Intrigas del Waka-Waka

Por Juan Pablo Abalo

Al escuchar –después de varios años– “We are growing”, canción estrella de la miniserie Shaka Zulu (1986) escrita por la compositora y cantante sudafricana Margaret Singana, es difícil no ser absorbido por la fuerza que ejerce sobre el cuerpo y la mente. Una invitación al justo combate, a medirse con el enemigo, una multitudinaria convocatoria a la victoria resuena a través de su implacable ritmo, sus variadas voces y la particular y afortunada mezcla del sonido sintetizado de los años ochenta (específicamente el de las baterías, teclados y cuerdas), con el canto tribal de un coro que responde a Singana: “Ayete, gossy / Ayeyeyeye, ye oyo”.
Es de esto y mucho más de lo que carece el “Waka waka” de Shakira, que está sonando hasta en los baños públicos y que pretende encender este mundial, “la única de las batallas”: “Llegó el momento/ caen la murallas/ va a comenzar/ la única justa de las batallas”. Hay quienes ya han manifestado su descontento con la canción, principalmente el público sudafricano, que ve en Shakira, como es lógico, a una extranjera. Sin contar con la controversia que mancha -como a la iglesia sus curas malportados- al “Waka waka” de la colombiana: se supo, de chiripa casi, que no es otra cosa que un cover de “Waka Waka-Time for Life”, del grupo camerunés Zangalewa. Sólo hasta que los integrantes de éste pusieron el grito en el cielo por la pasada por el sable que les iban a hacer, la organización los consideró, reconoció e invitó a participar en el fantástico evento futbolero, quién sabe si para cantar al cierre de las transmisiones o ser parte integral y protagónica del festejo.
Como sea, esto no quiere decir que no reconozcamos los méritos de la cantante colombiana, de quien siempre que ha sido oportuno hemos hablado con justicia y cariño en estas páginas. De aciertos tiene varios, y su versión del “Waka waka” está lejos de ser todo lo terrible que se ha dicho; sin embargo, también con justicia es preciso decir que al comparar, aunque esto resulte odioso, el “Waka waka” original, el camerunés, con el shakiriano, este último resulta algo artificioso, con más de los lugares comunes recomendables, sobreproducido (aunque hoy la sobreproducción difícilmente sea vista como un defecto). La senda que sigue Shakira –aunque con un resultado harto mejor– es la que alguna vez explorara Ricky Martín con su canción mundialera “La copa de la vida”. Como jugando a hacer de embajadores del candor de una nueva latinidad, terminan por componer cosas más cercanas a lo que el neurólogo inglés Oliver Sacks llama “gusanos cerebrales” (melodías pegadizas que se impregnan al cerebro por semanas), que buenas canciones o himnos para el magno evento deportivo. El “Waka waka” camerunés, en cambio, es sencillo, austero, una excelente fusión del sonido sintetizado y el de las percusiones que la naturaleza les dio a los sudafricanos (marimbas, calimbas y tambores); tal habría sido, si de waka wakas se trataba, más oportuno para este mundial de fútbol sudafricano, y más justo con el país que lo organiza.
Hay una arista más en esta intriga: un astuto cibernauta encontró otra versión de la manoseada canción; se llama “El negro no puede” y es de un perdido grupo femenino de merengue dominicano llamado Las Chicas del Can. Vale la pena oírlo en youtube.
Y en cuanto al himno que por ahí quieren encontrar para musicalizar la participación mundialera de la selección chilena, debieran pedírselo mejor a Eduardo Gatti: de seguro estaría más a tono con el alma chilena que esas cumbias travestidas que están postulando por ahí.

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