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2 de Octubre de 2026Alyson Richman, la bestseller de “Los amantes de Praga”, de visita en Chile: “En cada libro la experiencia humana vence a lo histórico”
La escritora norteamericana Alyson Richman visita Chile por primera vez para presentar su ultimo libro, "El coleccionista de historias", su novela sobre el Titanic y el duelo de una madre. En conversación con The Clinic habla sobre haberse convertido en bestseller internacional inesperada con "Los amantes de Praga", de los sobrevivientes que le confiaron sus silencios y de por qué cree que la inteligencia artificial no puede replicar el oficio de escribir todavía.
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Alison Richman, vestida de fucsia fulgurante, escritora de una docena de novelas de ficción histórica, está de visita por primera vez en Chile y cuenta que este es un viaje que anhelaba hacer hace tiempo. En uno de sus primeros libros, “La melodía de la memoria”, la pareja protagónica es chilena, escapando en Suecia de la dictadura de Pinochet, cargando traumas y enfrentando nuevas culturas.
“Uno de mis familiares más cercanos es chileno, o son como familia, ya que no es una familia biológica, así que escribí un libro sobre la historia de Chile”, explica ella, en entrevista con The Clinic. “Realmente quería poder visitarlo y verlo con mis propios ojos”.
Habla, además, de la gran conexión con los lectores que han tenido sus títulos acá: su mayor bestseller, “Los amantes de Praga”, estuvo por meses en los ránkings de más vendidos en nuestro país. Así que dentro de sus actividades -está presentando su nueva novela, “El coleccionista de historias”, la que salta en el tiempo entre el presente y el hundimiento del Titanic-, incluye un encuentro con lectores en la Sala Vitacura.
Richman ha escrito novelas que suceden en la Segunda Guerra Mundial, en la guerra de Vietnam, en la Francia de fines del siglo XIX -donde Van Gogh vive sus últimos días-, en el Japón de principios del siglo XX o en Nueva Orleans durante la Guerra Civil norteamericana y más. Libros de detallista recreación histórica, a la que llega tras años de investigación, entrevistas y material de archivo, pero con historias de romance, de amistad o de familia al centro, siempre entrelazado además con el poder transformador del arte, de alguna manera u otra.
—¿Cuál de tus libros te ha cambiado más, en el sentido de que aprendiste algo diferente sobre ti misma o sobre cómo ves el mundo?
—Son dos libros. “Los amantes de Praga” y “Los custodios del tiempo”. Son los libros que fueron los más difíciles de escribir y los más significativos de escribir. Por las personas que compartieron sus historias conmigo.
Tuve la suerte de poder hablar con cinco hombres que estuvieron en el mismo batallón durante la guerra de Vietnam para “Los custodios del tiempo”, y ninguno de ellos compartió con su familia lo que vivieron. La mayoría apenas tenía veinte años cuando fueron obligados a hacer esta guerra.
De la misma manera en que en “Los amantes de Praga” los sobrevivientes no hablaban con su familia sobre cómo vivieron el Holocausto. Incluso en mi libro sobre Chile, la madre de mi amigo nunca le contó lo que le pasó. Pude conocerla y preguntarle.
Así que las cosas que son tan traumáticas y dolorosas para ellos que no las comparten ni siquiera con su propia familia y que están dispuestos a compartir conmigo, se convierten en un secreto. Y es un honor tan grande (pausa, con los ojos aguados). Me emociono incluso solo de pensar que se sintieron lo suficientemente seguros como para compartir algo de cómo vivieron un período de la historia. Para poder escribir un libro que informe a los lectores históricamente, pero además muestre las emociones y el dolor y la angustia y la sanación que atraviesan sus vidas. Entonces, en cada libro, finalmente, la experiencia humana vence a lo histórico”.
La experiencia humana en tiempos de IA
Hace veinte años Richman era una escritora que había publicado ya tres libros, con algo de atención en su país y pocas ventas. Era también una madre de dos niños pequeños; en una entrevista de la época a The New York Times, dijo, medio en broma, que ojalá se volviera pronto en bestseller, para poder pagar a una niñera.
Y luego ocurrió el éxito de “Los amantes de Praga”. Al recordarle su propia respuesta, Richman se ríe.
—¿Cómo cambió las cosas ese libro para ti?
—Ciertamente cambió todo para mí. Cuando “Los amantes de Praga” salió en Estados Unidos, o justo antes de que saliera, no tenía presupuesto. Se esperaba que fuera como un pequeño destello silencioso, como todos mis otros libros publicados muy discretamente, quizás algunas buenas críticas, pero ciertamente no se esperaba que se convirtiera en un bestseller internacional.
Y literalmente despegó, como de boca en boca, a las pocas semanas de salir. Fue un éxito inesperado para la editorial, así que empezaron a imprimir muchísimas copias. Fue una de esas cosas en las que casi siento que fue…suena loco, pero quizás incluso divino que esto sucediera, porque fue tan inesperado.
