Imagen: Mónica Molina para Planeta

¿Qué impacto tiene la denuncia Marcela Aranda para los jesuitas en particular, y para la Iglesia en general?
-La entrevista a Marcela Aranda es una bomba detonada en medio de la Compañía de Jesús. Los detalles sobre los abusos que sufrió son de un nivel de perversión difícil de asimilar. Hasta ahora los jesuitas habían logrado sortear la avalancha de denuncias de abuso gracias al poder que tienen en los medios, pero esto cambia totalmente el escenario para ellos, que habitualmente tienen muy buena prensa. Escuchar a una mujer teóloga describir lo sucedido es muy diferente a ver un comunicado de prensa oficial breve y ambiguo, que es lo que acostumbra a hacer la congregación.

En la Iglesia católica chilena no cambia mucho la situación de crisis, pues ya no puede ser peor. Los jesuitas representaban una especie de enclave libre de toda sospecha, pese a tener varias denuncias históricas que se han hecho públicas con mucha dificultad. La opinión pública los juzgaba distinto, pero no lo son. Es la misma iglesia, la misma estructura, la misma crisis.

Denunciante del sacerdote Renato Poblete: “Lo que más me hace sufrir es que él me obligó a abortar, y no solo una vez, tres veces”

“Ël comenzó a abusarme sexualmente con mucha violencia. Me llevaba donde otros hombres para que me violaran y me golpearan por turnos, mientras él miraba”. Esta terrible escena es parte del relato de Marcela Aranda, quien es denunciante del sacerdote Renato Poblete y dio una entrevista a Ahora Noticias de Mega.

La denunciante asegura que Poblete le decía que nadie le creería si ella denunciaba los abusos. ¿Qué queda de eso?
-Ese es el poder que los abusadores suelen usar, sobre todo cuando es alguien que acumula relaciones sociales y políticas al nivel del señor Poblete. ¿Quién le habría creído hace veinte años? ¿Hace treinta? Nadie. La hubieran hecho pebre, la habrían silenciado y desacreditado tanto ellos como la sociedad del momento. Aun hay gente que duda del testimonio, por eso es importante que aparezcan los detalles de las otras denuncias, porque de lo contrario, va a quedar una duda y sobre esa duda puede nuevamente aparecer la negación. Creo que Marcela Aranda quiso contar en televisión los detalles -francamente hay que tener mucho valor- porque sabía que la congregación podía terminar la investigación, cerrar el asunto sin que nadie se enterara. Enterrar el caso en la historia. Es lo que han hecho siempre.

¿Qué hay detrás de la figura de Renato Poblete? ¿Qué poderes lo respaldaron?
-Detrás de Renato Poblete estaba todo el poder posible en Chile. Los jesuitas son un ejército de influencia social: hábiles, inteligentes, con muy buena opinión de sí mismos. Sus redes se extienden a todos los ámbitos gracias a sus colegios y obras de beneficencia. También han logrado algo genial: ser percibidos como benefactores de los pobres en el espacio público por un lado y tener amistad y cercanía con las mayores fortunas del país y las figuras políticas más importantes puertas adentro. Ser críticos y progresistas en las entrevistas, y representantes del status quo en los salones privados. Conocen muy bien los atajos que hay entre la culpa, la ética y la conciencia de grupo de la élite chilena. Gracias a ese conocimiento lograron hacer de la caridad una escena de las páginas de Vida Social, un sello de cristiandad. El sacerdote Renato Poblete durante dos décadas representó la cúspide de ese modelo de influencia a toda prueba. Una especie de arzobispo de facto. Un caballero feudal con cuello romano.

Usted ha planteado en muchas ocasiones que los Jesuitas son una congregación que goza del apoyo de los medios, entre otros poderes. ¿Lo mantiene? ¿La denuncia de Marcela Aranda no atenta contra ello?
-El apoyo ciego en los medios se ha debilitado, pero lo mantiene. Es muy curioso constatar que personas que los asesoraron para detener los reportajes sobre las denuncias en contra del cura (Juan Miguel) Leturia hace 15 años, hoy en el rol de comentaristas, se conduelan por lo que estamos conociendo. Los mismos que hacían llamadas para frenar investigaciones periodísticas hoy manifiestan su pesar. Es lo más parecido a un milagro que me ha tocado presenciar. Me alegro, porque al menos yo tuve que publicar una entrevista al primer denunciante del jesuita (Leonel) Ibacache en mi cuenta Facebook, porque en los medios no había interés. Tampoco hubo interés de hablar sobre los abusos del cura Guzmán que al final los detallé en mi libro. En fin. Es lindo ver que esos mismos periodistas que ningunearon las denuncias en contra de ellos, ahora se interesen por algo que no sea hacerles relaciones públicas.

¿Ha dicho que lo de Marcela Aranda es peor que lo de Karadima. ¿Por qué?
-Por la violencia descrita. Tres abortos forzados y violaciones colectivas es algo que le pone un grado de gravedad superior, según mi opinión. Quizás esté equivocado en esa apreciación. Sé que todos estos abusos son despreciables, pero ese tipo de violencia sobre el cuerpo de una persona me recuerdan las descripciones de tortura durante la represión en dictadura.