Podríamos decir ahora con sensatez que la fórmula que Harald Beyer ocupó para resolver los problemas de la educación chilena fracasaron por la vía de los hechos. La acusación constitucional aprobada por la Cámara de Diputados lejos de ser una expresión de la “politiquería” en Chile es el producto de una situación que para la oposición no podría haberse presentado de otra manera. Fue el movimiento estudiantil, la persistente agitación e irrefutable presentación de los casos de negligencia que en términos prácticos victimizó a miles y miles de estudiantes, el que hace insostenible la presencia del ahora suspendido ministro en su cargo.

Frente a la precaria realidad que vive el sistema educacional en nuestro país, Beyer actuó de la manera menos idónea: intentó solucionar con lógicas de mercado, una crisis causada por el mismo mercado. A la crisis de la Universidad del Mar le dio el tratamiento de una cartera de clientes, invisibilizó el lucro –explícito en el informe de la CNE- y tomó decisiones en la institución sin incorporar las expectativas de las víctimas en su plan, provocando un cierre improvisado sin colegiar siquiera alguna alternativa a tal decisión. La reubicación fue sin duda un absoluto fracaso poniendo a merced de la desrregulada “oferta educacional” a las víctimas dando paso al tropezón final: la renuncia de Nuria Pedrals, administradora del improvisado cierre y la creación de la figura del “síndico”, trasladando el problema a un conflicto entre “privados” y desvinculando la responsabilidad del ministerio y el Estado en el asunto.

El camino que Beyer elige va de la mano de las mismas políticas que durante más de veinte años sepultaron la educación en Chile. La ley de Acreditación, la ley de Financiamiento y la ley de Superintendencia de Educación Superior están pensadas en la perspectiva de terminar de destruir la precaria educación pública que hoy existe, de someterlas a la voraz competencia del mercado y desvincular a las instituciones educativas del principal rol de cualquier proyecto académico: hacerse responsables de los problemas y desafíos del Chile del futuro y aportar desde las diversas disciplinas universitarias a tales desafíos.

A partir de lo anterior es que justificamos la Acusación Constitucional, pues tal camino no fue algo al azar, sino parte de una política reiterada del gobierno de Piñera, carente de diálogo con la ciudadanía e incapaz de sintonizar con las necesidades y exigencias del pueblo de Chile. La derrota de Beyer deber ser la derrota de una forma de abordar las políticas de Estado, es una derrota del negociado en la educación y el lucro, y es un precedente para cualquiera que crea que los derechos sociales son una cuestión de empresarios “filántropos de la educación” que sin regulación alguna van a hacer lo mejor para el país.

Lo anterior entabla el desafío de repensar el sistema educativo en Chile, de imaginar una nueva forma de relación entre el Estado y la educación pública y privada, de reformular estructuralmente las bases sobre las cuales en el año 1981 autoritariamente se impuso un sistema sin consulta ni aprobación de las chilenas y chilenos. El movimiento estudiantil ha puesto estas cuestiones sobre la mesa.

El significado subyacente del neoliberalismo es la constante crisis o pérdida de lo público, es por ello que hoy es necesario reflexionar y debatir en conjunto con los actores sociales un nuevo sistema nacional de educación que logre fortalecer el sentido y el rol de lo público de la educación. Frente a este desafío ¿Qué es necesario para replantear y construir un nuevo sistema nacional de educación? ¿Cuál es el rol del Estado en esta tarea? ¿Cuál es el rol del movimiento estudiantil en este desafío? Son cuestiones que se deben resolver por la vía del dialogo y la participación ciudadana, no es otro que el pueblo de Chile quien debe definir las necesidades que en materia de educación necesita para su desarrollo. La soberbia de la tecnocracia difícilmente podrá resolver un problema que en lo sustancial es colectivo, Beyer, el patrón del lucro, quiso imponer tal soberbia y la realidad le ha pasado la cuenta.

El 11 de abril los estudiantes saldremos nuevamente a ratificar estas posiciones, a discutirlas, a exigir que sean materia de un profundo debate nacional, al parecer ni las pésimas condiciones en que se enmarca nuestra actual educación puede quitarnos el sentido de realidad que significa luchar por la dignidad y el futuro de nuestro país. #NosVemosEl11

*Mario Domínguez, Secretario General FEUV y miembro de la mesa ejecutiva Confech 2013