La estrella chilena de la ópera Cristina Gallardo-Domâs regresa al Municipal como directora de escena: “Hemos revestido a la cultura como una cosa muy exclusiva y no es para nada así”
El regreso de Cristina Gallardo-Domâs al Teatro Municipal no es solo el de una intérprete consagrada, sino el de una artista que vuelve a la obra que marcó su trayectoria para reinventarse desde otro lugar. La soprano chilena debuta en mayo como directora de escena con una nueva versión de "La Bohème", en la que apuesta por releer el clásico desde la posguerra y dialogar con las transformaciones contemporáneas del género. “Siempre me interesó la parte actoral, la escena”, explica. Además, habla con The Clinic sobre su relación personal con la pieza de Puccini, de ampliar audiencias y la importancia de la cultura. "En términos políticos, sí debería ser siempre la cultura una formación no discutible", dice.
Sigue a The Clinic en Google News Por Isabel Plant 11 de Abril de 2026
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Para el mundo de la ópera, hablar de Mimí, la protagonista de “La Bohème”, es como en el teatro hablar de Julieta: un personaje icónico, clásico y trágico. La protagonista de la famosa ópera de Puccini, original de 1896, donde una costurera se enamora de un bohemio Rodolfo. La soprano chilena Cristina Gallardo-Domâs tiene una historia larga con Mimí, en los escenarios más importantes del mundo.
“Llegué a realizar más de 360 y largas funciones en todas partes del mundo, con distintas producciones, grandes cantantes, grandes directores de orquesta, con grandes orquestas y la verdad es que cada una tiene su punto”, recuerda ahora Gallardo-Domâs, hablando con The Clinic. “Por ejemplo, fue la primera ópera que yo hice fuera de Chile. Después más tarde, fue la producción en donde canté con Romina, mi hija mayor, recién nacida, y después volver a coincidir con una misma producción de ‘La Bohème’ en París con el embarazo de Esteban, mi hijo menor”.
Además, claro, está su famosa Mimí, dirigida por el mismísimo Franco Zeffirelli, el mítico director cuya “Bohème” es canon en todos lados del globo, en una producción especial por los 40 años de la puesta en escena original del italiano.
“Entonces, la verdad es que te quedan tantos sabores en boca, que es como catar vinos. Creo que sí, ‘Bohème’ es una de las obras que está más marcada en el corazón a fuego”, dice la soprano.
Gallardo-Domâs ahora vuelve a la ópera que lleva en el pecho, pero desde otro lugar: debuta en mayo una nueva versión de “La Bohème”, en el Teatro Municipal de Santiago, ahora con Gallardo-Domâs como regie, o directora de escena, y con Paolo Bortolameolli en la dirección musical. Primera vez que la soprano tomará este rol, detrás del escenario.
“El retorno de Cristina Gallardo-Domás, quien fuera una de las cantantes nacionales más destacadas de la escena lírica internacional, tiene significados importantes para nosotros”, dice Carmen Gloria Larenas, la directora del Municipal de Santiago.
“El primero es que esta gran artista vuelve a su casa en otro rol, lo que esperamos sea el comienzo de una nueva etapa para ella. El segundo es que, desde el Teatro Municipal de Santiago, seguimos avanzando en la idea de ofrecer proyectos valiosos y apoyar a los artistas chilenos, contribuyendo de manera muy concreta a posicionar a nuestro país como una cuna generosa no solo de poetas y escritores, sino también de artistas de las distintas escenas musicales”, dice Larenas.
—¿Está nerviosa con este nuevo rol? ¿Se pone nerviosa Cristina Gallardo-Domâs con estos nuevos desafíos?
—Sí, bueno, siempre tiene que correr un poquito de adrenalina, porque si no, imagínate.
Una Bohème de posguerra
“Ha sido un periodo largo, con muchos altos y bajos llevando la producción, y la verdad es que a pesar de ir haciendo todo esto vía online, hemos hecho grandes ideas, grandes proyectos, todo pinta muy bien”, dice Cristina Gallardo-Domâs, quien esta semana ya aterrizó en Santiago directo a los ensayos; nacida en la capital, exalumna del Liceo Carmela Carvajal, partió su carrera en el Municipal de Santiago para luego saltar a Nueva York, Milán y más, y vive radicada en España.
