Carlos Ruiz: “El Frente Amplio puede terminar siendo la versión tragicómica de la Concertación”

Créditos: Alejandro Olivares

Carlos Ruiz: “El Frente Amplio puede terminar siendo la versión tragicómica de la Concertación”

Es señalado como el padre intelectual del Frente Amplio. Y aunque este sociólogo reconoce cercanía, aquí confiesa que se siente incómodo con la lógica excesivamente electoral que ha permeado a ese joven movimiento. Dice que le están dando la espalda a la sociedad y advierte que están entrando en una “política de cloacas”.

No es sólo un agudo sociólogo que ausculta la sociedad. Es también un intelectual influyente, un hombre con sensibilidad de izquierda que ha sido brutalmente crítico con la política desplegada por la Concertación y lo que él llama una democracia con “letra chica”.

Sus reflexiones, su postura de que en Chile hay una fractura entre la política y el pueblo, han sido el alimento para la plataforma ideológica del Frente Amplio. Lo llaman el padre intelectual de estos jóvenes que irrumpieron en la escena nacional, primero como líderes estudiantiles, y ahora como un conglomerado con varios partidos y fuerte presencia parlamentaria. Pero a pesar de que mantienen un vínculo de amistad, este académico de la Universidad de Chile los observa con distancia crítica. “Hace rato que el FA se convirtió en algo que a la ciudadanía le cuesta entender. Creo que ellos no están exentos de ese abismo enorme que hay entre política y sociedad. Hay un nivel de burocratización de la política que es inasible para la gente y que tiene variables muy opacas”, dice Ruiz comenzando esta entrevista.

-A ti, como intelectual de izquierda, ¿el Frente Amplio también te resulta incomprensible?

-Sí. También me cuesta entender. A lo lejos percibo que el Frente Amplio empieza a entrar en una burocratización electoral tremenda. Y esas conductas, ya lo sabemos, terminan alejando a los partidos de la sociedad en un momento que es sumamente delicado. Estamos frente a una sociedad activa e informada. Una sociedad que vive la paradoja de tener una alta propensión a la movilización, pero una baja propensión a la asociatividad. Y cuando las burocracias empiezan a operar, se distancian de sus bases.

-¿Dirías que los jóvenes frenteamplistas se aseñoraron?

-Este es un Frente Amplio distinto al que conocimos años atrás. Ya empezó a decantar en sus propios círculos de hierro, como alguna vez se acusó a la propia Concertación. Empiezan los cuoteos políticos. Eso se traduce en que le están dando la espalda a la sociedad civil y a los dirigentes sociales. Sólo pensemos en la complicación que tienen los independientes para ser parte de la Convención Constituyente. 

¿No puede ser que eso que tú llamas burocratización sea una cierta madurez? El Frente Amplio hoy debe resolver una política de alianzas si quiere ser mayoría. 

-Estoy de acuerdo con que el Frente Amplio tiene que ir hacia una alianza política. El desafío de que no haya un nuevo gobierno de derecha es algo que pesa sobre ellos. Sin embargo, no creo que la burocratización sea un rasgo de madurez. Lo que alego es que se empiezan a instalar cofradías que te aíslan y te distancian de tus bases. Aparecen intereses particulares que se empiezan a resolver de manera opaca. 

“Este es un Frente Amplio distinto al que conocimos años atrás. Ya empezó a decantar en sus propios círculos de hierro, como alguna vez se acusó a la propia Concertación. Empiezan los cuoteos políticos. Eso se traduce en que le están dando la espalda a la sociedad civil y a los dirigentes sociales”

-¿Entraron a la cocina?

-Claro, de alguna manera entran a esa cocina que fue tan criticada. Eso, en el contexto de una sociedad tan activa, es tremendamente riesgoso. En los 90 podía funcionar así. Hoy no. Por lo tanto, si el Frente Amplio va a repetir ese tipo de conductas, va a terminar siendo la versión tragicómica de la Concertación.

