Tiempo Libre
8 de Enero de 2026“En la cárcel se escucha, se hace música y se baila”: La argentina Lola Arias regresa a Chile con un musical creado junto a personas privadas de libertad
La dramaturga argentina Lola Arias, referente trasandino, habla sobre el documental musical REAS que trae a Chile en el marco del Festival Internacional Teatro a Mil. Siempre mezclando lo real con lo escénico, dice que es su proyecto más difícil: "Trabajé con personas que estaban en una situación de precariedad y de vulnerabilidad muy grande. Mucho más que los veteranos de la guerra de las Malvinas, los hijos de detenidos desaparecidos en dictadura, o muchas de las personas con las que he trabajado".
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Lola Arias es un nombre icónico del teatro argentino contemporáneo, y que ya lleva casi quince años cruzando la cordillera para mostrar sus montajes, mezclas de lo documental y lo escénico. Obras influyentes como “El año en que nací”, “Campo Minado” o “Formas de caminar con un libro en la mano” se han presentado en Teatro a Mil desde 2012, convirtiéndola en una referente local también.
Ganadora en 2024 del importante premio internacional Ibsen, ahora regresa a Chile con su último proyecto: REAS. Además, va a realizar una entrevista abierta dirigida por la escritora chilena Alejandra Costamagna en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) el viernes 9 al mediodía.
REAS es una película, una obra colectiva que cruza el género musical con testimonios de ex personas privadas de libertad. A través del canto y el baile, sus intérpretes reconstruyen su paso por la cárcel y proyectan, desde la ficción, posibles futuros.

El trabajo de Arias es conocido por escribir historias basadas en testimonios y por elegir a los mismos protagonistas como los intérpretes de las obras. En este caso, REAS es el resultado de años de talleres en la cárcel de Ezeiza, ahí se formó la idea de hacer un musical con las personas reconstruyendo sus vidas cantando y bailando.
“En esos talleres voy armando un grupo que se entrena como si fuera uno de teatro. Ellos cantan, actúan, bailan; en ese entrenamiento que voy eligiendo a las personas. No solo elijo las historias, sino que también voy viendo quiénes se llevan bien entre sí, que relación tienen con la música y con el arte, cómo pueden llegar a crear algo junto conmigo”, narra la directora.
Donde el documental se convierte en musical
–Has mencionado que tienes un concepto distinto al clásico documental ¿cómo se diferencia tu obra al escribir las historias de estos personajes basadas en sus testimonios?
–Trabajo con grupos de personas creando obras y películas en las cuales esas personas están actuando, quiere decir que no están haciendo de un personaje, hacen de si mismes. Están en una situación con un guion y una puesta en escena, música, vestuario, y en locaciones particulares. No es lo que uno espera cuando piensan en documental en términos de observación o entrevistas. El tipo de cine y teatro que hago es otro, tiene que ver con la representación y la actuación.
–¿Por qué elegiste incorporar la música como parte de la historia al documental sobre las mujeres que estaban en la cárcel?
–Son elles mismes que cuentan sus historias y las reconstruyen, pero a la vez lo hacen dentro de ese género que de repente en medio de una escena hay una situación donde empiezan a cantar y bailar, la escena se trasforma a través de la música. En la cárcel se escucha, se hace música y se baila. Dos protagonistas de la película tenían una banda juntes cuando estaban en la cárcel que se llamaba “Sin control”. La raíz musical viene de la misma cárcel y la pasión por la música que tienen los protagonistas.
Trabajar con personas que no son actores: “Hay un compromiso social y político”
–¿Qué es algo que aprendiste de este último proyecto?
–La responsabilidad que uno tiene como artista sobre las personas con las que trabajas. Me parece que hay un compromiso social y político, que es elegir trabajar con las personas que vivieron estas historias y les va a cambiar la vida [trabajar en un proyecto como este]. A un actor no le va a cambiar la vida representar a una persona que vivió en la cárcel o viajar por el mundo para mostrar una obra.
REAS tuvo mucha repercusión y antes de llegar a Chile se expuso en 27 ciudades a lo largo del mundo. Lola Arias cuenta esto como uno de los desafíos que se le presentan al contar con un elenco que no pertenecía previamente a la escena artística.
–Has comentado que este es tu proyecto más difícil hasta la fecha ¿Qué hace de este el más complicado?
–Trabajé con personas que estaban en una situación de precariedad y de vulnerabilidad muy grande. Mucho más que los veteranos de la guerra de las Malvinas, los hijos de detenidos desaparecidos en dictadura, o muchas de las personas con las que he trabajado. No estaban en la situación de vulnerabilidad total que tienen las personas que estaban detenidas en las cárceles y viven en barrios limites sin ningún tipo de recursos, con familias completamente en pedazos. Fue muy difícil. Para que estas personas fueran parte del proyecto había que construir un tejido social, un proceso de reinserción social para personas que estaban afuera de todo. Hacer todo ese trabajo no tiene que ver con el trabajo artístico, sino que social, donde además se necesitaban muchas personas y recursos.
–Y este proceso continúa
–Ahora estamos en la parte más difícil, que elles vuelven a su vida cotidiana normal, en los barrios en los que viven, con la discriminación que sufren por haber estado en la cárcel y es un proceso complejo volver a buscar un lugar en la sociedad.
El significado que tiene Chile
“Para mí, Chile ha sido siempre importante”, dice la artista al recordar la coproducción que hizo el 2012 con Teatro a Mil El año que nací, que trata sobre el pasado reciente chileno y el vínculo de jóvenes nacidos en dictadura. “Me conectó con artistas chilenas y con la historia de Chile”.
Ciertas ideas de la película REAS fueron inspiradas por el trabajo de la dramaturga chilena Andrea Moro, quien también hacía talleres en las cárceles. Recuerda que la artista chilena le mostró un trabajo que había hecho en la cárcel de mujeres donde habían hecho una especie de video que contaban sus historias, actuaban, “y era muy divertido”.
“Me mostró una forma de trabajar con personas detenidas en un contexto de encierro, sin ningún recurso, y lograr un resultado artístico muy interesante”, agrega Lola Arias. La argentina reconoce cómo este proyecto la influenció en pensar qué es lo que podía hacer –en términos artísticos– en una cárcel.



