Fotos: Álvaro González Ortiz

¿Cuál fue la primera protesta que grabaste?
En el año 83, cuando empezaron las protestas y me contrataron en el ICTUS, llegó la RAI a filmar con nosotros, así que el 11 de mayo de 1983 fue mi primera protesta.

Las marchas del hambre…
Sí, en el año 82 empezó la crisis económica y la gente empezó a salir a la calle. También se cumplían 10 años de dictadura y había una gran efervescencia de que se venía algo grande.

¿Por qué empezaste a ir a las protestas?
Primero sólo hacia montaje de las protestas. Pero el 83 cambió porque pensábamos que iba a caer la Dictadura y, luego de eso, se vinieron las tomas de terreno en el Campamento de La Pintana, se lo tomaron cerca de 50 mil personas y una amiga me dice que conoce gente de ahí y que vayamos a filmar.

¿Qué registraste?
Había imágenes muy bonitas y grabé cerca de 60 minutos sin darme cuenta. A la semana me encontré con amigos que habían hecho lo mismo y con ese material armé mi primer documental “Hasta Vencer”. Después empecé a salir a la calle a todas las protestas. Trabajaba con TV Española, con la RAI, con la TV Alemana. Y ahí me apasioné y empecé a armar historias con los materiales que reuníamos hasta llegar a un compilado que se llamó “Protestas” y lo mandamos a todo el mundo para que se viera lo mal que lo estábamos pasando en Chile.

En ese tiempo, poco antes de las marchas, estudiabas Ingeniería en la Universidad de Chile, ¿qué te hizo dejar todo y trabajar en el ICTUS?
Me salí porque era tremendo. En Ingeniería los sábados en la tarde había prueba, luego el lunes teníamos que entregar un informe, los martes prueba…. tenías las 24 horas de tu vida copadas. Entonces yo dije: “cómo nos están matando, están desapareciendo gente y acá nos tienen estudiando”. Algo estaba mal. Y así, en el año 79, el ICTUS empezó a necesitar gente y sin pensarlo me metí a trabajar ahí.

Ahí aprendiste el oficio…
Claro, había que llevar gente de confianza y que pudiera hacer algo. Como mi mamá era la administradora de la oficina, entré y empecé a trabajar de a poco. Al tiempo llegó Caiozzi y junto al ICTUS hicieron un cuento que se llamaba “La Candelaria”. Yo era el único del ICTUS frente a toda esa producción que era externa, porque Caiozzi llegó con su gente y los actores eran del ICTUS. Quedaron muy contentos con la pega y empezaron a planificar la segunda, que se llamó “La historia de un Roble Solo”.

¿Caiozzi te enseñó a editar?
Aprendí a editar, a cachar cortes, poner audios. Estuvimos 6 u 8 meses casi todos los días y aprendí todo. Teníamos 10 tomas de un mismo plano, Caiozzi elegía y me explicaba el por qué de cada plano. Aprendí de continuidad, de luz, de ejes, de un montón de cuestiones que no hubiera aprendido jamás en 5 años. Ahí como que agarré harto vuelo.

Documentar la dictadura

¿Qué tan difícil era ser corresponsal extranjero en los 80?
Mira, con Europa tenemos 4 y 6 horas de diferencia, entonces teníamos hasta las 12:30 o 1 de la tarde para grabar y a las 2 teníamos que estar mandando para que llegara al noticiario de las 8. Cuando filmas sabes lo que tienes, pero, en ese tiempo, trabajábamos con equipos análogos y había que revisar toda la cinta, no es como ahora que puedes revisar fácilmente todo. Filmar era entretenido, siempre hay un punto de vista que lo pone el camarógrafo, ni siquiera el periodista, cuando las cosas pasan una sola vez no hay toma 2. Tienes que jugártela por hacerlo lo mejor posible.

¿Nunca te llevaron detenido?
Una vez nos tomaron presos, me pararon varias veces, nos borraron las cintas, pero cuando andas con un extranjero pasai más piola. Además, los que andábamos con cámara éramos re pocos, teníamos más presencia. En ese tiempo estaba yo, el Raúl Cuevas y los hermanos Correa.

