Entrevista a Miguel Alcíbar: “La comunicación pública de la ciencia es un recurso de acción política, y es susceptible de ser utilizada por determinados agentes”

Entrevista a Miguel Alcíbar: “La comunicación pública de la ciencia es un recurso de acción política, y es susceptible de ser utilizada por determinados agentes”

En su primera visita a Chile y al cono sur, Miguel Alcíbar (1962) pudo observar en persona el monumental despliegue mediático en torno al eclipse solar. Desde la coyuntura, este biólogo, Doctor en Comunicación Científica de la Universidad de Sevilla y actor profesional habla sobre las tonalidades de la comunicación de la ciencia: virtudes, tensiones e intereses.

En los últimos años hemos presenciado como el espacio de la comunicación de la ciencia no es solamente ocupado por periodistas científicos, sino que también por científicos (premios nacionales, youtubers, asociaciones) que asumen el rol clásico de la divulgación científica. ¿Cómo explicarías este fenómeno?

Por muchas razones. Fundamentalmente porque los científicos demandan estrategias comunicativas. Se han dado cuenta que la ciencia depende en gran parte de decisiones políticas, de la economía, de la inversión, entonces son conscientes de que necesitan estrategias para comunicarse no solo con el gran público, sino que también comunicarse con el gran público es una forma de darle legitimidad a la ciencia, y a la actividad que hacen. La comunicación sirve para que los contribuyentes sepan que el dinero que se está invirtiendo en ciencia tiene un valor. Y no solamente el valor del conocimiento, sino que el conocimiento tarde o temprano, puede tener un tipo de aplicación que puede mejorar la vida de la gente. La ciencia es un poco como el dios Jano, tiene dos caras, una cara amable, y una cara más terrible. Todo descubrimiento científico puede tener pros y contras. En ese sentido, la comunicación se hace imprescindible.

Una cosa es cuando los científicos comunican sus propias investigaciones, y otra cosa es cuando los científicos explican la ciencia al mundo.

Estamos de acuerdo, en el primer caso, existe una obligación que viene normativamente, y en el otro caso es más vocacional. Hay científicos que tienen la capacidad y la motivación de hacer divulgación. Hay muy buenos científicos que hacen muy buena divulgación, que tienen esa madera.

¿Se puede vincular el eje entre ciencia, política y dinero y los científicos que están obligados a divulgar?

Hombre, ese es un eje muy complejo. Esa triada está indisolublemente unida. Después de la segunda guerra mundial, fue EEUU el que generó lo que hoy entendemos por política científica. Antes de eso, los países no tenían política científica como tal. Después de la segunda guerra mundial, Vannevar Bush, que era el asesor científico de Roosevelt, durante la guerra, instó al gobierno norteamericano a institucionalizar la ciencia. Esa política científica se exportó a otros países centrales en ciencia: Alemania, Reino Unido, y luego a los países periféricos.

A partir de ahí, surge la necesidad de que los gobiernos inviertan en ciencia. En los años ochenta hay un cambio importante desde el financiamiento público al financiamiento privado, en el eje neoliberal de Margaret Tatcher en Reino Unido y Ronald Reagan en EEUU, donde se establecen incentivos a las empresas que inviertan en I+D. Y ya luego de a poco, ese modelo fue llegando a otros países. En España, por ejemplo, hace una década que hay investigadores que trabajan en alguna universidad pública y que generan sus propias empresas, a partir de la Universidad. Es lo que se llama empresas spin off. Esto puede generar ciertos problemas, como conflictos de intereses, por ejemplo. Hay problemas de sociocomunicación muy interesantes, como el incremento de fraudes, muy poco estudiados, que se generan por este desplazamiento a partir de los años ochenta de la financiación pública a la privada. Mientras la financiación pública exigía una cierta difusión de esa producción de conocimientos, la financiación privada se vuelve mucho más opaca.

Volviendo al científico que tiene madera para la divulgación científica, ¿por qué piensas tú que las personas necesitan que les expliquen la naturaleza?

Hay ciencias, que tienen características que las hacen muchos más atractivas para el público en general. Por ejemplo, la salud o el medioambiente, es obvio que a todos nos interesa, porque toca directamente nuestras vidas. Después hay una serie de temas, susceptibles de ser comunicados, que es lo que yo llamo “el eje del origen y la extinción”, que son temas que nos entroncan a todos los seres humanos, con preguntas, dudas o inquietudes, que están en nuestro propio ADN biológico, pero también cultural. Es decir, todos en algún momento nos preguntamos, de dónde venimos, qué hacemos aquí, para dónde vamos. ¿Cómo surgió el Homo Sapiens? ¿Por qué el Homo Sapiens convivió en algún momento con otros Homos diferentes, con otras especies de seres humanos? Todo eso nos interesa, nos retrotrae al pasado. También nos importa, ¿cuándo va a acabar esto? ¿Cuándo la tierra o el sol van a dejar de funcionar? Creo que cualquiera de esos temas, si están bien contados, puede despertar la emoción, la imaginación, la creatividad… yo digo que todos estos temas tienen un halo poético. Son temas atemporales.

Y en ese sentido, ¿cómo viste lo del eclipse?

Me sorprendió tanto el fenómeno natural, como el fenómeno sociológico previo, que ha sido igual de interesante que observar el fenómeno físico. Colas de decenas de personas en una óptica por comprar las gafas para ver el eclipse, toda la expectación mediática… el eclipse es un evento único, que nos lleva al origen, al universo. Igual pasó con esa primera fotografía al agujero negro, donde uno ve un punto negro, y una especie de medialuna blancuzca. Pero ya la idea de que hemos fotografiado por primera vez un cuerpo astronómico que hasta ahora era invisible, y que es un agujero negro porque no deja pasar la luz… ese es el tipo de fenómenos que están engarzados en este “eje del origen y la extinción”.

¿En qué medida la comunicación de la ciencia puede vincularse con la política?

Puede que un fenómeno así, que eclipsa todo, que copa toda la agenda pública, sea instrumentalizado para que no se hable de determinadas cosas a lo mejor apremiantes. Yo considero que la comunicación pública de la ciencia es un recurso de acción política, y es susceptible de ser utilizada por determinados agentes. Perfectamente puede tener un impacto político a muchos niveles, tanto arriba como abajo: tanto para los ciudadanos, votantes, contribuyentes, como para los que toman las decisiones: políticos, empresarios, etc.

¿Algún ejemplo?

El movimiento que surgió en Suecia en repudio al cambio climático. Junto a Greta Thunberg, hay miles de niños que están demandando a los políticos cambios radicales. Puede ser un movimiento de presión muy importante, que eventualmente genere políticas científicas en torno al cambio climático. En ese sentido, esa acción ha tenido una repercusión mundial. Pues eso es utilizar la comunicación, desde abajo hacia arriba para generar cambios.

* Claudio Broitman es Director del Magíster Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Santiago de Chile

Comentarios
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