Su versión de “La Bohème”, que ha sido adaptada a todo tipo de épocas y contextos manteniendo la historia central de Mimí y Rodolfo, estará situada en la posguerra de los años cuarenta.

—¿De dónde nacen las ganas de pasar a este nuevo rol, en este momento de su carrera? ¿Qué era importante para usted que quede plasmado en el escenario, en esta versión de “La Bohème”?
—Por un lado, a mí siempre me gustó mucho la parte de la escena. Siempre como cantante apostaba más a la parte actoral, por así decirlo, que al mero canto. Después también haciendo cursos de perfeccionamiento y ayudando a jóvenes talentos en sus formaciones. Y tuve ocasión de poder ir trabajando ya más concentradamente en la parte de la escena. Claro está que ahora estamos hablando de una ópera completa. Y con una obra como ‘La Bohème’, de Puccini. Es una obra muy desafiante, porque aparte de toda la masa humana que se mueve en la obra, no deja de ser uno de los títulos más significativos y más importantes que existe en todo el repertorio de la ópera.
Y bueno, este año muy particularmente, son 130 años de su estreno. Eso también tiene un plus, hacer algo importante también, queriendo ver las actuales propuestas de cómo ha ido desarrollándose la ópera a lo largo de los años y que cada vez ya pasamos de lo contemporáneo, el modernismo, hasta cosas que de repente se salen totalmente de todos los cánones que se establece en el libreto.
—Yo creo que son como oleadas de modas de cómo se adapta, ¿no?
—Exactamente. Ahora, ‘La Bohème’ como obra es un libreto muy atemporal, entonces permite todas esas licencias de poder ubicarla en cualquier época y en cualquier circunstancia. Cómo negociar o conciliar con el público chileno, con aquello que es actual en el resto de los teatros del mundo, no rayando tanto en obras tan magníficas como las que hizo Zeffirelli, por ejemplo, pero congeniar una nomenclatura con otra.
Entonces me llamó mucho la atención el año 1945, la época posguerra, ese despertar de las artes nuevamente. Y ahí es donde empecé a elucubrar, a empezar a ver esta bohemia, y yo dije, pues mira, esta época es como muy histórica también, golpea fuerte en todos los sentidos y la verdad es que puede ser muy interesante ir por ahí abriendo camino.
—Este rol en dirección es nuevo. ¿Es interesante para usted buscar su manera de liderazgo? Ejercitar otros músculos.
—Como directora de escena se observa diferentemente la obra, ya no estás tú sola en la parte de cantante solista, sino que ahora ya estás delante de todo un grupo grande, coro adulto, coro de niños, figurantes, bandas solistas, o sea, de todo pasando. Y sí, ahí es como que si se te abrieran todos los drones, las antenas parabólicas.
—Es otro pánico escénico, es otro público.
—Yo creo de todas maneras, según nos vayamos acercando cada vez más en la fecha de estreno y al escenario, van a ir surgiendo nuevas cosas. Creo que es importante también dejar que los artistas, los solistas, tenga también su momento de explanada, de poder ellos también aportar, enriquecer los personajes y la atmósfera.
La cultural, Chile y la ópera según Cristina Gallardo-Domâs
—¿Qué sabor tiene este regreso a Chile? ¿Al Municipal?
—Bueno, la verdad, volver a casa y volver al Municipal y ahora como director de escena, no deja de ser siempre un sabor muy entrañable, pero también muy desafiante, porque a veces cuando estás en casa se te castiga más que cuando estás fuera. Pero la verdad es que, que todas estas cosas sucedan en casa, en tu país de origen, eso es bonito.
Y además con Carmen Gloria Larenas, que nos conocemos hace muchísimos años, hemos caminado junta en distintos aspectos de nuestras vidas profesionales. Que ahora que ella haya querido invitarme y darme esta posibilidad, tener el debut en exclusiva como directora de escena, la verdad es que es muy, muy, muy bonito, muy emocionante.

—¿Y cómo ve la escena de la ópera chilena, mirándola también desde afuera? ¿Cómo ve que están nuestros cantantes o nuestra escena cultural alrededor del mundo de la ópera?
—Bueno, me llama siempre la atención, comparar cuando yo me fui en el 90 hasta ahora. Me ha llamado la atención el incremento de teatros, centros culturales que hay, y la ópera ya no es casi material exclusivo del Teatro Municipal, ahora están por todas partes llevando la ópera y fuera de Santiago, que eso es muy importante descentralizar, lo veo muy, muy bueno.
