En medio de flashes, promociones y productoras que le piden que se apure, que se prepare, que tiene que grabar, que sólo tiene 10 minutos, Roberto Farías saluda y camina en dirección a la terraza de Mega, hoy por hoy, su casa televisiva.

En “Juegos de Poder”, la nueva nocturna de la estación, interpreta a Raúl Salgado, el padre de un joven que muere atropellado por el hijo de un candidato presidencial. Un personaje cruzado por el dolor y que, en la medida que pasan los capítulos, empieza a perder la fe en la justicia.

A mí siempre me tocan personajes como bien intensos y todo. Pero a diferencia del resto, este caso me tocó recibir mucho dolor, es un personaje que padece mucho. Una de las primeras escenas que grabé, fue de pérdida, al tiro. Este tipo vive en esa suerte de luto, un luto doloroso, pero a la vez muy rabioso, porque quiere justicia. Él es una persona muy vulnerable en todos los aspectos. A dos semanas de hacerlo, todavía no sabía bien qué iba a hacer con él, por dónde lo iba a abordar.

¿Y cómo lo resolviste?

-Me inspiré en un actor que es muy amigo mío y que es así, siempre está al borde. No sabís si va a llorar o va gritar, siempre está en un precario equilibrio emocional. Y eso me gustó mucho abordarlo, porque es un tipo que explota con mucha facilidad, que llora con mucha facilidad o tiene episodios de violencia también. Porque está en esa precariedad. Está en pérdida, acaba de perder a su hijo.

Tu personaje evidentemente está enojado y siente la necesidad de hacer justicia de alguna manera, porque para él la justicia es esquiva.

– Pienso que es súper particular lo que puede sentir un papá al que le violan y le matan a la hija, y estar frente a esos culpables. Quizás no tiene esa iluminación de perdonarlos para no seguir cargando con ese dolor. Hay personas que tienen una grandeza espiritual que perdonan y  dicen: “No te voy a dar ni un día más de dolor”. Eso, para mí, es de una altura espiritual maravillosa, pero también entiendo la otra mirada. Del hueón que va con un cuchillo escondido al juicio y mata al hueón que mató a su hijo.

¿Qué te parece la idea de hacer justicia por las propias manos?

-No sé, cuando hablan de la pena de muerte, yo estoy absolutamente en contra, pero si alguien está cerca de eso o está padeciendo eso, qué puedo decirle yo: “No, mira debes pensar…”. Hay mucha opinión y poca vida, poca compasión y poca empatía en lo que está padeciendo esa persona. A mí me tocó un personaje que padece, y al padecer y sentir que chucha, no se va a quitar así no más, no se va a quitar si quizás encuentran a los eventuales criminales que atropellaron a tu hijo y lo dejaron botado. No quieres cinco años, quizás quieres cadena perpetua. Quizás en un mal día quieres matarlos, entonces pienso en lo frágil y humano que es eso.

Aunque desde Mega descartan la inspiración, inevitablemente la trama de la teleserie evoca el caso de Martín Larraín, ¿qué opinión tienes sobre lo que pasó?

-Que debería ser parejo, ¿o no? La justicia debería funcionar para todos igual, con las mismas herramientas, penas y condenas. Claro, en el caso de Martín Larraín me gustaría saber qué sintió él… No sé, parece que con este segundo hijo me puse más compasivo todavía y más reflexivo. Sí, porque hablar desde la rabia y todo eso, a veces te puede nublar. Pienso en cómo se habrá sentido él. Salvó, obvio, pero cómo te decía, debería funcionar para todos igual, porque hay otros cabros que los pillan robándose un dulce y les tiran cinco años. Ahí uno dice: “Chucha, ¿cómo es la hueá?”. O que se vieron involucrados o lo hicieron por hambre o porque, hueón, era primera vez que delinquían y ahí está la desigualdad. Fue primera vez que hizo una hueá y le tiraron cinco años. Un hueón que atropella a alguien y mata a una persona, y que arranca más encima, ni siquiera la auxilia, anda a saber por qué, miedo, qué se yo… Es difícil.

Uno tiene que estar ahí. Quién es uno para decir: “No, debiste haberte quedado”. Pero que después lo salven, es duro. Y no sienta un buen precedente para nada, sobre todo en cómo está funcionando el sistema, que cada vez la gente cree menos. No solamente en la justicia, sino que en los políticos, en la Iglesia, en todo. Claro, y por eso es tan fácil que la atención se esté desviando constantemente.

