Experto que creó guía para evitar amenazas de violencia escolar en EE.UU.: “Se han gastado miles de millones en medidas de seguridad que no han hecho más seguras a las escuelas”
Dewey Cornell es sicólogo clínico forense, y ha testificado en el Congreso de su país como experto, tras las matanzas de Columbine o Virginia Tech, entre otras. Desde la Universidad de Virginia lidera un método de prevención de ataques violentos en colegios, basado en sus investigaciones, que es aplicado en su país y Canadá. The Clinic lo contactó tras los trágicos sucesos en Calama, donde un estudiante mató a una inspectora y dejó cuatro heridos, sobre cómo identificar estos casos, y qué medidas ayudan en la seguridad, para evitar que se vuelvan mortales.
Por Isabel Plant 4 de Abril de 2026
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“Al inicio de mi carrera como psicólogo clínico forense, evalué a menores acusados de delitos violentos con fines judiciales. Hubo muchos casos trágicos de jóvenes que cometieron homicidios, incluidos dos que perpetraron tiroteos escolares. Cada caso fue una tragedia que podría haberse prevenido de múltiples maneras”, explica el doctor Dewey Cornell a The Clinic, sobre el inicio de su carrera.
Dewey es sicólogo clínico forense, profesor de la Universidad de Virginia. En su carrera, el estudio de criminales, tanto jóvenes como adultos, lo ha llevado a testificar en el Congreso de su país en numerosas ocasiones, incluyendo tres veces solo en 1999 tras la matanza de Columbine, donde dos adolescentes asesinaron a tiros a trece estudiantes y un profesor de su colegio, además de otras tres veces tras la muerte de 32 personas en la Universidad de Virginia Tech en 2007.
Además de ser el autor de más de 300 publicaciones que incluyen temas como la seguridad escolar o el bullying, es el creador principal de las Comprehensive School Threat Assessment Guidelines – o Guía Integral de Evaluación de Amenazas Escolares-, creada en 2001 junto a otros colegas de su casa de estudios.
Es un modelo, basado en la evidencia, que busca identificar los niveles de riesgo de violencia en colegios, y que hoy es usado en varias partes de Estados Unidos y Canadá. Básicamente, ayuda a los directivos escolar a identificar atención temprana en hechos de bullying o bromas pesadas, etc., antes de que escalen en eventos más graves.
“Existieron oportunidades para evitar estos delitos mediante intervenciones tempranas en problemas como el acoso escolar, las enfermedades mentales, el trauma familiar y la participación en pandillas”, continúa explicando el profesor Cornell. “Dejé el hospital forense y me incorporé al cuerpo académico de la Universidad de Virginia para establecer el proyecto de prevención de la violencia juvenil, donde realizamos investigaciones sobre el clima escolar y desarrollamos la Guía Integral de Evaluación de Amenazas Escolares”.
En nuestro país, esta semana los ojos estuvieron puestos en Calama, donde un estudiante, armado con machete y cuchillos, mató a una inspectora en el Instituto Obispo Silva Lezaeta, además de dejar a otras tres personas lesionadas. Un ataque premeditado, según ha informado la Fiscalía, con cuaderno de anotaciones sobre un “día de ira”, y alusiones a matanzas escolares internacionales.

El evento levantó las alertas en el Ministerio de Educación y las comunidades educativas a lo largo de Chile. ¿Estamos frente a nuestro primer Columbine? ¿Cómo evitar que, con la viralización y la radicalización de las redes sociales permiten, vengan más? Sobre prevención de violencia escolar y el caso chileno, el profesor Cornell respondió las dudas de The Clinic.
Cómo evitar que la violencia escolar se vuelva mortal
—En el reciente ataque escolar en Chile, la Fiscalía describe una planificación clara, intención escrita y selección de objetivos. Según su investigación, ¿qué tan típico es este nivel de premeditación en casos de violencia escolar?
