Pedro Ruminot: “Nunca me van a aceptar, siempre voy a estar fuera”

Ratones, piso de tierra, goteras, pero por sobre todo humillaciones y bullying. Así recuerda Pedro Ruminot su infancia en Rinconada de Maipú. Eso y un pequeño pero persistente resentimiento que empezó a anidar desde que tenía 6 años, cuando si no es por una rifa se queda sin cena de navidad. Ese resentimiento lo habita hasta el día de hoy y se expresa de extrañas maneras. Lo cierto, afirma, es que siente que no pertenece.

Créditos foto: Leo Piagneri.

 

En la enseñanza media se cambió de colegio y conoció a su amigo Sergio Freire, con quien a tientas, comenzaron a hacer comedia. La madre de Sergio, al mirarlos presentar a Nicolás Massú en sus sketchs imaginarios grabados en VHS, les gritaba desde el segundo piso: “¡Pobrecitos!”.

Hasta que llegaron a Chilevisión sin conocer a nadie. “Guatón Salinas tenía la teoría de que hicimos un túnel y así entramos al canal”, recuerda. Ahí, entre clasismo y racismo, según afirma, logró despegar con su carrera en el Club de la Comedia. Recién partía el Notero Pobre cuando le diagnosticaron un cáncer terminal y le dieron 15 días de vida. Su amigo Sergio le imploraba, medio en serio, medio en broma: “No te murai po hueón, no ahora”.

Ya han pasado once años desde que superó el cáncer físico, pero no el sicológico, el que le cambió el brillo de sus ojos y que, cual espada de Damocles, pende sobre él.  

Hoy tiene dos hijos, está casado con la comediante Alison Mandel y cierra un año exitoso como comediante y flamante estudiante de derecho, integrante del directorio del Instituto Nacional del Cáncer y actor de la serie Tiempos Mozos, protagonizada por Ignacio Socías. En la serie, Pedro interpreta al doctor que le notifica a uno de los personajes que tiene cáncer.

Acá la conversación con el que un día fue el Notero Pobre y que hoy se proyecta, a largo plazo, como alcalde. Un comediante genuino, rudo, melancólico, que dice no pertenecer, no encajar, y que reflexiona sobre el humor en tiempos de corrección política.    

 

¿Partamos hablando del humor en tiempos de corrección política? ¿Viste la rutina de Kramer en la Teletón?

A mí me gustó. Justo lo había ido a ver hace tres semanas a un show y lo que más me gusta de Kramer es que es completo. Me da envidia. De hecho le dije: “puta, me cagaste, porque me dejaste la sensación de estar incompleto”. Y más encima tiene como cinco hijos.

La hace todas…

Yo le comentaba a Stefan que cuando veía sus historias en Instagram, en las que aparece con su esposa Paloma y sus hijos tocando piano y cantando bien, y yo le decía a mis hijos: “¡Hasta los hijos de Kramer nos ganan!”.

Pero ahí la polémica fue porque se rió del Presidente, más encima en la Teletón, un “momento de unión nacional”…

Yo creo que, en realidad, (la gente de su sector) se está aprovechando de la situación para victimizarse y hacer que su sector despierte, en circunstancias de que con Bachelet fueron mucho más duros y nadie les dijo nada. No tienen moral como para andar llorando ahora por unos chistes, que además, son casi reales. En el humor se exageran ciertas cualidades para lograr la risa, entonces, digamos que Piñera se equivoca y realmente se equivoca. Al final, Piñera se parece más a la imitación que Kramer hace de él, que a él mismo.

¿Cuál es el límite del humor?

No hay un límite, y si lo hay, es el público que o te pifia o te sigue. Acá hay una gran valentía de parte de Stefan porque los que más contratan para eventos son las empresas, y las empresas, ya se sabe, tienen dueños de derecha, que además financian las campañas de políticos de derecha. Stefan está marcando un punto de inflexión en su carrera, porque hace lo que realmente siente. Él me lo dijo el otro día: “hice lo que sentí que tenía que hacer”, haciendo referencia al mensaje final de los mapuche. Pero también lo hace en un contexto de humor al meter el chiste de Álvaro Salas al final.

