Por Fernando Garrido Riquelme

Hace un par de años, Jorge Catoni junto a sus secuaces registraban con una cámara de fotos imágenes de un anónimo anciano y su mundo. El registro resultó en El Parra menos Parra (2014), una propuesta documental que exploraba la vida de Oscar Parra, el menor de los nueve hermanos del clan; lejano a las aulas, tablas, museos o conmemoraciones, conocido en el mundo del circo chileno como Tony Canarito y Tata Picarón. El primer documental de Catoni tuvo un lento deambular, pero al poco tiempo ganó el IN-EDIT de aquel año, la crítica elogió su propuesta y así, lo que comenzó como una aventura autodidacta, lo tiene hoy con su segundo documental bajo el brazo, el cual fue estrenado el domingo 28 en IN-EDIT 2019, Álvaro: Rockstars don’t wet the bed. El documental se sumerge en la vida y en los archivos de Álvaro Peña, personaje chileno marcado por la leyenda y el mito, así como por su desconocimiento. Ya en su segundo documental, profundiza aún más en la posibilidad del azar, la soledad y la necesidad de seguir trabajando sin mirar para atrás; en la creatividad como rincón espiritual de sus personajes.

¿Cómo llegas a Álvaro? ¿Cómo se desarrolla este documental? Entiendo que El Parra menos Parra (2014), lo hicieron casi sin financiamiento, con una cámara de fotos, asociados con el personaje.

Claro, ese documental lo hicimos sin financiamiento y con una precariedad bien grande. Este documental (Álvaro: Rockstars don´t wet the bed), sigue con el mismo espíritu. La diferencia es que en un festival me gané un MacBook, y mi amigo se compró una cámara. Pero el espíritu es el mismo, autofinanciamos todo. Por un lado, me gusta que sea así, que tengamos esta especie de libertad al momento de hacer nuestra obra y la obra del personaje, al cual respetamos harto. Recuerdo que la primera vez que supe del Álvaro fue porque vi en un reportaje en un diario en Inglaterra, una foto de él con una olla en la cabeza. Entonces entré al personaje por lo visual. Me dije “qué onda, quién este personaje”, entonces vi que venía a Chile una o dos veces al año y comencé a ir a sus tocatas. En ellas siempre había un público bien reducido y me llamó la atención. Siempre andaba con sus discos, con sus vinilos para arriba y para abajo tratando de venderlos, o su gráfica, ya que muchos son hechos a mano. El tema de su gráfica me interesó mucho, yo estudié diseño gráfico y me dedico a las artes visuales, entonces el cariño que él ponía en cada una de sus cosas me llamó mucho la atención, que cada copia no fuese igual a la otra.

Yo lo conocí por un reportaje que sacó la Zona de contacto hace muchos años, en ese tiempo aún estaba en el liceo. Recuerdo que me llamó la atención el que se lo señalase como uno de los primeros punks en la escena inglesa, y que había tocado con Joe Strummer.

En realidad, el tocó con Joe Strummer, pero cuando Joe Strummer era Woody Mellor, cuando tenían los The 101’ers, pero Álvaro duró ahí un tiempo nomás. Alcanzó a fundar, pero luego se fue no alcanzó a lanzar los discos. Él tiene unas grabaciones en vivo en donde sale tocando saxo, entonces ahí entra el mito. Se entiende que estuvo ahí pero no hay mucho registro. Lo que si hay es fotos. El material fotográfico lo aportó un fotógrafo que siguió en esos años a The 101’ers, Julian Yewdall, entonces contamos con esa suerte, que el tipo todavía está vivo y es amigo de Álvaro. La mayor parte de los registros de aquellos años, lo logramos con su ayuda. Hemos tenido también otras fortunas. Nos han pasado VHS que nadie ha visto, de material desde el 1991 hasta el 2001, donde están las primeras presentaciones que hacía Álvaro aquí en Valparaíso o en Viña y así mismo nosotros rescatamos más de setenta discos de su discografía, entre los LP, Vinilos, casete, CD, grabaciones que nunca sacó y encontramos los masters.

