Caminar con Hadama por la “3000”, como le llaman al conjunto de edificios donde creció, se podría parecer al ir al lado de un futbolista famoso. Los autos le tocan la bocina, gritan cosas, se nota que lo quieren. Hadama se detiene con cada uno de los pasantes, los saluda, les golpea el hombro. Les pregunta por la familia y cómo se sienten en este último viernes de Ramadán, el mes sagrado para los musulmanes. A todos los llama “hermano” o “hermana” mientras les cuenta que han venido a entrevistarlo hasta aquí, a Aulnay-sous-Bois, una ciudad de la periferia parisina dónde vive. “Los periodistas tienen que venir para acá si quieren hablar conmigo porque no voy a los sets de televisión”, recalca. Su voz grave de cantautor de rap resuena por los pasillos de la cité, ciudad en francés, y como le dicen a los complejos habitacionales en los que viven miles de personas. Hadama camina con la seguridad de quien conoce su territorio y de uno que se ha ganado el respeto de sus pares. “Di que vienes a verme a mí, por seguridad”, dice por teléfono. Ni futbolista ni actor, cualquiera diría que se encuentra en plena campaña, lo que no está muy lejos de ser cierto. Todavía quedan un par de años para la próxima elección presidencial, pero él está convencido de que será presidente de Francia en el 2022. Algunos días atrás obtuvo más de 3.600 votos en las elecciones para los representantes al Parlamento Europeo, un resultado que califica de inédito: “Al volver a tu casa, busca en internet si existe otro resultado parecido. Es la primera vez que sucede algo así en Europa. Francia, uno de los países más poblados con una votación como ésta es para no creerlo. Jamás un afro descendiente, ciudadano europeo y francés, había liderado una lista y obtenido una votación semejante” asegura. Estos votos, que si bien no son suficientes para obtener un escaño en Bruselas, fueron interpretados como el resultado de su popularidad en la Seine Saint Denis, uno de los departamentos más densos de este país y desde donde lidera su propio partido “La Revolución en Marcha”.

“Dejé todo para dedicarme a la política. Antes era un delincuente, desde los 14 hasta los 30 años fui un peligroso businessman” cuenta. Era, según él, un “capitalista humanista”: “ganaba mucho dinero pero era un humanista. Tenía mucha plata. Viajaba en helicóptero, recorrí todo el mundo. Una vida bastante increíble. Pero tener dinero no era un problema. Es lo que haces con ese dinero y si quieres usarlo para dominar a los demás, para destruir la naturaleza y no respetar al próximo. Yo nunca lo usé de esa manera porque el que tiene plata, el que vive en su tierra, pero que aconseja a la población, ese es distinto, ese es un capitalista humanista”, asegura.

– Cuéntame qué pasó al volver de tu peregrinación a La Meca, ¿qué conclusiones sacaste después de esa experiencia?
Volví pensando que lo más importante es el corazón, respetar a los demás. Cuando te cuentan sobre la historia del profeta Mohammed ves que él nunca hizo daño. Nunca forzó a nadie hacia la confesión musulmana. La prueba está que cuando vivía en La Meca, convivían todo tipo de orígenes y confesiones. Hoy existe esa imagen de fuerza, de proselitismo y todo eso, pero ahí se me abrió el horizonte. Cuando volví pensé en cómo es posible que en Francia exista toda esa imagen negativa en los barrios, en las banlieue (periferia). El estigma de que los musulmanes son los causantes de los desórdenes, que son los culpables de todo en las periferias. La conclusión que saqué fue que todo es político. Entonces me dije que el día que nos organicemos políticamente, sin hablar de confesión ni de religión, ni de origen, mientras seas humanista tienes que actuar por tu entorno, y en un Estado de derecho como es Francia todo es absolutamente político. No estamos contra el sistema, estamos por el pueblo. Cuando estás de ese lado tu discurso cambia. No hay odio. Les dices a la gente “hey, levántense por sus hijos, por los extranjeros que no tienen derecho a voto a escala municipal, contra la política clientelista, que hace que nos divida en nuestros barrios, en las periferias, en las zonas rurales”. Todo pasa por la instrucción pero ¿qué vamos a hacer en nuestros barrios si han cortado la educación popular, alimentaria y política? Tenemos la educación de los padres en la casa pero cuando salimos ahí deberían estar los valores de la República. Pero nos han dejado solos en nuestros barrios, sin proyecto político ni social y tratamos de hacer lo que podemos para lograr vivir juntos. Fue entonces que dijimos -un par de años después de mi viaje a La Meca- nos vamos a organizar políticamente, lo vamos a hacer juntos y será una verdadera revolución. Y fue entonces, en enero del 2017 que lanzamos el primer video por Facebook y creamos “La Revolución en Marcha”.