 

Pero muchos se enojaron…

En tiempos de corrección política todos exigen que hayan ciertos límites y los límites no los puede poner Cecilia Morel po’, tampoco un partido político. Los límites los pone el público no más, y si el público no quiere seguir viendo a Stefan y no le compra más entradas, bueno, tendrá que girar y hacer un cambio, y con el talento que tiene va a seguir haciéndolo y le va a seguir yendo bien. Ahora, ¿cómo están los tiempos para hacer humor? Difíciles, pero yo creo que es positivo, porque te insta a pensarlo más, a desarrollar mejor el humor y a trabajar más.

¿De qué temas te cuidas?

De todo. Porque a mí siempre me ha gustado mucho hacer chistes donde apenas los pronunciaba, esperaba que antes de la carcajada viniera un “oh”, como señal de asombro, y después la risa; como que la gente sintiera culpa y después se riera.

¿Como “se le pasó la mano”?

Claro, pero ahora ya no. Porque me di cuenta que disfruto más de que se rían en vez de que se pongan tensos. Y me cuido en todos los temas, además porque asumo que, por ejemplo, en el Club de la Comedia éramos espantosamente machistas. Y digo terriblemente machistas, pero uno no tenía conciencia, ¿cachai? Como que no tenías la educación ni la conciencia de decir: “a ver, a ver, paremos, muchachos, estamos mal”. Muchas cosas no estaban bien, pero no las veíamos y ahora con el paso del tiempo y con la información adquirida, llega a doler la guata. Y es como: “chuta, ¿de verdad dije eso?”.

Y bueno… Uno ha tenido que “deconstruirse”, como dicen los lolos…

Sí, totalmente.

Y es rarísimo, porque uno creció escuchando chistes de la suegra, de la mujer, del cojo, del gangoso, del “colita” y eso no fue hace mucho…

Con Avello vimos una rutina del Festival de Olmué del año 2000. No me acuerdo del comediante pero era de la vieja escuela. Juan La Rivera estaba animando y cuando el comediante se le acercaba, muy amaneradamente le decía: “Hola, Juanito, ¿cómo está?”, y el animador le contestaba: “Ya, ya, córrase que eso se pega”. ¡Eso fue el año 2000! No fue hace tanto. Chuta, si uno se pusiera a revisar todo el material, de todos los humoristas y comediantes hacia atrás, uno se encuentra con demasiadas sorpresas y chistes que ahora no se podrían hacer y no se van a hacer más.

 

¿Todos vamos a caer?

Sí po’, o sea… Si hacemos ese ejercicio de revisión, todos van a caer, como dicen. Pero yo creo que también hay que tener la tranquilidad y la calma como para decir: “A ver, ¿realmente este comediante quiso hacer esta rutina para herir a la gente o lo quiso hacer para hacer reír en el contexto de esta época?”. Eso no exculpa el contenido en sí, pero sí el hecho de que uno no lo hizo con las ganas de ponerse contra las mujeres, o contra los gays, o contra los niños, o contra la Iglesia, contra lo que sea. No, uno dijo: “Ah, este es un buen chiste”. Incluso, yo creo que muchas colegas feministas hicieron chistes machistas sin cachar y con el tiempo dijeron: “Chuta, está mal po”. Así como uno… Yo he visto unas rutinas mías espantosas.

 

Y es como “¿trágame tierra?”

Sí, sí po’. Y por eso insisto en que es difícil hacer humor en estos tiempos, pero creo que las transformaciones sociales son lo más sano que le ha podido pasar a Chile. He escuchado comediantes que dicen: “Uno no se puede reír de nada ahora, no puedo hacer nada”. Y me dan ganas de decirle: “ya po, flojo, ponte a trabajar. Esfuérzate un poco”.

Puedes hacer lo mismo sin dañar a nadie, sin menoscabar.

Exacto y unos van a tomar el camino del humor familiar, que es el que tomó Felipe Avello, por ejemplo. Otros van a tomar el camino del humor más político o abanderizarse con una causa, que es lo que hizo Natalia. Y así, cada uno va a tomar su camino, no hiriendo a nadie. Por ejemplo, yo, siendo una persona católica, hice chistes sobre la religión que me trajeron problemas. Yo creo que soy el único comediante católico que hay, que va a misa.

 

Te felicito. Harta falta que hace.

