Victor Frankenstein no tenía ordenador. Quizá por eso el científico utilizó la alquimia para construir a su criatura humanoide. Pablo García sí tiene computadora. Por eso, quizá, usa programas que originan a estas mujeres que solo existen dentro de su propia imagen.Sus ojos, sus labios, su pelo… están en cualquier lugar de internet o de un álbum de fotos antiguo. Su mirada, su tez, su expresión… están al antojo del momento en que el fotógrafo trabaja con ellas. Sin guión cerrado ni propósitos férreos.

Al principio no había un mínimo rastro de estas mujeres en el mundo. Pero Pablo García tenía una idea. Quería construir fotos femeninas de otra época. Fotos antiguas diseñadas desde el presente. Un collage realizado mediante un proceso digital que origina “mujeres alejadas de la carne y el hueso”.

Empezó a buscar sus rasgos por todos lados y, mientras iba haciendo la composición, el presente se le echó encima. Efectivamente, el pasado ha quedado en ese sepia, ese cierto amarillo que pinta en el papel el paso del tiempo, pero las figuras que iban surgiendo eran actuales. “Supongo que las mujeres parecen de hoy porque están formadas con imágenes de hoy”, explica el fotógrafo. “Iba buscando ojos, bocas, peinados… por webs de maquillaje, de moda y todo era muy actual. Es muy interesante meterte por la Red. Descubres cosas que ni podías imaginar”.

Pablo García describe la creación de estos personajes como si fueran un Mr. Potato. En su imagen busca“preciosismo” y en su belleza decidió introducir un choque visual: sangre. “Creo que potencia la foto. No quiero transmitir violencia en absoluto. Son mujeres que muestran una actitud de posar, orgullosas, ante una cámara”.

“La obra se completa con la interpretación del espectador. Por eso no me gusta mucho describir una pieza”La sangre no asusta al fotógrafo. Ya la utilizó en otra imagen y descubrió que no siempre tiene que asociarse al mal. “En una serie anterior llamada Retropía (retratos utópicos) había un personaje de una mujer que tenía sangre en la boca. Era un retrato antiguo y lo introduje para darle un toque de color. Pegué la imagen en un contador de agua, en la calle, y al poco vi que en un restaurante situado al lado habían tomado la imagen de la mujer para usarla en la carta del menú”, indica.

Este hecho convenció a Pablo García para seguir utilizando sangre en sus imágenes y de ahí surgió el nombre de la serie: Bloody Mary. “El título evoca un zumo de tomate. Deja claro que no tiene nada que ver con la violencia”.

Estas figuras femeninas salieron a la luz pública antes de que su imagen quedara cerrada para siempre. El fotógrafo subía a su web algunas imágenes, con cuatro peinados distintos, y pedía opinión. Él ya sabía cuál era su preferida pero le gustaba escuchar reacciones. “La web es más democrática que una galería. Hace que más gente pueda ver un trabajo. Y, al enseñar el proyecto, se cierra el círculo. La obra se completa con la interpretación del espectador y siempre hay muchas interpretaciones. Por eso no me gusta mucho describir las obras. Para dejarlas abiertas a lo que piense el que las ve”.

Estas mujeres no son los primeros personajes que el diseñador construye de la nada. Le gusta crear seres porque le intimida menos que interponerse en su camino con una cámara. “Hay un factor de timidez. No quiero molestar. Por eso empecé a inventármelos en mi laboratorio, como el Doctor Frankenstein”, comenta.

Pero, además, “es una terapia”. “Los días se hacen más llevaderos cuando estoy con mis fotos y me meto en mi mundo. Me ocurre desde pequeño. Me dejan un lápiz y me quedo tonto”.

De Victor Frankenstein decían que era un demente. Sin embargo, para Pablo García, construir personajes y crear estas imágenes “es una manera de no volverte loco”.

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