¿A qué te refieres?

-Creo que las redes sociales están jugando un rol que para mi desvía de todo, porque está todo pasando ahí, de verdad, y mientras en la vida real están pasando hueás gravísimas en términos políticos y sociales, la gente como que se olvidó de eso y es más importante una hueá medio farandulera de repente, que lo otro. Por eso creo que también está la justicia divina.

¿Te sirve creer en ella?

-He escuchado tanto sobre personas que han tenido que sufrir pérdidas de ese tipo y los hueones han quedado impunes. ¿Sabes que la mayoría perdona? Pero no perdona por sacarle la culpa al otro, sino que perdona para poder vivir. ¿Cachai? Soy una persona de mucha fe y creo que todo se devuelve, esta hueá es así. Aunque suene cliché, sé que esa persona que tiró una piedra, sin pensarlo y sin cachar el daño que podía hacer, de manera irresponsable y con fines arteros, personales, egoístas, en algún momento cuando la verdad aparezca, eso se le va a devolver. Sé que los torturadores, por más que la gente diga que están en cárceles modelo, esos hueones deben pasarlo como el pico igual, nunca más salieron. Y tarde o temprano tienen que mirarse al espejo y decir: “Chucha hueón, la cagué”. Y esos fantasmas se te van a aparecer, esos muertos se tienen que aparecer. Esa gente amarrada a los rieles que tiraron al mar, se les van a aparecer. Confío absolutamente en eso.

¿Y si no pasa?

-Ojalá en la otra vida, ojalá. Pero quedarse en la rabia y estar en esa constante, es duro po hueón, ya es muy duro todo, sobrevivir. Estamos cada día en una hueá más violenta, cada vez más difícil para todos: mujeres y hombres. Cada vez es más dura la hueá: la competencia, la poca compasión, la poca empatía, la violencia. Como no pueden atacar para arriba y no pueden manejar a los que nos están manejando, siento que la gente se desquita con cualquiera, entonces sale un chivo expiatorio y lo hacen mierda, pero no porque quieran, sino que porque tienen rabia. Además tienen el anonimato de las redes sociales, donde pueden escribir lo que se les pare la raja y botar todo lo que quieran y pueden desahogarse un poco, ya que no pueden manipular arriba. Eso lo encuentro duro, pero tampoco lo juzgo, porque digo: “Chucha, es terrible”, pero es esa rabia mal enfocá, ¿no? A la que le prometieron tantas cosas y que no se las dieron nomás po. Les dieron una piñata vacía, básicamente.

Tuve la oportunidad de ver obras como “Acceso” y “Sunset Limited” y en ambas, además de todos los personajes que has hecho en cine y televisión, da la sensación de que algo pierdes. ¿Qué es lo que estás perdiendo al interpretar ahora a Raúl Salgado?

-Creo que dejo la impotencia, el dolor de la pérdida y de alguna manera, ojalá, uno siempre espera, de manera muy humilde lo digo, que alguien se identifique y pueda hacer un poco de catarsis con lo que uno hace. Efectivamente, tienes razón: soy intenso, me entrego y me gusta; dejo todo porque me gusta actuar. Y siento que yo no actúo tampoco, dejo mi vida ahí porque es la última esperanza que tengo, es el último lugar donde me siento vivo, cómodo, querido, acogido, protegido. La vida real es dura, no es un buen lugar, creo yo. Me gusta más la ficción: viviría dentro de una película, en una obra de teatro o en una película de Cantinflas, ahí si que me gustaría vivir. Hasta en los Teletubbies viviría.

¿Hacer este personaje es una manera de reivindicar esas voces que no escuchamos en las noticias? ¿Ocurre de manera consciente o es más orgánico?