Sí po. Yo rezo en el día. Y tengo la Virgen del Carmen en el living. Y me acuerdo que en Viña hice chistes sobre Jesús y un epiléptico y ahí la cagué y me di cuenta de muchas cosas que no estaban bien. No debería haber dicho eso porque, si bien era humor incorrecto, irreverente, no era lo que yo quería hacer. No quería que la gente se sintiera mal y quería que se riera. Claro, pero en este camino no lo entendí y la embarré. Y ese aprendizaje fue súper bueno para mí. Todo esto es bueno porque, finalmente, uno tiene que pensar y aprender, como decías tú, a “descontruírse” y volver a reconstruirse. Prefiero que me digan: “no me gusta, no me hace reír, es fome”, a que digan: “me heriste. Me angustió, me dio pena. Yo tengo un hijo así”. Eso está mal. Yo he estado en la situación del bulleado, ¿por qué yo voy a estar en la situación del que hace bullying?

 

¿Cómo está la relación con las comediantes? A mí me da la impresión de que muchas de ellas fueron adelantadas a su época y que fueron vistas como locas y miradas con desdén, con burla…

Yo creo que Natalia fue adelantada a su época y lo sigue siendo. La Natalia tuvo la visión y la capacidad de entender que hay cosas que no estaban bien y eso, además lo pudo llevar a su comedia. Lo que hizo es un salto exponencial en todo sentido. Y actualmente las mujeres en la comedia son las que llevan los temas y las propuestas más innovadoras en cuanto a temáticas y estilo.

 

Una vez a Jani Dueñas le preguntaron cuál era el comediante más fome y te nombró a ti. La misma Natalia dijo que el Guatón Salinas era una rata. ¿Quedaron muchos heridos en ese equipo?

Sí, porque el Club de la Comedia era un gallinero y nunca estuvo en paz. No, me equivoco; creo que el primer año tuvimos tranquilidad, hasta que el canal nos dijo que se extendía la temporada. Me acuerdo que con la Natalia negociamos representando al equipo y conseguimos que nos subieran el sueldo mucho más de lo que esperábamos. Empezó el éxito, el rating y todo lo que conlleva eso. Gente que era absolutamente desconocida, que no tenía un peso, se vio en una situación de fama, plata y empezamos todos a volvernos locos. Incluso nos fuimos de vacaciones a Brasil todos juntos.

 

¿Hay algún mea culpa que haces de cómo terminó todo eso?

Yo nunca debí haber asumido la jefatura del Club. Nunca, nunca, porque me transformé en el jefe de mis amigos.

 

Que mal negocio…

Mal negocio. Pero, si yo no lo hacía, el programa se acababa. Y siento que ahí los ejecutivos fueron súper cobardes y fueron super maricones porque, en el fondo, ellos nos vieron como un grupo bien unido en un momento y empezaron a resaltar algunos por sobre otros y eso generó resquemores, resentimientos… Entonces tenía a mis amigos, a mis mejores amigos al lado y, de repente, los estaba mandando y era como: “ya po, si tú eres mi amigo, dame vacaciones”, “¿Acaso te olvidaste de que somos amigos?” y la hueá. Y ahí quedó la embarrada, porque no sé, me acuerdo que el Guatón Salinas se fue de vacaciones a Europa un mes, sin permiso, y nos cagó con las grabaciones. También debí haberme ido cuando quise irme. Y estuve por lo menos unos dos, tres años aguantando ahí, de hueón.

 

¿Por qué decidiste ser comediante? ¿Cómos se produce esa decisión?

A mí me pasó que yo quería ser director de cine, quería hacer películas. Luego caché que no iba a poder, porque no era tan fácil y dije: “voy a ser guionista”, porque un profesor me lo sugirió, a la vez que me aconsejó estudiar comunicación audiovisual.

 

Sergio Freire me dijo que ya desde el Don Orione estaban haciendo comedia…

Sí, pero era algo como para entretenerse. Era como Los Prisiones con los Vinchucas, cachai, como tocando y diciendo: “oye, hagamos una banda”, teníamos la intención de hacer muchas cosas sí, pero yo no diría que éramos comediantes…

 

Pero, ¿eras gracioso? ¿Por qué uno se descubre gracioso?

En mi caso puedo decir que hay un momento en el que uno dice algo en serio y cacha que se están riendo todos. Eso me pasó. En un momento me decían: “dices cosas serias, con cara seria, pero da risa”. Es como ese efecto que logra Felo en un momento.

 

¿Y eso que genera en ti?

La risa, lo que genera la risa grupal sobre lo que uno dijo es una sensación muy rara. Yo creo que es como cuando haces un gol.

 

¿Verdad?

Es como: “funcionó”.

 

¿QUIÉN ES EL MÁS POBRE?

El humor también es un mecanismo de defensa… Sergio decía que era una forma de protegerse del bullying.

