Chao
por Patricio Fernández
El jueves 11 en la mañana, Michelle Bachelet salió del palacio de La Moneda para dirigirse al edificio del Congreso, en Valparaíso, donde le entregaría la banda y la piocha a Sebastián Piñera. La televisión no lo mostró bien, pero la Plaza de la Constitución y las calles aledañas estaban repletas de familias enteras que despedían a la presidenta. Muchas mujeres agitaban pañuelos y lloraban al mismo tiempo, como las esposas de los marinos cuando zarpa La Esmeralda, y también como esas esposas, le gritaban que regresara sana y luego. A otros nos cayó la teja la noche antes, cuando habló por cadena voluntaria. Con tanto terremoto, no habíamos tenido el tiempo para darnos cuenta de que más allá del cataclismo, o conjuntamente, una era terminaba. Con la presidenta, éramos muchos los que abandonábamos La Moneda: los familiares de los detenidos desaparecidos (Ana González, a quien le mataron a casi todos sus familiares, famosa por su pelo gris peinado a la mexicana y por fumar sin tregua, estaba entre la multitud que la despedía), los que fueron dirigentes estudiantiles y todos los que marcharon con ellos reclamando democracia entre bombas lacrimógenas, perdigones y delirantes carreras por las calles de Santiago huyendo de los pacos. Salen los que mientras otros estudiaban en Harvard, Chicago, MIT, etc., etc., estaban con los pies en el barro, intentando reorganizar a la sociedad civil, al tiempo que los militares allanaban las poblaciones buscando “terroristas”, algunos de los cuales ahora también abandonaban La Moneda. Continuar Leyendo Chao

SABÍA USTED QUE... 