-Es orgánico, uno va construyendo día a día. No quiero sonar tan pretencioso, pero me gustaría tocar el corazón de alguien nomás, ojalá de cualquier persona que esté sufriendo, que esté perdiendo algo, que esté viviendo un luto: muertes, separaciones, que no te dejen ver a tu hijo… No sé, una serie de frustraciones, soledad y estos personajes que padecen, también son muy movilizadores, se mueven mucho. Es también la esperanza de “¿Sabís qué, hueón? hay que dar la pelea hasta el final”. Hay que pelear con las mejores armas y tratar de ser lo más coherente, lo más fiel, lo más humano, lo más transparente, lo más auténtico posible, cosa que en tu transparencia, e incluso en tu hueá desbordada, uno sea una persona casi predecible, que no se oculta, ni anda ahí haciéndose el hueón. Yo desconfío mucho de las personas silenciosas. La política tiene esa cosa silenciosa, esa sonrisa a media asta nomás, sin dientes.

¿Estás muy descreído de la política?

-Es que yo creo que no existe, ¿cachai? Me imagino que obviamente hay gente con sueños, mucha gente con ganas de hacer cosas, pero siempre hay un sector muy amplio que va a atornillar para el otro lado, y ya en un momento prometieron una cosa, luego lo convirtieron en otra. Ahora ya nadie sabe qué es derecha o qué es izquierda, quién está trabajando para arriba, quién de verdad está trabajando para el enemigo y quién no. Finalmente, uno desde lo humano, en el día a día, en el metro, en la calle, hay que dar una sonrisa, hay que ser amable, no hay que ser prejuicioso, no hay que destruir, ojalá no tener redes sociales, no prejuiciar y ser compasivo. Creo que con todo eso uno puede atornillar para que arriba la hueá se caiga solita, porque si de arriba no tienen más hueones borregos que conducir, ni que manejar, yo creo que solito va a caer ese sistema. Lo otro es hacer la revolución, y para qué. No vale la pena.

¿Ya no tienes ánimo?

-No, tengo un guaguito, 52 días. Imagínate.

IGLESIA

En “Acceso” hiciste a Sandokán, un personaje que fue abusado por curas, el que más tarde abordaste en “El club”. Cuando nace este personaje había un incipiente cuestionamiento a la Iglesia, ahora la cuestión evolucionó bastante más. ¿Cómo has visto esa crisis? 

Cada vez se han caído más máscaras, se han desenmascarado más y sin duda, que va a seguir igual. Siempre va a haber muchos casos que van a quedar ahí, pero se abrió algo, una verdad. No sé si fue “El club”, “Acceso” o la película de Karadima, las que encargaron de abrir esos fuegos.

Pero de alguna manera instalaron también esa discusión.

-Sí. Me parece que el poder es una hueá muy extraña, porque todo estos abusos, como dices tú, en las esferas de poder, son los más mediáticos finalmente. Nadie sabe del curita y del abuso en la población. Nadie habla de eso. Como que siento que en algún sentido se farandulizó. Sería bueno también que existieran algunas voces desde ese lugar. He tenido la oportunidad de ir a la Brigada de Delitos Sexuales y ver la cantidad de gente que llega ahí, de niños abusados por los papás, temas que de verdad deberían atenderse, ¿no? Quizás está mal dicha la palabra “farándula”, pero me refiero a que seguimos hablando de los casos y curas más conocidos, pero hay una cantidad de hueones que yo creo que siguen ahí callados.

Claro, las denuncias que primero conocimos provenían de una élite.

-Exacto, a eso me refiero, como que toda esta ola que vino de repente, esta apertura, ha servido para destaparlo, pero a mí me falta todavía esa vuelta de tuerca de que descienda también a los sectores más vulnerables, más desprotegidos, la gente que no tiene voz, que no sale en la tele, que no es famosa y a la que de verdad le están pasando cosas súper graves. Esto aporta a que se debata más. Ahora, es admirable también los curas que han aparecido, sin que nadie los haya apretado tanto y dicen: “Sí, yo hice esta hueá”.

Hace un rato hablabas del tema de la fe, de que en el fondo igual eras un tipo creyente, pese a todo. 

-Todas estas estructuras obedecen a una formalidad en la cual hay que participar, hay que votar, porque hay ir a votar, porque si no votas, no tienes voz. Es una serie de hueás que nos han metido en la cabeza que parece que no funcionan de otra manera. Hay que tener una postura política con respecto a una injusticia o algo que tú piensas que no está bien. La lucha, la revolución, puede ser desde cosas muy pequeñas. Las revoluciones no se hacen con escopeta o con que salgas a la calle con una pancarta y la hueá, eso se olvida al otro día. Creo que la verdadera revolución es silenciosa, es pequeña, es con pequeños actos que tú haces todos los días: tener compasión, mirar al otro, de atender al que está caído, de levantarlo, de no enterrarlo más de lo que está. Si vas a tomar la mano de alguien y va a ser para hundirlo, mejor no lo tomes. Si vas a convertir las redes sociales en un circo romano, mejor no las tengas. Creo que lo peor es la apatía. Eso de “no, no creo ninguna hueá, váyanse todos a la chucha”.  