Sí po. O sea, nosotros en el colegio que estábamos con Sergio, sí.

 

¿Te tenían para el fideo?

En la enseñanza básica sí, pero en la enseñanza media yo me cambié de colegio y ahí conocí a Sergio.

 

¿Y en la básica por qué te hacían bullying?

No sé… Con años de terapia he aprendido que no era el colegio correcto para mí. Y además que Maipú es un lugar bien particular.

 

¿Por qué?

Es una comuna que recuerdo muy violenta en mi infancia… Todo era violento… Era como de sobrevivencia, la lucha entre el más fuerte y el más débil. Yo estaba en un colegio donde íbamos niños súper, súper pobres, entonces estábamos todos sumergidos en una situación de violencia, en todos lados, incluso en la casa.

 

La pura pobreza es muy violenta…

Yo me acuerdo que había tenido un compañero que era, le decían “Jhonny Sarna”, porque tenía sarna y una vez tuve que ir a hacer un trabajo a su casa y vivía con chanchos gallinas; su casa era un real chiquero. Ese era el nivel de la cuestión.

 

¿Y en tu caso?

El otro día tuve una pequeña discusión en un matrimonio con la Lucía López, la periodista, quien me dijo en un momento: “Ya, Pedro, córtala, si todos tenemos un origen similar y todos venimos más menos de algo parecido”. Y yo digo: “a ver, a ver, compitamos, ¿quién es el más pobre?”. Y empezamos a reírnos y en un momento digo: “Cena de navidad, ¿Te faltó la cena de navidad alguna vez?” y hubo un silencio incómodo.

 

¿A ti te faltó la cena de navidad?

No, porque mi hermana mayor ganó la rifa del barrio… Yo siempre he tenido la teoría de que arreglaron ese concurso para darnos la caja de mercadería porque si no, nos quedábamos sin cena. Éramos chicos, estábamos con mi mamá, mi abuela, mi papá no estaba porque se había ido a Argentina… El otro día lo hablamos y yo dije algo así como “en ese año de mi vida se incubó un rencor en mi corazón tan grande contra todo y todavía no me lo puedo sacar”. Y nos empezamos a reír y mis hermanas dijeron: “Sí, a mí también me pasa algo parecido”…

 

¿Cuántos años tenías?

Seis o siete años…

 

Eras muy chico…

Nos humillaron mucho, eso recuerdo. También lo hablamos ese día: lo mucho que nos maltrataron a nosotros… La gente, los vecinos, en el colegio… En el colegio no tenía ningún amigo.

 

¿Por qué Pedro? ¿Te hacían bullying por pobre?

Por todo, por pobre, por negro. De hecho, hace unos años me invitaron a una reunión de los compañeros de esa época y pensé: “No, no voy a ir, para qué” y después dije: “Voy a ir. Me voy a conseguir un auto la raja y voy a llegar con la media hueá”.

 

Dime que no fuiste…

No, no fui. Y claro, como que me decían: “para recordar los buenos tiempos”. Y yo decía: “no fueron buenos tiempos”. Los buenos tiempos son ahora. Lo que viene. Pero no, fueron pésimos tiempos.

 

En esas historias de pobreza de los ochentas aparece el pan con aceite, las goteras en el living…

Piso de tierra, gotera, zancudos, bichos raros que no sabía qué eran. Aparte llegué a una de las últimas casas de Maipú, en Rinconada, entonces además era campestre y había ratones por todos lados. Eran unos bichos como coipos, una cosa así, impresionante.

 

Hay gente que prefiere olvidar esos momentos y a veces, incluso siente vergüenza de su origen… Siento que tú en eso ves un capital y le sacas partido, lo usas a tu favor, le diste la vuelta…

Es que no puedo ocultarlo. Yo hago ahora una rutina en donde digo que no puedo ocultar que yo soy cuma, entonces se me sale y de repente digo: “oye, haguemos” ¿Por qué dije eso?

 

El Notero Pobre se te asoma…

El Notero Pobre, claro. El otro día no me acuerdo qué dije en un paseo de curso de los niños y Alison me miró y se empezó a reír. Y le dije: “puta la hueá, ¿por qué siempre se me sale?” Claro, no lo puedo ocultar y, en cierto modo es un capital. La gente que yo admiro nunca lo ha ocultado, siempre ha estado orgulloso de eso, como Jorge González en San Miguel, resentido, con toda la razón. ¿Por qué uno tendría que ocultarlo? Y claro, muchos se hacen, como dices tú, los zuecos, los tontos y dicen “no, yo no soy de allá. Yo no tengo nada que ver”.

