Lo más reciente en política continental fue el llamado de Luis Almagro, de la OEA, a intervenir Venezuela. La iniciativa fue rechazada incluso por el Grupo de Lima. ¿Ese gesto termina con la amenaza de intervención externa a Venezuela? ¿Qué factibilidad tiene Trump de cumplir sus intenciones ya públicas de hacerlo?

-Las amenazas externas van más allá de pronunciamientos, votaciones o palabras. El mundo en general debe empujar y acostumbrarse a una política de relación entre los países distinta, de respeto, de no intervención y bajo una verdadera óptica de derechos humanos. Quienes se creen dueños del mundo deberán comprender que los pueblos buscan el respeto y la libertad. Trump ha sido un mandatario poco predecible y muy cambiante.

El Grupo de Lima nace como alternativa al ALBA e incluye a México. ¿Crees que México permanecerá en ese grupo cuando asuma André Manuel López Obrador (AMLO) o virarán hacia una nueva alianza latinoamericana?

-Creo que son tiempos nuevos y distintos para México y nuestra región. De entrada, el próximo gobierno mira bajo otra óptica las relaciones con América Latina y con el mundo. Nuestro principio es la no intervención y el libre derecho a la autodeterminación de los pueblos. Bajo esa convicción, México debería salir del Grupo Lima.

Las situaciones en Venezuela y Nicaragua son críticas. ¿Cuál va a ser la posición y disposición del gobierno de AMLO con los gobiernos de Maduro y Ortega? 

-La constante en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador será tener respeto a los distintos gobiernos del mundo y, más que sumarse a una dinámica de señalamiento, tender la mano a otros pueblos sin violentar nuestro principio de no intervención. En el inicio de su gobierno, AMLO estará más interesado en resolver las crisis internas y comenzar un nuevo mandato que en opinar sobre la situación de otros países.

¿Debe la izquierda latinoamericana desmarcarse de figuras como la de Maduro y Ortega? 

-La izquierda en América Latina debe desdibujarse de dogmas que le han lastimado, deslindarse de símbolos negativos que algunos medios de comunicación le han impuesto y no perder la esencia más noble de sus luchas. Debe reconstruirse en cada país con base en sus propios contextos y condiciones. Más que desmarcarse de otras figuras, debe ser solidaria cuando deba serlo y crítica cuando la situación lo amerite. Desmarcarse o generar un respaldo total, más que fortalecer la izquierda latinoamericana, la debilitan, por lo extremoso.

Más al sur tenemos a dos ex presidentes siendo investigados por corrupción, como son Lula y Cristina Fernández. Rafael Correa está asilado en Bélgica. ¿Cuál es tu evaluación del período progresista que gobernó gran parte de Sudamérica la última década?

-Estoy totalmente convencida de que la derecha y las fuerzas conservadoras en América Latina no desaparecen con la llegada de gobiernos progresistas, sino por el contrario, buscan aglutinar fuerzas para dar las embestidas que le permitan aprovecharse de los errores de esos gobiernos y seguir jugando sucio, judicializando ex presidentes -es evidentemente sistemático- y, construyendo campañas negativas.

¿Son estos procesos modelos de inspiración para Morena y la alianza que llevó al triunfo a AMLO? 

-Sin duda los procesos progresistas en América Latina y en el mundo son inspiración para nuestro pueblo, pero nuestras condiciones son distintas a las de cualquier país y no buscamos replicar ningún proceso, sino encontrar, construir y fortalecer el propio.

No obstante, debemos aprender de los ejemplos del periodo progresista en Latinoamérica y no dejar de hacer base en las calles y con la gente, una de las principales características del triunfo de nuestro movimiento, no permitir actos de corrupción, trabajar en la formación de cuadros políticos y administrativos para la continuidad de nuestro proyecto y no ser tan confiados con la derecha y la oposición.

La alianza que llevó al triunfo a AMLO fue la del pueblo, la de años de recorrer todo el país y establecer lazos sobre todo con quienes más lo necesitan.