¿Qué es lo que te representa hoy?

-Para mí, la política es el amor, la compasión. Estos otros hueones que se supone que son políticos, con todo respeto, son como las caricaturas de lo que debería ser la política y que uno ya ni elige a los hueones y están ahí hace no sé cuántos años. Funcionan solos, ya tienen sus negocios, tienen sus cosas, y un día se sobreactúan y hacen unos discursos medios incendiarios. Y al otro día es lo mismo. Oye, si ya cachamos que el NO no ganó. Ya cachamos esa hueá. Entonces, siento que lo doloroso es la apatía, porque uno no debe dejar de creer en el ser humano, en el hueón que ayuda a una viejita que va con un carrito pal pico bajando la escalera del metro. Para mí eso significa que todavía existe amor, que todavía existe la compasión,  a pesar de que todos estos hueones se lo están llevando para ellos y están abusando y jugando con las creencias y la fe de la gente. Que la gente siga funcionando, pese a todo, es milagroso.

¿Y cuál es el camino, según tú?

-Me parece que mientras más aislado parece que estés de la hueá, mientras juegues con el sistema hasta donde puedas para que no te lo metan tan adentro y puedas, hueón, sacar una sonrisa al menos al día, reírte un rato, agarrar a tu hijo, darle un par de besos, seguir creyendo en que esta hueá puede cambiar, haciendo pequeños actos, invisibles casi, yo tengo fe. Tengo cualquier fe, pero no en eso que nos venden como política. Y yo sé que es muy cliché la frase “ay, no creo en la política”. Es que es muy obvio que nadie cree en la política. ¿Quién? A los que les conviene, a los que saben que les va a tocar algo. Vale, yo hago como que voto por voh’ y me aprovecho un rato. O me haces una once, me regalas unas poleras, me pagas 30 lucas por ponerte la pancarta culiá, aunque no vote por voh’. Vale, juguemos un rato, algo que caiga al menos.

AUTODENUNCIA

El pasado 29 de abril del año 2018, Roberto Farías se enteró de una denuncia realizada por redes sociales por la actriz Catalina Bianchi, donde señalaba que el hombre la había acorralado en un baño e intentó violarla. Dos días después de la acusación, el actor utilizó su propia cuenta de Instagram para defenderse. Al día siguiente, por sugerencia de su abogado, se autodenunció.

¿En qué va la investigación?

-Creo que está súper pronto a cerrarse el caso. La justicia tiene su tiempo, lanzar la acusación es súper rápido, pero sacársela es más difícil. Estoy súper tranquilo. Tú comprenderás que fue difícil al principio, pero también uno tiene que aprender de todo.

¿Cómo qué?

-Aprendí a cuidarme más, a no ser tan abierto porque realmente todo se confunde, si nos ponemos a investigar todas las conversaciones que tiene la gente, nos vamos presos todos. Entonces hay como un doble estándar, hay mucho juicio, hay mucha gente que sale a acusar. Hay mucho juicio y poco de eso de mirarse a uno, como que de repente todos rasgaron vestiduras y hay una suerte de santificación, de que todos son unos santos, pero chucha, de repente igual tienen Tinder, igual aguijonean, igual arrinconan gente en un baño y  no pasa nada. En ese caso en particular del que fui acusado, soy inocente, por algo me autodenuncié y está todo en la justicia. Y la justicia no puede estar en las redes sociales, sino imagínate, ahora mismo yo podría decir que tú me toqueteaste ¿y cómo? Es tu palabra contra la mía. Ahora, soy hombre, no sé si me van a pescar.

¿Qué costos tuvo para ti?

-Descubrí a los amigos, descubrí a la gente que de verdad me conoce y quiere. Finalmente uno se debe a eso, lo que pasa es que como uno es “público”, siempre te van a dar. A mí me sorprende mucho eso, que le den a la gente pública. Cuántos hueones que de verdad han hecho hueás y están ahí, piolita. No sé, no tengo mucha opinión porque se me hizo una coraza al respecto. Hay que ser más responsables en esas hueás, porque son difíciles, son duras, hay familia detrás.

