Estefanía Leigthon, muralista: "Mientras más nudista es mi obra, más abre debate"

Estefanía Leigthon, muralista: “Mientras más nudista es mi obra, más abre debate”

La artista acaba de terminar uno de los murales más altos de Latinoamérica. En pleno Santiago Centro, explica las motivaciones que la han inspirado a lo largo de su carrera y las reacciones que genera pintar feminidades no convencionales en las paredes de la ciudad.

-¡Black, black! – dice un hombre de unos 60 y tantos años, mirando al cielo – Yo soy racista, ¡están dibujando gente negra!

De vuelta, recibe miradas serias hasta que alguien le dice: “Ándate de acá”.

Por arriba, Estefanía Leighton, alias Stfi, termina el mural más alto del país. “Se llama Igualdad, por la igualdad entre las razas, los géneros y todas las personas”, dice la joven artista. La realización fue gestionada por Converse en el marco de su campaña “Breaking Barriers for Equality in Gender” (“Rompiendo Barreras por la Igualdad de Género“) y producida por Lira Arte Público.

Stfi está cansada. Se trata de la obra más grande que ha producido en su carrera: lo más alto que había pintado era un edificio de siete pisos, durante su gira internacional. Éste tiene 25. “Un proyecto así de inmenso produce mucho desgaste físico, energético y emocional”. Según ella, no hay muchos de este tamaño en Latinoamérica porque “siempre vamos un poquito más lento”.

Y encontrar un edificio para hacer la obra no fue inmediato. Cuando presentaba su boceto, desde algunas agrupaciones vecinales le respondían que era una imagen degenerada. “Y en cierto sentido tenían razón, porque eran dos personas sin género”, bromea.

Finalmente decidió hacer una figura femenina y otra masculina. De pieles oscuras, se miran de frente. Por debajo se enredan con la naturaleza. Delineado con trazos negros y rellenos por pinturas sólidas, es un trabajo que define bien el estilo de la artista, el cual se ha caracterizado por representar la cosmovisión latinoamericana mediante figuras principalmente femeninas. Para todo eso tiene un motivo.

Tu trabajo se caracteriza bastante por estar ligado a la feminidad. ¿Cómo llegaste a eso y por qué?

-Fue un proceso muy natural. Antes de pintar murales, estudié diseño de vestuario y por ahí que tengo nociones de figuras humanas y dibujar mujeres. Pero cuando me puse a pintar murales fue cuando viajé por Latinoamérica. Fue muy importante ese viaje, me sirvió un momento para abrir la mente y salirme del contexto que conocía. E irme a otros países con otras mentalidades y otras culturas, ver las distintas maneras de ser mujer y de feminidad. Fui conectándome con mi ser mujer y con estas diversas feminidades que finalmente no era una como pensaba, como la que se habla en la publicidad, la moral o la religión. En eso proceso me fui construyendo como mujer y así también el trabajo, que tiene que ver con un aspecto muy íntimo, pero que esta expuesto en la calle y que también se vuelve colectivo.

¿Dirías que la feminidad presente en tu trabajo también es política?

-Sí, es política totalmente. El tomarse el espacio público me parece un acto político. Poder decir, mostrar mi pensamiento, o dejar mi sello, que es mi visión de las cosas, que sé que comparto con muchas personas y que va en contra de lo establecido sí es una manera de hacer política. Y es una decisión política tomarse la calle.

Hablando de eso, dices que la desobediencia es una respuesta a la precariedad de existir. ¿Va tu trabajo ligado a esa visión de vida?

-Si, totalmente.

¿En qué sentido crees que son desobedientes el muralismo y el mensaje que entregas?

-Todo lo que he construido de mi persona está en contra de lo que aprendí de pequeña, por ejemplo cómo es ser mujer o cómo se debía ser mujer o señorita y todo ese tipo de cosas. Al reflexionar y entender que hay muchas más posibilidades, y que somos libre de experimentar o de descubrir estas posibilidades, ser libres para experimentar o decidir. Entonces irse en contra de eso y alzar la voz en el espacio público, claro po, es ser desobediente.

¿Te ha pasado alguna vez que tu trabajo ha tenido repercusiones al plasmar algo femenino en contra de lo establecido por los roles de género?

-Sí, esa es de una de las cosas por las que más me emociono de este oficio. Siempre lo que uno pinta tiene repercusiones que uno no considera o no dimensiona. Estoy pintando, porque inicialmente es un proceso casi terapéutico de introspección, pero también un desafío constante de aprender y experimentar. Pero después de eso hay personas que lo perciben y les puede gustar o disgustar y en la calle se arma siempre un debate muy bonito e interesante, la gente se siente parte del proceso, o siente la calle tan suya como yo que me la estoy tomando para pintar.

