus paneos. Y su guión es tan injusto con la audiencia cómo lo es con los personajes. Esas situaciones de la rom-com acá se retuercen para bañar de realidad porque lo de la cineasta es experiencia, tanto como observación. Song, que creó antes el personaje de una escritora, ahora crea el de una casamentera, ambas profesiones que ella misma ejerció. Y ahora se permite ser tan aguerrida como aguda en su punto de vista. Los suyos son personajes de un tema profundo, pero especialmente pétreos en sus formas. Pareciera que pudieran estar mejor escritos, ser menos estructurados, pero conforme avanza la película, más se puede inferir que lo de Song es teatral. Del avance del foco en las tablas de protagonistas que lo que más deben dejarnos son sus líneas y sus pensamientos a viva voz. Las definiciones de sí mismos más que las expresividades que hacen el lucimiento de los actores. Y quizás por eso le sirven quienes son más estrellas que intérpretes, especialmente Johnson y Evans, y aunque me tomaría un párrafo para alabar el personaje que construye Pascal, creo que estar dos semanas consecutivas llenando de elogios al compatriota, es excesivo.

Y porque el encanto de Amores Materialistas está en otro lugar. En ese cuestionamiento, casi al borde del desprecio, que Song tiene de esta necesidad de convertir el romance, y a los enamorados, en un producto al que se le pueden comprar actualizaciones. No es un componente de clase, es sistémico. Y por ello, va llenando de optimismo su película hacia el final. Cambiando las luces, los extras en el fondo, los planos. Entibiando corazones con una verosimilitud ganada. Porque le lleva la contra a lo que se declara en contra. Y se entrega a los brazos de aquello que cínicamente sus personajes prefieren decir que no existe. Pero que ojalá y pudiera volver a ser inevitable.

Amores Materialistas vive en un mundo cínico. Uno que incluso trata de hacerte sentir ingenuo y cándido por intentar ser feliz con alguien en tu vida.

“No estoy pidiendo un milagro. Sólo quiero amar a alguien. A alguien que no pueda evitar amarme de vuelta”.

Celine Song se quedó conmigo en ese extenso plano de los créditos.

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