-Bastante duro Carlos Ruiz, ¿no?

-Es que parece que no están viendo que la sociedad está demandando transformaciones, reconocimiento, dignidad. No puedes darle la espalda a este desafío. Hay que buscar alianzas, pero esas búsquedas tienen que ser en base a contenidos, a discusiones de transformación. Y no discusiones de cloacas, burocráticas, en que al final se terminan arreglando ciertas élites. Eso no tiene nada de madurez, es sencillamente fraguar una alianza espuria que la sociedad no va a seguir. 

-¿Qué camino propones?

-Primero tener claridad que nos vamos a enfrentar a una derecha que tiene un voto duro; un voto con conciencia de clase que anda por los 4 millones. La derecha no ha ganado en el último tiempo. Nosotros hemos perdido. Y en la medida que la izquierda cierra la discusión de contenidos y la reduce a puras fórmulas electorales, terminamos cayendo en aquello que la sociedad ya no tolera más. 

-¿No será parte del ajuste interno que tiene toda fuerza nueva? 

-Es que la construcción de la famosa unidad -como si fuera un fin en sí misma- sin contenido, vaciada de perspectiva y sin respuestas a la sociedad, es una unidad que no sirve para nada. Aquí se debe forzar una discusión que permita que el Frente Amplio sea realmente un proyecto de transformación y enfrente las limitaciones que tiene la Concertación. 

“Hay que buscar alianzas, pero esas búsquedas tienen que ser en base a contenidos, a discusiones de transformación. Y no discusiones de cloacas, burocráticas, en que al final se terminan arreglando ciertas élites. Eso no tiene nada de madurez”

-¿Cuáles?

-Lo vengo diciendo hace un rato: la Concertación tiene una diversidad de intereses que pueden chocar con un proyecto de cambios profundos para Chile. En la Concertación hay ciertas élites que confluyeron con el empresariado: las Ximenas Rincón, los Guillermo Pickering. Entonces, si el Frente Amplio realmente va a reoxigenar la política chilena y aspira a generar cambios de fondo, tiene que poner contenidos sobre la mesa. Pero mal puede hacer cambios si se empieza a ajustar a la política de cloacas. 

EL NUEVO CIUDADANO

El Frente Amplio, ¿está siendo succionado por el mundo concertacionista? 

-Tiene el taxímetro corriendo. En este momento la sociedad no se reconoce en el Frente Amplio ni en ninguna otra fuerza política. Ese es el problema de fondo. Urge reconstruir una relación entre política y sociedad. Eso implica ensanchar los horizontes de la democratización pendiente. Y mal podría hacerlo el Frente Amplio si termina en una versión tragicómica de la política de los acuerdos de los años 90.

-¿Qué banderas debiera levantar esa generación del FA para no caer en la cloaca que tú dices? 

-Estamos ante una sociedad compleja. Tienes un individuo que al mismo tiempo que pide derechos sociales universales, pide también mayor autonomía individual. A la izquierda, históricamente, le ha costado lidiar con las demandas de autonomía individual. Básicamente, la libertad individual era un costo a pagar en nombre de la igualdad. Esos fueron los socialismos del siglo XX. Bueno, esos son los dilemas que debiera plantear una fuerza política nueva como el Frente Amplio. Lamentablemente, los veo más preocupados del cuoteo.

-Digamos que estás notoriamente desilusionado…

-Estoy muy incómodo con esta sobreelectoralización que empieza a funcionar burocráticamente en el FA. En este rato tienen operadores, una especie de brokers electorales para ver las próximas elecciones. Andan con una planilla Excel para arriba y para abajo.  ¿Y los contenidos qué? Tenemos por delante el horizonte constituyente, lo más importante en medio siglo. ¿Te das cuenta el vacío en el que estamos? 

-¿Y como ves a la derecha en ese plano?

