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Ilustración: Sandro Baeza - The Clinic

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12 de Septiembre de 2025

“Prohibirla sería como prohibir la calculadora hace 40 años”: el debate que genera la IA al interior de las aulas de clases

El debate sobre el uso de la Inteligencia Artificial en las salas de clases divide a la opinión pública: mientras algunos apoyan restringirla, otros defienden su incorporación como herramienta pedagógica. Expertos plantean que la clave está en regularla más que en prohibirla.

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El Monitor de Educación de Ipsos 2025 reveló que la irrupción de nuevas tecnologías abrió un debate sobre sus beneficios y riesgos en la vida escolar. Con respecto a la Inteligencia Artificial (IA), un 44% de los consultados se mostró a favor de restringirlo en el ámbito escolar y un 36% se opuso. Con estas cifras, el país encabeza en la región el apoyo a la prohibición de esta herramienta de inteligencia artificial.

Miguel Pinto, sociólogo y subgerente de estudios públicos de Ipsos Chile, explicó a The Clinic que “los resultados de la encuesta muestran que la gente tiene un poco de temor respecto al uso de la IA. Casi tres cuartos están de acuerdo en que se prohíban algunos elementos tecnológicos como el uso de la inteligencia artificial, principalmente el chat GPT”.

“Nosotros creemos, de parte del lado de Ipsos, que hay que regularlo, pero no prohibirlo. Creemos que el uso de la tecnología en general, no solamente de la IA, genera un aprendizaje muchísimo más efectivo de la gente, de las personas que están estudiando, y que hay que resguardar que esos aprendizajes no pasen a ser un factor negativo dentro de la educación, que puede ser”, añadió.

“Hay que ir incorporando la IA de a poco”

A juicio de Pinto, “hay que ir incorporando la IA de a poco en la educación escolar. Probablemente desde la Enseñanza Básica se puede incorporar, pero en ciertas actividades puntuales. Creo que quienes usen la IA en el futuro, van a ser quienes tengan mejores oportunidades de desarrollo, de desarrollo profesional sobre todo. Entonces, la idea es ir incorporándola de a poquito en etapas tempranas de la vida escolar, sin reemplazar el currículum normal y el normal desarrollo del aprendizaje de los chicos. Pero tiene que estar, para mí, dentro de la etapa temprana escolar. No prohibirla“.

“Si bien la gente sabe que hay beneficios importantes, también tiene un poco de susto, un poco de temor en el uso. Por elementos que tienen que ver con el uso privado de los datos personales y estas posibilidades de generar fake news. Creo que hay una visión contradictoria en la gente que tiene que ver con el desconocimiento. Falta también harto de educación en el tema para que se pueda usar con todos los beneficios que pueda traer“, destacó.

Advierten que la IA puede debilitar la lectura profunda

Especialistas del CIAE de la Universidad de Chile y de la Pontificia Universidad Católica advierten que, aunque los modelos de lenguaje como ChatGPT ofrecen oportunidades educativas, su uso podría reducir el entrenamiento en lectura profunda. Esto es clave para el desarrollo de la comprensión, el pensamiento crítico y la escritura.

El análisis fue realizado por Ernesto Guerra, Roberto Araya y Marcela Peña. Ésta última señaló que “lo relevante es enseñar a los lectores adolescentes y jóvenes a usar estos sistemas de manera interactiva. Por ejemplo, pedir a ChatGPT: ‘Dame tres opciones de ensayo sobre calentamiento global, y muéstrame las etapas que estás usando para escribir cada sección'”. Por otro lado, para Ernesto Guerra, “estas herramientas, usadas de manera utilitaria, pueden dar la ilusión de que entendemos algo, cuando en realidad no hemos hecho el esfuerzo de leer y procesar el texto“.

Los investigadores explican que la lectura no solo permite adquirir información, sino que también actúa como un entrenamiento para el cerebro. Cuanto más se lee, más se fortalecen el vocabulario, la comprensión, el razonamiento y el pensamiento crítico. El problema, según señalan, es que al utilizar la inteligencia artificial para reemplazar el esfuerzo cognitivo que implica resumir artículos, redactar ensayos o responder preguntas complejas —sin pasar por las etapas del proceso de toma de decisiones— los estudiantes pierden la oportunidad de ejercitar la amplia gama de procesos mentales que se desarrollan mediante la práctica de la lectura.

En lugar de fortalecer los músculos cognitivos que la lectura extensiva desarrolla, el uso excesivo de estas herramientas puede atrofiarlos, ofreciendo atajos que, aunque útiles en lo inmediato, socavan el compromiso profundo con el texto”, advirtió Roberto Araya.

¿Qué ocurre al interior de las universidades?

La Universidad Mayor es parte de la Red Global de Educación en Inteligencia Artificial (AIGEN por sus siglas en inglés), dirigido por el Tec de Monterrey. Se trata de una comunidad para apoyar la aplicación de la IA en universidades, facilitando la adopción de herramientas y plataformas de IA.

Al respecto, el vicerrector académico de la casa de estudios, Nicolás Ocaranza, aseveró que “la inteligencia artificial es parte del presente, no del futuro. Prohibirla sería como prohibir la calculadora hace 40 años. Vemos la IA como una oportunidad para potenciar el aprendizaje crítico, no como una amenaza, por eso permitimos su uso, pero eso obliga a replantear cómo construimos las evaluaciones y qué queremos lograr con su uso. Es una herramienta más para la enseñanza y el aprendizaje”.

No sancionamos el uso de la IA, lo que sancionamos es la falta de honestidad académica. Y si esa falta de honestidad o plagio implica que los estudiantes renuncian a pensar por sí mismos, evidentemente que hay una sanción. El problema no es usar IA, sino usarla para reemplazar el pensamiento propio. Lo ético es integrarla con transparencia”, agregó.

Consultado sobre si existe un reglamento sobre el uso de la Inteligencia Artificial, Ocaranza explicó que poseen una “política y reglas claras en el Reglamento de Pregrado: la IA se usa como herramienta, no como sustituto de la autoría intelectual. Queremos que nuestros estudiantes aprendan a dialogar con la tecnología, no a delegar en ella su responsabilidad académica”.

“El mal uso de la IA no forma profesionales, forma dependientes. La diferencia la marcará la capacidad crítica de cada estudiante. Y en el examen de grado o proyecto de título hay suficientes puntos de evaluación para evitar que algo así ocurra. La calidad de los futuros profesionales no dependerá de la IA, sino de cómo logremos enseñarles a usarla con criterio y ética y cómo aporta valor a las competencias irremplazables por la tecnología“, reflexionó.

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