¿Se te achicó el grupo de amigos?

-Sin duda. Siempre que me han puesto el micrófono digo lo que pienso y me arriesgo a cualquier hueá, a que quizás un sector del país no me encuentre la razón pero siempre trato de decir alguna hueá que valga la pena y en mis trabajos también intento hacer eso. Entonces creo yo que la gente se da cuenta de esa hueá y cuando uno vive en esa transparencia, en ese riesgo -muy ahueonao a veces- por ser demasiado honesto, es más difícil. Pero yo desconfío más de los que están calladitos, de esos que están haciendo juicios. Están todos los hueones cagados de miedo, están todos apoyando todas las causas. A mí nadie me salió a defender públicamente, hueá que está bien, fui uno de los primeros que tiraron ahí a la parrilla, más encima con un grupo donde yo no tenía nada qué hacer: ¿Qué poder tengo yo? Ni uno, a lo más: “Oye, dame una obra de teatro y ahí hacemos algo”. ¿Qué es esa hueá? “Si po, por face me decía”. ¿Y qué tiene? ¿Te voy a invitar a ver un discurso político o te voy a invitar a ver una operación de gastroenterología? Soy actor, anda a ver mi trabajo.

Cerraste redes sociales, no diste ninguna entrevista sobre el tema.

-No he querido dar ninguna entrevista, nunca prendí con esa hueá. Creo que el silencio es lo mejor y eso es lo que había que hacer. Me autodenuncié, la hueá está ahí donde tiene que estar, no he hablado de la persona, callado, chao, eso hay que hacer. Sospecho mucho del hueón que al tiro sale a defenderse públicamente. Haces un hoyo, te cagas, te entierras más. Si no hiciste ninguna hueá, que corra la hueá por donde tenga que correr y los que están conmigo que estén conmigo, los que creen que soy un violador, que crean. ¿Qué puedo hacer? Aparte que es gente que no me interesa.

¿Crees que se hizo un juicio muy rápido?

-La rabia que hay en este momento, el odio, hay mucha gente que en este momento odia a los hombres. Y hueón, trabajemos todos juntos, obviamente que hay muchas hueás que no hay que normalizar, hay muchas hueás que hay que cambiar, pero estamos juntos. Que los hueones más machistas progresen, que cambien, porque la hueá está cambiando. Ojalá marchemos todos juntos y no tengamos que ir a una marcha feminista y nos digan: “No, ustedes no”. Todos queremos apoyar esos cambios, como hemos querido apoyar cualquier lucha por los derechos.

¿Sientes que la vorágine feminista te pasó la cuenta?

-¿Es que sabes qué? Está bien que pase esta hueá. Es lógico que tenga que caer gente inocente en una revolución, es lógico. Y chucha, los hueones tienen que pensar que finalmente en toda esta hueá, somos casi todos los hombres culpables porque durante mucho tiempo no nos hemos dado cuenta de muchas hueás que, hueón, hay que darse cuenta y que tienen que mejorar. Y está bien, me lo banco. Que haya caído yo, me lo banco. Creo que es algo que tiene que suceder y lo apoyo. Apoyo a todas las minas que les hayan hecho alguna hueá y que salgan a dar su testimonio y que sean valientes, lo apoyo. Pero ojo, no solamente ser valiente es salir a acusar, porque a veces hay mucha gente que lo hace falsamente. Creo que la justicia debe estar atenta, de verdad acoger estos casos. Cuando se hace una denuncia, acogerla, ser serios con la hueá y resolverlo, que no queden ahí.

DE CHORO

¿Por qué decidiste llevar a cabo esa estrategia judicial de autodenunciarte?