– Dices que todo es político pero que tú no haces política, explícame.
Los otros son políticos y nosotros somos revolucionarios que hacemos política. No compartimos el mismo credo. Ya no existe la izquierda, derecha ni el centro. Hoy es la política capitalista contra la política humanista. No se trata del dinero en sí: es dominar al otro a través de éste. La política humanista vela porque el ser humano sea protegido por la justicia. Es el Estado Nación el que debería garantizarlo. Y hoy ese Estado vela por el beneficio económico y es por eso que hoy en día existe una gran desigualdad social, ya sea en Chile, en Francia o en Mali. A partir de esa realidad nos hemos organizado. Creamos un movimiento político ciudadano que tras la creación de la V República por el General Charles de Gaulle en 1958 jamás había existido. Porque no hay que olvidar mi color de piel. Eso nunca había sucedido.

– Y con el hecho de tener ese color de piel, ¿te sientes más comprometido a combatir el racismo?
Sí, combato todas las formas de racismo. Contra la islamofobia, la negrofobia, el antisemitismo, la cristianofobia. Los cristianos han tenido que soportar actos increíbles en su contra. Y nosotros peleamos contra las instituciones que no respetan esto. Es fácil atacar al racista de la esquina. Para erradicarlo, hay que educarlo. Para el fascista eso es otra cosa. Es Marine Le Pen con la Reagrupación Nacional; Wauquiez con los Republicanos; Dupont-Aignan, etcétera, todos ellos tienen un discurso que divide. Lo mismo con la Francia insumisa de Melenchon. Para nosotros, todo ellos son los fascistas del Siglo XXI. No se trata del color de la piel, sino que de la clase y status social junto con una visión de la sociedad. Todos los discursos de odio los vamos a combatir. Detesto la Francia Insumisa de Melenchon como detesto la Reagrupación Nacional de Marine Le Pen. Los dos representan lo mismo. Son los fascistas del siglo XXI.

– ¿Has manifestado junto a los Chalecos Amarillos?
Sí. Es un movimiento magnífico. Tienen mi apoyo incondicional. Ellos son los frutos del sistema. Lo que están denunciando es lo que nosotros estamos denunciando en nuestros barrios periféricos desde el 1983. Nunca hemos sido escuchados. Esa es la razón por la que hemos creado un sistema paralelo. Es por eso que te digo que allí no te sientes “pobre”. Vienes de un contexto desfavorable que fue creado por la política capitalista. Los chalecos amarillos están siendo demonizados y estigmatizados como nosotros. Espero que podamos organizarnos juntos y que vengan a vernos a La Revolución en Marcha.