En cuanto a las puestas de escena, a lo mejor no solamente es una cosa de Chile, sino que también en Latinoamérica y algunos teatros, incluyendo aquí en España, rayan todavía la tradición de la ópera, el periodo, el traje clásico.
—Que se vea como “ópera”, entre comillas, lo más tradicional.
—Exactamente. Y yo creo que bueno, aquí han ido abriendo la mente ya bastante lo que es el Teatro Real, el Liceu de Barcelona, Valencia, Bilbao, que son teatros bastante fuertes en ópera, La Maestranza en Sevilla, han ido ya incorporando toda esta nomenclatura más moderna de las propuestas en escena. Entonces Chile, por ejemplo, va también haciendo sus avances de producción, a lo mejor un poco más a tiempo, a pulso, porque es lo que va tocando ya. De hecho va costando encontrar puestas en escena de los periodos en que las óperas fueron escritas. Yo creo que va caminando bien , en cuanto a lo que Chile respecta.
En cuanto a los cantantes, bueno, siempre quien tenga la posibilidad, la madera y tal, para hacer carrera internacional, no te queda otra que irte fuera. Pero eso no quita de que hayan talentos y materiales impresionantes en Chile, como siempre ha habido.
—¿Usted cree que hoy en Chile estamos valorando la cultura? Es una de las discusiones del cambio de gobierno. Si usted tuviera que ir a un colegio y los niños les preguntaran, ¿por qué importa la cultura? ¿Por qué importa ir a ver ópera? ¿Qué diría usted?
—A ver, si eso no es una parte desde pequeñito, hacerles coger el gusto por la cultura en todas sus manifestaciones… sería mucho más productivo para que según van creciendo esas generaciones, vayan alimentando más el abanico de lo que hay, de lo que existe, todo lo que conforma la cultura, porque no solamente es la música pop o el reggaetón. En términos políticos, sí debería ser siempre la cultura una formación no discutible, porque a la primera que pasa algo, donde hacen un corte siempre es en la cultura. Y eso es un desmedro tremendo porque restas un enriquecimiento en las nuevas generaciones. Y esa carencia de enriquecerse de cultura también tiene otros efectos.
Tampoco es que la cultura sea de una élite, que sea una cosa exclusiva para ciertos círculos pudientes. La cultura puede empezar de modo muy simple, de hecho, si nos remontamos en las épocas de Wagner, de Puccini, de Bach, de Monteverdi, donde quieras llevar el tiempo, todos estos fueron gente que surgió de campesinos, gente de pueblo, que tocaban, que se interesaban. Entonces yo creo que hemos querido revestir la cultura como una cosa como muy de exclusiva y no, no es para nada así, o sea, hay tantas manifestaciones en las cuales los niños se pueden ver atraídos de un primer momento, a lo mejor les gusta el ballet, descubren que les gusta algún instrumento, o si no más tarde que les gusta estar en un coro.
—Justamente siguiendo la idea de que la cultura no le pertenece solo la la élite, en otras visitas usted ha hecho conciertos fuera de teatros. ¿Hay un desafío de que la ópera llegue a traspasar ciertas fronteras en Chile?
—Claro, si es cosa de tener la voluntad, la creatividad y adaptarse a los espacios que se pueda disponer para que la gente pueda acercarse a la ópera. Ahora las puestas en escena de repente son tan casuales, por así decirlo, que los vestuarios ya pareciera que vienen vestidos de casa, de Zara o H&M, por ejemplo.
Queriendo, las cosas se consiguen y bueno, lógicamente si quieres hacer ensayos de óperas en espacios abiertos, hazlo de modo más adecuado a la situación, manteniendo algunas cosas que sí se necesitan; por ejemplo la orquesta en un lugar situado, que tengan una concha acústica, a lo mejor los cantantes pueden no estar en un escenario y que el público esté en el entorno. Puedes encontrar montones de óperas que se adecuen así, situaciones que puedan ser propicias para que la gente conozca nuevas óperas, conozca de qué va la ópera y disfrute, le coja el gusto.
Así que yo creo que en ese aspecto hay muchas posibilidades, y repito nuevamente, la voluntad de querer formar nuevas generaciones, yo creo que eso es una cosa que no podemos hacer oídos sordos. Querer es poder, eso en toda materia de cosas: es como, ¿cuándo te quieres poner a dieta?



