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Opinión

15 de Noviembre de 2025

Rosalía: todas íbamos a ser santas mujeres

En su nuevo disco “Lux”, Rosalía hace de la fe un acto de rebeldía. Habla de santas que arden y que no piden permiso. Como Hildegard, Rosa de Lima o Anandamayi Ma, su búsqueda es la del fuego interior. Es la transgresión más moderna posible: no desafiar la religión desde el escándalo, sino desde el deseo de entender lo divino. En tiempos de IA, un disco que es totalmente original. Para las mujeres, un remezón desde la mística femenina: ahora que somos más libres, ¿qué queremos ser?

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Desde que Madonna besó a un santo negro y bailó frentes a una fila de cruces incendiándose en el videoclip de “Like a prayer “(1989), que una mujer del mundo del pop no revolucionaba tanto la religión como lo ha hecho Rosalía, con su nuevo disco “Lux”.

Fue la misma Madonna -criada católica en un país de protestantes-, quien al encontrarse con la ira de la Iglesia, que llegó incluso al Papa Juan Pablo II, se defendió en su momento diciendo que al arte debía ser controversial.

Son otros tiempos, claro. Hay por ahí algunos que se han quejado de que Rosalía parezca vestida de monja en la portada del álbum. Pero el obispo de Sant Feliu de Llobregat, en Barcelona, le dedicó su carta dominical, y aunque no entiende su música, dice que la cantante vive el arte “como una travesía espiritual, donde la creación es una forma de peregrinaje hacia aquello que trasciende”.

El impacto de lo de Rosalía es directamente proporcional, en el sentido contrario, a lo de Madonna. Hoy, cuando la Iglesia no es todopoderosa, cuando la fe va en picada, cuando todo es rápido y fugaz, la artista española ha buscado la inmersión, con un disco que exige atención y demanda concentración. Si Madonna quería sexualizar, Rosalía hoy habla de celibato. En tiempos de IA, la que se alimenta por lo ya visto, por la repetición sistemática de lo esperable, Rosalía irrumpe con el poder de lo original.

La rebeldía está en ir en busca de la fe, en busca de la luz que -como dice Leonard Cohen, en la famosa cita que la española ha tomado como inspiración- se cuela por los quiebres que todos tenemos.

La transgresión musical de Rosalía sigue la senda de su carrera hasta ahora: tomar estilos musicales, estudiarlos, dominarlos, para luego deformarlos a su antojo. Lo hizo con el flamenco y lo hizo con los ritmos latinos, para escándalo de los puristas; este es el momento de las arias y la ópera.

Pero “Lux” es también una exploración de la mística femenina, el éxtasis de asomarse a lo divino, de embarcarse en las experiencias humanas de amor, de odio, de perdón. De lo que nos diferencias como seres humanos de todo otro ser vivo que se mueve en la tierra: buscar el sentido para intentar ordenar nuestro caos.

No es una santa, dice, pero está blessed. Bendita. Rosalía ha tomado inspiración de distintas santas, de distintos credos. Santas que se alejan del canon restrictivo impuesto por el catolicismo en países como Chile, donde durante el siglo XX la tendencia fue a exigir cada vez más pureza en sinónimo de virginidad, restricciones, feminidad entendida como sumisión.

Pero las santas de Rosalía son otro tipo de santas. Son las que desobedecen. Son las que viven la religión como éxtasis y el pensamiento y búsqueda como placer.

Santa Hildegard de Bingen -siglo XII- escribió libros fundamentales de teología y el alma humana, de medicina botánica y más de 70 piezas de músicas. Veía en la sexualidad una energía vital, porque el cuerpo -tan escondido y avergonzado, sobre todo el de las mujeres en siglos venideros- es el hogar del alma.

Santa Rosa de Lima, cuyas reliquias están repartidas por varios puntos del globo -al igual que Rosalía en la canción que le dedica-, desde pequeña veía el dolor como purificación. Su amor por Dios, sus encuentros divinos, eran fiebres amorosas. No era una monja, sino que una laica consagrada a la vida de servicio.

Anandamayi Ma, la madre espiritual de India en el siglo XIX, tuvo un hermoso funeral lleno de flores –“Magnolia”-. Dios y el alma los veía como un todo, por lo que no hay camino para llegar más allá: lo divino está en nuestro interior.  

Santa Olga de Kiev – “De madrugá”- recibió la santidad por expandir el cristianismo en su reinado. Esto tras arrepentirse por, antes, haber enterrado vivos o haberle prendido fuego a sus rivales.

Ryōnen Gensō, quien vivió en Japón entre los siglos XVII y XVIII, era muy bella, y se desfiguró la cara con hierro caliente para ser admitida en el monasterio. Se convirtió en maestra zen y poeta.

Patti Smith, cuya voz se asoma en el final de “La yugular”, es apodada “la suma sacerdotisa del punk”. Y en el sampleo de una vieja entrevista, de 1976, habla de siempre buscar más y más y más, cielos inalcanzables.

Y quizás esa es la búsqueda hoy, en este mar de mujeres místicas de Rosalía, encontrar lo que para nosotras es lo relevante. Es olvidar nuestra belleza, o doblegarla. Es vivir el éxtasis o encontrar sentido en el dolor. Es creer en algo más o en nosotras mismas. Es pensar que somos invencibles o aceptar que no somos eternas.

Navegar entre ser puta, ser monja, ser tonta, ser brillante, ser perra, ser amable, ser servil o ser líder triunfante. O todo lo que nos han pedido, todos, a nosotras, desde siempre.

Ahora que, supuestamente, hemos conquistado la libertad y dejado atrás ciertas ataduras, a qué nos consagramos.

¿Ya es muy tarde o muy temprano para creer en Dios? ¿Tener fe es soltar o es aferrarse?

Rosalía, en una entrevista, dice que está aprendiendo a desear menos.

Pero en “Lux” desea mucho. Desea entender, conocer, vivir, vengarse, elevarse, dominar, quebrarse, gozar, amar, responder y hacer preguntas. Logra así algo más importante que satisfacer deseos: hacer arte, y qué es el arte, sino el rozar la trascendencia.

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