¿Y detuvieron o secuestraron a algún amigo tuyo?
A algunos fotógrafos que conocía. Recuerdo que una vez le enterraron a un paco un cuchillo por la espalda en el paseo Ahumada y esa noche los pacos fueron a todas las agencias de fotógrafos en búsqueda de fotos. Menos mal que yo justo no estaba en la oficina. Y detenidos… de los que te podría nombrar ahora serían Óscar Navarro, Claudio Pérez, estuvieron en la penitenciaría como un mes.

¿Nunca más vino alguien a pedirte material? Porque me imagino que ya te ubicaban.
No, nunca.

¿De dónde sacabas la valentía de seguir filmando a pesar de las amenazas?
Es que no era valentía. Estabai ahí no más. Yo me acuerdo que había mucha tensión después de los degollados (1985). Un año las viudas de los degollados iban a hacer una marcha en el bandejón central frente a La Moneda, todos los viernes a las 1 de la tarde. Llegábamos 10 para la 1 y estaba lleno de pacos. Y esos momentos eran súper tensos. Te miraban, estábamos nerviosos, pero cuando empezaba y veías a las mujeres, prendías la cámara y te olvidabas de lo que estaba a tu alrededor. También me pasaba con las manifestaciones del Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo.

Que hacían manifestaciones relámpago..
Y en lugares emblemáticos como el Cuartel Borgoño, la iglesia San Francisco o ir a pararte frente a la CNI, era para cagarse de susto. Nos avisaban sólo a algunos, el requisito era que salías a las 12 en punto. Si tú llegabas como 5 minutos antes, tenías que llegar ahí y hacerte el tonto. A esa hora se armaba todo, salíamos corriendo y filmábamos como por 6 minutos y se iban. Había que estar ahí.

Tú grabaste las imágenes para el documental “André de La Victoria” ¿La Victoria fue la población que más te marcó durante la dictadura?
A la tercera vez que fui a una población, fui a La Victoria. Esa población tenía una organización tremenda, iban con carretones a los basureros para hacer barricadas, toda una población se reunía en Avenida La Feria con 30 de Octubre. Y se metían los pacos y todos salían corriendo. La Victoria tiene unas cuadras muy cortitas, si llegaban los pacos uno corría 30 metros y en la primera calle todas las casas tenían las puertas abiertas, se metían a cualquiera y enviaban una vieja para que mirara si es que se habían ido.

¿Y Pierre Dubois tenía responsabilidad en la organización?
Sí, pero estaban políticamente organizados. Estaban los comunistas, los miristas, la comunidad cristiana… y el cura cumplía un montón de funciones. Allá funcionaba una olla común todos los días porque había una miseria tremenda. Fue tanta la gente sin trabajo que solamente les daban a los que tenían familia, el cura organizaba iniciativas para ayudar, como el “comprando juntos” que era comprar por mayor y era más barato. Pierre le daba mucha participación a la gente y no discriminaba políticamente, todos estaban metidos ahí.

De hecho, lo grabaste relatando la muerte de André Jarlan.
Yo estaba ese día en La Victoria, pero se me acabó la luz y me tuve que ir. Al otro día me enteré que había muerto André Jarlán y me fui para allá. El cura Pierre, cuando se dio cuenta que estaba muerto, fue a buscar al fotógrafo de los bautizos y le hizo sacar fotos. Grabamos a Pierre contando todo, era una locura en la población. Y ese día también me marcó mucho porque una señora nos agarra y nos lleva a un lugar para que veamos algo. Cuando llegamos cerca de la línea del tren, yo veo ropa en el suelo, una camisa y unos jeans llenos de sangre y un mechón completo con piel, como pelada de obispo. ¿Cómo tanta maldad? Yo entiendo que en una protesta el paco está esperando que le tiren piedras y a veces peguen patadas, pero aquí los milicos le cortaron una parte de la cabeza, eso a mí me impactó mucho.

¿Dónde estabas cuando quemaron a Carmen Gloria Quintana y a Rodrigo Rojas?
Ese día había estado de sitio y estaba trabajando con la RAI, salimos y General Velásquez estaba lleno de camionetas de civiles armados, unas Chevrolet C10 celestes, así que seguimos y nos fuimos a La Victoria. Luego nos enteramos que habían quemado a Rodrigo y Carmen Gloria. Fue impresionante. Yo desde chico en mi casa escondimos gente, desde septiembre del 1973 y los curas me contaban de la gente fusilada en el río Mapocho, sabía esas cosas, pero verlas… me quedaba corto.

