Con un par de excepciones, últimamente mi vida amorosa ha estado pobladísima de malas elecciones. Por eso, cuando conozco alguien menos charcha que la persona anterior con la que salí, pienso que es la gloria misma.

Mi hermano lo metaforea con la siguiente situación:

A todo el curso le va horroroso en una prueba. La nota más alta es un 4.8. El profesor anuncia con asco y compasión:

-Voy a tener que bajar la escala.

Y así, el 4.8 se vuelve 7.

Esto que sirve para metaforear romance también sirve para el vínculo Felipe Kast-Chile Vamos. Si tus compañeros de curso son la UDI, no es difícil que brilles. Si tu tío es J.A.K, a ti te van a decir el Kast bueno, el moderado. Eres el 4.8 que se vuelve 7.

Kast tiene dos formas de ser 7.

La primera es el entusiasmo que genera en el votante zorrón que se autodefine como liberal y que establece una relación de espejeo con Felipe. Ese votante se siente Felipe Kast. Emprendedor, eternamente joven, abierto y todo lo que Felipe se ha dedicado a proyectar convirtiéndose exactamente en lo contrario de su frasecita #lafuerzadelasideas.

Su fuerza es la de la imagen -su imagen- de huevón exitoso-progreperonodesmedido-viajado-enérgico (1) y no es raro, entonces, que su franja para las elecciones pasadas pareciera más una charla motivacional dirigida a sí mismo (“¿Cómo hacer de Chile un mejor País/Primero tienes que conocerlo/recorrerlo/conocer a su gente…”) que un proyecto político consistente. Tampoco es raro que su votante se sienta progre pero jamás defina su voto en relación con temas de derechos humanos a.k.a agenda valórica. Su manera de transitar por la apertura es la de pensar que se oponen a un viejo UDI pinochetista y autofelicitarse por eso. A este votante la palabra facho le causa horror: ellos no son fachos, Felipe no es facho, facho es una palabra que debería entrar en desuso porque #chiledebemirarhaciadelante.

La segunda forma de ser 7 está bien ligada a lo anterior pero pertenece a quienes jamás votaríamos por él. Su virtud, aquí, es que pasa desapercibido. Mientras nos desvivimos hablando de gente como J.A.K o Manuel José Ossandón –gente que adora ser visible – nos olvidamos de Felipe y lo metemos en la categoría de facho-no-tan-facho. Y eso porque parte de la construcción de su imagen está ligada a la repetición de conceptos como libertad, diversidad, liberal.

Pero es necesario ver de qué habla Felipe cuando habla de libertad.

Es necesario desgranar su discurso porque seguro que es Felipe, y no José Antonio, quien tiene más posibilidades de gobernar Chile (2).

Estos últimos días he leído/escuchado varias de sus entrevistas, actividad que me ha requerido de una paciencia inimaginable: todo lo que dice es impreciso, su moderación se sustenta en nunca nombrar las cosas con exactitud o en torcer conceptos. Un ejemplo. En una entrevista con La Tercera sobre la Ley de Identidad de Género, se desmarca de la UDI diciendo que está a favor. Pero –siempre hay un pero- considera que en el caso de los menores entre 14 y 18 años deben ser los papás quienes tengan la decisión de permitir el cambio de nombre en el registro. Y enfatiza el concepto de “libertad” de los padres como si fuera súperlógico y justo que sean ellos, y no el sujeto que efectivamente es trans, quien debe decidir. En esto hay dos movidas muy propias de Felipe. La primera, no asustar: “Ojo, soy liberal pero no arranquen porque tampoco es para tanto”. La segunda, una operación de lenguaje que se repite en varias partes de la entrevista. Cuando el periodista le menciona que el tema del matrimonio igualitario divide a Chile Vamos, Felipe Kast responde: “No tiene nada de malo que genere diversidad”.

Estos últimos días he leído/escuchado varias de sus entrevistas, actividad que me ha requerido de una paciencia inimaginable: todo lo que dice es impreciso, su moderación se sustenta en nunca nombrar las cosas con exactitud o en torcer conceptos.

Diversidad

Entiendo que el lenguaje no es algo inmóvil ni le pertenece a un solo grupo, pero usar el concepto de diversidad para hablar de la conversación al interior de un conglomerado en el que la mayoría de sus integrantes ha violentado sistemáticamente los derechos LGBT, me parece –por lo bajo- torcido. Y ya derechamente violento cuando, en una entrevista en la radio, dijo: “Estoy en contra del aborto porque soy liberal”. Porque, claro, la “libertad” del feto está antes que la libertad de la madre. Una operación mental bien curiosa para alguien que considera que la libertad de un trans de más de 14 años (¡14 años mayor que un feto!) está por debajo de la libertad de los padres.

Para cerrar: en la franja/charlamotivacional de Felipe, se veía por un segundo un pizarrón con muchas propuestas, ideas, etc. Uno de ellas era “Bienvenidos los inmigrantes”. Y aparecía tachada. Si no hubiera sido porque existe Internet y alguien le sacó un pantallazo, la frase –y su tachadura- pasaban coladas. Y es eso, al final, lo necesario: sacarle el pantallazo, hacer zoom, subrayar lo que él no quiere mostrar.

Pd: Creo que me excedí de generosa poniéndole un 4.8

(1) Tengo un conocido que lo encuentra hasta mino.
(2) Escribo esto queriendo borrarlo.