Yo había sido traducida quizás a cinco idiomas antes, pero se convirtió en esta explosión internacional. Creo que una de las cosas más asombrosas para mí es que un libro que transcurre durante la Segunda Guerra Mundial, que trata sobre una familia que es tan diferente cultural, religiosa e históricamente de todos estos lugares distintos alrededor del mundo, resuene con las personas, con la humanidad.
Ya sabes, realmente es un libro sobre cómo el amor, como el poder de la familia, el amor y el arte no pueden ser extinguidos. Cuando viajo por el mundo y escucho aquí que toca los corazones de las personas, eso realmente es maravilloso.
—¿Cambió la forma también en que eliges tus temas de la investigación histórica?
—No, no diría que cambió la forma en que elijo mis temas. Ha cambiado en que ya no pienso en mí misma solo como una escritora estadounidense; pienso en mí misma como alguien que escribe para el mundo. Y es un sentimiento muy maravilloso pensar que las historias son universales y sus emociones son universales.
Y es una manera de reforzar que hay más cosas que nos conectan que cosas que nos dividen, en un mundo que se siente tan aterrador y fracturado ahora, crear ese tipo de mensajes es muy afirmativo.
Tengo que elegir mis temas por algo que me conmueva emocionalmente y sobre lo que sienta curiosidad intelectual, porque yo escribo para mí misma y necesito aprender para mí misma. Me encanta la emoción y también el miedo de escribir sobre algo de lo que no sé nada al principio y tener que ir adquiriendo una comprensión más profunda de eso y luego crear un mundo para mis lectores donde puedan aprender sobre la historia y caminar tras los pasos de un personaje, pero que no se siente como una lección de historia.
—¿A veces tropiezas con una historia de la que dices: esto debe ser una época fascinante? Por ejemplo, ahora con el Titanic, es una historia conocida. ¿Pensaste: qué puedo hacer yo sobre la historia del Titanic?
—No, yo nunca podría escribir así. Nunca he escrito desde el qué puedo escribir sobre esto, es vendible.
Simplemente me muevo por la vida y vivo de una manera muy abierta. Y si alguien me cuenta algo o leo algo y pienso: esto es realmente interesante, quiero saber más, siento un destello en mi cuerpo. Y empiezo a investigar. Entonces lo que sucede en mi cerebro es que tengo casi como un andamiaje donde pienso: bueno, si esto fuera una historia, ¿desde qué dirección entraría? ¿Y cómo contaría esta historia?
En “Los amantes de Praga” estuve investigando durante seis meses solamente artistas que trabajaron en campos de concentración. Estaba fascinada con eso, pero no había escrito ni una sola oración. Y entonces fui a una peluquería y escuché por casualidad esta historia de una pareja que se separó y se reencontró en una boda.Y pensé: esto es interesante. Podría empezar así y esto podrían ser los extremos del libro, y poner en el medio todo esto que estoy investigando y hacer que el personaje sea una artista. Entonces es como un rompecabezas que siempre estoy moviendo en mi cabeza, pensando: ¿hay un libro aquí?
En todo momento tengo probablemente al menos dos libros que son proyectos futuros que simplemente estoy guardando. Y luego, cuando me embarco con uno, hago mucha de la investigación histórica.
Con el libro del Titanic, mi hija fue a un tour en la universidad y les contaron esta leyenda sobre Harry Widener, que era este coleccionista de libros que murió en el Titanic y que acababa de comprar este libro muy raro. Había una leyenda de que le dijo a su madre que tenía que volver a su camarote a buscarlo y nunca más lo vieron. El libro no fue encontrado.
Y cuando escuché eso no pensé ‘esta es una gran historia del Titanic’, sino que podía ver la escena entre una madre y un hijo. Y eso es lo que me conmovió. Podía ver a una madre desesperada por salvar a su hijo. Pero también podía verlo desde la perspectiva de su hijo, quien en mi mente, le dijo esto a su madre solo porque sabía que tenía que quedarse atrás con los otros hombres. Y entonces esa escena emocional me hizo pensar: hay algo ahí entre la madre y el hijo, y enterarme de que la madre canalizó su duelo para crear esta biblioteca me intrigó mucho.
Así que no me atrajo porque fuera el Titanic, me atrajo la emoción detrás de esta leyenda. El libro trata realmente sobre el duelo y la sanación y lo que nos conecta y cómo la literatura nos sostiene.
—Estamos en la era de la IA y han sido bastantes semanas álgidas en el tema. Tu proceso de investigación es muy artesanal, un oficio. Toma tiempo, toma esfuerzo, toma viajes, toma conversar con personas. Luego escribir, por supuesto. ¿Cómo crees que esta irrupción afecta a un trabajo como el tuyo? ¿Cómo es tu relación con la tecnología?