—Hay que tener en cuenta que la mayoría de las formas de violencia escolar no son ataques homicidas, sino peleas. Los ataques homicidas son mucho menos comunes que las peleas, pero cuando ocurren, a menudo implican una planificación para atacar a un objetivo específico. Estos estudiantes pueden expresar su intención en declaraciones a sus pares o en publicaciones en redes sociales. Todos estos factores hacen posible identificar y prevenir este tipo de violencia escolar. Las peleas, en cambio, a menudo no implican planificación, sino que ocurren entre rivales después de una discusión. Algunas peleas son premeditadas y pueden prevenirse, pero otras son más espontáneas.
—Su trabajo enfatiza la evaluación de amenazas por sobre el perfilamiento. ¿Por qué es más efectivo centrarse en comportamientos y señales de advertencia en lugar de intentar identificar un “tipo” de estudiante que podría volverse violento?
— Muchos estudios han intentado, sin éxito, desarrollar un perfil preciso de un estudiante que comete un ataque homicida. No existe un único tipo de estudiante que lleve a cabo un tiroteo escolar o que sea violento en general. Las características que se encuentran en el pequeño grupo de estudiantes que han cometido ataques homicidas también están presentes en muchos estudiantes que no son peligrosos y que no atacan a nadie, por lo que usar un perfil generaría muchas identificaciones erróneas.
En cambio, es más útil centrarse en conductas que indiquen la existencia de un conflicto con un objetivo específico, seguido de planificación y preparación para un ataque. Hemos observado que, en la mayoría de los homicidios por tiroteos escolares, hubo otras personas que sabían que el estudiante estaba en problemas y tenía intenciones violentas. En muchos casos, esas preocupaciones fueron reportadas y se evitó la violencia, pero en otros casos no se informaron o la escuela las desestimó como poco serias, y ocurrió un tiroteo.
— Este caso incluye evidencia de “filtración”, es decir cuando alguien deja ver sus intenciones violentas antes de actuar, como planes escritos e intención expresada. ¿Cómo pueden las escuelas detectar y responder mejor a estas señales antes de que ocurra la violencia escolar?
— Es difícil para las autoridades escolares detectar estas señales por sí solas, pero a menudo los estudiantes saben cuándo un compañero tiene intenciones violentas. Las escuelas necesitan fomentar que los estudiantes reporten amenazas, de modo que puedan investigarlas y determinar si son serias. Sabemos que un clima escolar positivo y relaciones sólidas entre adultos y estudiantes favorecen una mayor disposición a reportar. Cuando se informa una amenaza —ya sea en palabras o conductas— la escuela debe contar con un equipo de evaluación de amenazas que investigue el caso, revise redes sociales y otras fuentes de información para determinar si la amenaza es real.
— Hay indicios de que el estudiante chileno pudo haber sido influenciado por ataques escolares internacionales previos. ¿Cómo deberían las escuelas y autoridades entender y responder a posibles efectos de imitación o contagio?
— Este es un problema grave. Muchos estudiantes en todo el mundo se ven influenciados por sitios web donde se glorifican los tiroteos escolares y se alienta a jóvenes enojados y aislados a llevar a cabo estos ataques. Necesitamos leyes contra estos sitios y contra las personas detrás de ellos. También debemos educar a los estudiantes sobre los peligros de estos contenidos y, cuando sepamos que un estudiante los está visitando, debemos entender por qué ocurre y brindarle ayuda.
Una amenaza seria surge cuando un estudiante enfrenta un problema o conflicto grave que no puede resolver y llega a la conclusión de que la violencia es la única respuesta. Los equipos de evaluación de amenazas actúan como solucionadores de problemas: pueden ayudar a los estudiantes a encontrar formas pacíficas de enfrentar sus dificultades.
— En contextos como Chile, donde los ataques escolares de este tipo han sido extremadamente raros, ¿cuáles son los puntos ciegos más comunes que pueden tener las escuelas frente a este tipo de amenaza emergente?
