El-computador-perdido-de-Pedro-Sabat

El fiscal Juan Antonio Villalobos llegó el martes 5 de abril al Municipio de Ñuñoa, junto a un equipo de detectives a incautar el computador del exalcalde Pedro Sabat, en el marco de la investigación que lleva en su contra por presuntas anomalías en la licitación sobre el retiro de basura adjudicado por la empresa KDM. El alcalde Andrés Zarhi se encontraba con permiso por el fallecimiento de un familiar y fue la administradora municipal, Sandra Fuentes, la encargada de guiar a Villalobos a la oficina de la alcaldía ubicada en el cuarto piso. Para sorpresa del persecutor el equipo que buscaba no se encontraba en la municipalidad y nadie supo explicarle tampoco dónde había ido a parar.

El eventual “davalazo” del exjefe comunal fue el comidillo de las redes sociales aquel día. Varios twitteros le recordaron a la actual diputada Marcela Sabat, hija del exalcalde de Ñuñoa, cuando acusó de “impresentable” el formateo que se realizó en La Moneda al computador del hijo de la presidenta Bachelet. “Tejado de vidrio”, fue lo más suave que le escribieron. La desaparición del computador, informada por The Clinic Online, fue replicada en varios medios y la autoridad edilicia prometió tomar cartas en el asunto. Y habían razones fundadas para hacerlo con prontitud.

El eventual robo del equipo de Sabat no sólo constituía un delito de hurto, sino que obligaba a las autoridades municipales a denunciar ante el Ministerio Público, según consta en el estatuto administrativo para funcionarios municipales en su artículo 58, todos aquellos “crímenes”, “simples delitos” o “faltas al principio de probidad” en un plazo no mayor a 24 horas.

La primera alerta al respecto fue planteada por el concejal Jaime Castillo quien adviertió a la administradora municipal, Sandra Fuentes, un día después de acontecido el robo, instruir un sumario administrativo y periciar los computadores de otros funcionarios cercanos al exalcalde Sabat: Roberto Epuleo, ex director de Secpla; Marcial Araya, exdirector de la Dirección de Asesorías Jurídicas (DAJ); y las secretarias del exedil, las hermanas Leyla y Rocío Moraga.

-Era necesario porque ellos formaban parte del circulo más cercano de Sabat y de alguna forma podían conocer o formar parte de las decisiones que este tomaba y, en ese sentido, alguna comunicación entre ellos podría haber quedado registrada- explica Castillo.
El concejal no andaba perdido. Ovando, al ser consultado sobre los computadores del círculo cercano de Sabat, aseguró que los equipos de Epuleo y Araya no habían sido intervenidos sino traspasados a otros funcionarios. El de Leyla Moraga, en tanto, lo seguía utilizando ella misma en otra repartición y el de su hermana, Rocío, habría sido formateado porque tenía algunos “problemas”. “Fue preparado para trabajar…permaneciendo en el computador sólo el archivo PST”, explicó Ovando en un informe.

Dos días más tarde la concejal Alejandra Quevedo, a través de un informe, advirtió a la autoridad municipal sobre las consecuencias que podía acarrear al municipio no iniciar acciones legales cuanto antes. Quevedo incluso, sugiere que se denuncie al exalcalde, así como también al encargado de informática del municipio, Guido Ovando. “Solicité al alcalde que haga las denuncias pertinentes al Ministerio Público porque si falta un bien mueble de propiedad municipal es un delito de hurto y él debió notificarlo. Está en el código penal que un funcionario público debe denunciar. La pérdida de un computador puede entenderse, incluso, como malversación de fondos. Es un tema delicado”, detalla Quevedo.

Guido Ovando, al ser consultado por el computador de Sabat, aseguró por medio de un documento que alrededor de dos semanas antes que el exalcalde dejara el municipio, éste le habría solicitado un computador y que él le habría entregado una CPU. “Desde ese momento no supe más, hasta que fui nuevamente a la alcaldía, una vez asumido el nuevo alcalde Sr. Andrés Zarhi”, precisó en el informe, constatando que en la oficina se encontraba sólo el computador que había entregado a última hora a Sabat.

-Es intentendible que la Fiscalía haya ido a incautar una herramienta de trabajo y no la haya podido encontrar. Además no se entiende que no se haya generado una alerta antes- detalla la concejal Paula Mendoza.

