La antigua central en Berlín de la policía política germanooriental, la Stasi, acoge desde hoy la exposición “El Dios Rojo – Stalin y los alemanes”, centrada en el culto que las autoridades de la extinta República Democrática Alemana (RDA) rindieron al dictador soviético.

El recinto de lo que fue la sede y cárcel de la Stasi, ahora un centro de documentación y tutela de sus archivos, además de museo, exhibe esa muestra, donde confluyen material de propaganda, fotos y libros alrededor de esta temática y que preside una gran estatua de Josef Stalin.

La documentación recabada ilustra el culto que desde la cúpula de la RDA se dedicó al dictador, tanto en tiempos de Walter Ulbricht en la jefatura del Estado germano oriental como varias décadas después de la muerte del líder soviético, en 1953.

“Que se pueda idolatrar a un genocida es incomprensible, desde la perspectiva actual, y evidencia la capacidad de manipulación de las masas”, apuntó el director del centro de documentación de la Stasi, Hubertus Knabe, en la presentación a los medios de la muestra.

El culto a Stalin creció incluso tras la muerte de éste, como ilustra el gran número de calles, plazas, distritos y hasta una ciudad que fueron bautizadas con el nombre del líder en todo el territorio de la Alemania comunista.

En la RDA, fundada en 1949, cuatro años después de la Capitulación del nazismo, el culto a Stalin fue una especie de doctrina impuesta desde Moscú que la cúpula germanooriental adoptó sin reservas, apuntó Knabe.

Antes de la inauguración de la muestra, este jueves, la estatua de Stalin regresó por unas horas al punto de una céntrica avenida del antiguo sector este de Berlín donde estuvo emplazada hasta 1961.

De la sesión fotográfica en lo que fue el emplazamiento original, fue trasladada al patio de la central de la Stasi, a modo de “tarjeta de presentación” de la muestra.

La pieza es obra de Nikolai Tomski, artista oficial en tiempos de la Unión Soviética, que tras ser retirada de las calles de Berlín acabó en Mongolia, donde fue hallada y restaurada para exhibirla ahora de nuevo en la capital alemana.