Julio César Peña: De los escenarios a la pantalla del celular

Foto: Sonora Gabriel Palacios

Julio César Peña: De los escenarios a la pantalla del celular

Desde hace cuatro años, Julio César Peña es uno de los cantantes de la Sonora Gabriel Palacios. Pero la contingencia del Covid-19 y la cuarentena le cambiaron los planes: se dedica por completo a la venta de agua purificada. En todo caso, no todo está perdido: como está impedido de hacer los shows masivos a los que estaba acostumbrado, ahora toca con la orquesta por videollamada.

Julio César Peña (43) proviene de una familia de músicos. Su padre es un apasionado por la composición y su tío es vocalista de Los Galos. En su juventud cantaba música romántica y de adulto producía eventos, pero nunca pensó que terminaría siendo vocalista de la orquesta que contrató hace cuatro años atrás para una fiesta en Machalí: la sonora Gabriel Palacios.

Trabó una rápida amistad con los miembros de la banda y lo comenzaron a invitar a sus shows. Partió tocando el cencerro, luego hizo coros hasta que terminó cantando codo a codo con el vocalista de la banda, Gabriel Palacios Jr., y pasó a ser un integrante más. De ahí ya nadie pudo volver a bajarlo del escenario… o al menos eso creía hasta que llegó el Covid. 

Con la pandemia, sus planes cambiaron. Se vio obligado a dejar los shows masivos y a dedicarse únicamente a su negocio de agua purificada, que creó junto a su esposa hace tres años atrás y que ha sido su principal sustento durante estos últimos meses. 

CAMBIO DE PLANES

Estaba recién casado y con la tarjeta de crédito copada cuando lo despidieron de su trabajo, hace tres años atrás. Fue entonces cuando decidió asociarse con su esposa y empezar un emprendimiento de agua purificada.

¿Cómo nace la idea de comenzar su negocio?

-Tuvimos que tomar la decisión, porque estuve bastante rato viendo trabajos. Ya las deudas no daban más, entonces decidimos dedicarnos cien por ciento a hacer algo nuestro. Estaba en Dicom y no tenía cómo pagar nada. La única posibilidad era vender un departamento que tenía y con ese dinero pagar un poco de deuda y tener el capital inicial para el negocio. 

“Ya las deudas no daban más, entonces decidimos dedicarnos cien por ciento a hacer algo nuestro”.

¿Cómo se decidieron con su esposa?

-Después de pensarlo mucho, conversé con ella. En ese momento, ella, por el hecho de ser venezolana, no podía optar a su cargo como publicista, así que estaba trabajando como asistente. Le dije: “Mira, ya estamos complicados, yo creo que será difícil encontrar un trabajo y te propongo que levantemos el negocio de agua. Tú renuncia a tu trabajo y nos dedicamos cien por ciento”. Fue una apuesta arriesgada. 

¿Y cómo les ha ido?

-Estamos felices. Primero, porque estamos en un negocio propio que tiene nuestro corazón puesto. Esto ha podido reemplazar la música, mi pasión, y además era un negocio que me permitía también poder desarrollar más la música, no tener que andar pidiendo permiso para poder hacer algún show o algo por el estilo. 

Julio César Peña y Gabriel Palacios Jr. cantando juntos. Créditos: Sonora

DE LA MASIVIDAD AL ENCIERRO

El último show de la Sonora fue en febrero pasado. Las cosas ya se habían puesto difíciles luego del estallido social, pero con la pandemia los eventos y matrimonios terminaron por desaparecer totalmente de su agenda. 

Julio César estaba acostumbrado a su rutina de fin de semana con la banda: probar sonido en el lugar donde tocarían, ir a comer a un carrito o picada y después animar la fiesta hasta altas horas de la noche. 

¿Cómo ha sido su trabajo como cantante ahora con la pandemia?

-Lamentablemente nos golpeó fuerte. Hoy estamos haciendo música a través de Zoom, nos hemos entretenido ahí y hemos estado haciendo algunos videos. Es algo totalmente artesanal. Por este medio, cada uno está en su casa, tocando su instrumento y después los reúne Gabriel Palacios.

¿Qué es lo que más extraña de los shows?

-La interacción con el público, ese cariño que se genera, porque la gente no se acuerda muchas veces de la canción que tocaste. Hacemos a la gente bailar, mover los brazos, se acuerdan de ese tipo de cosas o del trombonista que se puso a bailar “la colita” en el escenario. Las canciones todos las conocen y las pueden corear, pero son los detalles de lo que se vive ahí lo que se recuerda.

Las canciones todos las conocen y las pueden corear, pero son los detalles de lo que se vive ahí lo que se recuerda”.

UN ESCENARIO COMPLEJO

“Para todos los músicos y gente del espectáculo, fue muy difícil cuando dijeron ‘apaguen las luces y cierren el telón’”, dice Gabriel Palacios Jr. al inicio de un video de Youtube subido en mayo, donde la banda toca la clásica canción “Tiburón a la vista”.

Julio César cuenta que algunos de sus compañeros de orquesta han sido duramente golpeados por la pandemia, especialmente dos. Uno de ellos ahora trabaja como guardia y el otro se unió a su emprendimiento de agua purificada para apoyarlo en los despachos.  

Sonora Gabriel Palacios. Créditos: Julio César Peña

¿Cómo ha sido la situación para ustedes?

-Tenemos muchos compañeros que no tienen ningún ingreso hoy en día. Muchos que se dedicaban exclusivamente a la música. Los fines de semana hacían shows y durante la semana grabaciones, pero hoy en día no hay absolutamente nada, entonces quienes viven cien por ciento de la música no tienen ningún ingreso.

“Todos hablan de las empresas y las personas, pero no de aquellos independientes que han desarrollado su trabajo a través de la música. La verdad es que es muy difícil”.

¿Qué ha sido lo más complejo?

-El ingreso de la música que no llega. No hay fondos que estén destinados a los músicos. Siempre son ellos los que están en toda actividad de beneficencia, ahí nos llaman mucho, pero hoy en día son los músicos los que están complicados. En todas las actividades somos los artistas, los que estamos ahí y ahora no tenemos ningún tipo de apoyo. Todos hablan de las empresas y las personas, pero no de aquellos independientes que han desarrollado su trabajo a través de la música. La verdad es que es muy difícil.

Comentarios
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