¿Cómo puede romper la izquierda con la corrupción? ¿Es posible evitarla cuando los partidos agarran una mayor magnitud o llegan a gobernar? 

-Sí, cuando se hace política con ética y se entiende como una herramienta para transformar y mejorar la vida de las sociedades, y no un espacio para enriquecerse y generar abusos a través del poder. No es fácil eludir el glamour del poder y la perversión del mismo en sistemas donde el engranaje está muy aceitado bajo las trampas de la corrupción. En un país como México, la corrupción es una constante en la política y ha permeado en distintos ámbitos de la sociedad. No es casual que una de las banderas de AMLO sea el combate a la corrupción y que haya un enorme respaldo popular a un político como él. Es quizás el único político con una trayectoria intachable en términos de honestidad. A décadas de trayectoria política, nadie ha podido demostrarle un sólo acto de corrupción. Encontrar en México un político honesto es una ganancia enorme.

La izquierda debe reconstruirse y, en general, la política debe ser un espacio para servir y no para servirse. Por eso ya iniciamos eliminando los privilegios de la clase política, para que no haya si quiera tentaciones. Nuestro gran reto es demostrar que se puede terminar con a corrupción. La expectativa nacional es enorme y tomando como una gran bandera la anticorrupción, no podemos permitirnos caer en ningún acto de ese tipo.

Otro tema ineludible es el narcotráfico y el crimen organizado que afecta a México. A AMLO se le ha criticado por no presentar propuestas claras para enfrentar este tema.

-Más que no tener propuestas claras, quienes han sido promotores de “la violencia se acaba con más violencia” no comprenden que pueda buscarse la pacificación nacional a través del desarrollo, el diálogo y la amnistía. La violencia y la inseguridad responden por lo menos a dos causas: uno, la falta de oportunidades que obligan muchas veces a jóvenes y no jóvenes a decidir entre migrar, entrar a la delincuencia o quedarse en la inacción; y dos, una política de “seguridad fallida” que desató la violencia y provocó la corrupción en algunos sectores policíacos.

¿Cuál es el camino que debe adoptar un gobierno de izquierda para enfrentarse al narcotráfico? 

-El primer paso es reconocer que la política de seguridad ha fallado, que la impunidad se ha vuelto una constante, que la corrupción ha tocado a policías y autoridades y que el crimen organizado ha reclutado a las personas más vulnerables. AMLO ha planteado mirar el problema de la inseguridad con una arista social que permita generar mayores oportunidades las personas más vulnerables de nuestro país. Ha planteado un mayor control o revisión al ejercito y a las policías, para que no existan complicidades con el lado criminal.

Hemos hablado de una amnistía que nos permita encontrar a las verdaderas cabezas criminales a través de los “chivos expiatorios” que son mayoría en las cárceles. Además se están explorando dos rutas: una es el diálogo abierto en foros estatales entre víctimas, especialistas, organismos de derechos humanos, académicos, representantes religiosos y el próximo gabinete, para escuchar propuestas y rutas de acción para abordar la última década de violencia; la otra ruta tiene que ver con la legalización de la marihuana y la amapola.

Chile, Frente Amplio y futuro de la izquierda LA

En Chile se ha levantado un nuevo referente político que es el Frente Amplio, conformado por partidos y movimientos liberales y de izquierda. Entre los segundos se habla mucho de construir una izquierda del siglo XXI, desmarcándose de los procesos del siglo pasado e incluso los gobiernos progresistas de inicios de este siglo en Sudamérica. ¿Es factible romper con la tradición histórica de la izquierda en este intento por levantar nuevos referentes? 

-Es factible y urgente construir nuevas alternativas desde la izquierda. Dejar en el pasado, más como práctica que como memoria, los errores de la izquierda, los de ayer y los de hoy. Sin embargo, considero que tampoco podemos olvidar de dónde venimos y las luchas que hemos dado como izquierda en la región.