Álvaro fue un descubrimiento.

Es que tiene mucho material. Me pasó unas grabaciones que son del año 78’ al 94’ pero su discografía como solista comienza el año 77’ cuando fundó su propio sello. Estas grabaciones no se las había pasado a nadie y me dijo “toma, son para el documental”, yo le digo que podríamos reeditarlo y me dice “no me interesa”. A Álvaro siempre le gusta estar creando, siempre está sacando cosas nuevas, ahora va a grabar un disco en el Estudio del Sur a comienzos de mayo, con un cabro de veinticinco años, Manuel Abarca.

En el documental, por lo menos en el tráiler, aparece en varias ocasiones Pascuala Ilabaca. ¿Cómo se relaciona ella con este proyecto?

Muy buena onda ella. Nos comentó que existía este material Álvaro con ella, luego el papá de ella, Gonzalo Ilabaca se acordó que tenía un material perdido Álvaro, unas cintas. Si bien el documental ha sido desarrollado por dos personas, todo lo demás hemos podido hacerlo en base a las colaboraciones. Mucha gente nos pasaba fotos, registros, de videos, algún recuerdo, material de unos fans, más de cien personas colaboraron para hacer este documental. Gonzalo Ilabaca tenía material increíble, ya que fue el exmánager, entonces gracias ellos pudimos hacerlo.

A diferencia de El Parra de menos Parra, ahora estrenas un proyecto mucho más largo, con la carga de haber sido reconocido por el primero. ¿Cómo manejas las expectativas? Como se dice en la hípica: caballo bueno repite.

Cuando hicimos lo del Parra, yo venía haciendo videoarte. Entonces cuando sacamos el documental no teníamos expectativas de nada. Pensamos mostrarlo, pasarlo a alguien, que circulara y que hicieran lo que quisieran. Pero lo lanzamos en el Bellas Artes y comenzó a llamar la atención, luego fuimos al IN-EDIT y el documental comenzó a moverse de forma natural, sin que nosotros lo empujáramos. Ahora con el Peña, hay más ojos pendientes, hay una cierta presión detrás. Pero, aun así, yo no me hago expectativas. Lo hablamos con Álvaro y estamos claros de que lo importante es la obra y la obra ya está. Por lo menos yo no hago documentales para ganar, lo hago más que nada porque me gusta el rescate, no porque sea inédito o la historia Álvaro nunca haya sido abordada, pero me gusta excavar un poco más, que ahí está la pega y creo que en este trabajo eso se cumple.

¿Qué es lo que te gusta del formato documental? Por lo menos en el cine chileno parece tener una mayor penetración en la realidad, con mayor profundidad, ciertamente.

No sé en verdad, me gusta grabar situaciones más que nada. No me veo como un director de cine. Tal vez soy director cuando edito. Porque director en escena, yo simplemente grabo y sería. No me gusta alterar las situaciones, me gusta registrar la espontaneidad. En el azar siempre encuentro algo, sobre todo con un personaje como Álvaro, siempre va a pasar algo. No me gusta tener el control, trato de no preparar, y entregarme a lo que estoy registrando. Si se mueve o se sienta en un lugar con mala luz, o si hace o dice algo y cambia lo que está pasando, sonamos. Me gusta eso, tratar de mostrar al personaje de la forma más pura y real. Eso te lo da compartir mucho con el personaje, con o sin cámara. Desde el comienzo la relación fue de confianza. Nosotros llegamos a él porque le organizamos una tocata y luego de eso nos dijo “cabros, con un ustedes lo que quieran”.

Álvaro: Rockstars don’t wet the bed gana el Premio Festival en IN-EDIT (15º Festival Internacional de Cine y Documental Musical)

Este artículo fue publicado originalmente en Culturizarte, un blog chileno especializado en cultura. Si quieres ver contenidos culturales, visita www.culturizarte.cl.

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