¿Mucho miedo?
Claro, cuando empecé a trabajar en esto empecé a cachar la importancia de las imágenes, de la denuncia y todo lo que podías hacer. Era mi forma de dar la pelea contra la dictadura. Era tanta la cuestión que tú decías agarremos una pistola y salgamos a matar milicos, pero yo ni siquiera sabía disparar, nunca había disparado ni me interesaba. Pero sí sabía disparar una cámara, era más valioso filmando que disparando. Tú llegai a entender a esa gente, a los del Frente, a los del MIR. Al Partido Comunista le descabezaron 3 Comités Centrales y recién 10 años después se formó el Frente. La paciencia de la gente fue inmensa, en cambio los momios no aguantaron ni 3 años a Allende y salieron a matar.

El shock

¿Grabaste alguna vez algo distinto a las protestas? ¿Algún campo de concentración, por ejemplo?
Una vez allanaron La Victoria y llegaron los milicos como a las 3 o 4 de la mañana y se llevaron presos a todos los hombres entre 15 y 65 años. Yo llegué a las 9 de la mañana y el cura estaba como loco, “se los han llevado a todos”, decía, y a las casas que ya estaban allanadas les pegaban un triángulo rojo como de ceda el paso.

Las marcaron todas…
Sí y se habían llevado a los detenidos al estadio San Eugenio, filmamos a las mujeres y nos fuimos. Como a las 2 y media salgo almorzar y me encuentro con un fotógrafo y me dice que fueron al estadio y que desde unos edificios se veía todo. En la tarde con un amigo fuimos para allá, subimos a un edificio, las ventanas estaban tapadas pero encontramos un hoyo y ahí lo vimos. El estadio estaba repleto, estaban los milicos, tenían a unos corriendo, a otros de guata, gente en la gradería y en medio de la cancha mesas con máquinas de escribir y filas gigantes. Era increíble, era ver un campo de concentración.

¿Era primera vez que filmabas algo así?
Sí, ni siquiera pusimos micrófonos ni nada. Era increíble, porque llevaban presos ahí más de 15 horas. Luego en la noche salió Francisco Javier Cuadra hablando que hubo una “revisión”pedida por la gente, que se había hecho con cuidado y que a las 6 de la tarde habían 20 detenidos por antecedentes. Y nosotros a la misma hora grabamos miles de tipos presos allí adentro.

¿Qué hiciste con el material?
Grabé las noticias, lo junté con lo grabado en un VHS y había alguien de la ONU de visita en Chile y le pasamos la grabación. Estaban impresionados, era una cuestión súper fuerte.

Así empezaron a salir las imágenes al exterior.
Debíamos filmar lo mal que lo estábamos pasando, nos poníamos todos de acuerdo. Los alemanes iban a Viña, yo iba al Cementerio y así nos cruzábamos todos los materiales y teníamos los días cubiertos. En los primeros Teleanálisis las imágenes son mías, yo les dije que como trabajaba para gente extranjera que no me mencionaran ni me pusieran en los nombres. Entonces les pasé mis materiales hasta que empezaron a crecer mucho. Y después ya vino el Plebiscito, llegaron los 90, y se acabó Pinochet. La TV de a poco empezó a mostrar un poco y dejé de filmar. Del 92 al 94 me fui a Bélgica porque mi mujer se fue a hacer un doctorado.

¿Y cuando recuperaste la pasión por filmar?
Cuando volví, empecé a hacer unos pitutos pero nada importante. Cuando vino Spencer Tunik (2002) yo me fui a empelotar porque pensé que en este país cartucho van a ir cuatro pelagatos, entonces fui con mi hija y su pololo, luego se sumó mi hermano. Habían miles de personas, ahí pensé que esta cuestión era para venir a filmarla. Y me hizo clic de que en Chile seguían pasando cosas, que había que salir a filmar de nuevo y de ahí no paré más.

