carlos larraín celular

“¿Cuándo se ha visto a un ente estatal denunciar un abuso propio con la decencia y la humildad con que Eliodoro Matte pide disculpas por conductas ajenas?”, expresó ayer Carlos Larraín a través de una carta en El Mercurio a manera de apología, de defensa a ultranza del hombre de negocios que salió a pedir perdón por la colusión en que participó la papelera de su familia, la empresa madre del poderoso grupo chileno.

Las palabras de Larraín fueron ampliamente replicadas, máxime cuando desde casi todos los rincones del país se condena esta práctica maliciosa de ponerse de acuerdo para subir los precios y repartirse la cuotas de mercado, de un mercado tan transversal y democrático como es el del papel confort. Utensilio que no distingue orígenes sociales en su uso.

Como era de esperarse, además de las reacciones en redes sociales, este miércoles otro lector del mismo diario le respondió a Larraín, asegurando que sus argumentos son infantiles.

“Me sorprende la carta de Carlos Larraín. Me sorprende porque recurre a la infantil retórica que los norteamericanos llaman del “what about”. Esta retórica fue usada abundantemente por la propaganda soviética durante los años de la Guerra Fría, y consistía en que siempre que se expresaba una crítica a una conducta soviética, sus defensores, en vez de responder a esa situación concreta, formulaban una contracrítica sobre algún otro problema existente en los EE.UU., sin referirse al problema concreto de que se trata”, escribe la abogada Marta Salazar.

En ese sentido, agrega que “en este caso, el ex senador responde a la crítica a la colusión, a la formación de carteles y la investigación consiguiente con un “y el gobierno también”.

Para Salazar, “es el viejo argumento que los escolásticos llamaban “tu quoque”. Esto es: “tú también lo haces” (es un seudoargumento que se ve mucho en jardines infantiles). En la base de este argumento del “what about” o del infantil “tu quoque” subyace la idea de que “todos lo hacen”, de manera que nadie podría demandar ni denunciar nada, porque los demás también lo hacen, tienen tejado de vidrio, como diríamos en chileno. Una mentalidad así paraliza la vida social y económica de una sociedad”.

La abogada agrega que “es cierto que Larraín trató de expresar una especie de defensa de los empresarios coludidos, recurriendo a la figura jurídica de la llamada delación compensada y, tal vez, del anglosajón “turn state’s evidence”. Una defensa muy mal lograda. Sostener que estamos frente a un grupo de puritanos picados de izquierda que juntan leña para hacer una hoguera y… quemar ¿Qué van a quemar? ¿Papel? Esta retórica victimista está absolutamente demás. Pedir disculpas e implementar un sistema de compliance en las empresas sería una respuesta más apropiada y con más futuro que defender lo indefendible como gato de espaldas”.

“Esto no es puritanismo. Esto es Estado de Derecho. La formación de carteles, de monopolios ilegales, la colusión, son gravísimos atentados contra la economía de mercado y contra la más fundamental ética económica”, cierra la persona.