Guagua Hospital Talcahuano cannabis A1

El hecho a esta altura ya es conocido por todos: Luciana nació hace 13 días en el Hospital Las Higueras de Talcahuano y desde su nacimiento fue separada de su madre. Sólo se les permitió 2 horas y media de contacto al día. ¿El motivo? El protocolo de visitas para todos los recién nacidos hospitalizados en esa unidad de neonatología y un juez determinó que ella debía mantenerse internada luego de que el Hospital solicitara ese trámite. Afortunadamente, mientras escribo esto, tengo la tranquilidad de saber que Luciana volvió estar en los brazos de su madre y la condena a estar separadas casi todo el día se acabó.

Los antecedentes conocidos por la opinión pública son parciales, y no sólo eso, sino también contradictorios y confusos. Sin embargo, han encendido una necesaria discusión sobre las formas como protegemos a la infancia y cómo acompañamos a las mujeres madres que usan y abusan de las drogas y alcohol.

Cuando la noticia estalló en prensa, ya habiéndose cumplido la primera semana de separación, el sólo antecedente del consumo de marihuana las dos últimas semanas de gestación no calzaba con lo drástica de la decisión tomada. A la luz de toda la evidencia sobre el impacto que tiene la separación precoz en el desarrollo cognitivo y emocional futuro, es sabido que esa decisión sólo debe ser tomada de manera excepcional y luego de la una evaluación por equipos multidisciplinarios. Daba las impresión de que habían antecedentes que no conocíamos y que “justificaban dicha solución”; de otro modo habría sido un descriterio y una sobrereacción del hospital.

¿Puede ser considerada la separación temprana una solución? Nunca. Debemos partir desde esa base. Puede ser el escenario menos terrible en contextos de maltrato, de abuso de drogas y/o de abandono de la madre al momento del nacimiento, pero pensar que es una solución sería desconocer todo la evidencia que nos entregan las neurociencias. El recién nacido necesita amamantar y estar en brazos. Y digo necesita porque si no hiciera ninguna de esas cosas estaría condenado a la muerte. Se programa en el pecho de su madre, es el sitio en el que deberían comenzar a organizarse las funciones vitales de los distintos sistemas de su cuerpo. Es lo que justifica que en muchas maternidades a lo largo del mundo se promueva el contacto inmediato piel con piel y en que en las unidades de neonatología se utilice el método canguro, que no es otra cosa más que poner al bebé hospitalizado sobre el pecho de la madre, en intimo contacto piel con piel.

Ese contacto, como otros hitos biológicos de nuestro ciclo vital, es fuente de salud, sabemos que disminuye días de hospitalización, favorece la lactancia y contribuye a una adecuada ganancia de peso, además de representar el inicio del vínculo que conocemos como apego. “Dar todo el apoyo posible al mantenimiento de la díada madre-criatura debería ser la prioridad universal de todos los sistemas de Salud Pública”, planteó Nils Bergman, investigador sudafricano en temas de desarrollo temprano.

Y en la misma línea -en una reflexión un poco más dura, pero no por eso menos cierta- Allan Schore, neurobiólogo referente en desarrollo cerebral temprano, plantea: “La primera violación, lo peor que puede ocurrirle a cualquier recién nacido, es la separación de su madre, su hábitat normal”. Pues bien, esa fue la solución que como Estado dimos a Luciana, la separación precoz.

Pasaban los días desde que la noticia estalló y no aparecían más antecedentes que justificaran esa medida. Sin embargo, en un hecho grave, dos diputados fueron al hospital y al salir señalaron a la prensa, por ejemplo, que Sindy era “adicta”, vulnerando el derecho que plantea que la información médica no se debe entregar a personas no relacionadas con su atención, y además señalaron que Luciana habría padecido síndrome de abstinencia.

El martes la madre desmintió eso en tribunales mostrando a la prensa un test de orina (-) para marihuana, que viene a echar por tierra lo planteado por los diputados, ya que la adicción a la marihuana no “desaparece” de la orina en dos semanas. El tema de fondo, es que ni aunque hubiese sido adicta era justificable una separación tan grande; quizás sí la lactancia, pero no los brazos 21 horas al día. Ahí les fallamos. Lo que una persona con problemas de abuso de drogas necesita es ayuda. Lo mismo su hija, ojalá juntas, ya sea hospitalizadas o ambas en casa con la visita de los profesionales de su centro de salud familiar.

Dicho lo anterior, es importante recordar que la evidencia sobre consecuencias asociadas al consumo de marihuana durante la gestación y lactancia es escasa, contradictoria y no concluyente. La recomendación de no consumir en estos periodos nace del principio de precaución. A todas las mujeres que consumen marihuana se les debe aconsejar la suspensión del hábito durante estos periodos.

Pero insisto: la separación precoz no estaba ni cerca de ser la mejor solución. Por lo mismo es que es tan urgente revisar los protocolos citados porque la evidencia científica avanza más rápido que lo que se actualiza y revisa un protocolo. No puede ser que existan en Chile unidades de neonatología con horarios de visitas establecidos como si estuviéramos aún en el siglo XX, contrarios a lo que promueven las políticas y orientaciones técnicas desarrolladas y promovidas por el Estado, en el contexto del Sistema de Protección a la Primera Infancia, Chile Crece Contigo. En hechos como esto se diluyen y desaparecen las intenciones de dar igualdad de oportunidades y un escenario optimo para que todo niño y niña pueda desarrollar sus potencialidades al máximo.

Sólo quiero cerrar invitando a discutir y poner más ojo a estos temas. Si generamos tanto daño a una familia, al menos saquemos aprendizajes de este hecho, modifiquemos y actualicemos protocolos, transparentemos los temas que realmente van a ser prioritarios para el país y actuemos en consecuencia asignando recursos. Mejoremos los espacios físicos y equipos humanos a disposición del acompañamiento de las madres y sus hijos. Pero antes, pidamos disculpas a Luciana. No es culpa de ella que los protocolos nos hayan robado el sentido común y el criterio. No podemos seguir vulnerando más derechos de las madres y sus recién nacidos.

¡Ya basta!

*Gonzalo Leiva es matrón, director del Observatorio de Violencia Obstétrica y miembro de Nacimiento & Crianza.