– Eres un revolucionario.
Absolutamente. Cada cual tiene su época. Estamos haciendo una verdadera revolución pero ser revolucionario es algo que es visto como una cosa del pasado. Les cuesta ver a alguien en pleno siglo XXI haciendo una revolución al más puro estilo Ho Chi Minh. Él conocía su territorio, las necesidades de la población, él sabía dónde y cómo debía atacar. Eso es lo mismo que estamos haciendo nosotros. Un revolucionario no es alguien que espera que lo quieran, sino que está para asumir sus responsabilidades, para dar una lucha por el pueblo, por la “mayoría silenciosa”. Uno está allí para dar una dirección y todos pueden actuar en esa dirección: en su entorno para ser el orgullo de sus padres, por su propia dignidad y para asegurar el futuro de sus hijos. Un revolucionario tampoco tiene miedo a perder sus privilegios. Y sobre todo, no debe tenerle miedo a la muerte.

– Y hasta ahora, ¿cómo ha sido vivir como tal?
Me han hecho mucho daño. ¿Conoces a alguien, en un Estado de derecho, que haya pasado 17 veces ante un magistrado? Ese soy yo, está al frente tuyo. Hemos denunciado la violencia institucional, los abusos policiales. Dicen que soy un antipolicía y me tienen fichado en su página de Facebook. Hasta fueron a buscarme treinta policías armados con pasamontañas. En el mes de junio solamente estoy convocado a declarar dos veces. He puesto a mi mujer y a mi familia completa en peligro. Nadie en Francia, donde viven 67 millones de personas, puede afirmar vivir una persecución parecida.

– ¿Cómo te mantienes económicamente, tienes un trabajo?
Dejé de trabajar, mi trabajo ahora es la revolución. Cuando decidí empezar, me dije que tenía que dejarlo todo y así lo he hecho. No tener miedo a que me quiten mi casa, por ejemplo. Hoy en día me queda mi corazón, mi experiencia y bueno, y todavía mi casa. Hace dos meses que es la “mayoría silenciosa” la que paga la integralidad de mi casa y también la bencina. Ellos son los que me sostienen financieramente.

– La política francesa es bastante elitista, son muy pocos los que comenzaron de abajo y han llegado arriba.
Es otro aspecto de la política capitalista de la que hablo. Nos hace creer que un doctor, un aristócrata, un ingeniero; todos ellos son más inteligentes que la dueña de casa. Pero la dueña de casa tiene 15 hijos, todos diferentes, ha manejado situaciones que Macron, por ejemplo, jamás ha manejado en su vida. Mi madre, por ejemplo, tiene una historia que no la tiene ningún político. Y aquí en Francia te hacen creer que personas como mi madre no son inteligentes, que los que viven en los barrios no somos capaces de otras cosas. Y ahí está el problema.

– ¿Y en cuál de todos los revolucionarios te has inspirado?
La mayoría de los revolucionarios eran comunistas. Y los comunistas justifican la muerte en pos de la paz. Y para nosotros no. Esa es la principal diferencia entre nosotros con revolucionarios como el Che Guevara y Fidel Castro. Ellos hicieron bastante daño y yo parto del principio de que nada justifica la muerte de las personas. Yo prefiero acercarme a figuras como Martin Luther King, Nelson Mandela y por sobre todo a Malcolm X.

– Él también se transformó después de ir a La Meca.
Sí, y también antes de eso era un delincuente como yo. Después de esa vivencia creó un nuevo movimiento político. Dejó la organización a la que pertenecía que se llamaba “Nation of Islam”, tal como yo que dejé la calle para consagrarme a la ciudadanía. En el año 65 lo mataron. A mí también de alguna manera me han matado pero ha sido psicológicamente. Creo que tarde o temprano, cuando alcancemos peso, creo que es muy posible que acaben conmigo, que me maten. Lo sé. Porque todas las personas que quieren la paz, todas han sido asesinadas. Y eso no ha cambiado.

– Habrás dado la vida por tu causa.
No me da miedo, será un orgullo. Y si llega a suceder, ese mismo día habrá una revuelta popular en Francia. Además no hay que olvidar una cosa: que yo me llamo Hadama Traoré, qué a través de mi nombre y apellido cargo con toda la historia de Francia a mis espaldas. Y eso pocos lo pueden decir porque son millones los que se ven reflejados en mí.