Siempre es bueno poner discusiones en los espacios. Desde esa discusión vamos todos mostrando nuestros puntos de vista, entendiendo o no. A veces hago una pintura con un sentido y llega alguien y para esa otra persona tiene mucho más sentido incluso que para mí. Eso me ayuda a construir el discurso, es mucho más colectivo. Mientras más nudista o libre mi obra también se abre más debate. Por ejemplo, este último tiempo he trabajo harto con el erotismo, la desnudez y la naturaleza del cuerpo con sus formas curvas o en mujeres con rollitos o con pelos. Muchas mujeres me escriben porque se sienten identificadas y al fin retratadas. También he tenido comentarios de personas que no pueden entender que es normal que una mujer tenga pelos, que les provoca asco. Hay desagrado también.

A propósito de eso, de las reacciones negativas hacia estas bellezas rupturistas, ¿qué opinas de las reacciones hacia el mural de Mon Laferte?

-El mural es bacán. Es necesario llenar de arte las ciudades y que todos tenemos distintas visiones, estilos y técnicas. Eso enriquece mucho más el movimiento, la diversidad. Los mensajes de Mon en su mural son súper bacanes, y las reacciones de la gente muchas veces son súper espantosas. Creo que a la gente le asusta mucho lo diferente, la diversidad, la libre expresión, la libertad. Se critica mucho la libertad.

¿Te sorprendió que la gente reaccionara así?

-Desde la revuelta sé que hay gente muy odiosa, gente que tira mucho odio. Es lamentable, pero es así.

¿Es el muralismo una escena en la cual predominan hombres?

-Sabes que, creo que sí. El muralismo, el grafiti, tiene tal vez más exponente hombres, pero no creo que solo eso. En todas las artes u oficios los espacios para los hombres siempre han sido mucho más permisivos que los espacios para las mujeres. Pero siento que de a poco nos estamos tomando los espacios y luchando por esta igualdad. Tengo esperanza y fe de que los espacios sean igualitarios.

Bueno igual, como en todo, han surgido más colectivos y agrupaciones de mujeres vinculadas a esto…

-Hace unos años, desde que llegó el feminismo con más fuerza a nuestras vidas, ha nacido la necesidad de organizarse y colaborar. La organización y la colaboración son el futuro. Desde ahí que las cabras que están pintando, nos damos cuenta de que solita es más difícil salir a la calle y enfrentarse a estos mundos. Por eso se han hecho varios grupos como Graffitodas, Las Muchachitas Pintoras y otros colectivos más. Es un aporte. Nos fortalecemos si nos acompañamos, si compartimos las historias y las vivencias.

Tu mural es una simbiosis sobre la igualdad étnica cultural y de género, además de ser sustentable. ¿Cómo van de la mano estas cosas?

-Van súper de la mano. No es tan bueno hacer separaciones. La igualdad tiene que trascender de lo humano y de lo animal, del género. Creo que es una buena mezcla. Y que el mural limpie el aire con la pintura lo encuentro increíble, sorprendente. Como revolucionario. Hacer un aporte ecológico era algo super necesario en el muralismo. Qué bien que la tecnología se pueda usar para hacer cosas así de buenas.

Para terminar, queremos conocer a más muralistas mujeres. ¿Nos mencionas algunas?

-Chilenas puedo mencionar a mis compañeras del taller Fuerza Colectiva del que soy parte, que es la Telly Gacitúa, la Macarena Ugarte, son mis compañeras del taller. También comparto taller con Rana Caloría que es tatuadora, pero que con nosotras ha activado los murales, que es una futura muralista muy talentosa. Bisy y Dana de Las Crazis, Anis y Wend de Abusa Crew, La Palta, La Loica, La Juana, Cami Color, Coni Lars, Paula Godoy, Carol Kalfu son sólo algunas entre muchísimas más pintoras chilenas súper activas hoy en día. Se me olvidan muchas en este momento.

El muralismo es harta entrega. Una ve el resultado del muro pintado y es bonito, pero es sacrificado. Te mueves con tus pinturas, largos trayectos. Las pinturas pesan. Pintas al sol, al frío o con lluvia. Siento que es bien duro este oficio. Cuando hay chiquillas que están pintando constantemente, aparte de ver el muro bonito, yo entiendo toda la entrega que eso significa. Hay hartas chiquillas que son referentes para mí hoy en día. Están esas que te nombro y muchas más.

Comentarios
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