La fábula del profesor solitario de Huallepén Bajo y cómo sus únicos cinco alumnos descubrieron la lectura y nuevos universos gracias a la inteligencia artificial
Desde la escuela rural Huallepén Bajo de Contulmo, el unidocente Óscar Torres creó un proyecto que integra la vida diaria de sus estudiantes con herramientas de inteligencia artificial para abrirles nuevas formas de escribir, imaginar y aprender en uno de los establecimientos más pequeños de la zona. Su innovador trabajo, nacido gracias al esfuerzo comunitario, fue reconocido a nivel nacional por la Fundación Educacional Arauco. "Para ellos se les abre un mundo de investigar cosas que les interesen, ya sea un grupo musical, personajes de una serie o algún tema de interés", dice él, sobre usar Chat GPT con creatividad y como llave de acceso a conocimiento en sectores aislados.
Sigue a The Clinic en Google News Por Ronit Bortnick 22 de Noviembre de 2025
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La Escuela Huallepén Bajo está ubicada a 36 kilómetros de la comuna de Contulmo –en la Región del Biobío–, tiene solo cinco estudiantes en modalidad multigrado, con cursos combinados de 1º a 6º básico. Aunque una educadora diferencial la visita una vez a la semana, la administración y las clases recaen en un único docente: el profesor Óscar Torres (39).
Antes de llegar a Huallepén Bajo, Óscar pasó más de diez años trabajando en otra escuela rural en la zona de Calebu, en la misma región. Si bien partió haciendo clases, con el tiempo asumió cargos administrativos que, según él, lo desencantaron de la profesión.
Así, decidió trasladarse a un establecimiento aún más pequeño para volver a la enseñanza directa.
Con problemas de conexión, accesibilidad y recursos, Óscar —quien llegó este año a la escuela— se las ha ingeniado para educar a los más pequeños de diversas comunidades mapuche de la zona. “Estoy súper contento con el desafío que tomé porque me volví a reencantar con lo que es la enseñanza”, dice a The Clinic.
A esta escuela entran niños sin educación prebásica, que ingresan a primero básico directamente, lo que obligó a Óscar a partir desde lo más básico: “Desde enseñar a tomar un lápiz, hasta ahora que están leyendo sus primeras palabras. Para mí ha sido súper satisfactorio”, dice.
Los Huallepenches: un libro que nace de la vida cotidiana de los niños
Para la asignatura de Lenguaje, Óscar y sus alumnos crearon “Los Huallepenches”, un libro en el que cada niño escribía un cuento donde ellos fueran los protagonistas de las historias. La ilustración, hecha con Chat GPT a partir de una fotografía de los estudiantes y el profesor, les permitió verse a sí mismos como personajes animados.
Con ese impulso, los más grandes escribieron las historias y los más pequeños aportaron con ideas y personajes, hasta convertir su vida cotidiana —como ir a buscar manzanas a un bosque cercano— en un relato propio.