Movimiento estudiantil

¿Qué tan diferentes son las marchas de hoy a las de los 80?
Que esas tremendas marchas ochenteras, eran de 200 personas y mira ahora. Recuerdo una marcha estudiantil entre el 86 a 87 por la Alameda, gritando frente al hotel San Francisco y yo me subo a grabar a un bandejón, entre San Antonio y Ahumada, y veo dos pacos caminando por la vereda. Los sigo y me doy cuenta que la marcha ya no existía. Todos se habían ido, de una marcha de 300 personas con 2 pacos se acabó. Con los pingüinos era un poco menos susto y, ahora, desde el 2011, todo ese miedo se acabó. La gente le perdió el miedo a lo represivo, ves a una pendeja de 15 años que no mide más de 1,50 agarrando a puteás a un paco de 2 metros que anda con casco, con palos, con escudos, con guantes. Y dices: esto es una imagen de que se les perdió el respeto. Pero sólo porque ellos mismos se hicieron perder el respeto.

Ahí está la evolución social de la protesta…
Sí, o sea los pacos igual ahora de repente pegan pero no es lo mismo. En ese tiempo andaban con la luma en la mano pegando y ahora andan con palos retráctiles y pocas veces andan pegando. En ese tiempo había impunidad para ellos, mataban, torturaban. Lo que nosotros filmábamos era lo que pasaba en la calle, la cara de la dictadura eran los pacos, la cara de la represión siempre son los pacos.

Tú filmaste cuando vino Ted Kennedy a Chile y la protesta en su contra. ¿Carabineros reprimió esa marcha? ¿Cómo han sido durante estos 30 años las protestas de los fachos?
A mí en los 80 me tocó varias veces ir a la Fundación Pinochet y siempre nos pegaban. Me acuerdo una vez una vieja pegándome y un paco al lado mío no hizo nada. Lo mismo cuando fuimos a grabar la muerte de Pinochet, a la periodista le quitaron el micrófono, le pegaron, nos botaron las luces, las cámaras y los pacos al lado sin hacer nada. A ellos en lo general no los reprimen porque seguramente les tienen susto, pensarán que quizás hay hijos de milicos y que se van a meter en tremendo lío.

¿La Revolución Pingüina fue tu real retorno a las protestas?
Enfocado 100% en el tema. Pero seguí saliendo durante todo ese período previo con la TV Española, la TV Alemana y también por mi cuenta. Pero la revolución pingüina fueron las primeras protestas grandes contra la Concertación y estaban protagonizadas por los cabros. Pero eran protestas muy raras, yo no conocí protestas de ese calibre desde que estábamos en dictadura. Y eran bastante especiales. Eran en plena Alameda, entre el Instituto Nacional y el Paseo Ahumada. Duraban hasta las 12 o 1 y de ahí se tomaba el lumpenaje la Alameda. A los fotógrafos les quitaban las cámaras y tú veías que el ambiente no era de estudiantes.

¿Quiénes eran los encapuchados el 2006?
En ese tiempo no eran muchos, pero existían de la misma manera que durante Pinochet. Lo que pasa es que el 2006 no habían tantos encapuchados como ahora. En su mayoría yo veía que no eran estudiantes. Son gente, jóvenes descontentos que no tienen nada que hacer, no tienen trabajo, no tienen futuro. Seguramente tiene que haber estudiantes también, mucho cabro de población descontento. Pero son los mismos que vas a encontrar en las barras bravas, un día sábado a las 3 am en Bellavista o en cualquier manifestación. Los encapuchados son gente descontenta con un sistema que no les ha dado nada, es más, sólo les ha dado frustraciones. Gente que con justa razón no está contenta con nada.

¿En cuáles protestas se notó más represión? ¿En las del 2006 o las del 2011?
Ahora hay más represión que con Bachelet. Lo que pasa es que hay evolución de la gente, en los pacos, en todos lados. Se empezó a perder el miedo con los pingüinos el 2006. Pasado los 90 los pacos siguieron siendo igual de represivos que en dictadura y eso se mantuvo con Aylwin, con Frei, con Lagos y con Bachelet más o menos en la misma línea.

