Kim Jong-un: El tirano entre dos mujeres

Vía El País

Ejecuciones públicas, pelotones de fusilamiento, tropas dispuestas para el combate. En dos años al frente de Corea del Norte, Kim Jong-un ha llevado al paroxismo del terror el reino instaurado por su abuelo Kim Il-sung. Ni la familia, ni los camaradas, ni los países vecinos están a salvo de los arranques de furia de este dictador con cara de pepón bien alimentado en un país donde la hambruna castiga con frecuencia endémica a sus 25 millones de habitantes.

Con apenas 30 años —la edad no se conoce con exactitud porque su fecha de nacimiento se adelantó cuando en octubre de 2010 Kim Jong-il designó oficialmente heredero al menor de sus tres hijos—, Kim Jong-un ha limpiado su entorno de quienes pudieran hacerle sombra y de quienes se han atrevido a poner en duda su autoridad. El círculo del poder del Brillante Camarada se ha cerrado y solo dos mujeres permanecen en él: su tía y su esposa, quienes desde las bambalinas asisten al sangriento espectáculo dirigido por el autoritario líder.

Con Kim Jong-un se ha roto una de las reglas que han gobernado la República Popular Democrática de Corea desde su fundación en el año 1948: el secretismo con que se exterminaba a los enemigos políticos. El nuevo líder, que se ha autonombrado mariscal de uno de los mayores ejércitos del mundo, ordenó la detención pública, el pasado 8 de diciembre, de su tío Jang Song-thaek y aireó la ristra de acusaciones con las que, en una parodia de juicio, el hasta entonces número dos del régimen —y considerado durante mucho tiempo el mentor de su sobrino— fue condenado a la pena capital y acribillado a balazos por un pelotón.

Los servicios de espionaje de Corea del Sur, analistas y exiliados en distintos países no se ponen de acuerdo sobre el sentido del cambio radical que ha supuesto lavar los trapos sucios de la cúpula del régimen ante la atónita población. Jang fue acusado, entre otras cosas, de alta traición, conspiración para alzarse en líder supremo, conducta inmoral con numerosas mujeres y jugarse en los casinos millones de dólares de las finanzas públicas.

¿Será cierto lo que cuentan algunos medios del exilio norcoreano: que Kim Kyong-hui, de 67 años, esposa de Jang y única hermana del difunto Querido Líder, apoyó la decisión de su sobrino de llevar a su marido al paredón? ¿Será verdad que ella le reprochaba el suicidio en 2006 de la única hija del matrimonio, que había sido educada en París?

En un país donde no se admiten los disidentes y donde la caída en desgracia de un súbdito supone la sigilosa desaparición de toda la familia, los expertos temían también por la vida de Kim Kyong-hui. Sin embargo, la agencia norcoreana KCNA la colocó días después entre la lista de dirigentes encargados del funeral por un ex secretario general del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), fallecido el 13 de diciembre. Además, la televisión norcoreana se detuvo significativamente en la diminuta figura de la hermana de Kim Jong-il durante los actos conmemorativos del segundo aniversario de la muerte de este, el pasado día 17. Poco antes, las cámaras habían filmado a Ri Sol-ju, la bella esposa de King Jong-un, a quien no se veía desde octubre.

La tía del actual dirigente se convirtió en 2010 en la primera norcoreana con galones de general del Ejército. Kim Jong-il, que en 2008 sufrió un grave derrame cerebral del que aún no se había repuesto por completo cuando sufrió el infarto masivo que acabó con su vida, decidió colocar al joven Jong-un bajo la tutela de sus tíos para que protegieran su ascenso al poder. El matrimonio fue premiado con fuertes promociones en las filas castrenses y en la cúpula del PT.

Muerto el Querido Líder, en Corea del Norte no se movía un pelo sin el consentimiento del tiísimo. Ambicioso e inteligente, Jang había sido apartado del poder en dos ocasiones anteriores, una con Kim Il-sung y otra con Kim Jong-il, pero desde que reapareció en 2004 acumulaba cada día más poder, hasta convertirse en el número dos del régimen. Su talismán era ser el esposo de la única hija del Presidente Eterno. Pero si el suegro y el cuñado no se atrevieron, el sobrino acabó con él de una vez por todas. Una decisión que Kim Jong-un justificó en su reciente discurso de Año Nuevo, televisado en todo el país. Sin mencionar el nombre de su tío, afirmó que tras la ejecución se ha fortalecido la unidad del régimen norcoreano.

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