POR MACARENA GALLO
El documental “Khanimambo Mozambique”, de la francesa Constance Latourte, muestra el itinerario de los chilenos, exiliados durante la dictadura de Pinochet, que fueron llamados por el país africano Mozambique para poner todas sus competencias profesionales al servicio de la revolución comunista que recién nacía.

“Cuando llegaron a Mozambique, no llegaron como refugiados, llegaron para cumplir algo, para formar parte de un proyecto de nación parecido al de la Unidad Popular. Fue un período realmente positivo para ellos porque se sintieron integrados a este proyecto. De países donde había bastante discriminación profesional llegaron a un país donde el gobierno confiaba en ellos, donde podían aportar algo. Creo que la gente exiliada en Suecia o en Alemania no tendría un discurso tan positivo”, cuenta la documentalista.

Mozambique obtuvo su independencia en 1975 y tomó la vía marxista. Los colonos portugueses huyeron y dejaron un vacío profesional muy grande. De allí que se crearan muchos acuerdos con países socialistas, como la Unión Soviética, Cuba y China, para mandar profesionales a ese país. En 1976 se firmó un convenio con el partido comunista chileno, que empezó a mandar profesionales ya exiliados en diferentes partes del mundo. Esta experiencia fue como un segundo exilio. No se sabe la cifra oficial de chilenos que aceptaron esta misión, pero se cree que fueron más de dos mil, quienes trabajaron en distintas áreas, como medicina, geología, economía, agronomía y leyes. Algunos tuvieron cargos muy altos en ministerios, como el caso de Jaime Tohá, que ocupó un cargo gubernamental en Agricultura.

Los chilenos en África se encontraron con un fervor muy grande, dado por un proyecto político con el cual se identificaban plenamente. “Había muchas expectativas, muchas esperanzas en esta época. Por eso, la experiencia fue muy positiva. Pero llegaron también a una guerra civil intensa, muy violenta.

Algunos se encontraron en situación de peligro grande. Conocí a un hombre que fue raptado por la RENAMO (Resistencia Nacional de Mozambique, que practicaba una guerrilla muy violenta). Quedó preso durante un año. En general, tuvieron que enfrentar muchas dificultades. Por ejemplo, había grandes problemas de abastecimiento. La gente tenía que hacer colas de horas para procurarse alimentos”, cuenta Constance.

Hoy, Mozambique es muy diferente. Ya no quedan más de 60 compatriotas allá. El proyecto socialista fue, poco a poco, abandonado a partir de fines de los ochenta. Los chilenos que se quedaron lo hicieron porque ya estaban bien integrados a nivel profesional y social. Muchos se casaron con mozambiqueños o mozambiqueñas e hicieron familia.

Constance dice que se interesó en el tema porque “esta historia, a pesar de lo particular y desconocida que es, refleja sentimientos y preguntas universales con las cuales muchos se pueden identificar, siendo o no chileno: el compromiso político, el fervor por un proyecto, el desarraigo, la nostalgia, los sentimientos de integración o de exclusión”.