Si bien la instrucción de un sumario administrativo por parte del municipio se ordenó en las horas posteriores a los hechos, la querella criminal en contra de los eventuales responsables por el hurto del computador la interpuso el alcalde Andrés Zarhi recién el 11 de abril, seis días después de los hechos, en el octavo Juzgado de Garantía de Santiago. En el documento se solicita tomar declaración a las hermanas Moraga, las secretarias de Sabat; su ex jefa de Gabinete, Pilar Cuevas; el encargado de informática, Guido Ovando, y el chofer del exalcalde, Germán Letelier.

El extraño caso del computador desaparecido no es la única irregularidad en materia informática en el municipio. En enero pasado la Contraloría solicitó un sumario a la institución, debido a la falta de control administrativo que derivó en la pérdida de respaldo tecnológico de la información contable, desde el año 2013 hacia atrás, luego de una auditoría realizada por el ente fiscalizador tras el cambio de la empresa tecnológica que administraba los datos en el municipio.

-Estamos a ciegas, especialmente en contabilidad y tesorería. Es como si en tu cuenta corriente no tuvieras acceso a tus cartolas y no estás al tanto qué pagaste o no. No existe respaldo en el sistema informático. En el fondo no podemos determinar cómo se gastaban los dineros en el municipio- explica la concejal Paula Mendoza.

El ex alcalde Sabat, al ser consultado por la desaparición del computador justo en el momento en que está siendo investigado por los delitos de fraude al fisco, enriquecimiento ilícito y negociación incompatible, aseguró a The Clinic que todo se trata de una burda maquinación. “La cuestión del computador es re simple y me parece una tontera todo lo que ha pasado. Yo nunca toqué ese computador. Lo único que pedí es que me grabaran un disco duro y me hicieran una copia que ya se la mandé al fiscal. Está a su disposición. Si quieren ver mis mail es cosa que en el municipio le den la clave al fiscal y puede acceder a mi correo. Nunca borré un correo, están todos ahí”, asegura.

El búnker de Sabat

Guido Ovando no sólo habría consignado en su informe la desaparición del equipo de Sabat, sino también comentó que en el despacho del alcalde Zarhi se estaban retirando cámaras de seguridad y otros equipamientos. Las concejalas Paula Mendoza y Alejandra Quevedo aseguran que el mismo alcalde les habría confirmado que en su oficina, además de cámaras, existían micrófonos. Versión que también confirma la administradora municipal Sandra Fuentes. En la sesión del concejo del martes de esta semana, Jaime Castillo solicitó formalmente que se investiguen los montos asignados para la compra de los equipos y los motivos que habría tenido el exalcalde para tener en su despacho instrumentos de seguridad de este tipo.

-Siempre hemos sabido esto, lo que pasa es que nadie se ha atrevido a preguntarlo. A la luz de lo que ha pasado ahora me parece necesario porque la gente empieza a unir estas cosas y va configurando un cuadro absolutamente lapidario. Una verdadera caja de Pandora- comenta Castillo.

Pedro Sabat asegura que efectivamente habían cámaras en su despacho, que no recuerda el número y que las puso después que le robaron una caja fuerte que tenía en su oficina. “Fue un equipo para que nadie pueda entrar y salir de mi oficina sin ser filmado. Si todos eran filmados se acaban todos los problemas. Ninguna coimita, ninguna oferta indecorosa”, sostiene.

Sobre la iniciativa de Zarhi de sacar las cámaras, asegura que le parece mucho más sospechoso aquello, pues precisamente en las filmaciones estaría el responsable del robo del equipo. “Cuando encuentren el equipo perdido, van a saber quien se robó el computador”, agrega.
Respecto a los micrófonos, Sabat es más ambiguo. Reconoce que no sabía si existían y, a la vez, que no eran para grabar al señor Zarhi. “Eso sería el colmo de la ridiculez”, dice. “Nada estaba escondido, estaba todo al lado del computador. Tendrían que preguntarle a quienes los instalaron, pero no era la intención grabar las conversaciones”, precisa.

Los micrófonos y cámaras, sin embargo, no eran los únicos elementos de seguridad que utilizaba. También contaba con una puerta con acceso dactilar en su oficina y el ascensor que llegaba al cuarto piso, donde se encontraba su despacho, estaba habilitado sólo para él y algunos de sus colaboradores más estrechos. “Eso habla de un delirio de persecución. Porque si haces que tu lugar de trabajo se parezca más a un búnker que a una oficina de un alcalde es porque te sientes muy lejano de los demás, sobre todo para alguien que fue elegido por elección popular”, asegura Alejandra Quevedo.