— Las escuelas necesitan equipos multidisciplinarios de evaluación de amenazas que puedan analizar reportes de conductas preocupantes y determinar si existe un riesgo serio. Estos equipos pueden planificar servicios y apoyos para los estudiantes antes de que su frustración y enojo escalen hacia la violencia. Las autoridades escolares pueden cometer dos tipos de errores: sobrerreaccionar o subreaccionar. Pueden sobrerreaccionar ante amenazas que no son graves y expulsar a estudiantes por conductas menores que no representan un riesgo real, o pueden ser complacientes y pasar por alto las pocas amenazas que sí son serias.
— ¿Cómo es, en la práctica, un sistema efectivo de evaluación de amenazas dentro de una escuela? ¿Quiénes deben participar y cómo se toman las decisiones?
— Hemos desarrollado un manual de evaluación de amenazas escolares que describe cómo formar y capacitar un equipo compuesto por directivos, profesionales de salud mental y, en casos graves, un funcionario policial. La mayoría de los casos no son amenazas serias de homicidio, sino conflictos como el bullying o disputas entre pares que deben ser abordados. Prevenimos la violencia interviniendo lo antes posible. Mi equipo en la Universidad de Virginia desarrolló un modelo que se utiliza en miles de escuelas, y nuestra investigación ha demostrado que es seguro, efectivo y justo para los estudiantes. Utiliza un árbol de decisiones y un proceso de evaluación que permite identificar rápidamente las amenazas no serias y concentrarse en el pequeño número de casos más graves, entregando servicios adecuados para reducir el riesgo de violencia.
— Después de ataques como este, suele haber presión por implementar medidas de seguridad más estrictas. En Chile, esta semana se discute una nueva ley que incluiría detectores de metales en las escuelas y permitiría a los profesores revisar mochilas y pertenencias. Según su investigación, ¿qué respuestas son más efectivas para prevenir la violencia futura y cuáles tienden a ser menos útiles o incluso contraproducentes?
— Las escuelas en Estados Unidos han gastado miles de millones de dólares en medidas de seguridad como los detectores de metal que en realidad no hacen a las escuelas más seguras, y que a menudo aumentan la ansiedad entre estudiantes y profesores. Esto se ha convertido en un gran negocio que aprovecha el miedo de las comunidades frente a los tiroteos escolares. Invertir fuertemente en infraestructura de seguridad es un gran error, porque crea la apariencia de que las autoridades están haciendo algo concreto, cuando en realidad la mayoría de los tiroteos escolares ocurren fuera de los edificios, por lo que estas medidas resultan inútiles en esos casos. No se previene la violencia escolar esperando hasta el último momento e intentando detenerla con medidas de seguridad. Se previene identificando a estudiantes que necesitan apoyo y creando un clima escolar positivo que reduzca los factores de riesgo.
Cierta seguridad puede ser necesaria si la escuela está en un entorno con alta criminalidad, pero enfocar la seguridad en casos raros de ataques homicidas por estudiantes es un enfoque equivocado.
Es más importante invertir en orientadores y psicólogos escolares que puedan trabajar con estudiantes en dificultades, y fomentar un clima escolar que sea de apoyo y con estructura. La seguridad física solo puede intentar prevenir ataques dentro de un edificio, pero la prevención centrada en los estudiantes puede evitar la violencia en cualquier lugar. Además, la mayoría de los tiroteos ocurren en hogares y comunidades, no en escuelas.
Si un profesor sospecha que un estudiante tiene un arma, lo mejor es que la revisión la realicen varias personas —autoridades escolares y/o fuerzas policiales—. No se debe esperar que los profesores realicen este tipo de inspecciones.
Actualmente, la mayoría de los estados en Estados Unidos exigen o promueven que las escuelas cuenten con equipos de evaluación de amenazas. Estos equipos están siendo capacitados en todo el país. Esto no eliminará todos los actos de violencia escolar, pero nuestra investigación ha demostrado que es altamente efectivo para resolver miles de amenazas y proporcionar apoyo a los estudiantes. Pocas escuelas enfrentarán un homicidio, pero muchas tendrán estudiantes que emitan amenazas, lo que puede generar ansiedad y respuestas punitivas excesivas. La evaluación de amenazas está diseñada precisamente para evitar tanto la sobrerreacción como la subreacción.