-Para la derecha es mucho más fácil. Sólo tienen que defender y resistir lo que tienen. Ellos están funcionando. Pero es la izquierda la que tiene que poner sobre la mesa sus propuestas de transformación. La derecha va a seguir atrincherada. Mira la discusión por la autonomía del Banco Central. Hay un blindaje brutal. El asunto no es deteriorar al Banco Central, pero hay distintos modos de abordar el tema de su autonomía. La derecha se cierra a esa discusión. Nosotros: ¿Tenemos un acuerdo sobre el tema? ¿Lo hemos discutido? ¿Nos hemos preguntado a quién beneficia el tipo de manejo monetario que tiene el control de la inflación en Chile? La Concertación nunca abrió esa puerta. ¿La va a abrir el Frente Amplio? Parece que tampoco. ¿Y cómo vamos a llegar a la constituyente entonces? Esa es mi preocupación. Es demasiado lo que se juega.

“En este rato tienen operadores, una especie de brokers electorales para ver las próximas elecciones. Andan con una planilla Excel para arriba y para abajo.  ¿Y los contenidos qué?”

¿Te gustaría ser constituyente? 

-Por supuesto, pero es una dificultad. Yo no entiendo que en un sistema de partidos desgastado y sin legitimidad, carente de representación política, le pongan tantas trabas a los independientes. Me parece que eso es jugar con fuego.

-¿Por la representividad de la discusión o por la legitimidad de la política?

-Porque si los partidos, incluido el Frente Amplio, siguen actuando así, podemos entrar en una espiral de inestabilidad política muy prolongada. La sociedad está presionando. No se va a contentar con estos juegos de cierre que está haciendo la política. El sociólogo Norbert Lechner hablaba de la política ensimismada;  ésa que se habla a sí misma y que nadie entiende desde afuera. 

Créditos: Leo Pagneri

¿Ves riesgos de gobernabilidad?

-Desde el 18 de octubre en adelante…

-¿La pandemia no ha condicionado el movimiento social? Chile es un país más pobre que el de octubre del 2019… 

-Puede ser peor. El problema que teníamos era la desigualdad, pero con menores niveles de pobreza. El patrón de desigualdad era la extrema concentración de la riqueza y el poco acceso a las oportunidades. Sobre todo de los profesionales de primera generación. Imagínate ahora si esos segmentos, con sus títulos, con su deudas, empiezan a quedar empobrecidos. Está en curso un aumento de la polaridad social. Y eso es un barril de bencina en comparación con la situación que teníamos en un octubre pre-pandemia. 

“Yo no entiendo que en un sistema de partidos desgastado y sin legitimidad, carente de representación política, le pongan tantas trabas a los independientes. Me parece que eso es jugar con fuego”

-¿Dirías que estamos en una fragilidad democrática?

-Total. Y te lo demuestra este desborde popular que vimos en octubre. Este no es el pueblo chileno del siglo XX. Es el pueblo de los profesionales de primera generación. A diferencia de lo que pasaba antes, no tienen la vida asegurada solo por tener un título. No. Este nuevo profesional depende de dónde estudió, con qué mochila quedó amarrado para poder estudiar. En Chile se han creado distintos tipos de clases sociales, con las cuales la izquierda no sabe lidiar. Esa es una realidad que se le escapa entre las manos. 

-O sea, ¿la izquierda perdió pie en la realidad?

-Toda la política. Por eso el Congreso tiene un nivel de confianza de un dos por ciento. La política se desdibujó en su forma tradicional. 

-¿Eso condiciona el proceso político? 

-Estamos ante una situación de un conflicto latente. No  es que se haya apaciguado con la pandemia. Sigue estando absolutamente latente. Y no perdamos de vista que hay nuevos agregados como es el aumento de la pobreza; el regreso a la pobreza tradicional, a esa pobreza descalza. Ya están los niños pidiendo en la calle.

“En Chile se han creado distintos tipos de clases sociales, con las cuales la izquierda no sabe lidiar. Esa es una realidad que se le escapa entre las manos”

-¿El mundo político (izquierda y derecha) tendría que descomprimir la situación ambiente? ¿Cómo?