 

¿Persiste ese resentimiento? ¿Cómo se manifiesta?

En todo. Hay cosas que no puedo hacer y gente con la que no puedo tratar, aunque trato de no entregárselo a mis hijos…

 

EL RESENTIMIENTO

¿Qué te queda de ese cabro que tenía 18?

Estoy escribiendo una rutina donde digo que me gustaría construir la máquina del tiempo para viajar, hablar con el Pedro de 18 y pegarle una patada en la raja.

 

¿No te nace esa respuesta de “lo abrazaría y le diría que todo va a estar bien”?

No, no. No. No, yo le pegaría una patada en la raja tan grande. Y no sólo al Pedro de 18, también al Pedro de 25 y al de 26. Me pegaría constantemente una patada.

 

Hay gente que dice que si volviera a nacer, haría todo igual…

No. Yo haría todo distinto. Yo siento que me queda poco de ese Pedro, pero hay algo que sigue ahí, y es un poquito del resentimiento de ese Pedro. De los sueños que tenía ese Pedro no me queda ninguno, porque, por ejemplo, yo nunca más quiero trabajar en la tele. A mí ya no me llama la atención la tele.

 

¿Cuáles eran tus referentes de joven?

Veía Seinfeld en el cable, al que por cierto, estábamos colgados.

 

¿Cuál fue tu primera experiencia en la televisión?

Sentí clasismo y racismo… El clasismo era lo más fuerte.

 

¿Cómo lo viviste?

Me acuerdo que, por ejemplo, Pablo Morales dijo que nosotros no íbamos a salir nunca en la tele, porque nosotros teníamos un humor muy extraño y éramos muy morenos. Después dijo: “No, si estaba hueveando”. Cosas así.

 

¿Te preguntaste si debías estar ahí, si pertenecías, si eras un impostor?

¿Tengo que estar en este lugar? Claro, muchas veces. Y me pasa siempre. Por ejemplo, ahora me di cuenta de algo que debería haber hecho que yo no sabía. Tú pusiste el té dentro de la teterita que trajeron con agua y fue mucho más inteligente que haberlo puesto en la taza, como lo hice yo y después echarle agua. Y mientras hablamos me dije: “puta, eso no lo sabía”. Estoy lleno de falencias, de pequeñas cosas que las voy aprendiendo observando.

 

¿Qué te fastidia de la típica conversación sobre los orígenes?

O sea, lo primero que te hablan es del colegio. A mí me han pasado muchas hueás raras: una vez terminé carreteando con Dávalos. No sé por qué.

 

¿The real Dávalos?

The real Dávalos, en el Liguria. Como que yo iba pasando y me pasó y me metió como a esa cuestión cerrada. “¡Buena!”, era como un carrete… y al final terminé pagando todo. No sé por qué pasó, pero me habló todo el rato: “¿de qué colegio estudiaste?” “¿Dónde fuiste tú?” “¿De quién eres amigo?” “¿Conoces al no sé cuánto?”. Me acuerdo de un productor de Chilevisión, que tenía la foto de Pinochet en su oficina, -Silva creo que era el apellido-, que nos dijo a Sergio y a mí: “¿qué hacen ustedes acá?”. Nosotros le respondimos que estábamos trabajando y nos dijo: “No vengan a huevear acá. Si vienen a cobrar premios, se cobran allá afuera. Acá no tienen nada que hacer ustedes dos”. Y yo le dije: “¿qué te creí, conchetumadre? ¿Porque nos ves morenos, hueón?”. Y lo empecé a putear mientras Sergio llamaba a la calma. Sergio siempre llama a la calma.

 

Eso fue, francamente, ofensivo.

Sí po, y eso nos pasó muchas veces. Al punto de que yo llegué a decirle a Sergio que inventáramos que Mario Conca era nuestro padrino de confirmación. Mira la hueá… Mario Conca es el gerente general de Chilevisión. Y lanzamos el rumor en una van, delante de los camarógrafos… De ahí en adelante todos los hueones que nos trataban mal, empezaron a tratarnos bien.

 

¿No cansa estar dando pruebas todo el rato? ¿Cómo opera el resentimiento?

Sí po, de hecho, la Alison siempre me dice: “Me gusta que seas resentido, pero no tanto”.

