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Opinión

5 de Diciembre de 2025

Crítica de la película “La Fuente”: Crónica de un Hombre Bueno

Foto autor Cristián Briones Por Cristián Briones

El columnista Cristián Briones analiza a fondo la nueva película protagonizada por Luis Gnecco y basada en hechos ocurridos durante el estallido social, en 2019. "Esta película está dedicada a las víctimas anónimas de la violencia. Pero solo son anónimas en lo formal. Porque quien puso todo en pantalla, tiene demasiado claro a quiénes se refiere. No tiene duda alguna de quiénes son los buenos, y quiénes son los malos. Esa es su crónica", escribe.

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Hay un momento en “La Fuente”, tercer largometraje del guionista y director Daniel Vivanco, en que Luca (Luis Gnecco) sale de su local esgrimiendo un bokken para enfrentarse a los manifestantes encapuchados en las afueras. Es una escena clave para poner de manifiesto los límites borrosos del momento, y a lo que el protagonista de esta historia está dispuesto a llegar.

Y, sin embargo, no pude evitar recordar una interacción aparecida en un cómic fundamental de la era Vertigo, “Los Libros de la Magia”:

-¿Estás seguro de que eres uno de los buenos? – pregunta con sorna el niño al mago.

-No existe eso de “los buenos y los malos” – sentencia el mago.- Solo estamos nosotros, la gente, haciendo lo que mejor podamos para seguir adelante.

Esta secuencia puede haberse quedado grabada por dos razones. La primera es evidentemente moral: no somos inherentemente “buenos” o “malos”. No es un derecho ganado o entregado. Citando otra película de este año: “Son nuestras acciones las que nos definen”. Y la segunda es derechamente de apreciación narrativa: porque este es uno de los conceptos claves en que se basa la tridimensionalidad y el atractivo de los personajes.

“La Fuente” es la historia de Luca, uno de los dueños de una fuente de soda en el epicentro de los enfrentamientos posteriores al estallido social y a la pausa obligatoria de la pandemia. Luca se niega a dejar el local y llevarse el negocio a otro lugar, a vender, o a cerrar. Se rehúsa a que aquellos que han escogido la violencia, triunfen sobre la tradición heredada.

Esta violencia tampoco es anónima, tiene como representante a uno de los maquinadores de la protesta, Mirko (Roberto Farías), quien será el enemigo declarado de Luca, y nos entregará en diálogos las razones de todo lo ocurrido.

Vamos a dejar de lado la evidente carga ideológica y contingente de “La Fuente”, principalmente porque tampoco es nada del otro mundo. El cine tiene carga sociocultural y política como cualquier arte, le es inevitable. Existe cine conservador, progresista, liberal, etc., desde que el cine existe como tal. Incluso cuando es supuestamente “puro entretenimiento”, también tiene una carga política, porque le sirve a la evasión y a la preservación del status quo.

Eso siempre ha sido así, y es un despropósito hacer un juicio de valor al respecto, más allá de estar consciente de que está ahí y dice algo. De hecho, la mayoría del cine de la corriente reaccionaria, que es este caso, suele plegarse a la construcción de esos personajes infalibles que se enfrentan contra el mal que el sistema no es capaz de atender. Desde los tiempos de Harry Callahan en adelante. Así, el que esta película tenga como fondo temático que un hombre “bueno” se enfrenta a todos los “malos”, no es reprochable en sí mismo. Es un punto de vista tan válido como cualquier otro. El problema es el cómo se construye a ese héroe.

Acá lo que pesa es la distancia y la superioridad moral, concepto que, para sorpresa de nadie, no es exclusivo de un solo sector. Debido a que Vivanco lo que hace es relatar el partido con el diario del lunes. Y con el enfoque editorial de ese diario, más encima. Porque la narrativa sobre el estallido social es esta de ahora en adelante. Fue un error. Fue una locura inexplicable. Fue una pesadilla febril. Fue instigado por los destructores del Estado de derecho. Fue el acto organizado de gente que no tenía nada, entonces decidió quemarlo todo, etc.

Vivanco no se detiene en causales, porque ese no es su tema. Su tema es el héroe, el “chileno de bien”, dispuesto a sacrificarse por defender el honor de una nación que ya no lo tiene. Y para ello, distribuimos ese deshonor en el resto de los personajes. No son solo aquellos enfrentándose a una sobrepasada policía en las afueras de la fuente de soda. Son su esposa (Paola Giannini), infiel y alcohólica; su hija (Josefa Quiroz), una progresista que tiene una hipócrita relación con un profesor, y que vive bastante bien en la comodidad de su posición económica; su hermana (Manuela Oyarzún), que lo único que quiere es tomar el dinero y largarse, y no escatimará en argucias para ello. Se libran dos empleados que tienen fe en el proyecto, pero uno de ellos abandona. Todo el sistema es corrupto o timorato, el Municipio, el Ministerio, el Congreso. También lo son los individuos, a los que hay que pagarles las coimas, como el inspector de la Seremi de Salud, y así se va ampliando todo el espectro.

Excepto Luca. Luca es un hombre contra el mundo, pero no es cualquier hombre. Es un hombre noble. El único hombre bueno es nuestro héroe, cuyo inconveniente de fondo es que las lacrimógenas y las piedras le han hecho perder el equilibrio personal. Un equilibrio esgrimido en el arte marcial. En donde sí existe el honor y la camaradería. Y la sabiduría en idioma japonés.

Esta construcción de personaje no está solamente en la trama o el guion. Está en las imágenes y la dirección. La forma de centrar los enfrentamientos. Los momentos cuasi oníricos de desbalance del protagonista, la selección de la violencia mostrada, las consignas gritadas, los comentarios de redes sociales puestos en la pantalla, etc. Vivanco sabe exactamente qué está relatando y cómo. Lo cual vuelve un poco más frustrante el resultado, porque se puede sentir que el talento está, pero el pie fue puesto en el acelerador con solo el punto de fuga en el parabrisas. Y es que Luca bien pudo ser un excelente retrato del Chile de ese 2019, incluso con este mismo punto de vista. Un ente con aspiraciones y sobrepasado por la violencia del día a día, que pasa por un momento crítico y se apaga en la reflexión sobre ello. Pero el autor prefiere el honorable sacrificio, uno que beneficia a todos, pero en donde poco será valorado el protagonista. No hay lágrimas para el héroe, porque la sociedad es así de ingrata con los hombres buenos.

Esta película está dedicada a las víctimas anónimas de la violencia. Pero solo son anónimas en lo formal. Porque quien puso todo en pantalla, tiene demasiado claro a quiénes se refiere. No tiene duda alguna de quiénes son los buenos, y quiénes son los malos. Esa es su crónica.

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