POR CLAUDIO PIZARRO • FOTOS: ALEJANDRO OLIVARES
No hubo bombardeo pero el lugar parece una postal de guerra. Más de 900 viviendas demolidas, algunas todavía en pie pero con sus murallas destrozadas, y el resto esperando la destrucción final. Es el presente y el futuro de las casas Copeva de Puente Alto. Un lugar que cobijó el sueño de la casa propia de mil 700 familias y que terminó por convertirse en la mayor vergüenza de la Concertación.

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Un millón de pesos por daño moral. Ese fue el precio que la Tercera Sala de la Corte Suprema decretó que debía pagar el Serviu la semana pasada a noventa familias de la Villa Los Puertos, de Pudahuel, después de soportar tanta lluvia y plástico en el crudo invierno del año 97. La noticia no sólo pilló de sorpresa a los propietarios de las vilipendiadas casas Copeva, también al candidato Eduardo Frei, en cuyo gobierno estalló el escándalo. Pese a los continuos emplazamientos del comando de Marco Enríquez-Ominami, el abanderado de la Concertación no se dio nunca por aludido, salvo cuando debió retirar del comando a Edmundo Hermosilla, su entonces ministro de Vivienda y quien salió por la puerta chica del ministerio cuando se supo que había recibido un caballo corralero de regalo del dueño de la empresa, Francisco Pérez Yoma, hermano del actual titular de Interior.

La villa Los Puertos es sólo una punta del problema. Su lado amable, porque al otro extremo de Santiago la crisis todavía no se resuelve. En la actualidad la villa El Volcán 2 de Puente Alto parece un campo de batalla. Un poblado devastado con edificios a medio caer que en la noche se llenan de adictos a la pasta y, en el día, se repleta de niños que juegan a la guerra entre los escombros con perros muertos como el de la foto. Si bien todavía quedan edificaciones en pie, de aquí a dos años más, desaparecerán por completo. Existe un plan de regeneración urbana que tiene por objeto reconvertir este sector de Puente Alto. En resumen, unos 39 millones de dólares arrojados, literalmente, al suelo.

GARRAPATAS Y RATONES

El sueño de la casa propia se esfumó rápidamente. Durante el invierno de 1997, en tres días cayeron los milímetros de todo un mes y el recientemente inaugurado conjunto El Volcán 2 se hizo agua. Las paredes se filtraron por todos los costados y sus desesperados habitantes vieron cómo Copeva, la constructora a cargo, no encontraba nada mejor que cubrir sus propiedades con nylon. Se trataba de departamentos básicos de 40 metros cuadrados y una sola habitación. Cada vivienda tenía un costo aproximado de 250 unidades de fomento.

El escándalo fue mayúsculo. El gobierno reaccionó de inmediato intentando sortear los déficits estructurales: se impermeabilizaron los muros exteriores y se instalaron techumbres sobre las escaleras. Pero no fue suficiente. Para mejorar las viviendas había que entrar a picar. Para ello se empezaron a barajar diversas posibilidades: trasladar a los pobladores, dejar los inmuebles o repararlos.

Algunos pobladores optaron por irse. El gobierno trasladó a los que se quedaron a esos departamentos, refaccionados. Los pobladores les llaman hoteles. Algunos llevan ya largos años allí y alegan que los han trasladado más de cinco veces.

-Llevo ocho años dándome vueltas, primero nos mandaron al Volcán 1, después para otro lado y ahora estoy acá, todavía sin solución, nadie quiere reconocer la cagada que se mandaron -alega Yolanda Pizarro.

Otros habitantes, apestados, decidieron marcharse por las suyas. El problema, desde entonces, se agudizó. Ya no había que resolverle el caso a una familia sino también a las que llegaban.

-Yo vivía debajo del puente cuando me dijeron que estaban las casas botadas y estaba la mano – cuenta Daniela Perone, quien llegó con la ilusión de tener por primera vez en su vida un baño decente.

La voz se corrió rápidamente. Llegó gente de los más diversos rincones de Santiago. Al cabo de unos días las viviendas abandonadas se coparon.

-Llegamos en patota pero cada uno se preocupó de sacar una libreta para que no creyeran que éramos buches- asegura Patricio Johnson.

La medida de ocupación, si bien desesperada, escondía el drama de la carencia de vivienda social por parte de una masa de allegados. Luego de variados estudios se concluyó que era necesario destruir algunos blocks para dotar de mejor infraestructura y evitar el hacinamiento. Desde entonces se han demolido más de 900 departamentos de un total de 1700. Viviendas que, además de destruidas, habían sido remodeladas por un costo superior a los 12 millones de dólares. ¿Inoperancia? ¿Despilfarro? ¿Mala gestión? Todas las anteriores.

-La demolición puede parecer algo muy agresivo pero, cuando hay que hacer las cosas hay que hacerlas, y la opción que tomamos es hacer un mejoramiento de manera distinta -cuenta Andrés Silva, Director Metropolitano del Serviu.

El proyecto al que alude Silva es el denominado Plan de Regeneración Urbana Integral implementado el año 2006 entre el Minvu y el Municipio de Puente Alto. La idea, asegura, tiene por objeto generar nuevos espacios de equipamiento en salud, seguridad y más áreas verdes. Sin embargo, es cosa de darse una vuelta por El Volcán, para comprobar que las plazas no existen. La sequedad y los remolinos de tierra son los elementos característicos del paisaje en estos días. Pero lo peor, sin duda, es el impacto que provocan los edificios semiderruidos en la población que todavía vive en el lugar, debido a que el Minvu ha optado por demoler sólo una parte de los blocks para evitar que nueva gente se instale en ellos. Pero las familias que aún quedan en las edificaciones son los que han sufrido el drama de vivir en una “zona de guerra”. También los niños.

-El problema es que ellos juegan en los departamentos abandonados y en cualquier minuto se pueden derrumbar -cuenta Patricia Sepúlveda.

Pero hay más inconvenientes. Los microbasurales poco a poco han ganado espacio entre los escombros y una plaga de garrapatas y ratones se ha apoderado del sector.

-No es justo que nuestros niños por ser pobres tengan que jugar en la basura -alegan.
Lo único cierto hasta ahora, sin embargo, es que en el 2011 el Volcán 2 no estará en pie y que la gente que todavía está allí no tiene claro a dónde va ir a parar.