 

MEAR EL ASADO

Bueno, te pasó hace poco con lo del comercial que rechazaste… Te enojaste mucho…

Sí po. O sea, he pasado por hartas etapas. En un momento estuve super tranquilo porque venía de vacaciones. Después me reía cuando llegué a la casa y dije: “Alison, la plata esa que iba a llegar, ya no va a llegar”. Y le conté todo. Y me dijo: “Ah no, está bien. Está super bien”. Después me dio rabia. Después me enojé y ahora pienso: “puta que son asquerosos”.

 

¿No te dio pena en algún momento?

Sí po. De hecho, me dijeron en algún momento: “pero tú eres comediante, tómatelo relajado”. Y yo le dije: “soy comediante, pero no soy tu payaso”. Me dio rabia porque igual los hueones tienen poder y plata. Primero, nunca pidieron disculpas y se hicieron totalmente los hueones. Intentaron seguir haciendo el comercial con amigos míos que les dijeron que no. Al final lo hicieron, pero hay que reconocer que fueron súper inteligentes porque pusieron una figura que no iba a ser cuestionada y de la cual yo no iba a decir absolutamente nada. Pusieron a Beausejour quien apareció como el mino en el comercial. Entonces, yo tampoco voy a cuestionarlo porque lo queremos y admiramos. Al final logré que cambiaran la campaña y ahora es una campaña donde Jean Beausejour es como el mino.

 

En rigor hiciste que cambiaran las cosas… Lo visibilizaste, eso sí, con costos personales…

Sí, y creo que me va a seguir pasando. A mí nunca me van a aceptar. Yo siempre voy a estar fuera.

 

¿Por qué?

Porque yo no pertenezco al mundo, en el que yo, entre comillas, me desenvuelvo. Finalmente, termino siendo un hueón que ni sale, no voy a ninguna cuestión porque no me gusta. Siento que siempre estoy siendo permanentemente juzgado, cuestionado.

 

¿Por qué crees que te juzgan más?

Porque soy aparecido, no sé… Hay gente que espera que yo sea un hueón con metralleta y con capucha y que represente a gente que no tengo o que no puedo representar. Para algunas personas, yo debería ser un hueón de izquierda, ser ultra más extremo y me tratan de vendido por hacer shows en empresas y la respuesta es: “hueón, pero ¿qué quieres que haga? ¿Dónde hago los show? ¿A quién le hago los show? ¿Dónde vendo las entradas?”.

 

Onda me extraña que tú, siendo del “pueblo”…

Eso por un lado. Ni hablar del cuiquerío, que a todo esto, me da lo mismo… Ahora, sí me gusta mearles el asado y ponerlos incómodos y que se pregunten: “¿Por qué este hueón está acá? ¿Por qué es así? ¿Por qué tiene eso? ¿Y por qué está en el restaurant que nos gusta a nosotros?”.  Y en esto incluyo al llamado red set… Yo, finalmente, no pertenezco a ningún lado. No soy de los cool.

 

EL BRILLO EN LOS OJOS

Y cumpliste tu sueño y no bien llegaste a la tele, te dio cáncer… Ya han pasado 11 años…  ¿Qué te enseñó el cáncer?

Tal vez la pregunta es ¿qué me enseña todavía? Siento que yo nunca he dejado de tener cáncer.

 

¿Por qué?

Porque te sanas físicamente, pero psicológicamente, nunca. El daño que te hace la quimioterapia es tan profundo y permanente que yo siento que nunca vuelves a estar completamente sano.

 

¿Es como un miedo a que te vuelva la enfermedad?

Por un lado, pero me refiero a la ira que uno siente cuando uno está en quimioterapia… No sé siquiera si llamarlo ira, es un sentimiento que no tiene nombre… Es una cosa tan rara. Es como un fuego que te quema por dentro, un odio que queda marcado. Además, el daño psicológico que te deja la quimio, es muy muy grande.

 

¿Por qué, particularmente, la quimio te deja así?

Yo no pensé que era tan terrible. Cuando me hicieron el primer ciclo yo dije: “ah, estoy vomitando no más”…. Mira, la quimio a todos les pega distinto, es como el copete… Te da instrucciones en tu cabeza: “Anda a darte una vuelta. Anda a comerte un completo”. Sales y te comes el completo y te preguntas, “¿por qué estoy haciendo esto? No quiero un completo”. Dos minutos después te dices que quieres ir a nadar. Y se da una discusión eterna de varias voces en tu cabeza que te dan instrucciones y te empiezas a volver loco. Y a eso súmale que estaba pasando de ser anónimo a ser conocido en el Club. Súmale la muerte, la sensación de que te vas a morir. Entonces, me volví loco.

