Felipe Avello 1

Nací en la Octava región cerca de Arauco, mis rasgos tienen mucho de mapuche: pelo negro y liso, pómulos marcados, cuello corto, ancha espalda, pecho henchido (así los describe en “La Araucana” de Alonso de Ercilla) y aunque no tengo apellidos de la etnia, me siento muy cercano a la causa.
Creo en la autonomía del pueblo mapuche respecto al Estado de Chile y creo en sus reivindicaciones territoriales.

No creo en el concepto monoétnico que nos enseñaron en el colegio; en ese nacionalismo espurio, que solo ha provocado que todos los gobiernos aborden este conflicto político, social y cultural, con la lógica del apaleo policial, los calabozos, las torturas, los montajes e incluso las ejecuciones extrajudiciales como en dictadura. Una de ellas la de Matías Catrileo, otra la de Jaime Mendoza Collio.

Pero no me fui de viaje a la zona por eso. Me fui para hacer stand up comedy, a eso me dedico ahora. El stand up comedy es un género humorístico nacido en Estado Unidos en los años 70 que consiste en hacer humor sin hacer reír mucho; esa es la base del stand up.

La verdad no me tincaba ir al viaje porque la zona es muy pobre, los locales son muy malos, el público muy curado; pero no me conseguí invitaciones de otro lugar (a Antofagasta, donde sí hay plata, hubiera ido feliz, pero nadie me llamó de allá) así que por necesidad tuve que irme a la Novena región. La necesidad se debe a que pese a no trabajar ya en la tele, sigo llevando el mismo nivel de gastos que tenía en ese tiempo, lo que me fue llevando poco a poco al colapso económico que vive mi cuenta corriente en la actualidad.

La gira comprendía: Lautaro, Vilcún, Traiguén y Temuco.

El panorama era todo un desafío y nada de alentador porque el stand up comedy es un género que cae mejor en Providencia que en la Araucanía. Un género más ligado a Revolución Democrática que a la Coordinadora Arauco-Malleco.

Lo bueno es que la travesía me permitiría conocer la situación real de la Novena región, más allá de la visión sesgada que nos entrega la prensa santiaguina, que lleva años criminalizando el movimiento social mapuche. Para ello tenía pensado reunirme con el líder del Consejo de Todas las Tierras, el werkén Aucán Huilcamán quien pretende convocar a una asamblea constituyente mapuche para noviembre.

La gira comenzó en Temuco, en Pecados Bar, un espléndido y animado restobar para el adulto joven, con karaoke; cuando suena la canción del programa Cachureos todos se desordenan, sacan globos y gritan como cuando eran niños. El show fue todo un éxito, más de una hora y media sobre el escenario, aunque reconozco que no hablé del tema mapuche. Esa noche terminé bailando en la discoteque Xs con Carola, una muchacha de unos 22 años que me presentó David, joven y requerido cirujano plástico de la zona, muy amigo de Carlos, dueño del Pub.

Al día siguiente pretendía reunirme con el ex intendente Huenchumilla, y brindarle todo mi apoyo; quería decirle que lo considero un político bien intencionado, con peso político y redes transversales en el mundo indígena. Una pena que lo hayan reemplazado por Andres Jouannet, quien no tiene herramientas para desempeñar su cargo con efectividad.

Con gente como usted, señor Huechumilla, el conflicto en la Araucanía se hubiera solucionado.
Eso pensaba decirle al ex intendente, pero no pude conseguirme su teléfono, y además me levanté muy tarde.

Esa segunda noche me tocó actúar en Go Pub Lounge, en la ciudad de Lautaro. El local se especializa en la cervezas de litro y karaoke ochenta-noventa. Los dueños son dos mellizos algo tímidos pero que quedaron felices con el show que exhibí (el mismo de Temuco). Sin embargo, los hermanos no me presentaron a nadie, por lo que esa misma noche regresé a Temuco, donde el doctor me invitó a su casa. Allí conocí a Fabiola, belleza oriunda de Traiguén, amiga y paciente del dueño de casa. Confieso que ese día tampoco hablé, ni con Fabiola ni con nadie, del tema mapuche.
Al día siguiente le pregunté a mi nueva amiga Fabiola por Aucán Huilcamán (le hubiera preguntado al doctor, pero estaba en su pieza ocupado). Fabiola ni siquiera sabía quién era, cosa esperable ya que salió el año pasado del colegio y conoce poca gente en Temuco; Fabiola hace su vida social más en Traiguén.

Ese mismo día me suspendieron el show en Vilcún y en Traiguén. Se habían vendido solo tres entradas, una en Vilcún (compró una tía mía que vive allá y que no veo desde el año 1985), y dos en Traiguén (Fabiola y su hermano chico).

Ahí culminó la gira. Igual algo de plata gané. El problema es que, debido a mi estilo de vida, ya me la gasté. La próxima semana me toca ir a Ancud, Castro y Chonchi.