Yo no sé cómo se aman los milicos. O sea, sí, porque tuve un pololomilico que me cagó mucho porque era lo normal para llegar a ser muy macho. Pero igual sería mala ondita decir que todos los milicos “aman” así. Sí sé que no aman a la gente separada o divorciada, al Clinic o a los gays. Aunque siempre me acuerdo de un perfil de Chuck Palahniuk sobre los submarinistas comandos súpermachos gringos, que mantenían la imagen de una familia muy muy lindita y culeaban entre ellos en los largos viajes en submarino.

Lo otro que sí sé, es que el amor de milico es siempre en el marco de la norma y las buenas costumbres. O sea, una cita de milicos nunca incluye vino en caja, ni perreo intenso, ni perreo nointenso, ni asado en el Parque O’Higgins ni melón con vino. Y por eso yo sueño con un prete -como dice mi mami- que me invite a tomar melón con vino. Pero no. El amor de milico le lleva cena, vestido, zapatos, cine y flores. Y yo nunca le dije a expololo milico, pero odio las flores.

A lo que nunca pude resistirme es a la idea de comida gratis. En el momento que alguien pronuncia las palabras mágicas de “te invito a comer”, dejo de escuchar el resto y sólo puedo responder “sí”. Así fue como terminé en un asado de celebración del triunfo de Piñera con los amigos de mis papás y en un almuerzo sobre sexo y amor con mi papá. Horror.

Entonces, para los 14 de febrero, la norma indica que uno tiene que pasarlo muy muy bien y romántico, porque sino, no te están amando y tu relación es una mierda. Y además como que les confirma a todas las mujeres de que en verdad las aman más allá del sexo, cachay?

Me acuerdo que una vez hice una práctica en un lugar súpercachilupi de puras minas topi topi. Entonces, una mañana llego a la oficina y en el puesto de una minatopi había un ramo gigante de rosas. Y mi papi también le regala rosas a mi mami, una por cada año que llevan juntos. Cursilería total. Yo me quedé muy respetuosamente callada con sus rosas, que son las flores que más odio de las flores. Pero minatopi llegó gritando y aplaudiendo como si se hubiese ganado el missmundo. O como si realmente le sorprendiera que su noviopololo le haya dejado rosas en la pega, tal como ella probablemente le había dicho antes que tenía que hacerlo.

No contenta con eso, minatopi se pone a preguntar: “y tú, Cande? Qué vas a hacer hoy día?” Yo quería puro responderle: ir al baño a sacarme unos mocos que me han estado molestando toda la mañana y en la tarde aguantarme las ganas de hacer caca hasta que llegue a mi casa porque no me gusta cagar fuera de mi casa. Pero puse mi mejor cara de dulzura y dije: “no cacho. En volá voy al cine porque hay una película que quiero ver”. Error. La siguiente pregunta fue: “pero… tu pololo no te ha invitado a nada?” Pero lo que en realidad quiso decir fue: “PERO TU POLOLO NO TE QUIERE?” En esa época, era otro pololo, que no era pololomilico, porque pololomilico habría tenido algo muy shuloromántico preparado. Pero a mí ni siquiera me interesaba no tener planes. De hecho, me daba paja salir porque TODO está lleno en todas partes. Pero me daba megapaja que todo el mundo le diera tanto color.

Sobre todo en mi casa. Desde que tengo memoria, mis papis hacen planes cursis para el 14. Y cuando tuve mi primera relación seria, con pololomilico, me acuerdo que nos invitaron a comer. Y fue súper raro porque era como cita doble pero con tus viejos. Pero había comida gratis así que fui calladita. Entonces nos sentamos a la mesa, y finjimos que éramos súper finos por una noche. Comimos con más de un tenedor y usamos servilletas de género, porque además, parece que entre más plata gasten en ti, más te están amando. Entonces mi papá hacía preguntas de papá y pololomilico respondía muy amarillamente y por ahí todavía no tenía mi revelación de la rebeldía de la clase alta emergente, pero ya había algo en el concepto de “nunca quedas mal con nadie” de la DC que me molestaba.

Y para hoy día, mi papi invitó a mi mami a comer. Y no se les ocurrió nada mejor que invitar a mi ex pololo. Porque sí, mi papi es de esas personas que invitan a mis expololos a comer. Y yo le digo: “no, si va él, no voy yo”. Entonces, no voy yo.

Pero al final superamos esa etapa y me dijeron, de mala gana, que si quería invitaba a algún amiguito. Y es la primera vez que la comida gratis no me sedujo. Debe ser madurez, estoy segura. O anorexia. Pero lo peor que se puede hacer en soltería es invitar, besar, culear con alguien el 14 de febrero. No sólo por la posibilidad de que alguien se pase el rollo de que es el besoculeón del amor eterno, sino porque cualquier celebración de aniversario será un 14 de febrero. Charcha.

Y charcha que todo el mundo tenga que darle color a que si estás soltero o no. Incluso con esas estupideces de “13 de febrero día del solteropapázorrón miniwis piscolitas” y el “día del infielperrito soy entero macho porque me cago a mi mina”, que son sólo reacciones mega cumas definidas en “reacción” al día del amorsh. Eso es incluso peor que cuando en oposición a la represión maternal yo desordenaba mi closet. Rebeldía total. Pero lo bueno, es que como hay tantas promociones igual puedes salir a huevear con tus amigos y aprovecharte del sistemacapitalista que se aprovecha de sentimientos nobles como el amor. Caleta.

Así que yo cacho que voy a celebrar este pencamente inflado día viendo My Bloody Valentine e imaginando que a todos los que matan son gente que me cae mal. Pero la de 1981 eso sí, para que todos crean que soy hipsterintelectualcool. Y mientras la veo, seguiré soñando con un pololín que tenga los cojones de mandar a la chucha a mi papi y sus milicohueás.