Odebrecht, una palabra que quizá muchas personas tengan problemas en pronunciar, se ha convertido con el paso de los días en un vocablo que esconde algo que pareciera ser un monstruo de mil cabezas, de tentáculos insospechados. En simple, se trata del apellido de un empresario brasileño de nombre Norberto, quien en 1944 fundó una compañía que pasaría a convertirse en un gigante dentro de la región. De hecho, opera en Chile.

Pues bien, a fines de 2016, la Justicia de los Estados Unidos dio a conocer una investigación sobre esta compañía (la constructora más grande de América Latina) que detallaba el pago de coimas a distintos gobiernos de América Latina, esto a cambio de asegurarse contratos bastante jugosos, como la licitación de la Carretera Interoceánica del Sur, hecho que derivó en que se dictara una orden de prisión preventiva contra el expresidente peruano, Alejandro Toledo, quien -se acusa- habría sido mojado con 20 palos verdes.

De acuerdo a la información del caso, Odebrecht sobornó a funcionarios de los gobiernos de Colombia, México, Panamá, Guatemala, República Dominicana, Perú, Argentina, Venezuela, y Ecuador, además de EEUU y otros países en África. El total de pagos de la constructora bordearía los 788 millones de dólares.

Se trata de “más de 100 proyectos en 12 países, incluidos Angola, Argentina, Brasil, Colombia, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, México, Mozambique, Panamá, Perú y Venezuela”, dice el documento emanado por el tribunal gringo, del Distrito Occidental de Nueva York.

Para ejecutar la trama, Odebrecht habría creado en los ’80 una caja bajo el nombre ‘sector de relaciones estratégicas’. Con ésta, se habrían pagado los sobornos, como se dijo, a distintos funcionarios de gobiernos regionales.

Como en la vida nada es gratis, los 788 millones de dólares pagados en sobornos le habrían generado beneficios a la firma por unos 1.400 millones de dólares.

La caída de Odebrecht

El diario El País de España recuerda en la publicación “Qué es el ‘caso Odebrecht’ y cómo afecta a cada país de América Latina” que el escándalo comenzó a estallar cuando a mediados de 2015, mientras se investigaba la trama de corrupción de Petrobras, Marcelo Odebrecht, nieto del fundador de la compañía, era detenido en su lujosa mansión de Sao Paulo.

El poderoso millonario se negó por meses a tirar la cadena, pero las pruebas de los hechos (la carpeta olvidada de una secretaria en la que figuraban los nombres y apodos de los políticos sistemáticamente sobornado constituyó una de las más concluyentes) y la situación de la empresa, lo dejaron encajonado y debió soltar todo.

Así las cosas, cantó y a cambio de una rebaja de diez años en la condena.

Después de aquello, la firma pidió perdón públicamente y pagó una multa de 3.500 millones de dólares a los gobiernos de Brasil, EEUU y Suiza.

Además de que Odebrecht conseguía rebajar la pena, la compañía volvía a quedar habilitada para participar en licitaciones de obras públicas.

Los coletazos en América Latina

De todos los implicados, el primero en caer ya fue el expresidente Toledo. Según acusó la fiscalía, el exgobernante recibió 18 pagos de unos 20 millones de dólares para conceder una licitación. El persecutor pidió la prisión preventiva y el tribunal ya lo decretó.

En Colombia, el asunto salpicó al actual presidente Juan Manuel Santos. Se dice, que hubo sobornos por 11 millones de dólares, y parte de las platas que recibió un senador fueron a parar a la campaña del actual mandatario.

En Brasil, se entrecruzan las tramas de Petrobras y Odebrecht y la información sostiene que hubo mil millones de dólares destinados a sobornar a políticos, a través de donaciones para campañas.

Recuerda El País que la prensa ha filtrado -entre otros- los nombres del actual presidente, Michel Temer y sus antecesores Dilma Rousseff y Luiz Inácio da Silva.

En el otro gigante de la región, Argentina, la investigación apunta a pagos por 35 millones por contratos de unos 278 millones durante el kirchnerismo, pero también alude a Macri, a través del jefe de espionaje Gustavo Arribas.

“No entiendo de dónde sacan la vinculación con Odebrecht, es un cuento”, se defendió el jefe de Estado trasandino.