—(Se ríe). Ninguna. Bueno, estás hablando con alguien que nunca ha manejado en una autopista. Y tuve un iPhone 6 hasta hace como una semana y no sé hacer nada en redes sociales. Por supuesto, uso un computador para escribir.
Así que me siento muy agradecida de haber podido tener una carrera donde nunca existió esta amenaza de la IA. Siento mucha pena por los escritores jóvenes que están comenzando. Siento pena por toda esta generación que quiere seguir carreras donde se sienten amenazados por esta nueva tecnología.
Siento que lo que sucederá, y probablemente está sucediendo mientras hablamos, es que habrá dos tipos de productos. Habrá el trabajo hecho de manera artesanal y habrá el trabajo manufacturado. Ya sabes, cuando me iba de vacaciones con mis hijos, cuando eran muy pequeños y querían helado, yo no me detenía en el helado de cualquier lado, decía: no es artesanal. Quería el helado donde el hombre lo estaba haciendo a mano porque sabía que sería mejor y más satisfactorio.
Así que creo que, para la mayoría de los lectores, podrán darse cuenta de algo que ha sido elaborado con esmero, que ha habido tiempo y pensamiento, y que la emoción es auténtica y está expresada de una manera que se siente humana. Creo que la amenaza es que cuando la IA empiece a imitar y a aprender a imitar esto, será más difícil distinguir.
No creo que estemos ahí todavía, pero creo que se volverá más intenso, que ya sabes, y tendrás una sociedad donde las personas más jóvenes no podrán necesariamente notar la diferencia.
Pero me gusta pensar en mí misma como alguien que está creando arte. Y que tengo una integridad en la forma en que hago mi trabajo. Y también siento que, como he tenido tanta suerte de tener en mi proceso de investigación el encontrarme con personas que han vivido la historia.
No sé si conoces la palabra palimpsesto, pero es como algo que contiene la historia grabada de otras personas. Y eso es lo que me propongo hacer, y creo que eso es algo que la IA no puede hacer.
—Es algo complicado, porque estamos hablando del futuro de lo que hace importante a la literatura. Eres un muy buen ejemplo de experiencia humana compartida, porque tus libros resuenan en diferentes partes de las culturas y del mundo. No sé si eso eventualmente puede salvarse y siempre traducirse sobre el libro a futuro.
—Tu pregunta es filosófica porque ¿puede una máquina crear un libro que esté escrito con corazón y alma? Puede algo que no tiene corazón ni alma entender lo que eso significa, porque es magia. Quiero decir, es como enamorarse de alguien, no puedes explicar qué genera esa química entre el sentimiento y la emoción.
No creo que una máquina pueda hacer eso, pero puede estudiar el lenguaje que se usa y llegar, quizás, cerca. No lo sé, pero todavía no.
—¿Qué tan importante es para ti que cada libro, dentro de su época y sus especificidades, tenga una lección para el público sobre los errores del pasado? ¿O no tiene que ser educativo de esa manera?
—Bueno, nadie quiere leer un libro donde sienta que alguien les está metiendo la historia a la fuerza o un mensaje político. A nadie le gusta que le digan que tiene que creer algo.
Para mí, cuando escribo, me guía la sensación de que quiero mostrar cómo siempre hay alguna grieta de luz en un período oscuro de la historia.Y para poder apreciar la luz, tienes que reconocer cuál es la oscuridad en primer lugar. Y los tiempos políticos oscuros se pueden encontrar universalmente en todo el mundo.
Desde el principio de los tiempos, siempre existe esta amenaza de que el odio triunfe sobre la bondad. Pero lo que me atrae escribir es cómo la humanidad trasciende eso y cómo el poder del amor y de la familia o el espíritu artístico pueden elevarse por encima de esto.
Incluso en los tiempos más difíciles, eso me fascina, pero también me da sustento incluso en el mundo de hoy, pensar que cuando hablas de la IA, es un peligro, es una amenaza, es algo que se siente muy aterrador e inquietante.
Pero cuando piensas en el oficio y piensas en la conexión entre las personas, eso es a lo que me voy a sentir atraída y a decir verdad que esa es la única manera en que puedo levantarme por la mañana.
—¿Cómo te proyectas hacia el futuro? Hablábamos de esta joven madre que decía: tengo que escribir un libro que se venda. Y ahora estás en Chile reuniéndote con un auditorio de lectores este sábado.
—¡Pellízcame! Antes de viajar a Chile, le dije a una amiga, que también es escritora: ‘Esta ha sido la única cosa que realmente quería y que no había tenido, ir a Chile y conocer a mis lectores’ (se emociona).
Es más especial. He viajado a Europa para hablar de mis libros, en Italia y Noruega y Suecia. Así que Sudamérica se siente diferente de algún modo. El hecho de que han abrazado lo que escribo y que hemos encontrado una conexión común. Se siente muy importante en mi corazón y en mi carrera.