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El exministro de la Secretaría General de la Presidencia, Cristián Larroulet, reflexionó en una carta enviada a “El Mercurio” sobre la actual situación en la que se encuentran las personas pertenecientes a los estratos socioeconómicos más bajos durante los últimos dos años. Dio ejemplos concretos como la “Encuesta Casen” para dar cuenta del “mal momento” que atraviesa el país.

En una misiva titulada “Los pobres tendrán que esperar”, argumentó que el crecimiento económico es la forma más eficiente de luchar contra los bajos ingresos. Según Larroulet, esto se ha descuidado en los últimos años.

“El Papa Juan Pablo II interpeló a los chilenos cuando en 1987 señaló en su recordado discurso en la Cepal “¡Los pobres no pueden esperar!”. No hay duda de que su mensaje caló hondo en el alma nacional, en el gobierno y en personas e instituciones abocadas a lo público. Ello se tradujo en diagnósticos, propuestas, acuerdos y aplicaciones de un conjunto de políticas públicas para superar la pobreza. El resultado fue exitoso: de acuerdo con la medición tradicional de la pobreza, pasamos de 45,1% en 1987 a 7,8%, según la Casen 2013. Hemos sido uno de los países líderes en la reducción de este flagelo en Latinoamérica y en el mundo”, afirmó en el texto publicado por el matutino.

“Por desgracia, el crecimiento, como factor clave, se ha debilitado profundamente durante estos dos últimos años, al punto que hemos pasado de tasas de crecimiento en torno a 5% a solo 2%. De haber continuado creciendo a una tasa del 5%, más de medio millón de pobres habrían podido superar su condición al final de la década. La tragedia que hoy se calla es que este modesto crecimiento perdurará, condenando a los más pobres a seguir esperando”, complementó.

Asimismo, el exministro de derecha -es cercano a la UDI- y uno de los fundadores de la Universidad del Desarrollo (UDD) criticó la restricción de la libertad que se está generando por los “derechos sociales universales”.

“El segundo factor que explica la disminución en la pobreza son las políticas sociales que gradualmente han ido mejorando las condiciones de vida de los pobres, complementando sus ingresos y ofreciéndoles acceso a la educación, salud y vivienda. Ello fue posible gracias a la focalización de los recursos y a la priorización de las necesidades de los más vulnerables. Recordemos que en el pasado no existía la Asignación Familiar para los hogares más pobres, pues no se valoraba la focalización del gasto social. Hoy, gracias a la creación del Subsidio Único Familiar (SUF) y a la focalización de la Asignación Familiar, este complemento al ingreso es el más progresivo de los aportes del Estado”, sostuvo.

“Lamentablemente, en este aspecto también estamos retrocediendo, pues gradualmente se está reemplazando la priorización de la pobreza por un nuevo paradigma de “los derechos sociales universales”. Este se caracteriza por reducir la libertad de los ciudadanos para acceder a diferentes proveedores de servicios sociales, pero lo más grave es que rechaza la focalización del gasto social, ya que estima que toda la población tiene igual derecho de acceso”, añadió Larroulet.

Parra cerrar su carta, el académico de la UDD disparó contra diferentes instituciones de la sociedad por no “sacar su voz” y no reaccionan ante los diferentes temas que son parte de los problemas públicos de la sociedad.

“De esta manera, no solo se abandona el rol del Estado de distribuir el ingreso a través del gasto social, sino además su propia finalidad de promover el bien común. Así, por ejemplo, lo grafica el caso de la gratuidad universal para la educación superior, que “regala” alrededor de US$ 2.000 millones -un tercio de la reforma tributaria reciente- al 20% más rico del país, en desmedro del 50% de los niños más pobres que no pueden acceder a educación preescolar, entre otros”, analizó.

“Ambos cambios son muy profundos, y se traducirán en que los pobres van a tener que esperar para superar la dramática realidad en que viven. Desgraciadamente, frente a ello no hay reacciones suficientes. Salvo contadas excepciones, no se escucha la voz de las Iglesias reclamando por el debilitamiento de la opción preferencial por los más pobres; no se escucha a los expertos que hicieron estudios y enfatizaron como prioridad el combate a la pobreza; a las fundaciones y ONG especializadas en políticas públicas para los pobres, y hay un sector de la clase política que habla de pobreza, pero aprueba proyectos de ley que la postergan en los hechos”, concluyó Larroulet.