-Hice una hueá que nadie hace, me autodenuncié. Cuando uno se autodenuncia se imputa, es decir, yo voy a la Brigada de Delitos Sexuales, donde te atienden mujeres que están todo el día recibiendo testimonios de violaciones de papás a hijos, a niñitas de 4 años y donde tienen que carear al hueón que saben que es culpable. Esas mujeres reciben 20 a 30 casos diarios y yo fui ahí a decir: “Hola, me vengo a autodenunciar”. Si esa rati, la que me hizo el primer careo, hubiera sospechado un poquito, yo quedo en cana, porque me imputé. Esa hueá la hacen los choros, la hacen los hueones que les dicen: “Voh’ mataste al Yita, al Pita y al Tula”. Y dice: “No, yo maté al Yita y al Pita, pero al Tula no lo maté” y el hueón se autodenuncia para que investiguen esa hueá. Los que se autodenuncian son inocentes, los que no son inocentes buscan defenderse, y si yo necesito defenderme, es porque sé que tengo algo que ver en la hueá.

Mi abogado me recomendó eso, porque confió en mí y porque supongo que todas las versiones que le di fueron las mismas. Yo ni me acuerdo, porque estaba en shock. Él confió en mí y me dijo que me acogiera a eso, que era la mejor manera de ya llevar el tema a la justicia y se supiera la verdad

¿Qué reacciones tuviste tras la autodenuncia?

-Esta hueá empezó en las redes sociales y cuando yo me autodenuncié, recién el otro sector fue a la PDI. Hubo gente que no lo entendió y otra que sí, que dijeron parece “chucha, este hueón va de verdad”. Porque así he sido siempre, porque si lo hubiera hecho muero con las botas puestas y digo “Chucha la cagué, sí, loco, le pegué una arrinconada, sí, estaba drogado, sí”. Todos hemos estado en una situación así y consentida por el otro, a veces no, a veces alguien se ha pasado, se han pedido disculpas, pero perdóname. Si una persona se sobrepasó un poco curado y al otro día pidió disculpas, no es un demonio po, hueón. No los puedes poner a la altura de Harvey Weinstein: no puedes poner a un hueón que violó a 800 mujeres, al mismo nivel que a un hueón que pegó un cuneteado y que la otra persona se sintió vulnerada y el huea pidió disculpas. No puedes ponerlo en la categoría de un monstruo o de depredador sexual. Calmao, loco, bajen.

¿Has pensado que, de alguna manera, los personajes que haces, tu origen y las opiniones que sueles dar, te terminaron jugando en contra?

-Sin duda. Como le pegaron a un hueón de arriba, había que pegarle a un hueón de abajo también. Me acuerdo que había hueones que me decían: “Tiene cara de malo, obvio que es violador”. Imagínate la reflexión.

Te quería preguntar por la presunción de inocencia, ¿qué reflexiones tienes en torno a ese concepto hoy?

-Tengo, shock post-traumático, así como esta gente de la post-guerra. Frente a cualquier acusación que yo veo, se me paran los pelos y revivo la sensación, de cualquier persona a la que le pasa. Cuando alguien me manda una foto o un archivo a mi whatsapp, no es que ande perseguido, pero tengo el reflejo condicionado de que chucha, voy a abrirlo y va a salir “Roberto Farías una vez me tocó el culo”. Como que quedé con ese trauma pal pico. Esa es la hueá más terrible. Como que te sensibilizas tanto al respecto, que puta, la presunción de inocencia, qué importante es, hueón. Porque parece que ahora es al revés: todos somos culpables hasta que se demuestre lo contrario.

Meses después de lo ocurrido contigo, se supo de una denuncia a Ramón Llao por violencia. Al día siguiente, Llao no tenía trabajo ni en la radio ni en la tv. Tú, por el contrario, jamás dejaste de aparecer en Mega. ¿Qué crees que pasó en ese caso?

-No puedo hablar de casos que no me corresponden. En mi caso en particular, deben respirar la verdad, a lo mejor. En lo personal me parece extremo que cuando no se ha investigado algo, a una persona se le quite la pega. Creo que hay mucho miedo también, todos quieren desmarcarse rápido, deshacerse de esta persona para que no tengan problemas, pero en mi caso hay una investigación. Creo que no me quitaron el piso porque es una hueá que se hizo en redes sociales y que pedí que investigaran. ¿Qué es esa manía de “no, déjenlo sin nada”? ¿Qué onda? Loco, ya, cuando sea culpable, si quieren, que ni mi mamá me llame por teléfono. Cuando la justicia diga culpable, ahí vengan todos a pegarme si quieren, hagan fila para sacarme la chucha, pero por mientras, por qué me tienes que hundir. Hueón, presunción de inocencia, así se llama.