Nuestro error ha sido tratar de replicar lo de antes o lo de otros lados; no nos hemos situado en el momento que vivimos, abriendo paso a una discusión sobre cómo transformamos la realidad que no nos gusta, llena de miseria, de desigualdad y violencia en todos los sentidos. Nos hemos clavado en el dogma o la tradición, y en este momento de crisis general, sería irresponsable no romper los vicios viejos de la izquierda ni atreverse a construir nuevas opciones. El Frente Amplio para Chile es un ejemplo de ese esfuerzo novedoso. Le miro con respeto y admiración.

En Chile el feminismo ha tomado una fuerza mediática y política que no se había visto antes.  ¿Es el feminismo la lucha que aunará a todas las luchas sociales en este tiempo? ¿Es un patrimonio exclusivo de la izquierda?

-Un error de la izquierda, justamente, ha sido no asumirse feminista. La lucha contra el capitalismo debe ser feminista o no estará completa. No podemos perdernos tampoco en luchas sectoriales, sí son importantes, la lucha feminista una de ellas, pero tienen que articularse todas las luchas porque la violencia, la opresión y la desigualdad provienen del mismo sistema económico y político, que es el que de origen debe modificarse. Sí considero que el feminismo es un patrimonio de la izquierda. No puedo entender la lucha feminista sin la lucha contra el origen de la desigualdad, contra el estado de privilegios.

El avance de la extrema derecha en Europa es un hecho. En Brasil un candidato de ese sector tiene posibilidades de convertirse en presidente de ese país. ¿Cómo debe enfrentar la izquierda este avance, o prevenir su crecimiento en Latinoamérica? ¿Cómo sería la relación entre el gobierno de AMLO y uno eventualmente de ultra derecha en Brasil?

-Son muy lamentables los vientos conservadores que pueden azotar a Brasil y que han azotado a al región. La relación institucional justamente debe ser de respeto. En el caso mexicano, hay una convicción de actuar con el principio de no intervención y de respeto a la autodeterminación de los pueblos. Por supuesto que con países progresistas habrá una relación de mayor coincidencia y, si la ultraderecha triunfa en Brasil, habrá respeto. Lo que es real es que las izquierdas en América Latina debemos generar espacios de análisis que nos permitan mantener un ala progresista y aprender de nuestros errores. Nosotros estamos ante una gran posibilidad de no repetirlos.

Es un hecho que Trump es un riesgo para a estabilidad mundial. ¿Cómo se van a relacionar con su gobierno, van a adoptar una posición de oposición como lo hicieron gobiernos progresistas de Sudamérica? ¿Cómo pueden abordar el tema de la inmigración mexicana, que es la razón de Trump para levantar el muro?

-AMLO ha sido muy claro en que la relación con Trump será de respeto y exigiendo el mismo a la soberanía nacional, que lamentablemente en la historia de nuestro país se ha visto lastimada por una constante relación de sesgos de sometimiento ante la nación estadounidense.

La relación entre el próximo mandatario de nuestro país y el gobierno norteamericano ha empezado bien, poniendo las cosas claras sobre la mesa y manifestando temas que son de nuestro interés. Uno de ellos es el de las y los migrantes nacionales y centroamericanos. No queremos ser un país de paso hacia la discriminación, el maltrato o la muerte en la frontera, sino uno con oportunidades al interior para que no se vuelva una necesidad salir al llamado “sueño americano”.

Has dicho en una entrevista a Página 12 que quieren que México deje de ser el patio trasero de Estados Unidos y mirar hacia el sur. Concretamente, ¿cómo crees que debería girar México hacia acá?

-Lo primero es tener la voluntad política para ello y la sensibilidad de comprender que América son varios países y no uno solo. México tendrá respeto y no será eco de la voz norteamericana que interviene de más en los países de la región. Establecer lazos mayores con América Latina, relaciones económicas, culturales, políticas de gran alcance y mirar al sur como una mirada de entendimiento de que hay mayor coincidencia entre nuestros pueblos.

 

* La senadora Citlalli Hernández participará del panel “Participación política y mujeres. Feminismo como lucha por la distribución del poder” de ¡A toda marcha! Viernes 19 de octubre, 17:45 horas, Auditorio del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Inscripciones en atodamarcha.cl