Me acuerdo que el 2008, yo colapsé en el departamento de Sergio y al otro día estaba en el psicólogo.

 

¿Qué te dejó ese periódo?

El cáncer me ha ayudado a entender un montón de cosas pero también, siento que nunca he dejado de tener cáncer por lo que te decía y porque además todo el mundo me habla del cáncer. También me piden consejos y yo los doy, no tengo ningún problema. Hay gente que incluso cree que yo tengo como la sanación mágica, el dato. Y obviamente, no lo tengo y nunca lo voy a tener porque nunca he dejado de tener cáncer y estoy con el permanente miedo de que vuelva.

 

Créditos foto: Andrés Larraín Araneda.

 

Yo creo que, tal como lo dices, el cáncer causa estragos en las personas, en su alma, en su corazón… Pero muchos, a diferencia de ti, dicen  “sobreviví y ahora todo es bello, cada minuto es bello”… Y disfrutan como si cada día fuera un regalo…

Mentira. No les creo nada. Ese discurso se parece mucho al de los alcohólicos que dejan de ser alcohólicos y se transforman en evangélicos. Los rehabilitados que dicen: “Y ahora yo veo todo maravilloso”. No, si uno sigue teniendo los mismos problemas igual y sigue todo muy parecido, no cambia mucho. Lo único que cambia es que tienes más conciencia de la muerte, creo yo. El otro día veía a Alcaíno. Hace un tiempo leí una entrevista a Alcaíno en la que decía que él podía ver a la gente y saber que tuvo cáncer, como que la mirada de la gente cambia completamente.

 

¿Tú crees en eso?

Sí, completamente. Mi mirada no es la misma que tenía antes, para nada. Es más opaca, más triste. Como que se pierde cierto brillo, ¿cachai?.

 

Igual uno nunca vuelve del infierno con las manos vacías…

Es cierto. Con Sergio hemos tenido idas y venidas, pero siempre fue y ha sido muy importante para mí. Recuerdo también la amistad con la Natalia Valdebenito. Nosotros éramos super amigos y ella siempre estuvo presente. Ni siquiera podría hablar de una pelea con ella, es como que nos dejamos de hablar, pero ella siempre estuvo conmigo cuando estuve enfermo. De hecho, creo que la última persona que vi antes de entrar al quirófano fue a la Natalia.

 

SEÑOR ALCALDE

Para terminar, hoy día estás estudiando derecho, vas en el segundo año, ¿por qué derecho?

Porque fuimos a pedir un crédito con Alison para comprar una casa y el banco, después de tramitarnos mucho rato, nos llamaron y dijeron: “ya, le vamos a dar el crédito para la casa pero, a 10 años y tienen que dar el 50% de pie”. Yo digo: “¿por qué?” “Porque ustedes son artistas, entonces no tenemos seguridad de que ustedes nos vayan a pagar”. Y salí tan enojado del banco y le dije a Alison: “nunca más voy a ser artista, nunca más. Voy a entrar a estudiar derecho y se acabó esta hueá”.

 

Pero, ¿por qué derecho?

Siempre me gustó.

 

¿Qué hay del amor por la justicia?

A la primera clase que asistí lo hice con muchas dudas y el profesor Núñez, de derecho constitucional, habló de justicia. Y yo decía: “no existe la justicia social” y el profesor dijo: “La justicia social no existe, no existe; lo que dijiste es la justicia completa, que logra que la gente que tiene menos, deje de tener menos y logra cambios en la sociedad. Para eso están ustedes acá. Ustedes no pueden ser abogados de grandes corporaciones y hacerse millonarios. Lo que ustedes tienen que buscar es la justicia”. Y todo lo que habló me hizo tanto sentido porque lo que yo busco no es justicia social, busco justicia, justicia plena y completa en todo sentido. Las diferencias sociales, las diferencias económicas, las diferencias del país son tan grandes que lo que yo busco es justicia.

 

¿Cuáles son las injusticias más grandes que estás viendo hoy?

La distribución económica que en Chile es una vergüenza. El 1,6% se lleva el 80% del ingreso del país. Lo veo diariamente en familiares, lo veo en gente en la calle. Y son las mayores injusticias. El acceso a la justicia también es un tema.