¿Y qué evolución han tenido las Fuerzas Especiales?
La evolución de los pacos fue distinta, desde que con dos pacos podías parar una marcha, ahora con 200 pacos es imposible. Antes ocupaban unos pequeños cascos, ahora están completamente armados: cascos, escudos, antibalas, botas, rodilleras, coderas y no sé qué más. También los elementos disuasivos son mucho más fuertes que antes, porque pegan menos que en Dictadura. Ya no es tan usual ver a un paco corriendo con el palo en la mano.

¿Los gases que tiran en las marchas en los 80 son muy distintos a los de hoy?
Son iguales yo creo, uno se acostumbra.

¿Tu actitud para registrar ha evolucionado también? ¿Sigues siendo arriesgado?
O sea yo ahora sé que me puedo poner al lado de los pacos y no me van a pegar, creo. Antes los pacos se ponían al lado tuyo y te pegaban un palo por el lado. No sé si soy arriesgado. Uno intenta estar donde está pasando la cuestión no más.

Uso de la fuerza y cambios

¿Crees que la violencia en las manifestaciones ayuda a presionar a las autoridades a buscar soluciones más rápido?
El uso de la fuerza obliga a generar cambios, pero no sólo en las marchas, en dictadura fue a través del Frente, de Carrizal, de las bombas. Si en un principio habían 20 o 30 del Frente y al final de la dictadura habían cerca de mil o dos mil. Los estudiantes ya despertaron, se dieron cuenta que las cosas no tenían por qué ser así. El 2011 las protestas empezaron porque Piñera no había pagado las pensiones alimenticias de 30 lucas mensuales. La plata la tenían y todavía no se las habían pagado. Con esas 30 lucas el cabro se las arregla, paga la micro, se compra una chela o un pito, no sé po, con eso vive. Esas pequeñas cosas generan más y más frustración y por ende violencia, haciendo que la cuestión estalle.

¿Ves el movimiento estudiantil como un movimiento social organizado o más difuso?
Contra Pinochet era más fácil, era un enemigo y estábamos todos contra él. En cambio con la lucha de la educación gratis, el enemigo es el sistema. Y los cabros pueden estar luchando contra un enemigo que no es Pinochet, pero que ya está muerto, por lo que ahora no tiene nombre ni apellido.

¿Es un movimiento violento?
Es que hay mucho más represión que antes, mayor contingente. Si antes había un retén, ahora hay 10 en un sólo sector. Le dan razones a los jóvenes, le dicen a los estudiantes que la educación es un bien de consumo, esperan que la justicia tome presos a los sinvergüenzas que tienen como dueños de las universidades. Si antes encapuchados eran 20 o 30, ahora son fácil 500. Cada vez serán más y más los jóvenes con bronca. Uno si le tira un extinguidor al paco, se lo tiras al gobierno. Hay un espiral de violencia que va a seguir creciendo, la violencia está desatada en las marchas, ya no hay punto de encuentro…

¿Cuál es para ti el actor social más importante en las manifestación sociales en Chile a lo largo de estos 30 años?
Los jóvenes. Ellos son los que corren, los que arman barricadas, son los provocadores, los que generan cambios. Si te fijas cuando hay marchas de la CUT es mucho menos caos, los jóvenes son los más calientes, los que más se emputecen. Si en dictadura por poner un cartelito que decía libertad te metían preso, imagínate como pueden cambiar las cosas ahora que puedes salir, protestar, estar con un cartel y nadie te va a matar por eso.

¿Crees que este 11 de septiembre será distinto? ¿Qué esperas filmar?
He ido a todos los 11 de septiembre religiosamente al cementerio. Siempre voy aunque sea por pega o porque sí. Es súper importante, la gente desde la dictadura marcha donde mismo. Igual va a haber lío, siempre pasa algo. Yo creo que hay que esperar el día para saber en qué clima estamos y lo que se puede sacar o dónde hay que ir a filmar, eso siempre lo sé el mismo día. Estarán las señoras que llevan 40 años llorando por su marido y hoy, con los programas que se exhiben, están mucho más visibles. La segunda guerra mundial pasó hace 70 años y la gente todavía sigue haciendo películas de lo que ocurrió. Acá hay que ir para no olvidar.