¿Qué se le viene encima al Presidente Piñera? Una tarea gigantesca. El camino estará lleno de escollos. No será fácil. El adversario querrá aprovechar cualquier error para desprestigiarlo y descolocarlo en la escena pública. El contrincante resentido por la derrota, y por ahora agazapado en el desconcierto, buscará afanosamente la oportunidad para socavarle el buen desempeño presidencial. En una primera hora, los enemigos políticos del Presidente Piñera le seguirán el amén y se harán los cuchos y, algunos de ellos, hasta le harán la pata, pero ya sacudidos de la paliza que el electorado les dio en las últimas elecciones presidenciales, se lanzarán en picada contra el buen gobierno aduciendo las razones más descaminadas y si no se toman las medidas precautorias del caso puede la opinión pública caer en la trampa del obstruccionismo y de la infamia.

Porque la izquierda ha ido acumulando un odio parido. El Frente Amplio no es un lote de muchachitos inspirados en la República. Su quehacer político está animado por la ambición desmedida por arribar al poder a como dé lugar en nombre del pueblo, cuando en verdad su único propósito en juego es esquilmarlo y animarlo en el desenfreno, la malicia y en la pérdida de los valores fundamentales. En un principio del ejercicio del poder presidencial todo es jolgorio y felicidad a manos llenas. No pasa un semestre y ya vemos el activismo de una izquierda levantando banderas de lucha por lo que sea y como sea; ya se toman acuerdos preliminares para hacer zancadillas y encontrar todo malo. El presidente Piñera debe saberlo de antemano: la izquierda vociferante, irresponsable y pertinaz no lo perdonará. Y hasta las Piñericosas perderán el sentido del humor y la patria se verá embargada por el chuchoqueo político. Y si el Presidente Piñera pisa el palito, todo se irá a la misma mierda. Por consecuencia, se necesita un presidente lúcido, compenetrado de sus atribuciones y su don de mando, y sus colaboradores tienen que estar firmes en sus puestos de batalla y conscientes de lo social como orden del día.

Yo escribo estas líneas, porque tengo un temor muy fundado que en el Chile que se nos avecina, las cosas de la República irán de mal en peor. Por ejemplo, la región del Biobío puede transformarse en un polvorín si el intendente de apellido Ulloa no atina de acuerdo a los nuevos tiempos. Su pinochetismo desaforado y romántico podría derivar en un desatino de marca mayor, y en esa zona el izquierdismo puede agarrar papa. Presidente Piñera tenga cuidado con Valparaíso. Ahí el alcalde Sharp, de a poquito, irá metiendo la puntita y como tiene buena facha se convertirá en un seguro cancerbero. No se fíe Presidente. Y ojo con Relaciones Exteriores. Mire que ahí anduvo errando con esa designación poco afortunada.

Hay tantos peligros que acechan al Presidente Piñera que de verdad da susto y temor. El presidente podría estar metiéndose en un forro más o menos grande. La izquierda quedó con sangre en el ojo, saldrá a tomarse las calles, ese es su terreno fértil. Si bien la ciudadanía dio clara señal de no querer cambios bruscos, eso no significa que la masa no pueda darse vuelta la chaqueta en un dos por tres.

La gallada presintió que Guillier era un papanatas y cifró sus esperanzas y sus demandas sociales en la derecha y esto fue un verdadero milagro. Pero esa adhesión tiene su reverso si la mayoría del país no es satisfecha en los cambios, nos veremos en una batahola de izquierda funesta y generalizada. Y ahí el Partido Comunista y, sobre todo el Frente Amplio, harán su agosto y los loncos del wallmapu sabrán en la que nos hemos metido con la agravante que no moverán un dedo para sacarnos del callejón sin salida. Por eso, el Presidente Piñera deberá obrar con mucha cautela y un olfato de un verdadero estadista. ¿Cuál es mi convicción? ¿Podrá la derecha social echarle para adelante y no dejar la embarrada? Eso dependerá de la voluntad del poder sagaz del Presidente Piñera. Confío en él, en su familia y, especialmente, en la Primera Dama, la señora Cecilia Morel, un modelo de mujer chilena sabia y responsable. Presidente Piñera póngase las pilas, no claudique y deje que los perros ladren. Lo voy a estar vigilando y asesorando desde la más absoluta clandestinidad. Así sea.