Sobre el libro, Óscar explica que “es muy importante que en las zonas rurales el aprendizaje de los estudiantes sea significativo, que se conecte con las vivencias de ellos mismos. No les puedo pasar un libro que trate del mar o la playa si es que muchos de ellos no las conocen”.
Después, el profesor siguió usando el libro con los estudiantes más pequeños como herramienta para trabajar la comprensión lectora, la creación de textos y para motivarlos a seguir creando historias.
Óscar aprovechó el boom de la creación de avatares inspirados en la estética del Estudio Ghibli con Chat GPT para ilustrar el libro. Esto ayudó a que los niños se sientan “pertenecientes del mundo tal y como es, a pesar de que están muy apartados”.
Así, los alumnos también aprendieron a usar distintas herramientas de inteligencia artificial, especialmente los más grandes porque al terminar sexto básico deben volver al pueblo para seguir estudiando. Óscar busca que lleguen a la par con sus nuevos compañeros y que sean más independientes en el trabajo escolar, lo que le permite enfocarse en los estudiantes más pequeños que recién están aprendiendo a leer.
“Para ellos se les abre un mundo de investigar cosas que les interesen, ya sea un grupo musical, personajes de una serie o investigar más sobre algún tema de interés”, explica Óscar. Aprender a usar la inteligencia artificial también les fortaleció su creatividad: los ayudó a convertir en imágenes las ideas que antes solo podían imaginar, a describir mejor lo que querían y a ampliar su vocabulario. En este proceso también se fueron familiarizando con el lenguaje tecnológico, algo completamente nuevo para ellos.
En esa línea, la educadora diferencial de la escuela, Valentina Leiva, dice que lo que más valora del proyecto es que “los hace partícipes del contexto en el que ellos se desenvuelven, el refuerzo de tener una mejor comprensión lectora, de que ellos puedan imaginar y que pueden utilizar una inteligencia artificial que por estos lados no es tan común”.
Hoy los estudiantes muestran un mejor desempeño en distintas áreas. Además, el profesor señala que “se nota que tienen una mejor recepción a la hora de aprender cosas nuevas”.
El desafío de innovar en un entorno precario
La Escuela Huallepén Bajo sigue dependiendo del Departamento de Administración de la Educación Municipal (DAEM) de Contulmo, por lo que solo recibe los recursos básicos asignados a los establecimientos rurales.
El establecimiento tiene una gran sala de clases, un comedor separado y baños que se encuentran en el exterior de la escuela. La construcción, hecha de madera y zinc, muestra el deterioro propio del paso de los años, a pesar de los intentos de conservarla.

Además, la conectividad es irregular y muchas veces la escuela queda aislada producto de las inundaciones del Lago Lleu-Lleu que cortan la ruta.
Parte del funcionamiento se sostiene, entonces, gracias a la autogestión de los apoderados de las comunidades mapuche Juan Rañiqueo y Juana Millahual: “Ese es un plus que ha sido súper gratificante para mí. Llegar a trabajar a una comunidad mapuche ha sido una bonita experiencia”, señala el profesor. Son ellos quienes, con sus propios recursos, actualmente están construyendo una leñera y un invernadero.
Del aula rural en Huallepén Bajo al reconocimiento nacional
Gracias a este proyecto, Óscar ganó a mediados de noviembre el Reconocimiento Docente 2025 de la Fundación Educacional Arauco, una organización que trabaja en apoyo a la educación pública, especialmente en zonas vulnerables y rurales. Esta categoría premia a “docentes de aula de escuelas públicas que se destaquen por su compromiso con el aprendizaje de todos y todas las estudiantes”, dice la página web de la fundación.
El día de la premiación, Óscar y sus alumnos viajaron hasta Concepción, se hospedaron en un hotel y pudieron presenciar el aterrizaje de un avión en el aeropuerto, una experiencia que todavía recuerdan y comentan.
El profesor busca que su historia sea una inspiración para otros docentes: si bien reconoce que la burocracia y la falta de recursos complican el trabajo en escuelas rurales, insiste en que las ideas pueden llevarse a cabo incluso en estos contextos.
Además, el docente recuerda que la inteligencia artificial es una herramienta gratuita y está al alcance de cualquier profesor. Durante la premiación vio proyectos que demostraban que no son necesarios grandes presupuestos para innovar, solo decisión y creatividad.

Óscar añade que ya se encuentran trabajando en una segunda edición del libro, ya que “con todo este reconocimiento que han tenido los chiquillos se sienten importantes y muy famosos. Es un tremendo bonus para ellos y para mí como docente porque es una motivación extra para seguir aprendiendo”.
También invita a mirar las zonas rurales de Chile, donde “hay niños que tienen todas las ganas de salir adelante y también se la merecen, tienen derecho a tener esas oportunidades”. Torres explica que “para mí igual es importante tener este logro y todo este impacto, pero lo hago principalmente por los niños, para que ellos puedan salir adelante, esa es mi principal motivación. Yo voy a seguir aquí trabajando y dando lo mejor de mí para que ellos y sus familias puedan tener un mejor futuro”.
En Huallepén Bajo, las condiciones siguen siendo precarias, pero el proyecto de Óscar demostró que la innovación también puede nacer lejos de las grandes ciudades. Para sus estudiantes, verse retratados en el libro y explorar la inteligencia artificial no solo fortaleció su aprendizaje, sino que también les abrió la posibilidad de imaginar historias más allá de sus propias realidades.