-Tienen una responsabilidad histórica, como no la ha tenido otra generación en décadas. Por lo tanto, mientras más se insista en mantener cerrada la esfera política, jugando el partido anterior, más complicado va a ser el choque con el que van a tener enfrentarse. Y hago este llamado a la responsabilidad, porque no quiero que eso ocurra. 

-¿Que ocurra qué?

-No quiero más violencia. No quiero más mutilados. No quiero más muertos tampoco. Yo quiero que esto se resuelva democráticamente. Y para eso es clave que se abran canales de participación y en este momento uno ve que se están cerrando.

LAVÍN Y JADUE

-Plantear que hay que hacer todo lo posible para que la derecha no siga gobernando, ¿no es un objetivo demasiado acotado?

-De acuerdo. No es un fin en sí mismo. El punto es para qué queremos que no haya un gobierno nuevo de derecha. Y ahí hay que hacerse cargo de las demandas de transformación. Aquí hay demandas de un individuo que exige reconocimiento, que no tiene contradicciones entre el Estado y el mercado, que toma el cheque que le da el Estado, que cobra su 10 por ciento, se compra un plasma y después vuelve a la protesta. 

“No quiero más violencia. No quiero más mutilados. No quiero más muertos tampoco. Yo quiero que esto se resuelva democráticamente. Y para eso es clave que se abran canales de participación y en este momento uno ve que se están cerrando”

En esta reconfiguración de la política, ¿Lavín va bien orientado al declararse socialdemócrata?

-Lo de Lavín es una manipulación de eslogan y carteles. Hay un sector más astuto en la derecha, más lúcido, que se da cuenta que tiene que insertarse en este proceso político y que empieza a entrar en la sociedad para controlarlo. Porque lo que hubo acá, para utilizar una noción de Weber, no tiene nada que ver con Marx. Hubo una crisis de dominación, una crisis de control social. Por eso Pablo Longueira le dice a la derecha más abyecta: “Ustedes sigan pegados en el Rechazo obtuso. Van a quedar arrasados”. El diseño de ellos es que es mejor estar adentro, incidir, para ver qué tipo de acuerdo elitario se puede hacer.

-Hay quienes dicen que es una estrategia política aguda. ¿Lo crees también?

– Es la estrategia de una derecha que se da cuenta que no se puede quedar fuera. El problema es que aquí hay una derecha que todavía no tiene una lectura común de lo que pasó en la sociedad ese 18 de octubre. 

-¿Joaquín Lavín lo ha leído mejor? Ha dicho que el eje ya no es izquierda versus derecha, sino que elite versus el pueblo. 

-Perdone que corrija a don Joaquín: el conflicto izquierda-derecha no significa que sus sustratos más profundos hayan desaparecido. Si cierta izquierda es capaz de tomar la bandera de la igualdad junto con la de la libertad, quiero ver dónde queda Joaquín Lavín. 

“Perdone que corrija a don Joaquín: el conflicto izquierda-derecha no significa que sus sustratos más profundos hayan desaparecido. Si cierta izquierda es capaz de tomar la bandera de la igualdad junto con la de la libertad, quiero ver dónde queda Joaquín Lavín”

-En la perspectiva de los contenidos de la izquierda, ¿cómo analizas la figura de Daniel Jadue?

-Daniel se ha ganado un prestigio legítimo como alcalde, pero es una incógnita programática. Me gustaría también que esa izquierda adelante contenidos, porque un programa de gobierno es otra cosa. Hasta aquí no le he escuchado nada. ¿O me van a venir con que la solución es una receta de hace 50 años? A este nuevo individuo que reclama autonomía individual no le van a llegar con esa monserga de la izquierda del siglo XX. Aquí hay una interpelación a la izquierda para apropiarse de las nuevas condiciones del siglo XXI. En ese sentido, Jadue es una incógnita.

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