 

¿Que más te enchucha?

A mí me enchucha todo. Como que dejé de ver noticias y casi ni leo diarios, siento que abandoné mi lucha con la relación con el país, pero igual es inevitable informarse y enterarse de las cosas. Como que yo estoy super desesperanzado de lo que pueda venir. Como que yo siento que el país está transformándose cada día en un país más fascista, de extrema derecha. El mundo en realidad, no sólo Chile. Y siento que no tengo nada que ver con eso y por eso como que me encierro en mi casa, me abandono y no quiero saber nada de nada. Por eso no me asombra lo de Catrillanca, ¿sabes por qué? porque es el quinto mapuche asesinado de esa forma, en esas condiciones. Entonces me enchucha, pero también siento algo que es como… a ver, no es impotencia, es como una sensación de que no se va a lograr nada.

 

Estás como desesperanzado.

Totalmente desesperanzado. Y me deprime un poco, pero inevitablemente después pienso: “no, vamos a hacer esto y vamos a pelearla y vamos a salir de esto”.

Cuéntame de tu fascinación por Cuba…

Sí, me encanta Cuba.

 

¿Es verdad que eres defensor del régimen?

Soy, no sé si defensor del régimen, digamos que admirador. Bueno yo estudié en la escuela de cine e hice un taller guión allá. No sé si soy defensor del régimen, la verdad.

 

¿Pero qué es lo que admiras tú del caso cubano?

Primero, obviamente, lo que todos saben. Que Cuba es una isla, un país que ha vivido un bloqueo económico impresionante. Yo creo que si Chile hubiese tenido ese bloqueo económico durante la cantidad de años que lo ha tenido Cuba, Chile no hubiese sobrevivido. Lo que más me gusta de Cuba es su gente, su lucha, su sabiduría y su pasión

 

Ya, pero ¿no tienes una particular devoción por Fidel? ¿Por el Che?

Sí, también. Totalmente. No la escondo. De hecho, en la casa tengo un cuadro de Olea de Fidel.

 

¿Dictadura o no?

No

 

¿Te ves como diputado o en una carrera política?

No como diputado, me veo como alcalde.

 

¿De qué comuna?

De Maipú.

 

¿Quieres destronar a la Kathy Barriga?

No, para nada. Me gustaría ser alcalde en 30 años, cuando tenga la madurez, la capacidad para poder comprender cómo se hace un gobierno municipal. Por ahora me da mucha vergüenza pasar de la tele a ser candidato. Sé que muchos lo han hecho y les ha salido bien, pero no es lo que yo quiero.

 

¿Qué alcaldes te gustan?

Sharp y Jadue… Me gustaría agregar algo sobre lo de Fidel y sobre Cuba. Es muy difícil para mí decir que es un dictador y que es una dictadura, sin embargo, pienso muy parecido a lo que dice Boric con respecto a que no podemos seguir sesgados y con la venda en los ojos de las cosas que pasaron y siguen pasando.

 

¿Venezuela?

Venezuela para mí sí es una dictadura. Lamentablemente.

 

¿Eres RD?

 

Sí, pero no voy a seguir. Firmé para las primarias, pero hoy no me siento parte. Me siento más autonomista.

 

¿Eres de los que admira a Allende?

Sí, absolutamente. Pero insisto, yo siento que no soy de acá ni de allá. Como que soy muy raro.

 

Un bicho raro…

Políticamente la izquierda me va a tener mala porque no soy tan de izquierda y los fachos ni hablar, para ellos somos todos frentistas. Pero sí, admiro a Allende así como soy capaz de defender la gestión de Kathy Barriga en algunos aspectos. Quizás suena amarillo para mucha gente, pero no puedo evitar decir la verdad, decir lo que realmente creo.

Comentarios
Sabía ud que... EN LA ESCUELA MILITAR SE APRENDE SOBRE LA MARCHA. -------------------------------- Sabía ud que... LOS ARQUEÓLOGOS DISLÉXICOS SE VAN DE CAVACIONES. -------------------------------- Sabía ud que... ESTOY CONDENADO AL ÉXITO, PERO APELÉ. -------------------------------- Sabía ud que... “LEE ENTRE LÍNEAS” NO ERA BRUCE HACIENDO COCA. -------------------------------- Sabía ud que... TENEMOS MEJOR SITIO QUE NATALIA COMPAGNON. --------------------------------